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Cuestiones abiertas sobre la infancia y la adolescencia

Teoría y práctica desde el Psicoanálisis

“El pasaje adolescente, desanudamiento familiar” por Juan Ignacio Martínez Sánchez

En primer lugar agradecer a la organización la invitación, en particular a Roque Hernández, su deferencia, con el que suelo coincidir en muchos de los eventos que se realizan para hablar sobre la teoría y la práctica del psicoanálisis, en especial de la práctica institucional, que ha sido una de las grandes olvidadas durante muchos años, lo cual nos ha hecho retroceder mucho en el compromiso de reconquista del campo del psicoanálisis en España. Por ello todo el trabajo que se realice desde el psicoanálisis aplicado, ha de enfatizarse de algún modo, para que recuperemos parte de ese lazo social que se ha perdido y que el psicoanálisis se merece.

Debería explicar por qué elegí el título que encuadra mi ponencia, inspirado en un Seminario de Estela Gurman, que aborda el tema del pasaje ritual[1] y por un libro de Jean-Jacques Rassial (“El pasaje adolescente. De la familia al vínculo social”). En él se valora especialmente, el significante pasaje, con el que se juega. Su descomposición en francés: pas – sage, significaría no – equilibrado. Sage además, tiene varios significaciones[2]: prudente, cuerdo, juicioso, formal, obediente, dócil, equilibrado, todas ellas, curiosamente, son la antítesis de lo que es la adolescencia, a las cuales como colmo se puede añadir: sabio (como sustantivo). Todas ellas, muestran justamente lo que no es la adolescencia, sin embargo tienen en su configuración como semblante, un punto de certeza inconmensurable, que a veces muestran un adolescente  juicioso, formal, prudente, pero en clave de mascarada.

El significante pasaje, puede tener también el valor de holofrase, puesto que condensa precisamente todo el proceso, desde la falta (pas) de equilibrio a la consecución de éste (sage), después de todo el azaroso proceso de conflictos para construir una identidad, hasta el nivel de aceptación social. El pasaje por tanto supone un tíquet, una entrada, para emprender el viaje, hasta lograr la condición de adulto, posición de un sujeto prudente, cuerdo, equilibrado y ojalá que sabio.

Este viaje a su vez, conlleva la necesidad de soltar amarras, hay que desanudar el extremo de la cuerda que nos sujeta a tierra, a la sagesse, a la cordura y sabiduría familiar. Este acto de desamarre, de desamadre, permite la travesía, que aunque puede estar vigilada desde la costa (sobre todo en el cabotaje), conlleva siempre unos riesgos que hay que afrontar, el adolescente por su cuenta y riesgo ha de realizar este pasaje, libre de ataduras excesivas, para poderse mover en este río revuelto que es la vida, donde no hay a penas lugar para los adultos, que han de construirse su espacio en ocasiones de forma violenta.

Por supuesto el término desanudamiento tiene para los analistas que seguimos las aportaciones de Jacques Lacan, otra lectura mucho más importante, puesto que la clínica de los nudos, la clínica borromea, remite a los conocidos tres registros: real, simbólico e imaginario, que tienen también un valor importante en la adolescencia, ya que los cambios en un círculo condicionan a los demás. En esta edad los cambios que sufre el cuerpo, desde los cambios internos como los cambios hormonales, que darán paso a la aparición de los caracteres secundarios sexuales, etc. Hacen que el sujeto tenga que hacer una nueva recomposición de su cuerpo. Aquel yo constituido en el estadio del espejo ya es obsoleto, y es necesario la construcción desde un nuevo anudamiento, de lo imaginario y lo simbólico, a los cambios reales que suceden cada día, a través del juego de identificaciones típicas y tópicas en este momento evolutivo.

Después de esta introducción he querido transmitir las dificultades del camino que conlleva esta travesía, no es suficiente tener el pasaje, es necesario si se quiere llegar a buen puerto, al puerto de los adultos, es necesario vencer los obstáculos que van a ir apareciendo, incluyendo incluso algunos pasajes al acto, difíciles de prevenir, y que surgen en esas fallas entre los simbólico y lo imaginario, pero que a veces, serán necesarios para establecer los límites del viaje y también para enfrentarse a un concepto que creo que también es muy importante en esta travesía, me refiero a la necesidad de conocer la consistencia del Otro. Tema que trataré de abordar después en la parte institucional.

Sobre la modalidad de goce.

Otra de las cuestiones que quería abordar aunque fuera de pasada, era el tema del goce, respecto a una generalización que se hace a menudo y que se refiere a que el adolescente sigue el imperativo superyóico de gozar, hasta sus límites más profundos. Límites por supuesto, establecidos en el edipo y ratificados de nuevo, en el intercambio colectivo. Freud desarrolla este tema a partir de un concepto poco utilizado, que llamó super-yo cultural[3], distinguiéndolo del super-yo de origen parental.

Este super-yo cultural de tipo colectivo, estaría ligado al Otro y funcionaría como elemento de autoridad, reprimiendo al sujeto por temor y por el fomento del sentimiento de culpabilidad.

El tema del límite al goce es algo que retorna continuamente cuando se habla de adolescentes. Los límites que se pueden oponer al goce, sin olvidar el funcionamiento de la pulsión, será algo que trataré de explicar más adelante en relación con el orden de la satisfacción.

Antes quería señalar, algo sobre el goce particular en la adolescencia, cómo se establece determinado goce, incluso si podremos establecer la génesis de la modalidad de goce en el análisis de un adolescente. En este sentido hemos leído hace unos meses un artículo de Roberto Ileyassoff [4], que me sorprendió bastante y que generó una discusión en el grupo de analistas donde realizo mi práctica. El planteamiento, la tesis central de este artículo digital es el siguiente: "El púber “no elige” su modalidad de goce sino que es  más bien  al revés. La modalidad de goce “lo elige a él". Las afirmaciones referidas a la posibilidad de elección del sujeto, siempre plantean un cierto debate, por todas las dependencias que el sujeto mismo tiene, hasta incluso la de su propio deseo.

El tema que no aborda el artículo al que me he referido, es como se realiza la modalidad de goce en el sujeto. Mi tesis, a partir de los últimos trabajos de Lacan, sobre todo en el Seminario R.S.I., se refiere a que la modalidad de goce aparece inconscientemente, a partir de lo que se transmite desde la posición paterna, desde la propia versión del padre[5], de su particular padre-versión (père-version).

El adolescente a partir de esta versión que da el padre, muchas veces a partir de sus propias contradicciones, mostraría una modalidad de goce que el sujeto adolescente recibiría. Si es adoptada y adaptada a él mismo, dependerá del propio sujeto. En este sentido si le es dada desde esta versión particular desde fuera, pero como es interiorizada dependerá del sujeto, así como hasta donde llega, si traspasa los límites de la ley. Ello se establecerá a partir de la función del síntoma. “El padre interviene para mantener la répression, en el justo medio (me-dios), la versión que le es propia de su perversión, única garantía de su función de padre, la cual es la función del síntoma. Para esto tiene que ser un modelo de la función...sólo puede ser modelo de la función al realizar su tipo”[6].

Recuerdo ahora un caso de un adolescente que tuvo muchos problemas de comunicación, y que había generado un trastorno obsesivo compulsivo (conocido ahora como T.O.C.), que le hacía gastar grandes cantidades de jabón, hasta el punto de tener la piel de las manos rojizas, casi en carne viva, por la multitud de lavados que realizaba cada día. El joven ha vivido durante muchos años yendo de su casa al colegio, con poca atención de su padre, con el que vivía solo, hasta que fue institucionalizado (cuando el grado de abandono fue excesivo). Su padre le dedicaba muy poco tiempo, pero siempre le insistía en la importancia que tenía el aseo personal, para que uno se pueda sentir limpio por fuera y por dentro.

Para concluir podríamos decir que efectivamente la modalidad de goce, mas que elegir al sujeto, se transmite al sujeto, y se instaura en él en forma de síntomas, pero desde esa versión especial no subtitulada, que transmite la posición paterna. La función del padre así, es modelo de la función del síntoma, al poder realizar su tipo especial de versión.

Segunda parte; Sobre la praxis.

Si la clínica del adolescente es particular y problemática per se, tal como lo plantean distintos autores: O. Mannoni[7], B. Gibello[8]; G. Michaud[9]; A. Aberasturi y M. Knobel[10], podemos preguntarnos si existe una clínica especial, una clínica de la adolescencia. Mi conclusión coincide con E. Gurman[11]; no hay una clínica especializada, pero si específica. Es decir, efectivamente aparecen unas características particulares, que conviene tenerlas en cuenta para que la dirección de la cura pueda avanzar. Contamos además con dos casos freudianos de referencia: el caso Dora y el caso de la Joven homosexual. A esto se añade la implicación familiar que tienen casi todos los casos, donde la propia dinámica, afecta a toda la constelación familiar.

La complicación se hace mayor todavía, si trabajamos con adolescentes con problemas de inadaptación social, individual o familiar, y si además estos están institucionalizados, en centros de acogida, el grado de complejización ya es extremo. En este último aspecto ha de plantearse el desanudamiento total del joven con la familia, y en gran parte de los casos, la vía de la autonomía e independencia.

El psicoanálisis en la institución, el psicoanálisis aplicado cuenta con ventajas e inconvenientes, que hay que saber manejar para mejorar nuestra acción, al igual que en la práctica privada. Esta parece más sencilla ya que se dominan los distintos aspectos del encuadre analítico, y sobre todo, no se depende de nadie externo a la relación transferencial, que hace que el dispositivo analítico funcione incluso antes de la primera llamada, pero su coste evita que muchos puedan acceder a ella.

No obstante tanto en una como en otra, y esto es lo que hace específica en gran parte a la clínica con adolescentes, es dudosa la voluntariedad del sujeto, puesto que no suele haber un cuestionamiento sobre su síntoma, no existe una subjetivación de su queja, de su sufrimiento. No es consciente de que le concierne a él y no es algo que viene de fuera, sino que él tiene algo que ver en ese malestar, que es expuesto por sus padres o también por la propia institución.

Todo ello quiere decir que existe un trabajo común en explicitar el malestar, el síntoma, las relaciones familiares, etc. Que ha de hacerse tanto en la consulta privada como en la institución, para que aparezca la demanda.

También en este momento hablaba de que el adolescente tiene que enfrentarse con la consistencia del Otro, para poder diferenciar su deseo y hacerse cargo de su ex – sistencia, y poder superar sus problemas, a partir de que el se convenza de la propia capacidad que puede tener para cambiar su destino.

Formas de actuación. Trabajo simultáneo con padres e hijos.

Ahora voy a plantear una experiencia de trabajo, poniendo especial énfasis en el trabajo simultáneo con padres e hijos desde un contexto institucional (Programa de Orientación Familiar)[12]. Es decir, valorando la importancia de las primeras entrevistas realizadas con la presencia simultánea del hijo/a y sus padres. Sobre la necesidad de la presencia del adolescente, no es necesario matizar mucho más, sabido es de todos, la importancia que tiene para un adolescente, no sentirse apartado de las decisiones familiares, máxime cuando éstas tienen que ver con él. Y la dificultad o imposibilidad de ganarse su confianza, si se habla a sus espaldas.

Por ello que los padres establezcan su queja sobre su hijo, delante de éste, y a su vez él pueda expresar las suyas sobre sus padres, confieren a ambas posiciones, la posibilidad de la clarificación de la problemática familiar desde el principio, así se rompe un tanto la relación especular. Gurman lo dice muy bien, al escuchar el discurso del otro, se establece una “otredad”, que tiene valor de discurso diferente, externo, extranjero en el sentido que Freud denominó “unheimlich”[13]. De esta forma cada parte se escucha el discurso del otro lado, como si se tratara de nuevo o de otra manera formulado, gracias a la figura del orientador, que favorece la triangulación.

Acto seguido después de que entre todos se hable el malestar, se des-a-nude el problema, después de escucharse, puedan establecerse lo que Yleyassoff plantea bastante: el poder llegar al nivel de la satisfacción. En primer lugar existe la satisfacción propia de ser escuchado por el Otro, en segundo lugar a partir de la exposición de la queja, puede aparecer las vías para obtener satisfacciones sobre los puntos que no se consideran correctos, aportando a su vez satisfacción a los otros, para que ellos puedan ceder, a partir de otro campo de conocimiento de la situación. Algunos a estos podrían llamarlo mediación, concepto muy en boga actualmente, pero pobre entre nosotros, más familiarizados con la utilización del registro simbólico, que no puede ser equiparable. Aquí yo me refiero al efecto que se producen entre los sujetos y ahora ya no tanto al dispositivo mediador que lo permite.

Por supuesto hablo de un Programa abierto a la población en general, que ya ha pasado por una atención primaria, que ha derivado el caso por su complejidad al recurso especializado en el que trabajamos. En las consultas hay gran variedad de demandas, existiendo muchas de ellas, en familias sin una problemática excesivamente grave, por ello este trabajo riguroso de entrada, puede ser muy efectivo.

Trabajo con adolescentes institucionalizados.

Pasamos a otra área de trabajo más complicada; se trata del trabajo con jóvenes menores institucionalizados con o sin medidas judiciales. En este campo la principal dificultad es el propio trabajo con el adolescente, ya de vuelta de todo y harto de exámenes psicológicos, y por supuesto el trabajo con los padres que a veces se hace imposible.

La constitución del dispositivo analítico en este tipo de instituciones es muy complicado, mi planteamiento que no voy a explicar aquí por excederme del tiempo fijado, ya lo he explicado en otros lugares[14], y luego, si le interesa a los asistentes, podemos comentarlo. En síntesis se basa en la instauración de un lugar con una exterioridad íntima; es decir éxtimo[15], que sea ex - terno, fuera de la institución, conservando cierta independencia, para que los jóvenes no puedan asociarlo con lo que conlleva lo institucional y también que esté dentro de ésta, para poder estar cerca de los jóvenes de cierta forma íntima.

Los problemas de trabajar en la institución son muchos, pero no por ello hay que retroceder ante ésta, parafraseando a Lacan cuando hablaba de no retroceder ante la psicosis. En este sentido hay que aprovechar las pocas ventajas y salvar los inconvenientes. El trabajo con el adolescente puede ser más intenso; contamos con más tiempo, más posibilidades para poder hablar (a veces hay que conseguir primero esto, ya que están hartos de psicólogos que los evalúan, los miden y para los que su decir tiene poco valor). Pero por otro lado, en el trabajo de poder subjetivar lo propio, el esfuerzo que se requiere es mayor. Lo real tiene un peso específico superior, las condiciones son diferentes y el grado de asimilación, en muchas ocasiones, suele estar mermado.

Plantearnos entonces las posibilidades de satisfacción, del lado del deseo, en contra del goce masivo, que es el eje central de esta presentación, es más complicado. Aunque hemos de tener en cuenta, que el ideal en estos menores[16], menores ante la ley, también suele ser menor, al igual que los procesos de satisfacción.

El hecho de poder proporcionar satisfacciones va unido a la verdadera función del padre, pues puede unir el deseo con la ley, estableciendo el límite de la satisfacción, Con ello además introduce la posibilidad de poder perder aquello que se ha ganado, el conservarlo produce otra necesidad, y la conservación una nueva satisfacción, que mantiene al joven dentro de la ley.

El efecto de trabajar con ciertas satisfacciones, en la línea de lo que plantea Ileyassoff, posibilita atemperar el goce, puesto que con ello se avanza en la línea del deseo. El problema persiste cuando el joven no ha podido acceder a esta vía de satisfacción mínima, no produciendo nada que tener que conservar, por lo que se puede recurrir al pasaje al acto, por ejemplo al robo, ya que no se soporta la insatisfacción continua.

En la institución se debe de tener en cuenta todo esto, y evitar las rigideces que los reglamentos internos producen, aplicando excesivamente las prohibiciones. La forma de conseguirlo será con la aplicación de pequeñas satisfacciones: tiempo extra, salidas, práctica de deportes, etc., que puedan verse como pequeños logros de satisfacción, que puedan llegar a producir una mejora terapéutica, al conocer mejor las limitaciones.

NOTAS
[1]  Esta autora menciona el libro “El Ritual” de Theodor Reik, que recoge varios estudios antropológicos muy interesantes sobre el tema.
[2] Diccionario Moderno Langenscheidt.
[3]  Freud, S. Única referencia encontrada en “El malestar en la cultura”, sobre el super-yo cultural. Ed. Biblioteca Nueva. Tomo VIII. Pág. 3065.
[4]  “Lo que  no se elige y el margen de invención”. Ornicar? Digital, nº 230, 31-1-2003
[5]  versión (vers) del padre (père).
[6]  Extraído de Lacan, J. Seminario R.S.I.; Clase 4 del 21 de enero de 1975
[7]  Mannoni O y cols. “La crisis de la adolescencia”. Ed. Gedisa.
[8]  Gibello aísla dos tipos de patologías en el libro antedicho: “Desarmonía cognitiva patológica” y “retraso de organización del razonamiento”.
[9]  Michaud habla de “defensas psicóticas normales”.
[10]  Aberasturi, A y Knobel. M. “El síndrome  de la adolescencia normal”. Ed. Paidós.
[11]  Gurman, E. Seminario “El tiempo de la adolescencia. Su clínica”. Seminario virtual de Psiconet.
[12]  Este es el principal programa que se trabaja desde del departamento de Familia de la  O.N.G. Emaús, con la financiación de la Consellería de Bienestar Social en las provincias de Alicante y Valencia
[13]  Freud, S. En su artículo Lo siniestro (I), dice: “La voz alemana ‘unheimlich´ es, sin duda, el antónimo de’heimlich’ (íntimo, secreto, familiar, hogareño, doméstico), imponiéndose en consecuencia la deducción de que lo siniestro causa espanto precisamente porque no es conocido, familiar... (no obstante) es menester que a lo nuevo desacostumbrado se agregue algo para convertirlo en siniestro”.
[14]  Ponencia que presenté en las Segundas Jornadas Valencianas de Psicoanálisis ”instituciones: posibilidades de cura psicoanalitica”.  14/15 de Mayo de 1.994.
[15]  Neologismo elaborado por Lacan; aparece en el Seminario de la Ética, clase del 10 de febrero de 1960. J-A. Miller trabaja este término en su Seminario del año 1986 que lleva este mismo título y es resumido en un artículo de la Revista Analiticón-2, de este mismo año.
[16]  Utilizo la terminología de menores, menores ante la ley, en uso discutido en la intervención social.

 

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