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 PASO DEL GENERALÍSIMO POR LA ACADEMIA GENERAL MILITAR

 

 

A.G.M - SEGUNDA ÉPOCA

 

El día 8 de Enero de 1927, el General Primo de Rivera presentó a la firma de Su Majestad el Rey Alfonso XIII un Decreto que en su introducción decía: "Una feliz coincidencia, Señor, permitirá que lleve esta Academia, en mes y día, a la misma fecha de creación de aquella otra precursora suya, de tan arraigado recuerdo que nunca la rememoran los que a ella pertenecieron sin anteponer el adjetivo de "inolvidable", añadiendo poco después: "cuyos resultados y frutos es de esperar emule y aún supere, obligado por su tradición, el Centro que hoy renace". Se quería hacer revivir el espíritu de aquella antigua "General". El Real Decreto salió a la luz el 20 de Febrero de 1927, comenzando su andadura lo que se llamó la Segunda Época de la A. G. M. Fue su único Director el entonces General de Brigada D. Francisco Franco Bahamonde, con prestigio bien cimentado en las Campañas de África.

Bajo su supervisión personal y la dirección técnica de dos grandes talentos del Arma de Ingenieros: el Teniente Coronel D. Vicente Rodríguez Rodríguez y el Comandante D. Antonio Parellada García, hijo del célebre escritor humorístico Pablo Parellada -que firmaba como "Melitón González"-, antiguo Profesor de la primera General, se construyó el edificio en el que hoy se encuentra la parte noble de la Academia.

Si avanzado había sido el sistema pedagógico de la primera, más aún lo fue el de esta segunda General, con los desvelos de su Director y con el inigualable aporte moral y organizativo de aquel gran militar y hombre de letras que fue su primer Jefe de Estudios, el malogrado Coronel D. Miguel Campíns Aurá.

Sólo tres años duró la vida de esta Academia zaragozana. Sucesos políticos, bien conocidos de todos, impusieron su clausura.

El día 14-de julio, Franco se dirigía a sus caballeros Cadetes, formados en el gran patio del Rey y pronunciaba el siguiente Discurso del Director de la Academia General Militar General de Brigada D. Francisco Franco Bahamonde

 

"Caballeros Cadetes: Quisiera celebrar este acto de despedida con la solemnidad de años anteriores, en que, a los acordes del himno nacional, sacásemos por última vez nuestra bandera, y como ayer, besarais sus ricos tafetanes, recorriendo vuestros cuerpos el escalofrío de la emoción y nublándose vuestros ojos al conjuro de las glorias por ella encarnadas; pero la falta de bandera oficial limita nuestra fiesta a estos sentidos momentos en que, al haceros objeto de nuestra despedida, recibáis en lección de moral militar mis últimos consejos.

Tres años lleva de vida la Academia General Militar, y su esplendoroso sol se acerca ya al ocaso. Años que vivimos a vuestro lado educándoos e instruyendoos y pretendiendo forjar para España el más competente y virtuoso plantel de oficiales que nación alguna lograra poseer.

Intimas satisfacciones recogimos en nuestro espinoso camino cuando los más capacitados técnicos extranjeros prodigaron calurosos elogios a nuestra obra, estudiando y aplaudiendo nuestros sistemas y señalándonos como modelo entre las instituciones modernas de la Enseñanza Militar. Satisfacciones íntimas que a España ofrecemos, orgullosos de nuestra obra y convencidos de sus más óptimos frutos.

Estudiamos nuestro Ejército, sus vicios y virtudes, y corrigiendo aquéllos, hemos acrecentado éstos, al compás que marcábamos una verdadera revolución en procedimientos y sistemas.

Así vimos sucumbir los libros de texto, rígidos y arcaicos, ante, el empuje de un profesorado moderno, consciente de su misión y reñido con tan bastardos intereses.

Las novatadas, antiguo vicio de academias y cuarteles, se desconocieron ante vuestra comprensión y noble hidalguía.

Las enfermedades venéreas, que un día aprisionaron , rebajándolas, a nuestras juventudes, no hicieron su aparición en este Centro por la acción vigilante y adecuada profilaxis.

La instrucción física y los diarios ejercicios en el campo os prepararon militarmente, dando a vuestros cuerpos aspecto de atletas y desterrando de los cuadros militares el oficial sietemesino y enteco. Los exámenes de ingreso, sistemáticos y anónimos, antes campo abonado de intrigas e influencias, no fueron bastardeados por la recomendación y el favor y hoy podéis enorgulleceros de vuestro progreso sin que os sonrojen los viejos y caducos procedimientos anteriores.

Revolución profunda en la Enseñanza Militar, que había de llevar como forzado corolario la intriga y la pasión de quienes encontraban granjería en el mantenimiento de tan perniciosos sistemas.

Nuestro, Decálogo del Cadete recogió de nuestras sabias Ordenanzas lo más puro y florido, para ofrecérselo como credo indispensable que prendiese vuestra vida en estos tiempos, en que la caballerosidad y la hidalguía sufren constantes eclipses, hemos procurado afianzar nuestra fe de caballeros manteniendo entre nosotros una elevada espiritualidad.

Por ello, en estos momentos, cuando las reformas y nuevas orientaciones militares cierran las puertas de este Centro hemos de elevarnos y sobreponernos, acallando el interno dolor por la desaparición de nuestra obra, pensando con altruismo: se deshace la maquina, pero la obra queda, nuestra obra sois vosotros, los 720 oficiales que mañana vais a estar en contacto con el soldado y que lo vais a cuidar y dirigir; los que constituyendo el gran número del Ejército profesional, debéis ser sin duda, paladines de la lealtad, la caballerosidad, la disciplina, el cumplimiento del deber y el espíritu de sacrificio por la Patria, cualidades todas inherentes al verdadero soldado, entre las que destaca con puesto principiar la disciplina, esa excelente virtud indispensable a la vida de los Ejércitos, y que tenéis que cuidar como la más preciada de vuestras prendas.

¡Disciplina!...,

nunca bien definida y comprendida,

¡Disciplina!...,

que no encierra mérito cuando la condición del mando nos es grata y llevadera.

¡Disciplina!... que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda,

cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad y el error van unidos a la acción del mando.

Ésta es la disciplina que os inculcamos.

Ésta es la disciplina que practicamos.

Éste es el ejemplo que ofrecemos.

Elevar siempre los pensamientos hacia la Patria y a ella sacrificarlo todo, que si cabe opción y libre albedrío al sencillo ciudadano, no la tienen quienes reciben en sagrado depósito las Armas de la Nación, y a su servicio han de sacrificar todos sus actos.

Yo deseo que este compañerismo nacido en estos primeros tiempos de la vida militar pasados juntos, perdure al correr de los años, y que nuestro amor a las Armas de adopción tenga siempre por norte el bien de la Patria y la consideración y mutuo afecto entre los componentes del Ejército. Que si en la guerra habéis de necesitaros, es indispensable que en la paz, hayáis aprendido a comprendemos y estimarnos. Compañerismo que lleva en sí el socorro al camarada en desgracia, la alegría por su progreso, el aplauso al que destaca y la energía, también con el descarriado o el perdido, pues vuestros generosos sentimientos han de tener como valladar el alto concepto del honor, y de este modo evitaréis que los que un día y otro delinquieron, abusando de la benevolencia, que es complicidad, de sus compañeros, mañana, encumbrados por un azar puedan ser en el Ejército ejemplo de inmoralidad e injusticia.

Concepto del honor que no es exclusivo de un regimiento, Arma o Cuerpo; que es patrimonio del Ejército y se sujeta a las reglas tradicionales de la caballerosidad e hidalguía,. pecando gravemente quien crea velar por el buen nombre de su Cuerpo arrojando a otro lo que en el suyo no sirvió. Achaque éste que, por lo frecuente, no debo silenciar, ya que no nos queda el mañana para aconsejaros.

No puedo deciros, como antes, que aquí dejáis vuestro solar, pues hoy desaparece; pero si puedo aseguramos que, repartidos por España, lo lleváis en vuestros corazones, y que en vuestra acción futura ponemos nuestras esperanzas e ilusiones; que cuando al correr de los años blanqueen vuestras sienes y vuestra competencia profesional os haga maestros, habréis de apreciar lo grande y elevado de nuestra actuación; entonces vuestro recuerdo y sereno juicio ha de ser nuestra más preciada recompensa.

Sintamos hoy, al despedirnos, la satisfacción del deber cumplido y unamos nuestros sentimientos y anhelos por la grandeza de la Patria gritando juntos: ¡Viva España!"

 


 

Por Ley de 17 de Septiembre de 1940, el antiguo Director de la Segunda Época, D. Francisco Franco Bahamonde, ya Jefe del Estado español, ordena la reapertura de la General, siendo nombrado Director el General D. Francisco Hidalgo de Cisneros y Zúñiga.

TERCERA ÉPOCA....