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La sensación de mareo que se puede sentir al leer estas lineas puede ser el equivalente a esa zozobra que produce lo que describen los versos. Su origen fue una nimia conversación (ya sabes, se hablaba de todo y de nada) en la que una amiga mía me describía cómo le gustaban esos días grises de lluvia. Se mojaba por dentro y por fuera y así era en realidad por el entusiasmo con que me lo estaba contando. Decidí que esa efímera sensación de bienestar perdurara gracias a unos versos en mi recuerdo y salpicara a algún "causal" lector.

A quien le gusta la lluvia

Gota a gota en mi cabeza.
Siento, las noto,
empieza a llover
 

Cierro los ojos,
gozosos,
dichoso.
Húmeda mi cara
fría mi piel.

Poco a poco,
poco a poco
va cayendo el chaparrón.
¡Corre, corre!
¡Fuerte, fuerte!
¡¡Mójame hasta el corazón!!

Que las gotas ya resbalan
por mi cara y por mi piel.
Que la lluvia ya me moja.
¡Que no pare de llover!