Primera parte del reinado de Felipe V

Fallecido sin descendencia Carlos II en 1700, por disposición testamentaria del rey difunto, el duque de Anjou, nieto de Luis XIV, heredó el trono de España con el nombre de Felipe V, siendo en principio esta designación aceptada por las potencias europeas excepto por Nápoles, que se sublevó en favor del pretendiente austríaco a la corona. Felipe V realizó un viaje por mar desde Barcelona al virreinato rebelde a bordo de una escuadra francesa al mando del almirante D'Estrées, ya que la española prácticamente no existía (1702).

Regresado el Rey a España una vez pacificado Nápoles, los errores franceses, como el mantenimiento de los derechos del nuevo Rey a la corona gala, provocaron una gran alianza antiborbónica formada por Inglaterra, Holanda y Austria, a la que se unieron posteriormente Portugal y Saboya, para reinstaurar en España la Casa de Austria en la figura del archiduque Carlos, lo que originó el inicio de la guerra de Sucesión (1702).


El intento aliado de invadir Andalucía por medio del desembarco de un ejército considerable en El Puerto de Santa María, al mando de Rooke y Ormond, constituyó un fracaso, compensado por la destrucción en Vigo de una flota hispano-francesa que venía procedente de América (1702). El mismo almirante, al mando de una escuadra anglo-holandesa, se apoderó de Gibraltar y sostuvo un combate indeciso con la escuadra francesa del conde de Tolosa en Vélez-Málaga, apoyada por las galeras españolas (1704). La supremacía naval inglesa (sólo contestada por un eficaz corso español) permitió los ataques a las plazas del Mediterráneo, como Barcelona (1705), Nápoles (1707), Cerdeña, Menorca y Orán (1708), que se perdieron para Felipe V. Sostenido sólo por Castilla, las victorias de Felipe V en tierra y la posibilidad de reconstruir el imperio de Carlos V al morir el emperador José I y heredar el trono austríaco el pretendiente archiduque Carlos, obligaron a firmar el Tratado de Utrecht (1713) que consagraba la desmembración de España, pues perdía las posesiones italianas, los Países Bajos, y sobre todo, Gibraltar. Sin embargo, la guerra civil continuó hasta la recuperación de Barcelona (1714) y las Baleares (1715).

En 1714 murió la reina María Luisa de Saboya y el rey contrajo matrimonio con Isabel de Farnesio, gracias a las gestiones de Alberoni. A instancias de la Reina y de este cardenal, una flota española organizada por Patiño, al mando del marqués Esteban de Mary, se apoderó de Cerdeña (1717) ante el asombro de Europa, atónita por el resurgir hispano; en 1718 otra escuadra al mando de Gaztañeta, que transportaba el ejército del marqués Ledé, invadía Sicilia. Se formó entonces la Cuádruple Alianza (Francia, Gran Bretaña, Holanda y Austria) para mantener los acuerdos de Utrecht (1718). Sin que hubiese previa declaración de guerra, el almirante inglés Byng destruyó la escuadra de Gaztañeta en cabo Passaro (1718) , y Sicilia continuó en poder de Austria. La invasión de Guipúzcoa, Navarra y Cataluña por los franceses obligó a Felipe V a solicitar la adhesión a la Cuádruple Alianza (1720) , habiendo expulsado previamente al cardenal Alberoni. La paz fue aprovechada para que una escuadra al mando de Carlos Grillo, preparada por Patiño y conduciendo a Ledé, levantase el sitio a que estaba sometida la plaza de Ceuta hacía más de veinte años (1720).

El 10 de enero de 1724, Felipe V abdicó la corona en su hijo Luis I, pero la muerte prematura de éste (31 de agosto del mismo año) obligó al padre a recuperar el trono.

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