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La parroquia de Sant Martí de Jafre quedaba dentro del territorio natural del condado de Empúries y el conde mantuvo la máxima autoridad feudal hasta que el año 1325 en que este territorio fue anexionado a la Corona de Aragón. El obispado de Empúries nunca llegó a restituirse y la máxima autoridad eclesiástica siempre fue el obispo de Gerona. El obispo y el conde fueron las máximas autoridades feudales de la zona.
Dentro del condado de Empúries había un vizcondado ( que a partir de 1325 adoptó el nombre de baronia ) que desde su corte ubicada en el castillo de Verges ejercía su autoridad sobre los territorios de su entorno incluyendo la parroquia de san Martí de Jafre. Son muy escasos los documentos conocidos de origen condal y nunca anteriores al siglo XIII. Son mas numerosos y mas antiguos los documentos de origen eclesiástico pero muy esporádicos. Entre ellos cabe destacar la concesión de los derechos de la parroquia al señor del castillo de Palau-Sator. 
La noticia mas antigua de que se tiene constancia corresponde al año 895, cuando N. Jacfre dejó las tierras de jafre a la canonjía de Gerona.
Según la bula del Papa Benedicto VIII, en el año 1017, todas las tierras estaban bajo la jurisdicción del abad del monasterio de Sant Esteve de Banyoles. Los documentos posteriores ( siglos XI y XII ) dejan entrever la aparición de la familia de los señores de Jafre y el carácter hereditario del señorío estrechamente tutelado desde el obispado gerundense para intentar evitar su fragmentación. El año 1063 Jofre donó el feudo de Jafre al obispado pero cedió la posesión a sus herederos, su mujer Rodlens, a su hijo que también se llamaba Jofre y a sus hijas Gila y Adalet. El año 1083 el obispo infeudaba a Berenguer Guillem, que ya gozaba de la mitad del diezmo de Jafre, la otra mitad que su difunto hermano Jofre había dejado al obispado en su testamento. Imponía la condición que si Berenguer Guillem moría sin descendencia legítima la totalidad del diezmo retornaría a la mitra.
El año 1115 Ramon Berenguer obtenía del obispo la donación de los derechos sobre el feudo que el mismo les había concedido. Los derechos pasaban a su mujer y a sus hijos si le sobrevivían. 
A pesar de la tutela del obispado y llegados al siglo XIII encontramos el señorío de Jafre fragmentado en dos ramas. Una se apellidaba Bordils y tenia su fortitudine en el vecindario de la Salvetat. A la otra le llamaremos Verges - Jafre ya que encontramos a sus miembros en posesión del castillo de Verges y del señorío de parte de la parroquia de Jafre.
El año 1228 el conde de Empúries cedió la jurisdicción civil de Jafre al monasterio de Santa Maria d'Amer. Este monasterio también gozaba del señorío del municipio vecino de Colomers. Sus administradores adquirieron derechos sobre una treintena de masias a los señores de Jafre, tanto a los Bordils como a los Verges - Jafre. Parece que en aquella época los habitantes de Jafre tenían cierta facilidad para escoger a su señor.
Pero Amer no fue el único monasterio que tuvo derechos sobre el feudo. El año 1243 el monasterio de Sant Miquel de Cruïlles, estrechamente relacionado con el señorío del castillo de Palau-Sator, nombró alcalde en jafre para defender sus derechos. A finales del siglo XIII el monasterio de Sant Miquel adquirió parte de los derechos de la rama de los Bordils, pero a principios del siglo XIV estos fueron retornados a la familia por el obispo de Gerona.
En el siglo XIV, Berenguer de Jafre realizó una política de unificación de los derechos señoriales sobre la parroquia que se consolidó con sus sucesores. Esta concentración de los derechos dio lugar a la aparición del concepto de Castillo de Jafre, que hasta este momento no se utilizaba en los documentos. La familia del señor del castillo ( que aparte del dominio sobre el feudo compartía la señoría en pueblos cercanos como Sant Llorenç de les Arenes, Rupià, Verges o Cinclaus ) mantuvo los derechos hasta el año 1618 que, con la venta del castillo, los traspasó a los vecinos del pueblo.
 
Traducido del libro : Jafre de Ramon Alberch y Joan Viñas, Quaderns de la Revista de Girona, 83 (1999 ), páginas 22 y 23. Editado en lengua catalana.