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Modernidad, vanguardia y posmodernidad... Sanchez Vazquez



Hola gentes, les envio el siguiente texto que transcribi hace un
tiempo...
A ver que les parece...
(Tengo de otros autores tambien interesantes, pero lo que falta es
tiempo...)

Modernidad, vanguardia y posmodernismo

EL NACIMIENTO y consolidacion estetica, como disciplina filosofica,
sistematica y autonoma, es inseparable del proceso de formacion y
afianzamiento de la modernidad. Aunque las reflexiones sobre lo bello y
el arte se remontan a la antiguedad griega y salen al paso, una y otra
vez, a lo largo de la historia de la filosofia, la estetica se funda
cuando el arte como actividad practica humana y la belleza como valor se
distinguen de otras actividades y de otros valores. Y se funda,
asimismo, cuando el saber acerca de su objeto se autonomiza respecto de
otros saberes. La autonomia en ambos sentidos, que Baumgarten atisba y
perfila Kant, significa que el objeto de la estetica -el arte bello- se
libera de sus funciones tradicionales y se confia en la razon como la
via adecuada para conocerlo. Pero semejante liberacion y confianza solo
se dan en las condiciones historicas, sociales y culturales de la
modernidad.
Un fugaz vistazo a la situacion de lo estetico premoderno, o ajeno a
Occidente, nos permitira destacar lo que inauguran y afirman la teoria y
la practica esteticas modernas. Aunque la autonomia del arte se va
fraguando desde el Renacimiento impulsada por sus atisbos en la Grecia
clasica, solo se alcanza en los tiempos modernos en la Europa
occidental. Fuera de esas coordenadas espacio-temporales, no existe
semejante autonomia. No se da, por ejemplo, en la Edad Media en una
catedral gotica, cuyas formas se valoran y justifican esteticamente en
el contexto religioso en que se integran. Tampoco, fuera de Occidente,
en una cultura azteca -como la _Coadicue_- producida para aplacar la ira
de una deidad terrible, o mantener la armonia del hombre con el mundo;
inseparable, por lo tanto, de los mitos de una sociedad prehispanica. En
un caso y otro, se trata no de obras de arte, destinadas por su funcion
principal -estetica- a ser contempladas, sino de objetos supeditados al
valor y a la funcion que rigen en la respectiva comunidad. Ni estos
objeto ni la actividad humana que los produce se conciben en ella
autonomamente, sino en relacion indisoluble con valores que los
trascienden y al servicio de ellos. No existe, pues, un reino autonomo
del arte, escindido del conjunto de manifestaciones vitales, sino como
parte del todo en el que se integran la naturaleza, los hombres y los
dioses. Esto determina, a su vez, la unidad en el hombre de sus diversas
actividades: magica, religiosa, moral, politica, estetica, etcetera.
La modernidad separa lo que tradicionalmente ha estado unido. Lo que
esteticamente se integraba en la comunidad o se supeditaba a los valores
dominantes en ella, es separado del todo en que tuvo su origen y
adquiere un valor propio, cualquiera que fuese el valor al que estuvo
supeditado en sus origenes. Ese plusvalor, estetico, se manifiesta al
ser contemplado el producto artistico, desprendido de sus significados y
funciones originarios. El arte pasa de ser un medio para convertirse en
un fin. De este proceso de autonomizacion, caracteristico de la
modernidad, surge la estetica como un saber autonomo acerca de esa
practica, ya escindida de la totalidad vital en que se integraba.

La teoria y la practica esteticas modernas presuponen cierta idea de la
modernidad que puede servirnos de vara para medir tanto su proyecto como
su realizacion. Veamos algunos componentes basicos de ella que, en todos
los casos, marcan su ruptura con el mundo tradicional premoderno o ajeno
a Occidente.
1) _Diferenciacion o autonomia._ Ya hemos apuntado este rasgo con
respecto al arte, pero tambien se da en otros campos: ciencia y moral,
politica y economia, derecho y tecnica. La politica ya no esta sujeta a
la religion, ni la tecnica a la moral, ni la economia a la politica.
Pero, por su logica interna, el desarrollo cientifico, tecnico y
economico sera fuente no solo de progreso material, sino tambien de
destruccion y enajenacion.
2) _Dinamismo y cambio._ Frente al inmovilismo de las sociedades
tradicionales, la modernidad es movimiento y cambio. No hay nada que
permanezca y dure, o con la frase marxiana que Marshall Berman hace
suya: "todo lo solido se desvanece en el aire". La modernidad, que Marx
identifica con el capitalismo, se pone de relieve en el irresistible
desarrollo de las fuerzas productivas -y la ciencia y la tecnica
correspondientes-, asi como en este "deshacerse en el aire" de lo que
parecia mas estable y sagrado. Ciertamente el estallido, del inmovilismo
tradicional exige un proceso de secularizacion, o disolucion de los
principios trascendentes que lo legitiman.
3) _Racionalismo._ El arma con la que la modernidad destruye esos
principios y valores, y decapita incluso dioses, es la razon. Pero esta
arma destructiva tambien le permite proyectar un mundo mas humano, o mas
ajustado a la naturaleza humana, por esencia racional. Ahora bien, con
el paso del tiempo, la modernidad adopta no solo esta racionalidad
conforme a fines o valores, sino tambien a la que atiende a la
eficiencia de los medios para realizarlos, con la particularidad de que
esta forma de racionalidad de los medios -o instrumental como se la
llamara despues- acaba por ser propia y dominante en la modernidad
tardia.
4) _Progresismo._ El cambio y desarrollo incesantes se conciben como un
ascenso lineal, progresivo. Lo moderno es inseparable de la categoria de
progreso, entendido como un despliegue de la razon tanto en la historia
como en la ciencia,  la tecnica y la produccion. Un progreso que, en las
condiciones sociales modernas, es tambien un regreso, ya que se
convierte en fuente de peligros, incertidumbres y terrores para la
humanidad (baste recordar Auschwitz, Hiroshima y Chernobil).
5) _Universalismo._ La modernidad se caracteriza por su vocacion
universalista, puesta de manifiesto en la ilimitada expansion de las
fuerzas productivas y de la economia de mercado, que disuelven modos
tradicionales de produccion, fronteras nacionales, etcetera, asi como al
universalizar nuevos valores -libertad, igualdad, justicia...-. Pero, al
hacerlo, se prescinde del contenido concreto y de los limites reales que
a esa universalidad imponen sus origenes y naturaleza particulares, con
lo cual lo particular se arropa en el manto de lo universal. Y
precisamente en nombre de los valores universales de la civilizacion
occidental se trata de modernizar a viejas o extrañas civilizaciones,
aunque esto signifique la disolucion o destruccion de sus valores
propios.
6) _Proyecto de emancipacion._ Los rasgos que hemos señalado se
inscriben en el marco comun del proyecto ilustrado de emancipacion de la
humanidad. Este contenido emancipatorio impregna la liberacion de los
grelletes teologicos y trascendentes, la secularizacion de su vision del
mundo, la fe en el progreso cientifico y tecnico, asi como en la
universalizacion del modo de produccion capitalista y de los valores
occidentales. Pero, dado el caracter ambivalente y contradictorio que le
imponian sus limitaciones historicas y de clase, y no obstante el grito
de alarma que da Rousseau en plena ilustracion, el proyecto liberador
que la razon venia a fundar y garantizar se ha convertido en una forma
de dominacion, no ya del hombre sobre la naturaleza, sino del hombre por
el hombre. E incluso la dominacion ilimitada sobre la naturaleza se ha
vuelto cada vez mas contra la propia existencia humana, Pero volvamos a
la modernidad estetica.

Desde que en el siglo XVIII la modernidad se ofrece como una alternativa
en la querella entre los "antiguos y modernos", hasta que, con el ocaso
de las vanguardias artisticas, deja de serlo, pueden distinguirse en
ellas dos periodos claramente delimitados: el que se extiende hasta
mediados del siglo XIX, y el posterior, que viene a finalizar en la
decada de los cincuenta del presente siglo. En el primer periodo, se
consuma la autonomizacion del arte y se propaga el culto, de raiz
renacentista, a lo bello, tanto al idealizar como al representar la
realidad. Aunque el cambio y la innovacion, propios de la modernidad,
contrastan con el inmovilismo y repeticion de las sociedades
tradicionales, se hallan atemperados en el arte moderno por su fidelidad
a una forma estetica: la clasica, y por su actitud mimetica hacia lo
real. En verdad, el dinamismo y la renovacion incesantes en la ciencia,
la tecnica y la produccion material no se dan paralelamente, y con la
misma intensidad y aceleracion en el terreno estetico. En este
desarrollo desigual, la ruptura renacentista con el arte tradicional
conduce con un nuevo ropaje ideologico al clasicismo. Y cuando la
modernidad se zafa de el con el barroco y el romanticismo, permanece
anclada en el modelo representativo de la realidad.
Vemos, pues, que la categoria moderna de progreso pierde su sentido en
el arte. Todo progreso se orienta hacia el futuro como meta inexistente
aun. Pero, en el arte del siglo XVIII, su meta ya esta dada o
conquistada. No hay progreso, sino regreso, hacia las formas clasicas de
la estetica, apenas nacida, viene a legitimar, legitimacion que habra de
perdurar mucho despues. No es casual que, todavia en los albores del
siglo XX, dijera Worringer que las esteticas del pasado eran todas
esteticas del arte clasico.
La autonomia del arte, frente a ideales o valores ajenos, no contradice
ni excluye el proyecto moderno de construir un mundo mas racional, y,
por tanto, mas humano. Para Kant, Schiller, Hegel o Goethe, el arte como
esfera de la libertad frente a la necesidad, de la armonia frente al
conflicto real, de lo universal ante los desgarrones de lo particular,
es medio de emancipacion por si mismo, es decir, por su autonomia y
valor propio.
De acuerdo con su potencial universalista, la modernidad proclama
tambien la universalidad del arte y de su valor fundamental: lo bello.
Pero, en verdad, con esto no hace sino generalizar los principios y
valores de un arte historicamente determinado: el clasico-renacentista
occidental. Hasta bien avanzado el siglo XIX, la pretendida
universalidad estetica no ira mas alla de esos limites, sin alcanzar por
tanto a las artes de otros tiempos o de otras sociedades. Y cuando
productos culturales tradicionales o ajenos son reconocidos, al fin,
como "obras de arte", lo son en la medida en que, desprendidos del todo
vital correspondiente y de las funciones que cumplian en el, se
convierten en objetos dignos de ser contemplados por su forma. El lugar
en que esos objetos cumplen esta nueva funcion -estetica-, y en el cual
se consagra su entrada en el reino universal del arte, es el museo,
institucion que nace en Francia en el siglo XVIII y se desarrolla con la
modernidad. Lo que originariamente no era "obra de arte" se sanciona
como tal desde el momento en que, desconectado del contexto magico o
religioso respectivo, es admitido en el museo para que, por su valor
propio, sea contemplado. De este modo, en el santuario de lo bello
recibe el aval de su artisticidad y universalidad.
Pero, junto al museo, en el siglo XIX se extiende otra institucion -el
mercado- donde la obra de arte se consagra no por su valor de uso,
estetico, sino por su valor de cambio, aunque esta consagracion se haga
a partir de, y en nombre de, su valor estetico. Ahora bien, esta
mercantilizacion no deja de tener consecuencias esteticas que se
advertiran sobre todo mas tarde en el destino de la modernidad radical,
representadas por las vanguardias artisticas del siglo XX. Al poner
precio al aprecio, es decir, al poner el valor de cambio en el centro de
la produccion y el consumo, se va minando y prefigurando el ocaso de la
enorme creatividad y del potencial subversivo, estetico y social de las
vanguardias. Pero detengamonos brevemente en ellas.

La modernidad estetica que arranca del siglo XVIII, se continua,
radicaliza y cuestiona a si misma en los movimientos en que se
despliega, desde mediados del siglo pasado hasta el presente: dadaismo,
constructivismo, surrealismo y _Bauhaus_, entre otros. Estos movimientos
continuan la modernidad en cuanto que corresponden -con su impetu
desenfrenado- al espiritu de ruptura, innovacion y emancipacion,
caracteristico de ella. Pero la continuan en forma tan radical que
acaban por impugnar sus aspectos fundamentales, o por desatar una
subversion estetico-social en el seno de ella. Esto tiene que ver, ante
todo, con el proyecto ilustrado de emancipacion, o transformacion de un
mundo que se ha vuelto inhumano. Y, al igual que la modernidad estetica
que la antecede, creen que esa emancipacion es posible _desde_ el arte.
No con él, como medio o instrumento de un cambio radical o revolucion,
sino desde el arte que, con su propia practica, ha de transformar el
mundo. Utopia estetico-social que exige, ante todo, que el arte se
revolucione a si mismo.
La suncion del proyecto ilustrado de emancipacion, asi como la necesidad
para ello de revolucionar el arte, requiere la ruptura con el arte
moderno que se ha congelado en las formas clasicas que dominan -con su
perspectivismo, mimesis y subjetividad- desde el Renacimiento. Se trata
no de un simple cambio de estilo, sino de cambiar la practica artistica
misma que, desde el siglo XVIII, se define por su autonomia, o
separacion de la vida. Al integrarse en esta, los museos y galerias ya
no son los recintos privilegiados de lo estetico. Pero, en la busqueda
de esta integracion, algunos movimientos -como el constructivismo o
productivismo- llegan tan lejos que disuelven el arte en la produccion
material o en la vida cotidiana.
Ciertamente, no todas las vanguardias siguen esa via, y los cambios que
proyectan se hacen en el marco del arte como institucion, asentada en
sus dos modernos pilares: el museo y el mercado. Aunque estos sostienen
la misma institucion, uno y otro tienen efectos distintos en la
produccion y recepcion de las obras de arte. Mientras el museo les
garantiza su perdurabilidad al acogerlas en sus seno y da, con ello, su
aval "gran arte" que resiste al tiempo, el mercado impulsa la innovacion
necesaria para que el desgaste de un estilo no atente contra el valor de
cambio. Asi pues, el mito de lo nuevo encuentra tambien su caldo de
cultivo en el mercado. De este modo, contribuye a que la apuesta moderna
por la innovacion, radicalizada por la vanguardia, se traduzca en una
sucesion vertiginosa de "ismos", jamas conocida en toda la historia del
arte.
Al hacerse de lo nuevo, de lo insolito o inesperado un absoluto, no solo
cabe hablar de una "tradicion de la ruptura" (Octavio Paz), o "tradicion
de lo nuevo" (Rosenberg). Tambien la tradicion ajena de otras culturas
puede presentarse como una ruptura o innovacion siempre que sea no solo
distinta, sino insolita e inesperada. Esto explica la atraccion de la
vanguardia (de Matisse y Picasso) por el arte africano antes de que se
le juzgara digno de entrar en el museo. La vanguardia contribuye asi a
remediar la ceguera eurocentrista de la modernidad, y a dar una
dimension concreta a su universalismo abstracto. Al entrar en el museo,
el arte no occidental comienza a adquirir cara de ciudadania estetica.
Ciertamente, esa adquisicion tiene su costo: dejar a las puertas del
templo del arte el conjunto de significados y funciones que lo ataban a
su contexto vital.
Resulta entonces que la autonomia artistica, impuganada por la
vanguardia y desconocida por la sociedad tradicional o no occidental, es
recuperado por ella. Y lo es en la medida en que, bajo su impulso, lo
extraño, insolito o ajeno de otras sociedades entra en el reino del
arte. Pero la vanguardia no solo impulsa el acceso de ese arte _otro_ al
museo y, con ello, sin proponerselo, al mercado, sino que ella misma,
con toda su utopia estetico-social, sus rebeliones contra una y otra
forma artisticas, e incluso contra el arte como institucion, no ha
podido escapar al museo ni al mercado. Se frustra asi su intento, acorde
con su utopia estetico-social, de hacer un arte no museable ni
mercantilizable. ¿Significa esto el fin de la modernidad estetica y el
advenimiento de lo que, ambiciosa y nebulosamente, se llama
posmodernidad?

Si las vanguardias artisticas se inscriben en el proceso moderno que
ellas continuan, radicalizan y cuestionan, y si, por otro lado, se habla
de su ocaso o fin, se comprende que, en nuestros dias, se plantee el tan
traido y llevado problema del fin de la modernidad: de la estetica, que
ahora es la que nos interesa. Recordemos que el objetivo fundamental de
su version radical, vanguardista -revolucionar el arte- entrañaba
asimismo: hacer un mundo mas humano, integrar el arte en la vida, rendir
culto a lo nuevo e inesperado, universalizar lo estetico y escapar del
museo y el mercado.
Por lo que toca a la revolucion de las formas artisticas, es innegable
que la vanguardia lo ha cumplido con creces y sin desmayo, durante mas
de un siglo. En cuanto a la integracion del arte en la vida, no obstante
los logros alcanzados, y han sido muchos los del diseño en la
estetizacion de la industria, la tecnica y la vida cotidiana, esos
logros se han visto limitados por la exigencia economica del sistema de
supeditar, en definitiva, lo estetico al valor de cambio. Pese a los
ataques frontales de algunas vanguardias al "gran arte" minoritario y su
aspiracion a asimilar los medios tecnologicos en la produccion y
reproduccion artisticas, lo cierto es que se ha profundizado el foso
entre el arte que satisface verdaderas necesidades esteticas y el
seudoarte trivial, _kitsch_ o _light_ que monopoliza el consumo masivo
en la vida cotidiana. Pero este arte banal que se produce y consume
masivamente cumple no solo la funcion economica de obtener beneficios en
este campo, sino tambien la ideologica de mantener al amplio sector
social que lo consume de su enajenacion y oquedad espiritual.
Por otro lado, los cliches y estereotipos que garantizan, con su
homogeneizacion, la difusion masiva, ponen un dique a lo nuevo e
inesperado, tan caros a la vanguardia. Por lo que se refiere a su
potencial subversivo estetico-social, que en su periodo no se detenia
ante el museo, el mercado o la academia, ha acabado por integrarse en un
mercado insaciable que absorbe incluso sus productos mas subversivos y
por encontrar un lugar de honor en el museo y la academia. La
integracion de la vanguardia en el sistema por esta triple via a mellado
a tal punto su espiritu innovador, critico y combativo que la rebeldia
de ayer se ha convertido en el conformismo de hoy. Las hazañas que
parecian inagotables dejan paso en las ultimas decadas a un
ablandamiento de su potencial creador, subversivo, lo que abandona la
idea del ocaso o fin de la vanguardia. Con ella se apunta, sobre todo,
al fracaso de su utopia estetico-social, al legitimar con su integracion
el sistema que pretendia -esteticamente- subvertir.
Pero reconocer esto no obliga a dejar en la sombra el papel determinante
que, en esa integracion, desempeña el sistema economico-social, en el
que se inserta el arte como toda forma de produccion. Esto pone de
relieve el utopismo peculiar de la vanguardia: aislar su proyecto
liberador de la transformacion del sistema, o cifrar esta en una
subversion estetica. Lo uno y lo otro se han revelado compatibles con el
sistema, pero su integracion en el, sobre todo economica, ha acabado por
desintegrar la vanguardia misma. Y puesto que no ha podido escapar de la
"jaula" del mercado, su gran proyecto de los tiempos heroicos ha llegado
a su ocaso o fin.
Ahora bien, si ese proyecto ha fracasado al no cambiar las condiciones
modernas que han impedido su realizacion, y si, por otro lado, el cambio
de ellas -en un futuro previsible- se presenta incierto o incluso
irrealizable, cabe preguntarse: ¿tiene sentido hoy asumir lo que hay de
vivo o deseable -emancipar estetica y socialmente a la humanidad,
integrar el arte en la vida, y universalizar lo estetico- si no se
plantea la necesidad de salir de la modernidad? Pero ¿como
escapar -esteticamente- cuando sus bases economicas y sociales
permanecen y duran?
Podria pretenderse para ello reavivar la vuelta del _status_ premoderno
de lo estetico, reduciendo el arte a la artesania. Pero esta utopia que,
en el siglo pasado, inspiro el sueño de Morris de salvar asi lo estetico
de la amenaza mortal que, para él, significaba la alianza moderna del
arte con la industria y la tecnica -justamente la que la vanguardia
aspiraria a impulsar- es tan irrealizable como abolir el presente con el
pasado. Y ello sin contar con que la artesania, a la que debiera
reducirse el arte, no podria escapar de la modernidad, al permaneces
prisionera -como artistica- en la jaula moderna del mercado.
Tal vez habria que prestar atencion a los que creen que se puede escapar
de la modernidad alejando la mirada de Occidente, como lugar
privilegiado y hegemonico de lo estetico, para ponerla en lo que algunos
llaman todavia Tercer Mundo. Limitandonos a America Latina como parte de
él, cabe reconocer que frente al enfriamiento y desmayo de la
creatividad de las vanguardias en el centro, en este lado de la
periferia se despliega una rica actividad creadora, imaginativa, de la
que dan testimonio la obra de Borges, Garcia Marquez, Cortazar, neruda u
Octavio Paz en la literatura, y Tamayo, Matta, Lam y Le Parc en las
artes plasticas. Tambien hay que reconocer que la savia de la vanguardia
occidental que corre por la obra de estos grandes creadores y que una
vanguardia artistica, de la que es adelantado Vicente Huidobro, ha
estado presente desde los años veinte en America Latina.
Ahora bien, en las condiciones de dependencia y subdesarrollo economico
y social del continente, se estrechan enormemente el mercado y el acceso
a los bienes artisticos. Asimismo, las condiciones de explotacion y
opresion en que se ha desenvuelto la vanguardia latinoamericana, han
hecho de la emancipacion un asunto  ante todo politico-social, no
estetico. De ahi que, comparada con la europea o norteamericana, su
enclaustramiento haya sido mayor, y que haya tenido que convivir con un
arte de urgencia o resistencia convertido en medio o instrumento de
liberacion nacional y social. En conclusion: no se puede poner la mira
en America Latina para tratar de encontrar lo que la modernidad, agotada
en Occidente, ya no puede dar, y, sobre todo, cuando su proyecto de
emancipacion estetico-social ha llegado a su fin.
Ciertamente, esta America Latina, vinculada por su vanguardia propia a
la modernidad, vive en las condiciones premodernas de atraso y
dependencia que, desde el llamado Descubrimiento, Occidente le impuso.
Ser moderno esteticamente en paises que aun no han pasado por la
modernidad no significa prescindir o ser un calco de ella, sino hacerla
suya, como la han hecho sus grandes creadores -Borges, Neruda, Paz-, sin
descartar el arte que se alimenta, a la vez -como el de Garcia Marquez,
Tamayo o Lam, o el colectivo de esa obra prodigiosa que es el _Espacio
escultorico_ (Ciudad Universitaria de Mexico, D.F.)-, de sus raices
autoctonas mas profundas.
Pero ¿Cómo escapar de la modernidad en una sociedad en la que el
arte -como toda forma de produccion- ve sus productos convertidos en
mercancias? Solo seria posible ese escape si las obras de arte podrian
sustraerse al mercado, privandolas para ello de su cuerpo fisico,
sensible, condicion indispensable para que la obra pueda ser objeto de
compra y venta y contemplacion. La presencia de ese cuerpo sensible ha
de ser, ademas, duradera y consistente. Si se pudiera desmaterializar al
objeto artistico, privandolo de esa presencia sensible, consistente y
duradera, dejaria de ser museable y mercantilizable. Y esta es la
posibilidad que puede explorarse en nuestros dias con el arte
conceptual, al sustituir al objeto sensible por su concepto o idea. Pero
aun asi, los diagramas, fotos o protocolos de experiencias que lo
invocan no escapan al museo o mercado, aunque no como "obras de arte",
sino como "proposiciones artisticas", producto de una actividad teorica
y reflexiva.
Se puede intentar tambien escapar a la mercantilizacion por otra via: no
aboliendo la presencia sensible, sino dandole el caracter efimero de un
hecho o un acontecimiento. Estamos entonces ante el producto de una
actividad practica, creadora, cuya presencia sensible se agota en ella,
pero susceptible de provocar una experiencia estetica. Por tanto, esta
obra de arte inconsciente y efimera ya no es enjaulable en el museo ni
en el mercado, aunque -como espectaculo- dificilmente podria escapar a
toda comercializacion.
Las dos propuestas anteriores constituyen alternativas viables a la
naturaleza mercantil y museable con la que la modernidad ha marcado el
arte. Pero, aun sin ignorar que ambas alternativas no escapan facilmente
a la mercantilizacion, es innegable que seria tremendamente limitativo
reducir a ellas el enorme potencial creador desplegado por el arte
moderno con la vanguardia. Por otro lado, esas dos formas de creatividad
estan condenadas a la marginalidad y el enclaustramiento mientras
subsistan las bases economicas y sociales que exigen, acorde con ellas,
el "gran arte" para el museo y el seudoarte masivo, propio de la
modernidad tardia.
Ahora bien, si se trata de escapar de esta, hay que tenr presente la
tentacion posmoderna. En verdad, si la modernidad radical de las
vanguardias privilegia la funcion emancipatoria del arte, la ruptura con
el pasado y la tradicion, asi como la innovacion incesante, puede
comprenderse la tentacion posmoderna de escapar de ella, privilegiando
lo opuesto. O sea: un arte sin la carga de responsabilidades
emancipatorias que, lejos de romper con la tradicion, o de insertarse en
la "tradicion de la ruptura", siente la nostalgia del pasado y asume
valores tradicionales y que, en lugar de mostrar la unidad de sentido y
totalidad que le imprimia la utopia estetico-social vanguardista, apele
a la fragmentacion y a la conjuncion de retoricas heterogeneas.
Pero la recuperacion posmoderna de simbolos y valores tradicionales no
significa una simple vuelta a la tradicion, ya que se pretende hacerla
con los medios o instrumentos que brinda el progreso tecnologico. Se
trata, pues, de un _revival_ del pasado que la modernidad sepulta, pero
con la idolatria del presente, sobre todo porque ofrece material,
tecnologicamente. Tampoco se rechaza lo que, en la modernidad, ha
propiciado el declive de las vanguardias: la mercantilizacion del arte.
Por esta adaptacion al sistema en la que se conjugan la fascinacion por
el progreso tecnologico y la disolucion del proyecto subversivo
estetico-social de las vanguardias, Habermas ha podido leer en clave
neoconservadora el fenomeno de la posmodernidad. Pero, ¿como situar su
relacion con la modernidad? Si bien es cierto que no podria encajar en
ella en cuanto que asume simbolos y valores que esta ha rechazado,
tampoco cabe situarla por completo a extramuros de la modernidad, ya que
reivindica valores sustancialmente modernos como el progreso en la
ciencia y la tecnologia, y el valor de cambio en la produccion. La
escision entre cultura y sociedad, de la que habla Daniel Bell, o entre
racionalidad instrumental y valorativa, en terminos fracfortianos, se
resuelve, o se pretende resolver, ideologicamente, apelando a valores
tradicionales -como el de la religion-, sin quebrantar las bases
economicas y sociales de la modernidad. En suma: sin rebasar su
horizonte. Ser posmoderno, es, pues -y Lyotard lo ha dicho sin ambages-,
una nueva forma de ser moderno.
¿Que queda, entonces, de la alternativa posmoderna en el terreno
estetico? Con la recuperacion de elementos estilisticos del pasado, sin
renunciar a la fe moderna en la tecnologia y a la exaltacion del
mercado, lo que tenemos es una alternativa no a la modernidad, sino a
una forma historica de ella: la radical de la vanguardia. La tentativa
posmoderna puede ser aceptada en el marco moderno, tardocapitalista, que
ha hecho imposible la vida a la vanguardia, en la medida en que, bien
aceitada, se ajusta a él. Al liberar al arte de toda carga
emancipatoria, reavivar el pasado y distanciarse nuevamente de la vida,
el posmodernismo viene a remachar los clavos de la integracion en el
sistema, y, en este sentido, seria una nueva version de la modernidad
estetica con la particularidad de que se asume su integracion economica
e ideologica sin la nostalgia vanguardista de la rebeldia perdida en los
tiempos heroicos.
Lo que demuestra el ocaso de las vanguardia es el fracaso de la
realizacion de sus objetivos: emancipacion humana estetico-social,
integracion del arte en la vida, extension de lo estetico mas alla de
los recintos priviligiados, desmercantilizar el arte, ensanchar el
universalismo estetico rebasando sus limites eurocentristas, y
socializar la creacion extendiendo la participacion de los receptores en
ella. Estos objetivos han fracasado al no darse el cambio de las
condiciones modernas que han hecho imposible su realizacion. Lo que
demuestra, por tanto, es que la emancipacion estetica no puede
desvincularse de lo social.
Ciertamente, las posibilidades de realizar esa emancipacion son hoy mas
inciertas y utopicas. Pero esto no empaña la necesidad, validez y
vigencia del proyecto de las vanguardias en su periodo heroico, ni
tampoco significa que no quede espacio para un arte que recoja su
espiritu critico, innovador y emancipatorio no obstante los asfixiantes
mecanismos integradores del sistema. Un arte que, sin asumir la pesada
carga de responsabilidades que le asigno la vanguardia, no vea su fuerza
creadora ajustada inexorablemente al sistema, aunque no podra escapar a
su hostilidad. Solo este arte sera hoy radicalmente moderno, es decir, a
la altura del sueño o utopia de una sociedad emancipada y del uso no
enajenado de su valor propio, estetico.
En cuanto a la estetica como teoria general sobre la practica artistica,
ya subrayamos que es hija de la modernidad y que, no obstante su
caracter especulativo, como filosofia sistematica de lo bello, tiene en
la base de sus reflexiones el arte moderno que autonomiza el producto
artistico, liberandolo de sus funciones tradicionales.  Esta estetica
moderna, de inspiracion clasicista, es tambien una estetica de la
produccion y representacion, que ve la obra ademas con una sustancia
inmutable que al receptor solo toca reflejar. Y esta concepcion es la
subvertida, en la practiva, por las vanguardias, mientras la estetica
filosofica, al margen de ella, seguia con sus especulaciones, aunque en
definitiva estas respondian a una experiencia artistica historica,
particular.
Todavia en pleno siglo XX, una estetica como la de Nikolai Hartman,
ejemplo de ese enfoque especulativo, clasicista y eurocentrista, se ha
podido escribir a espaldas de todo lo que la vanguardia ha hecho en el
arte desde mediados del siglo XIX. En nuestro tiempo, la excepcion en el
terreno filosofico es la _teoria estetica_ de Adorno, cuyas reflexiones
se alimentan del viraje que imprimen las vanguardias en la historia del
arte. Pero, mas que en la teoria general, es en las teorias particulares
del arte o en las incursiones teoricas de los propios artistas donde se
abre un espacio a las artes no occidentales, o a la experiencia de la
vanguardia. Pero la estetica para ser propiamente moderna no solo tiene
que liberarse de la carga especulativa, clasicista y eurocentrista que
la pone al margen de esas practicas, sino que -tomando el pulso al arte
de nuestro tiempo- han de volver los ojos -como han hecho Adorno y
Benjamin- a las determinaciones sociales de la produccion, distribucion
y consumo, que han llevado al ocaso o al fin de las vanguardias.
Para estar a la altura de su tiempo -el de ese ocaso y fin, pero tambien
de la necesidad de cambiar las condiciones sociales que han llevado a
ello-, la estetica tiene que dejar de ser moderna en el sentido
tradicional que asume desde el siglo XVIII a Hartman en el XX, y serlo
propiamente en un mundo en el que la modernidad esta en crisis, sin que
vislumbre la salida -aunque se desee- en el horizonte. La posmodernidad
que se nos ofrece como tal no es sino una vuelta de tuerca mas de lo
moderno que hace aguas por todos lados. Por el contrario, ser hoy
verdaderamente moderno es serlo en su radicalidad, mas alla del punto en
que se han detenido las vanguardias. Pero rebasar ese punto
significaria, en verdad, ser propiamente posmoderno.

Adolfo Sanchez Vazquez, "Cuestiones esteticas y artisticas
contemporaneas" "Modernidad, vanguardia y posmodernismo" 1992

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