Artículos y Opinión

Intervención española en la II Guerra Mundial

ANTECEDENTES.

    El rasgo más destacado de la política exterior española durante la Segunda Guerra Mundial fue su carácter vacilante.

    El 4 de septiembre de 1.939 el Gobierno decretaba la neutralidad del país ante el conflicto que acababa de estallar. "Constando oficialmente el estado de guerra que por desgracia, existe entre Inglaterra, Francia y Polonia de un lado, y Alemania, de otro, se ordena, por el presente decreto la más estricta neutralidad a los súbditos españoles, con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del derecho público internacional".

    Sin embargo, esto no impediría que los medios de comunicación fueran decididamente proclives a las fuerzas del Eje o que las costas españolas sirvieran en casos excepcionales de refugio a los submarinos alemanes. Pocos meses después, el 12 de junio de 1.940 la neutralidad era abandonada para adoptar una posición de "no beligerancia" fórmula jurídica también utilizada por Italia antes de su entrada en la guerra.

    Este cambio producido en la política exterior española venía determinado por el curso de los acontecimientos bélicos. En pocas semanas el Ejército francés al que se consideraba el más poderoso del viejo continente había sucumbido ante la arrolladora fuerza de la Blizkrieg alemana. Ahora parecía más probable que nunca que la guerra se saldaría con el triunfo de las armas germanas.

    España tenía que buscar su lugar en la conferencia de paz al lado de los vencedores si quería participar en el reparto de final de guerra. Por eso, días antes de la declaración de no beligerancia el 3 de junio de 1.940 Franco había escrito una carta al Führer en la que afirmaba estar dispuesto a prestarle en cualquier momento los servicios que considerara más necesarios.

    Esta era la primera vez que se planteaba seriamente la posibilidad de intervención española en el conflicto, además no se debía a ninguna presión alemana o italiana, se trataba de una iniciativa del propio Franco. En efecto, el interés de Alemania por España hasta ahora se había limitado al estricto carácter comercial. La Península Ibérica todavía no jugaba un papel destacado en los planes militares de Hitler De momento los intereses del Führer se centraban en las islas británicas.

    Tras la caída de Francia, a Hitler sólo le restaba acabar con la resistencia de los británicos para consolidar la posición de supremacía que había alcanzado en el viejo continente. Sin embargo, antes de continuar combatiendo contra ellos prefería alcanzar una paz negociada.

    El 19 de julio de 1.940 el Führer planteó a los ingleses su oferta. Varios días antes, como supuesto gesto de buena voluntad, había ordenado la desmovilización de 35 divisiones. El recién nombrado Primer Ministro británico, Winston Churchill rechazó el ofrecimiento. Los ingleses estaban decididos a continuar la guerra hasta el fin.

    La negativa de Churchill hizo que los alemanes pusieran en marcha su plan de invasión de las islas. La operación denominada "León Marino" se basada en una acción conjunta entre la Aviación y la Marina de Guerra alemanas: tras el dominio del espacio aéreo inglés entraría en acción la kriegmarine cuyos efectivos se encontraban acantonados al sur del Canal de la Mancha.

    A inicios de julio de 1.940 comenzaron las primeras incursiones de la Luftwaffe sobre las islas pero muy pronto los anglosajones demostraron que no eran una presa fácil. Antes de que acabara el mes el Alto Mando alemán decidió posponer la invasión. Es en este momento cuando España cobra un nuevo interés para Hitler.

    Muy poco era lo que podían ofrecer las Fuerzas Armadas españolas. Más que un aliado el Ejército de Franco podía significar una carga para Alemania; estaba mal armado y equipado y necesitaba de varios años de preparación para ser operativo. No obstante, la extraordinaria situación estratégica de la Península Ibérica desempeñaba un papel importante en los planes del canciller alemán para acabar con Inglaterra. Sobre todo le interesaba Gibraltar, punto esencial en la estrategia del Imperio Británico que junto a Creta, Chipre y Alejandría aseguraba el aprovisionamiento marítimo de las posesiones británicas en África.

    La importancia que los alemanes ahora atribuían a España llevaría a Ribbentrop, siempre bajo las directrices de Adolf Hitler, a telegrafiar al embajador alemán en Madrid a fin de que éste preparara las conversaciones que posibilitaran el pronto ingreso de España en la guerras. A partir de ese momento los contactos entre ambas partes se intensificaron.

    El 16 de septiembre Serrano Súñer, Ministro de la Gobernación, llegó a Berlín para negociar con Ribbentrop las condiciones de entrada de España en la guerra. A cambio se pedían importantes concesiones. Los españoles no sólo solicitaban armas, gasolina y alimentos en grandes cantidades; también demandaban Gibraltar y una serie de territorios situados al norte de los Pirineos (el Rosellón) y en África en particular estaban interesados en el Marruecos francés. Peticiones tan desorbitadas no sorprendieron a los alemanes pues ya les habían sido expuestas en anteriores contactos.

    Hitler en modo alguno estaba dispuesto a aceptarlas Alemania también necesitaba gasolina y armas para su esfuerzo de guerra; este material se podría entregar a los españoles pero no en las cantidades solicitadas. Por otro lado, el plan de toma de Gibraltar no justificaba la cantidad de recursos que Franco solicitaba a través de su Ministro de la Gobernación. Asimismo, los alemanas no podían comprometerse a la entrega del Marruecos Francés si contar con Vichy. Las autoridades de la Francia ocupada habían demostrado ser un buen aliado del Reich y Hitler no estaba dispuesto a lesionar su amistad.

    La falta de entendimiento entre las partes llevó a un encuentro directo entre el Caudillo español y el Canciller alemán. El 23 de octubre de 1.940 ambos mandatarios se reunían en Hendaya. La entrevista que mantuvieron por espacio de nueve horas era una continuación de las posturas adoptadas en Berlín, por lo que, como señala Tussel, al viaje de Serrano a Alemania en septiembre de 1.940 hay "que atribuirle una importancia mucho mayor que a la conversación de Hendaya sobre la que pesa un exceso de mitificación".

    En la reunión pese a que Franco mantuvo sus demandas, el Fhürer consiguió arrancar de éste la firma de un protocolo secreto. Dicho documento suponía para España el abandono de la no beligerancia, puesto que el Caudillo se comprometía a entrar en la guerra al lado de Alemania si bien, no se precisaba la fecha exacta.

    En los meses siguientes los alemanes trataron de convertir en efectivo el compromiso español hostigando a Franco para que aceptara el 10 de enero de 1.941 como fecha viable para la entrada de España en la conflagración mundial. Pero el Gobierno español siempre respondió con evasivas que provocaron la indignación de Hitler, quien decidió situar a Franco ante la tesitura de lo que algunos consideran un ultimátum.

    Existían igualmente problemas de orden interno. El pueblo español estaba hambriento y la Armada Real británica "controlaba los mares por los que pasaban los cereales y el petróleo vitales para la economía española". Mientras Alemania no garantizara estos suministros difícilmente podía entrar el país en guerra. Además, la opinión publica española, en la que se incluían buena parte de los generales no veía con buenos ojos la entrada del país en una nueva guerra.

    La noticia de la invasión alemana de la Unión Soviética tuvo un gran impacto en España. En la mañana del 24 de junio de 1.941, apenas transcurridos dos días desde que las tropas del Tercer Reich cruzaran las fronteras de la U.R.S.S., millares de personas se lanzaron a las calles de Madrid demandando el envío de voluntarios para combatir a la Rusia de Stalin.

    Dos días antes el embajador alemán en España Von Stohrer se había entrevistado con Serrano Súñer para comunicarle los motivos que habían llevado a su Gobierno a tomar la decisión de invadir la Unión Soviética. Nada más conocer la noticia, el ministro español se trasladó al Palacio del Pardo para informar a Franco del nuevo giro que había tomado la guerra. El General captó inmediatamente las ventajas que el hecho ofrecía. Tras la visita Serrano Súñer informó a Stohrer de los deseos del Caudillo de enviar una fuerza expedicionaria a Rusia.

    El envío de una fuerza expedicionaria a Rusia serviría para ganar tiempo y aligerar la presión que los alemanes ejercían sobre España. De hecho éstos vieron en la División Azul el primer paso en una entrada gradual de la Península Ibérica en el conflicto. No tardarían en percibir que estaban equivocados.

LA DIVISIÓN AZUL.

    El nombre oficial de la unidad era DIVISIÓN ESPAÑOLA DE VOLUNTARIOS y recibió el Numero 250 entre las divisiones de la Wehrmacht, pero fue conocida como DIVISIÓN AZUL por el color de las camisas de los falangistas que formaban la mayor parte de los voluntarios. Su primer Jefe fue el General Agustín Muñoz Grandes.

    La unidad fue compuesta a partir de voluntarios procedentes de las milicias de Falange, los veteranos y encuadrada por oficiales de carrera que habían combatido en la Guerra Civil.

    Debido al exceso de voluntarios, se presentaron sólo en Madrid diez veces más personas que las necesarias para cubrir las plazas previstas, se estableció un sistema de relevos que permitiera a la mayor cantidad posible de voluntarios servir en el frente.

    El Orden de Batalla cuando la División salió hacia Rusia desde el campamento de Grafenwohr era el siguiente.

  • Estado Mayor Divisional. 189 miembros
  • 262 Regimiento de Infantería. 3.012.
  • 263 Regimiento de Infantería. 3.012.
  • 268 Regimiento de Infantería. 3.012.
  • Grupos antitanque. 574.
  • 250 Regimiento de Artillería. 2.793.
  • 250 Batallón de Reserva. 601.
  • Grupo de cañones. 531.
  • Grupo de señales. 511.
  • Zapadores. 712.
  • Servicio de Transportes. 1.034.
  • Servicios administrativos. 257
  • Servicio médico. 518
  • Servicio veterinario. 237.
  • Policía militar. 33.
  • Correos militares. 18.

Un total de 17.046 soldados.

LA ESCUADRILLA AZUL.

    La Escuadrilla Azul fue agregada al 27 Grupo de Caza bajo el mando de un veterano de la Guerra Civil Española, Wolfram von Richtofen, que había dirigido la Legión Cóndor. La escuadrilla estuvo compuesta por diecisiete pilotos. Los capitanes: Arístides García López, Javier Allende Isaís, Carlos Bayo Alisandri; los tenientes: Alfonso Ruibal Sabio, Esteban Ibarreche Carriaga, Luis Alcocer Moreno, Ángel Mendoza Catrain, José Lacour Macía, Emilio O'Connor, Ricardo Chavarría, Javier Busquets, Manuel Kindelan, Abundio Cesteros García, Alfonso García Rodríguez y Demetrio Zorita Alonso.

EL ESTADO MAYOR DIVISIONARIO

    La División Azul estaba plenamente integrada en la Wehrmacht. Era una unidad más del Ejército alemán. Esto; sin embargo no impedía que poseyera una serie de características propias que la diferenciaban de las restantes unidades del Ejército alemán. En este sentido destaca sobre todo su Estado Mayor cuya organización y composición no se ajustaba al modelo alemán.

    Entre la División Azul y el Mando Supremo de la Wehrmacht existía una Plana Mayor de Enlace alemana que funcionaba como centro de coordinación y comunicación entre el contingente español y el Cuerpo de Ejército al que éste pertenecía. Asimismo, este destacamento se encargaba de mantener continuamente informado al mando alemán de toda información concerniente a la unidad española. Además, debía cooperar con la División en todo lo que ésta solicitara y proporcionarle servicios de traducción.

    El número de oficiales que componían el Estado Mayor de la División Azul era mucho más elevado que en el caso alemán. Los oficiales de Estado Mayor germanos constituían un cuerpo muy escaso debido a que su formación era larga y compleja. Por este motivo era muy normal que al frente de los Estados mayores de las divisiones alemanas hubiera un único oficial de ese servicio, el resto solía ser personal habilitado. En contraste el Cuartel General expedicionario español contaba con 54 jefes y oficiales.

    Siguiendo el esquema habitual en el Ejército español, el Estado Mayor divisionario estaba organizado en cuatro secciones:

Personal: De ella dependían la instrucción básica y todas las cuestiones relacionadas con el personal

Información: Se encargaba de la recopilación de datos sobre el enemigo y sobre la propia División. También correspondía a esta Sección la tramitación de los asuntos derivados de las recompensas por acciones de guerra: condecoraciones avances en la escala o simples citaciones en la orden del día.

Operaciones: De ella dependía la planificación de las operaciones militares. Además se ocupaba de la instrucción de los batallones de reserva de la elaboración del Diario de Operaciones de la División y de la redacción de diversos partes a través de los que se mantenía continuamente informado al mando alemán de todo cuanto concernía al contingente expedicionario.

Servicios: Controlaba el funcionamiento de los servicios de Sanidad, Veterinaria, Aprovisionamiento de Municiones, Correos, Servicio Antigás e Intendencia.

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