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HACIA UNA ESTÉTICA DE LA FICCIONALIZACÓN Y DEL EFECT0
La historia de la literatura, desde un tiempo a esta parte, ha exigido destruir los prejuicios del “objetivismo histórico, así como fundamentar la estética de la producción y de representación tradicional en una estética de la recepción, y del efecto”. Bajo este prisma nos introduciremos, pues, en la obra, puesto que es el lector el que debe comple/men/tar el discurso literario. Y especialmente el que presentamos aquí, pues la organización textual que se ofrece no sólo compete al autor sino también al receptor, mediados por cierto, en este caso, por un canal (la obra) que nos hace realizarnos en una situación comunicacional concreta, en primera instancia y en una situación comunicacional mimética, en segunda.
Todo esto, por cierto, es evidente en el plan composicional o disposición de la novela, ya que cada compartimento es espectacularizado (cada una de las dos partes: Salónica y Diáspora, más Grossaktion, dedicada a las atrocidades de eme; y la segunda: Totembuch y Götterdämmerung, a las demostraciones testimoniales, documentales y experienciales de éstas por parte de la humanidad: los narradores, gestores de mundos posibles: corresponsales, abogados, científicos, etc.).
Disposición sencilla es la abordada por Pacheco en esta obra:
Salónica, Diáspora y Grossaktion, describen y/o presentan el horror en un palralelismo (figura literaria), es decir la muerte-muerte, la muerte-genocidio que el narrador omnividente investigó, luego re-creó. Y para, posiblemente, identificar a Alguien (o sea nosotros o uno de nosotros: alguien). En los que siguen: Totembuch y Götterdämmerung, describe a eme, real o no, vivo o no; mas lo único cierto es que emeencarna la sangre y el terror, es un criminal de guerra, y cuyos procedimientos perversos hacen recordar y nivelar en la memoria y/o conciencia el horror histórico que ha sufrido su pueblo: se le ve en Tesalónica y más tarde en Varsovia e incluso en algunos signos de muerte de la sociedad actual (los 60) en Salónica (Ciudad de México), como si fuera un mismo “vampiro” en distintas épocas, cruzando la vida de tiempo y espacio, llenándola de muerte y pavor, especialmente en el pueblo judío. Pero definitivamente eme es una realidad olvidada (Tesalónica) y otra por olvidar (Varsovia). Ahora este paralelismo, se va urdiendo como una espiral y cuyos palillos son el tiempo y el espacio y cuyo hilo es la historia que no se bebe, por nada, olvidar mientras Alguien se desarrolla como un personaje, más bien, dialógico en nuestras conciencias. También esta búsqueda, se traduce en una posibilidad de salvación y para ello, tras la diégesis, o sea, en una diégesis transparente se devela una depuración, como si fuera el único camino a seguir para salvarnos. Por ello, el autor, decide depurar nuestra conciencia con la técnica de la Alquimia (la de los caballeros templarios) para que podamos alcanzar la salvación en una purgación que no sea sólo culposa, sino salvífica. Tarea bastante difícil, puesto que en la cristiandad, el proyecto divino, se acepta o no: “fríos o calientes o si no os vomitaré desde mi boca”. Sin embargo, según los documentos o concilios de Puebla y Medellín nuestra América es un pueblo determinista, por lo tanto todo lo que hagamos para salvarnos nos será devuelto en ese acto de la duda como Moisés, quién no pudo entrar al reino luego de conducir por 40 años al pueblo escogido de Dios. En estas circunstancias deberíamos posar nuestra visión de la alquimia que utiliza Pacheco, y que si observamos detenidamente, ocurre con su pueblo siempre, por lo menos hasta ahora, que todavía esperan al Mesías. En consecuencia si aceptamos esta disposición, aceptamos que la alquimia es un recurso de la perfección para alcanzar lo más alto, la union con la divinidad, con el único que ES.
La Alquimia es entonces, un mundo posible que nos introduce en la conciencia del que quiere ser salvo y seguir el Buen Camino, ya que: “El alma caída del cielo, vive prisionera en el cuerpo. Su tendencia natural es retornar hacia su origen, escapar del yugo pesado que la reprime y la coarta”. 1
De tal manera que la técnica utilizada aquí no sólo obedece a un recurso literario, sino a uno que nos provée de las herramientas necesarias para seguir El Camino, pues, la Alquimia no sigue el impulso que busca liberar el alma, no es una especulación del espíritu, es un ARTE: “el arte de convertir los cuerpos viles en cuerpos nobles (…) Explica la transmutación de los metales muertos en metales vivos; es decir, la enseñanza perfecta para que comprendamos como el alma retorna a su origen enriquecida por su experiencia en la prisión del cuerpo”.2
Todo esto, el autor lo combina, precisamente para producir un nuevo metal, más bien, para templar el metal que somos y con ello superarnos, a pesar que luego, al final, no podamos ser salvos, sólo aquel que se convierte o asume toda la constelación de la conciencia y puede verse de nuevo en el espejo.
Un recurso frente a esta realidad es la información, los documentos, los testimonios (levemente)reelaborados en páginas que conviven con la historia que es pura alquimia, ficcionalización, en donde la tradición y la vanguardia se confabulan hasta la falsa erudición o enciclopedismo, unido, a un también no-verdadero esoterismo, materiales que por cierto, componen un texto que se opone a la idea de géneros literarios como una tentativa de escritura total (Salónica, Grossaktion, Desenlace y Apéndice, en donde la técnica narrativa salta toda sintagmática tradicional y se organiza en discursos científicos, poéticos, testimoniales, etc.).
Bien, de este modo hemos llegado a converger en que “la obra literaria tiene dos polos, que podríamos llamar el artístico y el estético: El artístico se refiere al texto creado por el autor, y el estético a la concretización llevada a cabo por el lector”. 3
3 Wolfgang Iser. El Proceso de Lectura: Enfoue Fenomenológico. Publicado en New Literary Histiry, 3, 1972.
Jorge Rosas Godoy
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