En los dos últimos años (2000-2001) han sido detenidos 139 menores como presuntos responsables de homicidios, 1.963 por delitos de lesiones, 631 por agresiones sexuales, 8.531 por robos con violencia, y por otros delitos hasta totalizar 53.610 detenidos.
En los dos últimos años, menores de 14 años, responsables de 5 homicidios, 125 lesiones, 97 agresiones sexuales, 662 robos con violencia, y otros delitos hasta un total, al menos, de 3.984, quedaron bajo tutela de los padres al estar fuera de la Ley del Menor.
LE MONDE: 5 abril del 2003
¿Habría que promover el retorno a la autoridad? En la Escuela se ha convertido en norma que cada año, de la maternal a la primaria, los profesores vean llegar pequeños demonios que creen poder hacer la ley. Quieren todo y ya, rechazan cualquier contratiempo, se tiran al suelo o gritan a la mínima. (...)
El joven tirano tiende a reglamentar la vida y actividades familiares (menú, horarios...). Da órdenes a sus padres (...) les contesta o chilla cuando se le contraría... Y no creamos que estos "problemas del comportamiento" conciernen sólo a los adolescentes. Pueden debutar mucho antes: hacia 7-8 años... o antes.
Desde luego el niño es una persona, pero pequeña. No es un adulto con el que, de igual a igual, habría que argumentar sobre cualquier cosa durante horas.
Vamos a hablar del medio que nos es más familiar que es el de la consulta privada. Hay un fenómeno que está ocurriendo en los últimos años, en particular en los dos últimos y es que llama una madre o un padre para pedir una entrevista porque no saben qué hacer con el hijo que está cada vez más violento (se trata casi siempre de un varón) -observen que ya no se dice agresivo, sino violento, como no se dice 'mi niño es nervioso o inquieto' sino ' mi niño es hiperactivo': términos del discurso del amo que vamos adoptando sin advertirlo. Y el padre suele decir otra cosa más: tenemos miedo de que un día nos mate con una katana.
El título de este trabajo sería pues parte del enunciado de una fantasía, de un fantasma de muchos padres (el padre y no la madre) que yo enunciaría así: "Niños con katana matan a unos padres". Aquí podemos ver ya de entrada algo sorprendente: que en el país de la faca en la liga, la navaja de Albacete y el cuchillo jamonero, alguien tema ser asesinado con un sable de samurai. En realidad esta nueva faz del fantasma se ha puesto en marcha a partir de que aquel chaval de Murcia, José Rabadán, de 16 años, matara a sus padres y a su hermana de 12 años con una katana que le había regalado justamente su padre. Más adelante intentaremos ver si hay algo estructural en esta presentación, o es simplemente una nueva forma de escribirse el fantasma.
Enuncio así el fantasma en recuerdo de aquel otro que describía Freud: "Pegan a un niño", sólo que en el fantasma del que Freud hablaba se trataba de un padre pegando a un niño, y en la actualidad es un niño el que mata a un padre: han cambiado las posiciones, al menos en lo aparente. Y digo niño, porque cuando muchos de estos padres aparecen por primera vez en mi consulta con el hijo, yo espero ver aparecer a un adolescente del tipo Rambo, y lo que encuentro frecuentemente es a un chaval de 9 ó 10 años; a veces son adolescentes pero, eso sí, todos ellos se muestran enfurruñados. Ahora bien: de enfurruñado a violento hay bastantes grados de diferencia. Esto no quita para que podamos sostener que ha aumentado la violencia no ya entre generaciones, sino entre la gente de la misma edad.
Ya comentamos que en general la consulta por violencia doméstica es por varones. También que este fantasma es enunciado sobre todo por el padre. ¿Y las mujeres? Pues cuando se consulta por una chica rebelde la queja de ambos padres es que hace lo que le da la gana: no aparece por casa, no va a dormir algunos días y no se sabe dónde y con quién lo hace... lo que se referiría más a un fantasma del caos promovido por las mujeres; temor que desde Lacan sabemos que tiene que ver con el hecho de que tanto para un hombre como para una mujer, siempre la mujer es el Otro sexo, lugar ajeno desde el que puede volver todo lo que se rechazó para poder contarse entre los seres civilizados. Pero recordemos que es una escritura clásica del fantasma que se refleja en los mitos y la literatura: desde la caja de Pandora, pasando por Madame Bovary y desembocando en el celo puesto desde siempre en controlar a las mujeres tras un burka, o con la pata quebrada y en casa para que no se entreguen a su libre albedrío (esto en el discurso oficial), y en realidad para que no pueda aparecer eso Otro que representa una mujer y que comparte un espacio fuera de la escena con lo reprimido y con el padre de la horda primitiva: todo lo que no está bien visto que aparezca en el cosmos cotidiano.
Esto en cuanto a las hijas. Las madres de los varones "violentos" no temen morir a manos de sus hijos, pero sí llaman muy alteradas en medio del tratamiento para avisar de algunas tropelías –por si se nos han pasado por alto- en el estilo de: "Mi hijo ha robado: es un ladrón; he decidido que tengo que asumirlo: tengo un hijo ladrón" o bien "He de reconocerlo: mi hijo es toxicómano. Si hay que asumirlo pues se asume y ya está". Y no deja de llamarnos la atención que estén tan dispuestas a volver a dar el ser –como suele decirse- a su hijo, sobre todo un ser tan pesado. Nuestra pregunta en este caso sería: por qué es más fácil para una madre colocar a su hijo bajo la advocación de un significante tan cargado como ladrón o toxicómano que aceptar que, de aquella vieja fantasía de que su hijo vendría a darle la felicidad que hasta entonces no había podido obtener, no queda mucho y que en realidad no puede controlar casi nada ni en su vida ni en la del hijo; y que eso –francamente- les desbarata la vida.
Lo que podemos decir es que el trabajo con estos chavales "violentos" no siempre es fácil. Es muy frecuente que tarden en aceptar las reglas del juego del análisis, entre las que está desde luego el pagar un precio personal por las sesiones aparte de lo que pagan por ellas los padres; pero los que ya tomaron la decisión de venir a hablar terminan entendiendo, pagando por sus sesiones... y los tratamientos funcionan bastante rápidamente. ¿Qué ocurre entonces para que los padres no puedan hacerse con la situación?
A partir de ahí, podemos creernos las cosas que nos dicen psicólogos y sociólogos acerca de la causa del aumento de la violencia, o de la agresividad en los niños; el diario Le Monde sugiere por ejemplo: padres y madres que trabajan demasiado, están culpabilizados e intentan evitar las frustraciones concediendo todos los caprichos de sus hijos, padres que no encuentran referentes educativos válidos en las generaciones precedentes. Otra onda dice que los juegos de rol perjudican a los niños, las películas violentas... Desde luego estas cosas están ahí pero, como nos recordaba el otro día una historiadora, hace cuatro siglos la gente llevaba a sus niños a ver las ejecuciones públicas, a ver cómo quemaban a la bruja en directo, ni siquiera pasado por el tamiz de la pantalla.
Sobre el tema del colosal aumento de la violencia en los niños y jóvenes están los libros de nuestro colega Jean Pierre Lebrun: "Un monde sans limite" y "Désarrois nouveaux du sujet"[1]. En concreto en el último plantea la hipótesis siguiente: que aunque cada historia es singular, la violencia tal como se da hoy no es una pura duplicación de la violencia que es fruto del conflicto entre generaciones. Para él es justamente una violencia sin conflicto, es decir que no sería el resultado de una confrontación sino de la evitación de dicha confrontación entre generaciones. Lebrun lo explica en siete puntos (su texto literal va en cursiva):
1.- "Hay una violencia estructural de la naturaleza humana" – Es decir que el hecho de no elegir bajo qué significantes (patria, padres, nombre...) nacemos, es ya una violencia que sufrimos por ser humanos. Por eso nos alarma aquella noticia del diario El País del mes de abril que decía: "Los jueces obligan a un hospital holandés a pagar por el nacimiento 'injusto' de una discapacitada". Un tocólogo no quiso hacer análisis genéticos ni amniocentesis a una embarazada aunque conocía la existencia de una enfermedad hereditaria, y entonces su hija nació deficiente y sin posibilidad de mejora. Los tribunales holandeses acuñan este nuevo término de 'vida injusta' que inmediatamente nos remite a su contrario, el nuevo ideal de 'vida justa', cuando no hay nada más injusto que lo simbólico que nos hace aparecer como sujetos en lugares indeterminados de la red del lenguaje. Nos parece que el maniqueísmo de las discusiones sobre lo moral o inmoral del aborto preventivo está ocultando, está reprimiendo, el hecho de que la entrada en lo simbólico ya es una violencia para el ser humano que pierde el contacto directo con la cosa y que esto no hay por qué hacer tanta fuerza en reprimirlo. Ahora los tribunales holandeses van a contribuir a "reparar" la violencia que se ha ejercido sobre esta niña y sus padres, pero por esta reparación pensamos que el precio va a ser aún mayor.
2.- "Esta violencia se le presenta al sujeto a través de las generaciones y de la diferencia de lugares que éstas instituyen" –
3.- "La autoridad es una consecuencia del reconocimiento de la diferencia simbólica de los lugares y armó desde siempre a la generación de más edad para negociar la violencia de la generación más joven" – Armó a la generación de encima con la simple palabra cuyo valor venía dado justamente por la posición en el linaje y venía incuestionada desde los antepasados.
4.- "Esta autoridad se encuentra hoy subvertida por completo a consecuencia de la modificación de su modo de legitimación" – Es decir que antes era el propio lugar en el orden del linaje lo que legitimaba dicha autoridad, pero ahora son la posibilidad de ganar mucho más dinero los jóvenes con la música o la informática, por ejemplo, o el conocimiento de nuevas tecnologías desconocidas para sus mayores, lo que hace que los jóvenes puedan echar en cara a sus mayores que la experiencia ha dejado de ser la madre de la ciencia (contrariamente al refrán: "La experiencia es la madre de la ciencia").
5.- "Esta subversión tiene como efecto deslegitimar a la autoridad y, al no tener ya legitimidad para sostener la confrontación, la generación de encima es llevada muchas veces a abandonar la partida" – Es justamente en el momento en que ha de efectuarse la palabra que tiene valor de autoridad, lo que supone asumir un riesgo por parte de la generación de más edad, cuando dicha generación dimite; y no creemos que lo haga sólo por los motivos citados en el punto anterior, sino que aparte de esos fenómenos sociales hay motivos también de orden subjetivo que influyen en este abandono.
6.- "Los jóvenes no tienen ya entonces interlocutores a quienes dirigir su violencia" – Se quedan solos pataleando en el vacío.
7.- "Esto equivale a negar la violencia estructural –o dicho de otra manera, la pulsión de muerte- y paradójicamente engendra una violencia suplementaria que da su carácter específico a la violencia que encontramos hoy" – Y, en resumen lo que viene a plantear como salida Lebrun es que la violencia ha de volver a encontrar un lugar en el interior del sujeto, lo que sería algo así, nos parece a nosotros, como aceptar esa violencia estructural y la propia violencia sin tanto miedo.
Volviendo al ámbito doméstico suponemos, para empezar, que estos padres han pasado por el Complejo de Edipo que para Freud es un modo literario o mítico de entender que en esta vida hay una cierta distancia entre lo que se espera y lo que se obtiene. Sabemos también que uno de los destinos posibles del complejo de Edipo es la represión de los oscuros intereses del niño frente a los demás, o de su morbo por lo prohibido, como un decir: "Vale, acepto la legalidad, no tengo ningún interés por algunas cuestiones que a partir de ahora dejo aparcadas en otra escena". Claro, dejar aparcados algunos oscuros intereses no es lo mismo que liquidarlos... eso es lo que tiene la represión, que van a volver por sus fueros.
Lacan responderá a la teoría edípica de Freud haciendo pasar al padre de ser un mito, o un personaje de la realidad, a la categoría de significante, y así conceptualiza lo que llamamos "La metáfora del Nombre del Padre" cuyo resultado es introducir al niño en lo que Lacan llama la función fálica o la lógica fálica que es una manera de poner orden, de dar sentido a un período previo de caos en que todo amenaza al sujeto: el caos de la ausencia, del vacío pavoroso, el horror de que el otro quiera aprovecharse de nosotros o pueda hacernos desaparecer con un chasquido de los dedos... Antes de la efectuación de esta metáfora, las ausencias de la madre, por ejemplo, eran para el niño experiencias de pura privación terriblemente angustiantes; ahora ya estas ausencias tendrán un sentido, puesto que gracias a la entrada en escena del padre aparece la mediación simbólica y así, si la madre se ausenta será porque le falta algo, porque su deseo apunta hacia algo. El niño pasa de la experiencia de privación a la experiencia de la falta, y todo empieza a cobrar sentido según esa lógica fálica. A partir de ese momento todo el goce que pueda obtener será limitado y lo experimentará como siendo insuficiente. Recordemos aquí lo que dijimos hace un momento de las madres: que ante esta insuficiencia de lo que se obtiene en la vida, y ante algunos momentos de amenaza de vuelta del horror, - si el hijo se ausenta; o si la hija adolescente les da a evocar la exuberancia de una pasión anhelada y hace años contenida-. Pues entonces algunas madres encuentran en el discurso social significantes como "violento" o "toxicómano", como antes "hippie", "punk" o "rojo" que a modo de Nombres del Padre les sirven ni más ni menos que para reacomodar esta Metáfora Paterna y volver a instaurar el cosmos allí donde reinaba el caos. Claro, que intentar encerrar al hijo en un término tan estrecho no dejará de producir agresividad en éste (agresividad, y no violencia, es la necesaria para no quedar alienados en los significantes que el otro nos propone habitar).
Y lo mismo ocurre con la katana: por efecto de la función del Nombre del Padre, estos significantes que van cambiando conforme cambia el discurso del Amo se organizarán y construirán un fantasma que será una organización simbólica que va a permitir zurcir los rotos que aparecen en ese orden. Y además organizará los significantes de modo tal que puedan ser un exutorio para el deseo al dar la posibilidad de articularlo. En algún momento Lacan va a decir que los Nombres del Padre funcionan como suplencias para reinscribir en el orden fálico lo percibido por esas mirillas a través de las cuales el horror se deja entrever y puede hacer entrar en barrena al sujeto. Y su manera de reinscribirlo es disfrazándolo con un sentido de prohibición; Lacan dirá de inter-dicción: prohíben el goce, pero van a permitir un goce fálico entre significantes, lo que no es ni más ni menos que la realidad fantasmática que permite articular el deseo del sujeto.
Por ejemplo: "niños con katana matan a unos padres", por un lado permite levantar ligeramente la represión reconociendo un deseo parricida de un niño –entonces permite a quien lo enuncia sostenerse como deseante-. Así que no sólo la mano y la intención parricida son de otro, sino que además la katana hace que pueda aparecer aún como más lejano, por lo que se puede producir ese pequeño levantamiento de la represión y con ella el padre enunciar que en algún lado hay un deseo parricida al que se le puede atribuir un sujeto. Nos respondemos entonces a la pregunta que hacíamos más arriba que éste es un fantasma clásico con una escritura exótica.
Entonces, gracias al fantasma podemos mantener alejado el horror y además gozar de una manera permitida. De este modo, para aquella madre las ausencias del hijo no la retrotraerán a aquel momento en que –aún no sujetada por el lenguaje- las ausencias de su propia madre la sumían en un vacío que la engullía, pero a cambio tendrá el dolor de tener un hijo supuestamente toxicómano o violento, lo que supone subjetivar, ordenar una parte de ese Real amenazante. Así vamos restaurando cada abertura del horror con un nuevo Nombre del Padre salvífico.
En fin, esta es la manera neurótica de hacer; pero Lacan sugiere otra posible. Arreglárselas con el Padre, poder servirse del padre no es poco y de hecho para un niño y un adolescente ya es mucho... pero no es la única salida; Freud no pudo dar otra salida aparte de algunas defensas al horror de la proximidad del goce, del caos; Lacan sí: por eso habla de la posibilidad de ir más allá del padre una vez que uno ha podido servirse de él. Recoser los puntos de horror que la metáfora paterna, o en su defecto el fantasma no han podido obturar es una cosa, pero además hay algo que es cierto que no está al alcance de todo el mundo que es la invención y ésta no va por el mismo circuito que las defensas: es otro camino, otro tipo de síntoma distinto del que es efecto de la represión, y por eso Lacan lo llamará también así: síntoma, pero dándole otra escritura diferente: Sinthome[2].
Ahora, ¿cuál es el problema? Pues que suponemos que en el mejor de los casos, con el apellido familiar se está transmitiendo a las generaciones que siguen algo del orden de: cómo en este linaje nos las hemos ido arreglando con el hecho de ser seres limitados, lo que supone una alianza que quede más allá de cualquier relación dual y con ella un goce limitado para todos.
La katana, evocadora de la calidez del sake y las maderas de Oriente, es también el significante que permite anudar un parricidio evocado con otro deseado por el papá de alguno de estos chicos violentos hacia su propio padre; parricidio generador de una deuda imaginaria[3] con las generaciones anteriores, a falta de negociar otra que no ha terminado de quedar saldada. Les remito a Freud en su trabajo sobre Dostoievsky[4], cuando comenta la escena del asesinato del padre de Fedor que éste presenció con corta edad, de hecho la escena real queda enseguida convertida en fantasmática; Freud mismo la iguala con la descripción del asesinato del padre de Hamlet –que es un asesinato literario- y, si se dan cuenta, tienen toda la estructura de un fantasma: "pegan a un niño", por ejemplo; siendo la mirada el objeto al cual el sujeto se identifica y el látigo, el veneno o la katana los significantes fálicos que anudan la escena.
Entonces recapitulando: niños con katana matan a un padre que sólo imperfectamente ha saldado su deuda con las generaciones anteriores por mantener su relación con dichas generaciones en lo imaginario, y entonces no puede hacer valer su palabra como elemento de mediación simbólica que ahuyente el goce incestuoso; es decir, no puede ejercer su autoridad: o desfallece por miedo, o dimite por ponerse a gozar de su autoritarismo, por lo que deja a su hijo la pesadísima tarea de regular las relaciones familiares cuando éste, que aún no es capaz de usar bien los emblemas simbólicos transmitidos por su linaje, no ha adquirido por completo la habilidad de cernir el horror con palabras y entonces sólo va a poder responder con violencia.
Ni qué decir tiene, que si estos casos que tanto asustan a los padres responden tan bien al tratamiento psicoanalítico, no es porque tengamos habilidades de fontanero –y con esto aludimos al caso Juanito - porque no es que Freud le dijera a Juanito cosas más interesantes de las que le podía decir su papá –quizá salvaríamos eso que le dice de que él sabía que algún día vendría un niño... etc., que ayuda a Juanito a inscribirse en una cierta sobredeterminación que le desata de la relación dual con su madre. Digo entonces que no es por nuestras habilidades verbales, sino que más bien algo debe tener que ver con lo que Lacan comenta en la Nota Italiana, y con esta cita de Lacan termino: "El analista debe haber cernido la causa de su horror, la que le es propia, despejada de la de todos, que es el horror de saber. A partir de ahí sabe ser un desecho" ... Y ser un desecho – añadimos nosotros- es asaz distinto a temer ser despedazado con una katana.
NOTAS
[1] Editorial Érès, Paris.
[2] Coincidimos sólo en parte con la hipótesis de Robert Lévy en el trabajo que ha presentado en estas Jornadas, de que el síntoma de los hijos constituye un Sinthome para los padres. Quizá reservaríamos el término Sinthome para un síntoma que suponga un espacio de creación artística, una transformación en algo nuevo y no, como en este caso, lo que nos parece simplemente un Nombre del Padre que haría las funciones –cierto es que como el Sinthome- de cuarto nudo, pero sin pasar del padre.
[3] Puesto que ésta no es la deuda auténtica. ¿Podríamos pensar ésta última en relación con la aceptación de la violencia estructural de la que habla Lebrun?
[4] S.Freud: "Dostoievsky y el parricidio", Biblioteca Nueva.






