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Cuestiones abiertas sobre la infancia y la adolescencia

Teoría y práctica desde el Psicoanálisis

"El trabajo con los niños" por Roque Hernández Núñez de Arenas

Algunos apuntes antes de entrar en el comentario del caso:

La clínica con niños no es unimodal. No es lo mismo trabajar con un bebé que con un niño de 2 años o de 10, o con un adolescente. Los niños pequeños, que no han establecido aún una separación de su madre,   tienen una facilidad  especial, por su complacencia somática, para manifestar a través de su cuerpo las preocupaciones inconscientes y conscientes de sus padres, por lo cual  para entender algo del síntoma en el niño, es preciso tener en cuenta el relato de los padres en presencia o no de este. Muchas veces este trabajo previo con los padres es suficiente para producir una mejoría, en la medida que permite hacer un trabajo sobre su propia división subjetiva y  su incapacidad de elaborarla.  Ello  tiene el efecto de reorganizar la dinámica familiar. No hemos de olvidar que el nacimiento de una hija o de un hijo, reedita tanto en el hombre como en la mujer fragmentos de su propia neurosis infantil.  Por otro lado, hemos de escuchar las diferentes manifestaciones del malestar. No es lo mismo tampoco que un niño enferme orgánicamente, que haga una fobia,  construya una neurosis o  una psicosis para defenderse de la  angustia que surge en su relación con el  Otro

Una vez analizado con los padres, juntos o por separado, el lugar que ocupa el niño  y su síntoma en su relato, en la dinámica de la pareja, en la estructura familiar, si estimamos necesario hablar con el niño y este lo acepta, será importante ubicar con él las cuestiones que le preocupan, suponiendo  en su síntoma a un sujeto que solo  retroactivamente, en el espacio-tiempo del dispositivo de la cura, podrá o no aparecer; es decir, en la enunciación, en el “ jugando” donde surgen las formaciones del inconsciente  que el niño podrá llegar a reconocer y  más allá de que en determinados momentos los padres, a quienes no  conviene olvidar,   soliciten hablar con nosotros sobre algún punto, o nosotros o el niño  lo creamos conveniente.  

Es preciso señalar que el psicoanalista no está armado de técnicas con las que operar de manera pautada con los niños ni con los adultos, siendo su única guía la escucha  que es singular  a cada sujeto al igual que lo es el modo en que cada uno aborda lo real imposible, debiendo como decía Freud acercarse a cada sesión como si fuera la primera, apuesta que se articula directamente a la ética, a la cura como dispositivo instituyente y al deseo de analista que le van a permitir hacer función para cada analizante niño o adulto.

El encuadre de la sesión es de suma importancia, pues sin ser un molde fijo,  tiene sus limites más allá de los cuales nos saldríamos del campo del análisis. No se trata únicamente de escuchar  las palabras, pues podemos encontrarnos con niños que no hablan, donde el cuerpo y sus parcialidades  están presentes junto al discurso de los padres.  Esta disposición “ abierta”, no definida de entrada, distinta a la intervención psicológica, médica, pedagógica o terapéutica, abre a un tiempo primero  en que se va construyendo una relación, llamada  transferencial,  se van creando lazos reales, simbólicos e imaginarios que le permiten  al niño el desplazamiento al espacio de la sesión de  sus miedos,  angustias, o fantasmas , sirviéndose para ello de cualquiera de los elementos que este encuentra en el espacio de la sesión:  su propia palabra , su cuerpo o el del analista , el dibujo, la pasta de modelar, los juguetes, etc, que van a ser su modo  de  asociar libremente. Este material  que se va  construyendo,   le permitirá al analista hacer su función, mediante preguntas, señalamientos, actos y ocasionalmente  la interpretación o la construcción  con los cuales ayudará al niño a elaborar lo que este pone en juego pero que ,  no por ello se hace consciente. 

En el caso que hemos leído, vemos que Luis se acompaña de sus propios objetos: un avión con bandera japonesa, y soldados, lo cual nos da pie para señalar la importancia de los objetos con los que el niño se acompaña en cada momento, objetos que no toman su valor por sí mismos sino en tanto significantes o por la significación que toman para él y para los que le rodean.

Recibimos al niño durante un tiempo más o menos regular,  tiempo   de continuidad , de enlace con el otro,  construido de una sesión con otra y a la vez  introducimos la separación por  la  alternancia de presencia y ausencia, ya que  la sesión acaba  para  continuar al día siguiente.    Además no se le dice lo que tiene que hacer y  la sesión cuesta  dinero, lo cual le da el valor de pago simbólico necesario.  Estos elementos nos permiten operar con la privación y la frustración, con la alienación y la separación, estableciendo las bases para la operación simbólica llamada castración.

En el caso que nos ocupa, el de los síntomas en la escuela, tendremos que  preguntarnos por la función que cumple el síntoma para el equilibrio psíquico del niño, de sus padres, o de la escuela . Los síntomas en la escuela pueden manifestarse de muchas maneras. El lenguaje es el vehículo de  transmisión de saberes en la escuela y va a ser muy importante  revisar  el modo en que el niño  y el maestro  hacen uso de este.  Es importantísimo saber que el acceso a la lengua llamada materna pasa precisamente por el interjuego establecido entre padres e hijos , donde antes de contar números, se han contado los dedos de los  pies y de las manos,  antes de nombrar las cosas del mundo se han  nombrado las partes del cuerpo,  antes de distinguir los colores del exterior se ha prestado atención al color de los ojos, de la piel o de la caca,  donde  es preciso que el niño halla establecido una diferencia respecto de los demás, una imagen propia, haya captado el deseo del Otro, para que pueda  distinguir un exterior y un interior, construir su  esquema corporal,  etc.  Si afinamos  el oído nos daremos cuenta de que el niño anda siempre ocupado en algún trabajo, aunque este no se corresponda con el curriculo del día y si , como se dice, está en su mundo habrá que ir allí a acompañarle en sus enigmas.

En el caso de Luis, los problemas en la escuela suceden “ desde siempre”, al igual que las peleas entre sus padres, según él mismo nos relata. Sin embargo es a raíz de la separación de los padres y de la depresión materna, que se produce la demanda actual por la derivación del psiquiatra, aludiendo a lo emocional.  Dice Winnicott que en tiempos de  paz el valor de molestia de los niños con problemas disminuye y la opinión pública retorna a su estado de indiferencia somnolienta. Habrá por lo  tanto que prestar atención a la guerra de la pareja  en la que Luis se ha visto envuelto y donde   toma parte activa en este momento  crucial de la separación.  La actividad en este caso le es necesaria para no quedar atrapado  en la depresión materna, pues ya sabemos que en las separaciones se produce siempre un desequilibrio en la lógica de los lugares de los miembros de la estructura familiar y muy   fácilmente los hijos son tomados,   o ellos mismos inconscientemente se proponen para tapar las pérdidas. Pero tampoco hemos de olvidar que en los tiempos de aparente paz también necesitó este chico de su síntoma nombrado de diversos modos: dislexia, hiperkinesia, trastorno de la atención para construir un lugar donde vivir.

Sabemos que en las guerras siempre hay bandos  y culpables , y muy fácilmente se   reducen a buenos y malos. La escuela , como la familia  materna, ha tomado partido por la madre , no así el psicoanalista que no muestra su  deseo, sino que propone un deseo en hueco, lo cual produce precisamente una disminución de la tensión en el niño. La sesión no es  un campo de batalla y las baterías de test no están dispuestas para el ataque,   lo cual Luis agradece.  En ese hueco de la sesión, el niño está en condiciones de proponer:  dibujar,  traer los soldados que con esmerada atención construye y pinta a pesar de su síntoma de trastorno de la atención, pudiendo operar así su ficción, diferente de la de sus padres.  

Si el deseo es el deseo del Otro,  Luis se ha construido con partes  de uno y otro y renunciar a  sus identificaciones es quedar amputado; es por eso que  responde a la critica del profesor con la frase  “ mi padre también nos quiere” . Más allá de la pelea de  la pareja, son  las funciones paterna y materna las que están en juego, así como la  continuidad de un espacio de seguridad donde crecer como un niño. 

Todo niño se plantea, inconscientemente,   preguntas  como  ¿qué soy yo para el  deseo de mi padre o de mi madre?   al mismo tiempo que investiga los rastros por donde el deseo circula en su casa, siendo  de  esos vectores inconscientes  de los que se ayuda para construir respuestas y teorías sexuales infantiles que respondan  parcialmente a sus enigmas, que nombren lo real:  el nacimiento, la diferencia de los sexos,  la muerte, etc. De este modo  se estructura como sujeto deseante, apropiándose de su cuerpo y de su sexo y situándose en tanto hombre o mujer, saliendo del autoerotismo y haciendo la experiencia de lo extranjero, de la diferencia, de que no es todo para el otro, de que no lo puede todo, de que no todo es posible.   Pero para ello los padres han de hacer su función no entrampando a los hijos en los señuelos del amor.   En esta línea está todo por explorar en la relación de Luis con la madre y la hermana, a través de algunas referencias del caso: las monjas guerreras, los chicos subiendo por los pelos de la barbi, etc; pero tambien con su padre y las figuras paternas de las que trata de servirse. Es por eso que el trabajo analítico se hace necesario para que pueda integrar  lo extraño de si mismo , lo extraño de la depresión materna y su intento de suicidio,  lo extraño de la elección del padre por otra mujer, y que lo haga  con el menor gasto en represiones.

Hemos de saber que si bien el niño necesita de un espacio materno y familiar que le den cobijo y le ayuden a crecer,  al mismo tiempo que de las palabras de sus padres para recibir y hacer uso de la lengua materna que le precede, también necesita separarse de ese lugar de objeto que tuvo para sus padres y que se vuelve alienante a medida que crece y se hace autónomo. Tendrá que decir No y hacer suya esa lengua que conserva las huellas de sus padres.  En el psicoanálisis con niños no se trata de sustituir a los padres en su función, sino de volver a hacerla operativa una vez que se ha podido hacer consciente  el saber inconsciente reprimido o rechazado que producía los síntomas.  Llegado a este punto, les corresponde a los padres seguir siendo los destinatarios del mensaje de su hija o de su hijo.

Del lado del maestro parece que a la pregunta ¿que soy yo para el otro?, viene la respuesta  amenazante : “eres como tu padre, alguien a quien expulsar, un vago.”, identificación que si bien le identifica al padre a quien necesita para salir del espacio  todo materno,  apunta sin embargo a la segregación cuando le indica que “ hay colegios para chavales como tu que no pueden quedarse quietos”,  ¿no se desconoce que para este chico la actividad es signo de vida?   No sabemos  por ejemplo los efectos  que han producido en él, ese  esfuerzo del embarazo de que habla la madre y sus amenazas de aborto, la experiencia de la incubadora, etc. 

Hay que decir que las separaciones toman carácter traumático muchas veces, cuando los niños no han podido   concluir de algún modo la operación de separación, como sujetos autónomos . Los padres se separan cuando ellos aún no se han separado suficientemente. El malentendido  al que los padres contribuyen con sus manejos , como señala Dolto,  consiste en no transmitirles que  son el hombre y la mujer los que se separan y que los padres no se separan de su función de padres.

Por otro lado ,en nuestro caso vemos que Luis le da más importancia a las peleas, las suyas y las de sus padres, las del tío y el abuelo, que al retraso en la escuela. Es en la confrontación de las peleas donde busca su verdad,  investigando y cuestionando la verdad que  los otros le revelan y que como Lacan decía se manifestaba en la mentira.  En su búsqueda, trata  de responder al enigma del deseo de sus padres y del suyo propio, pues un niño no es solo efecto del deseo de los padres y puede hacer algo con las palabras y las situaciones de dependencia que le alienan.   Así en  un momento puntual  le dice al profesor  bienpensante  ” toda la lección para que se quede callado” , barrándolo, para que aprenda la lección como hizo Freud con la histeria.

Finalmente, Luis le especifica  al analista que le gustaría ir bien en los estudios y llegar bien a la ESO. No es calificado de tonto , sino de vago y es de esperar que cuando pueda poner las energías en el estudio, se sitúe de otro modo. Los compañeros del colegio que hacen su función y el amigo que espera con deseo,  ejemplifican el valor que comienza a tener lo extrafamiliar para un chico de 10 años en este camino de la dependencia a la independencia.

 

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