Se me propuso, fundamentalmente, hablar de la clínica, cosa que agradezco. Pero antes de ello, quisiera exponer con brevedad, algunos comentarios a cerca de lo que nos trabaja en nuestro desarrollo profesional.
Muy probablemente, todos nos hemos acercado al trabajo de la Salud, con la fantasía inicial, de que íbamos a encontrar algo nuevo que nos diera una visión más amable de nosotros mismos, a la vez que, una explicación de cómo son los demás. No es otra cosa lo que os piden los pacientes y lo que tratamos de hacer en nuestro trabajo.
Por otra parte, es el dolor y el sufrimiento, lo que nos empuja al trabajo de la Salud, en el intento de encontrar nuevos sentidos a lo que ocurre y nuevos modos de afrontar el malestar.
Freud, nos propuso el psicoanálisis como un medio de construcción de sentidos, para lograr un acercamiento comprometido con el deseo. No es otra cosa cuando nos dice, que “el deseo implica caminos abiertos de una vez y para siempre”. Es desde ahí, que nos planteamos la experiencia de la creación como algo que constituye el psiquismo, desde la búsqueda de nuevos ideales en el camino de la sublimación.
El psiquismo es un proceso creador; es un proceso en permanente disposición a la creación y no podría ser de otro modo. La cuestión es de qué creación se trata; si se trata de la sublimación, del desplazamiento, de la sustitución, de la proyección, etc. Un poco de todo eso es lo que lo constituye: la creación y la modificación.
Podríamos decir que la experiencia de la creación, esto es del psiquismo, es la posibilidad de transformar la vivencia en algo concreto y comunicable; hacer de la vivencia de lo informe, una experiencia de satisfacción comunicable; hacer de lo irrepresentable la intersubjetividad.
En casi todo acto del sujeto, existe un proceso de creación de sí mismo en su relación con el otro. La creación es la culminación de una vivencia en una obra; es un reinvestimiento de la realidad, una representación de lo irrepresentable a nivel de consciencia. La creación bordea la falta, el vacío y parte de la propia falta.
La creación es la construcción del yo, de la sensación de existir, de la vivencia de pensar de un modo autónomo y con placer por ello. En este sentido, se podría decir, que pensar es crear y no, meramente, repetir; es crear, porque el proceso de pensamiento supone la envoltura de los que nos hace humanos, es decir, la sensación de existir en un pensamiento y emoción que es diferente de la palabra, provocando esto una sensación de existencia en ese pensamiento vivo, pero necesitando la palabra para alcanzar una significación comunicable. No es indispensable que esto tenga que venir acompañado de lenguaje permanentemente; lo interesante es que el sujeto pueda sentirse desde el pensamiento que produce actos y lenguaje. No es otra cosa la emoción de vivir; por ello, los lapsus, las formaciones de compromiso, etc, no se dan en el pensamiento sino en el lenguaje.
En demasiadas ocasiones, creo, que en nuestro trabajo, nos dedicamos a tratar de encontrar con el paciente las significaciones de lo que hace o dice, tratando de encontrar los últimos resortes identificatorios. Recordemos, brevemente, el recorrido que hizo Freud en su experiencia de creación teórica. Al inicio, provocaba la manifestación de lo emocional, esperando que tuviese una consecuencia directa de desplazamiento del síntoma y de disolución del sufrimiento; era cuando se planteaba que el trabajo era hacer consciente lo inconsciente. Con ello, se encontró con el efecto de la transferencia y la necesidad de interpretar la misma, para que el paciente no se fijase una vez más en las identificaciones. Diez años después, atendiendo a su apertura y valentía en no ceder ante la angustia, le llevó a la frase de “donde era el ello, debe advenir el yo”. Esto es la experiencia claramente creadora del psiquismo. Venía a decir que el yo no era sólo una estructura, sino un proceso de integración y simbolización.
La experiencia clínica de nuestro trabajo con menores, está sustentada en el trabajo del reconocimiento de la existencia individual, la creación de vínculos y la creación de un imaginario yoico, es decir, el reconocimiento del pensamiento como integrador psíquico. Realizamos un trabajo muy Doltoniano.
En nuestro trabajo, partimos de la comprensión de que el sujeto, lo es, en función de tres elementos con los que se constituye, con los que se constituye a partir de la falta:
- el pensamiento, que da forma, en lo concreto, a la división de la experiencia psíquica, permitiendo la formación del Yo integrador.
- las emociones, que dan cuenta de la experiencia subjetiva de ser.
- el lenguaje, que permite el modo de pensar y sentir, en un entorno de palabra.
Voy explicar el trabajo que hacemos en uno de nuestros centros de trabajo, el de Atención Temprana. Los profesionales son los siguientes: Director y supervisor, 2 psicólogas y 3 técnicos de atención temprana y dos educadores. Este personal atiende a tres centros. La dinámica de funcionamiento es la siguiente. Dos días a la semana, en horario de 9 a 17 horas, asistiendo por necesidades, incluye el comedor como una actividad terapéutica más. En el trabajo se contempla la presencia de las madres y un grupo de madres semanal.
Trabajamos con menores de entre 0 y 6 años, con problemáticas de neurosis, psicosis y autismo o trastornos del desarrollo. El trabajo es grupal y desde el clima de la participación emocional de todos. Los profesionales tratan de poner en palabras lo que va sucediendo y promueven que los niños pongan palabras a las acciones y pensamientos de otros. Es muy frecuente, que en el lenguaje de los técnicos aparezcan expresiones tales como “ qué piensas”, “qué podrías estar pensando”, “ yo pensaría que...”. Se trata de promover la comprensión, de que las acciones que se realizan, tienen una emoción que las impulsa y un pensamiento que las explica; “un pensamiento”, pero que podría ser otro u otro, u otro, no siendo excluyentes necesariamente. Generalmente, los niños se tranquilizan ante estas formulaciones. Al final, casi siempre se deja abierta la posibilidad de pensar la acción de otro modo.
Es una manera en la que intentamos que la angustia de ser, no sea vivida como una culpabilidad o como una agresión al otro o del otro. Se enfatiza lo humano y lo relativo de lo humano en las relaciones que se establecen. Se enfatizan los afectos y los vínculos, fundamentalmente.
Tenemos muy presente el concepto de reparación, tanto en el sentido Kleiniano como de Winnicott. Pensamos, a partir de Winnicott, que el sujeto se mueve en un sentido permanente de reparación, tanto de sí mismo como de los otros. Y cuando en sus acciones, no está presente, se suele traer a la relación el sentido de la reparación. Por ejemplo, en las agresiones, el niño agresor repara al agredido, consiguiendo, generalmente, un placer y modo distinto de entender su posición subjetiva; a veces, el agresor, nos dice si puede volver a agredir para volver a reparar. Reparar es un modo de afrontar el dolor de existir, el duelo de la diferencia, el duelo del yo, porque, al reparar, no solo se da el sentido amable y generoso del yo, sino que se obtiene el interés del otro, el “ser para el otro”.
El concepto de la creatividad, de la creación, no se puede separar del concepto de reparación. La creatividad, en Winnicott, “ es el hacer que surge del ser”, en ese recorrido que va desde el espacio de ilusión al de desilusión, de la dependencia a la independencia, de la pregunta por el otro y por el deseo del Otro a su respuesta de complementación. La reparación es la creación de la subjetividad en el espacio de presencia—ausencia, es la emoción viva del Fort-Da, es la emoción viva de ser más allá de la angustia.
Es interesante recordar aquí lo que Winnicott llamaba la paradoja de la creatividad a partir del espacio transicional. Es el desarrollo de la subjetividad humana y de la creación del deseo. Por ello, en el deseo, se juega más la búsqueda de la satisfacción que la satisfacción del mismo.
Caso Clínico:
Pedro, un niño de 4 años, derivado con diagnóstico de trastorno del desarrollo. Padres de nivel cultural medio alto. Tiene un hermano mayor de 12 años. Es derivado por el colegio por los problemas de adaptación en clase. Tiene muchas dificultades para estar sentado; durante el año pasado y este, tiene un profesional de apoyo que le acompaña en el colegio y que le insiste en los buenos hábitos sin conseguirlo. Tiene lenguaje, a veces, relacional, aunque escaso. Presenta aleteos y tics generalizados. No mantiene la mirada. Es muy tierno. Su voz es débil y delicada. Tiene muchas dificultades de quedarse sin la madre, tanto en la escuela como en nuestro centro; se resiste a dejar a la madre. En la escuela, lo engañan o lo sujetan, con la consiguiente escena de Pedro. En el Centro, se le dice a la madre que no se puede quedar el niño a la fuerza y se le invita a ella a quedarse con él todo el tiempo. La madre accede, pero el niño no se aleja en ningún momento de su madre, ni se vincula con ningún técnico; esta le insiste en que juegue con los otros niños, aunque ella no juega. Mi presencia en el Centro es escasa. Tiene especial fijación por los estintores. Un día que me encontraba en el Centro, se sitúa delante del estintor de pared, y comienza a hacer los aleteos característicos que realiza cuando se excita. Descuelgo el estintor, me lo llevo a la sala, lo echo en el suelo y me dedico a pintarlo, ponerle pegatinas, etc; Pedro, se muestra muy excitado, observándome y mirando al extintor; al poco, le invito y le cojo la mano para que manche el extintor, para que lo modifique, para que lo cree a su forma, para que pueda crear el objeto, para que se de la autoridad de reinventar lo que ve y apropiarse de su juego; este es el objetivo último de nuestro trabajo. Se tranquiliza, aunque deambula por la sala, diciendo “extintor”. Al poco, le digo que lo vamos a volver a dejar en su sitio y después, si queremos, volvemos a jugar. Se le termina ahí, su fijación por los estintores.
Respecto de la fijación a la madre, voy a contar cómo se hizo para que pudiese establecer otros vínculos significativos. Ante la insistencia de la madre por irse y dejarlo, ante la angustia que sentía la madre y que nos transmitía a todos, una profesional actúa del siguiente modo. Le pide a la madre la mano, la dibuja en un folio; le pide la niño su mano y la dibuja sobre el dibujo de la mano de la madre; acto seguido, recorta el dibujo de la mano de la madre que incluía la del niño y se la coloca sobre la suya y le dice al niño: ya tenemos la mano de tu madre, la tuya y la mía: tu madre ya se puede ir. El niño, se dirige a su madre y le dice: adiós mamá. En adelante, ya no vuelve a tener ningún problema ni en el colegio ni en el Centro para quedarse sin la madre. A partir de ahí, el niño, nombra muy especialmente a esta profesional y a mí, como personas de confianza y continuidad. A veces, muestra algunas dificultades, cuando estamos los dos en el Centro, para dejar que uno de los dos nos ausentemos. En este momento, muestra especial interés por descalzar a todos los profesionales, intercambiarles el calzado y observar de muy cerca los dedos de los pies. Otro apunte es que ha comenzado a nombrar en el Centro mucho a su padre. Tiene una alegría espontánea y se le ve con interés por mirar a otros niños y comienza a participar, poco a poco, en algunas acciones de juego con algún otro niño. Para hacer pipi, la madre lo manipulaba; en el centro se le deja hacer; ahora, rehúsa ir al aseo. Mantiene una fijación especial con las cañas.
Este y otros casos, nos hacen pensar en la importancia del trabajo de lo “preverbal” que sería el trabajo de la creación y representación de lo irrepresentable, pero que tiene efectos muy claros en el desarrollo de la subjetividad. Lacan, nos decía que el deseo es aquello que no puede articularse en la palabra y que se desliza metonímicamente como resto.
En el trabajo que realizamos, siempre se dejan abiertas muchas otras posibilidades de pensar y de nombrar lo que sucede, promoviendo que el niño obtenga una experiencia de introspección y de reconocimiento de un yo-pensante, es decir, dejamos abierta la posibilidad de que re-cree su subjetividad. Dejamos, propiciamos que los niños “busquen”, desarrollen y creen su espacio y se creen en el espacio.
Realizamos un trabajo, fundamentalmente, de acompañamiento: aquel que resulta de poder poner lenguaje a las emociones y al pensamiento.
La maduración, la cura analítica, es la elaboración del duelo de lo mítico del origen, relativizando las identificaciones, para crear nuevos ideales y acoger el pensamiento como propio. Esto es la creación.
BIBLIOGRAFÍA:
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- El Narcisismo. L. Horstein. Paidós
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- El lenguaje en psicoanólisis. A. Green. Amorrortu
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___ Introducción al narcisismo. 1914
___ Pulsiones y destinos de pulsión. 1915
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___ Más allá del principio del placer. 1920
___ El yo y el ello. 1923
- S. Bleichmar. La fundación de lo inconsciente. Ed. Amorrortu
- R. Rodulfo:
___ El niño y el significante. Editorial Paidós.
___ Dibujos fuera del papel. Ed. Paidós.
___ Clínica psicoanalítica en Niños y Adolescentes. Ed. Lugar Editorial
- M. Rodulfo:
___ El niño del dibujo. Ed. Paidós.
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___ El gesto espontáneo. Ed. Paidós.
___ Realidad y juego. Ed. Gedisa
- D. N.Stern: El mundo interpersonal del infante. Paidós.
- Christopher Bollas: La sombra del objeto. Ed. Amorrortu
- M. Mannoni: El niño retardado y su madre. Ed. Paidós.
- F. Doltó:
___ La imagen inconsciente del cuerpo. Ed. Paidós
___ La causa de los niños. Paidós.
- F. Doltó y J.D. Nasio: El niño del espejo. Paidós
- J. D. Nasio: El magnifico niño del psicoanálisis. Nueva Visión.
- Centro de Estudios e Investigación Psicosocial de la Mancomunidad Valle de Ricote:
___ Formación en Intervención social con familia, infancia y discapacidad.
___ Congreso Estatal de intervención social y educativa con familia e infancia.
___ Violencia y Agresividad. Fundamentos para la Atención Social.






