Hola es .humanidades.arte os mando este artículo de Abbé Nozal sobre el arte
contemporáneo para ver que os parece .
Ahora que es eminente la Fería de ARCO y FLECHAS,creo apropiado el artículo
colocado en COMPLETART www.completart.com,
De esta forma rompo mi silencio en este grupo y una serie de noticias que
poco tienen de interés en este grupo:multas,erotismo y bolígrafos.
Y saludar a Cayetano para que no piense que estoy mosqueado con él ,sino
que no he tenido tiempo de acercarme al grupo y que por mí está todo claro
con su e-mail.
Desgraciadamente este año tampoco podré ir a ARCO y no podré saludarte
CAYETANO.
SALUDOS y espero que os haga reflexionar mi amigo ABBÉ.
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Sólo mirar y perderse
ABBÉ NOZAL
Jean Clair, conocido escritor francés y experto en arte contemporáneo, a la
sazón director del Museo Picasso de París, reflexiona en su libro La
responsabilidad del artista: "Si el arte contemporáneo suscita tantas
polémicas hoy en día, ¿no es porque el público, por poco informado que esté
de su desarrollo, adivina en él la forma ejemplar de la deriva a la que
sucumbe la lengua?... ascenso de un idiomatismo que alcanza la idiocia y la
reducción de la lengua a parataxia... los "quiero decir", ese latiguillo que
hoy salpica el más pequeño enunciado oral de nuestros contemporáneos, suena
como la airada reivindicación del niño que no sabe hablar aún y no obstante
se niega a aprender".
Sobre este particular, Juan Bonilla, escritor y periodista español, alude en
las páginas del diario El Mundo a la irresponsabilidad y sarcasmo imperantes
en "un arte contemporáneo que ha olvidado del todo sus deberes y ha
renunciado a la vez a sus poderes, que se ha conformado con convertirse en
mercancía, en industria".
Si la cultura nos libra de la barbarie, -reflexionaba públicamente el
historiador alemán Hans Magnus Enzsenberger- resulta al menos contradictorio
comprobar cómo la mayor parte de nuestros artistas contemporáneos, de los
que se sitúan en esa hipotética idea de vanguardia -hoy día, justo es
decirlo, carente de sentido-, sólo defienden precísamente eso, la barbarie,
"una barbarie que no persigue otra cosa que relamerse a sí misma". Se echa,
pues, en falta, en el común del arte contemporáneo, un proyecto subyacente
que sobre las ruinas de lo antiguo erigiese otra forma de vida.
Muy notable ha de ser la confusión producida en este final de siglo cuando
esa barbarie e irresponsabilidad han sido defendidas por tantos críticos
elitistas, hasta el punto de que-y cito nuevamente a Juan Bonilla- "si
alguien mostraba su desacuerdo con ellos era tachado de cateto o
reaccionario".
En opinión de Jean Clair, una opinión más que autorizada, este estado de
cosas "ha convertido al arte contemporáneo en una parcela donde no es
difícil encajar gags cómicos, no es difícil arriesgar burlas, aunque siga
siendo difícil conseguir que las autoridades de ese mundillo aparquen sus
imposibles y ridículos lenguajes pedantes y los artistas adquieran
conciencia de que serlo de verdad exige una responsabilidad".
Este preámbulo identifica claramente las dos vertientes sobre las que cabe
reflexionar: por un lado la confusión del público receptor de la obra,
minusvalorado como "cateto", y por otro la irresponsabilidad del artista
emisor de la obra, que ha hecho dejación de sus obligaciones y permitido así
que el significado pase a manos de terceros.
Al respecto citaré unas opiniones debidas al crítico de arte Nilo Casares, a
quien estimo como uno de los pocos críticos conscientes de su verdadero
papel en el mundo del arte (y además escribe con sentido y para que se
entienda, lo cual no es infrecuente sino simplemente inexistente en el
gremio de la crítica). De su reciente ensayo El último mono desafía a
Darwin, todavía inédito, extraigo, con su permiso, algunas afirmaciones
relativas a la generalidad del arte contemporáneo que hoy venden los medios
de comunicación, del que asegura es "un arte de espaldas, sólo avalado por
la más agotadora literatura de encomio y bemdizer. Las cesiones a terceros
(ni a la obra ni a su autor) de la responsabilidad significativa, han
demostrado ser, al menos, agotadoras".
Alude Nilo Casares a las "cesiones a terceros" quizá para no herir a sus
colegas, pero justo es puntualizar que tal cesión se hace exclusivamente al
crítico, lo que da como resultado que el público receptor de la obra de arte
quede despojado de cualquier capacidad valorativa y sin recursos ni valentía
para un hipotético rechazo que, como antes citábamos en boca de
Enzsenberger, le supondría ser tildado de "cateto".
Nilo Casares, ante este estado de cosas, advierte que ha llegado el momento
en que "el espectador, ha dicho: Basta; mi cansancio es absoluto y sólo
quiero ver: Sólo mirar y perderme". Yo creo sin embargo que el espectador no
se ha atrevido todavía a decir «basta», sencillamente hace mutis por el
foro, prefiere no manifesarse, pasa. «Sólo mirar y perderme»... ah, esa es
la esencia del espectador, lo que quizá ocurrió algún día pero que hoy no es
más que un anhelo; hoy el espectador mira, aturdido y desconsiderado, y
luego atiende el críptico mensaje del crítico, hoy el espectador no ha
aprendido todavia a «perderse». "Sólo mirar y perderse", o como tituló su
libro el escritor Guichard Meili: Aprender a mirar. Quizá por ahí vayan los
tiros, quizá sea esa la nueva función del crítico: enseñar al espectador a
«perderse» en vez de buscarle significados a una obra que nació muerta. El
crítico con púlpito en los grandes media hace anatomía sobre un cadáver, en
tanto el espectador/alumno lo que realmente desea es palpar con sus manos la
anatomía de la persona amada, por supuesto vivita y coleando.
"El retorno del significado, que encontramos entre las nuevas producciones,
¿supone un intento de salvar la distancia con el público que el manierismo
conceptual había conseguido expulsar de la escena? -a la pregunta que se
formula Nilo Casares él mismo responde- Creo que sí".
Yo también lo creo, aunque tal vez este proceso tenga su origen en un
intento personal e íntimo del artista por volver a la esencia del yo, por
ser nuevamente coherente consigo mismo, esto es: si ya hemos descubierto la
superchería de la materia en sí misma considerada, léase Tàpies y compañía,
si ya sabemos de la náusea pseudolírica de ciertas abstracciones
rimbombantes o del aburrido vacío minimal de tantas "novísimas"
instalaciones, si ya hemos espabilado, digo, volvamos ahora a la vida, que
es otra cosa y ciertamente más importante... en realidad lo único
importante.
GASPAR CORTÉS ZARRÍAS" ----Artista Plástico-----
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CORDIALES SALUDOS
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