|
|
PRÓLOGO:
¿POR QUÉ LEER?
Para leer sentimientos
humanos en lenguaje humano, uno ha de ser capaz
de leer humanamente, con todo su ser. Tenga las
convicciones que tenga, uno es más que
una ideología; y Shakespeare tanto más
te habla cuanto mayor es la parte de ti que eres
capaz de llevar hasta él. En otras palabras:
Shakespeare nos lee mejor de lo que podemos leerlo,
aun después de habernos limpiado la mente
de tópicos. No ha habido antes ni después
de él otro escritor con semejante dominio
de la perspectiva, ni que desborde tanto cualquier
contextualización que se imponga a sus
obras. Johnson, que percibió esto de modo
admirable, nos incita a permitir que Shakespeare
nos cure de nuestros "éxitos delirantes".
Permítaseme ir más allá de
Johnson y hacer hincapié en que debemos
reconocer los fantasmas que exorcirzará
la lectura profunda de Shakespeare. Uno de ellos
es la muerte del autor; otro es el aserto de que
tener personalidad propia es una ficción;
otro más, la opinión de que los
personajes literarios y dramáticos son
meros signos en una página. Un cuarto fantasma,
y el más pernicioso, es que el lenguaje
piensa por nosotros.
De todos modos, al fin mi amor por Johnson y por
la lectura me aparta de la polémica para
llevarme a la exaltación de las muchas
personas capaces de leer de forma personal con
las que me voy encontrando, tanto en el aula como
en los mensajes que recibo. Leemos a Shakespeare,
Dante, Chaucer, Cervantes, Dickens y demás
escritores de su categoría porque la vida
que describen es de tamaño mayor que el
natural. En términos pragmáticos,
se han convertido en la verdadera bendición,
entendida en el más puro sentido judío
de "vida más plena en un tiempo sin
límites". Leemos de manera personal
por razones variadas, la mayoría de ellas
familiares: porque no podemos conocer a fondo
a toda la gente que quisiéramos; porque
necesitamos concernos mejor; porque sentimos necesidad
de conocer cómo somos, cómo son
los demás y cómo son las cosas.
Sin embargo, el motivo más profundo y auténtico
para la lectura personal del tan maltratado canon
es la búsqueda de un placer difícil.
Yo no patrocino precisamente una erótica
de la lectura, y pienso que "dificultad placentera"
es una definición plausible de lo sublime;
pero depende de cada lector que encuentre un placer
todavía mayor. Hay una versión de
lo sublime para cada lector, la cual es, en mi
opinión, la única trascendencia
que nos es posible alcanzar en esta vida, si se
exceptúa la trascendencia todavía
más precaria de lo que llamamos "enamorarse".
Hago un llamamiento a que descubramos aquello
que nos es realmente cercano y podemos utilizar
para sopesar y reflexionar. A leer profundamente,
no para creer, no para contradecir, sino para
aprender a participar de esa naturaleza única
que escribe y lee. A limpiarnos la mente de tópicos,
no importa qué idealismo afirmen representar.
Sólo se puede leer para iluminarse a uno
mismo; no es posible encender la vela que ilumine
a nadie más.
Harold BLOOM, Cómo
leer y por qué
Ensayo anterior
| Ensayos
|
|