Roma, donde se adhirió al
escepticismo de la Academia nueva y al epicureísmo, y donde enseñó
retórica, para pasar luego a Milán. Leyó por esta
época a algunos autores neoplatónicos y probablemente las
Enéadas de Plotino.
La posesión de la verdad
sólo la encontró Agustín en el cristianismo, al que
se convirtió, por influencia del obispo Ambrosio, de Milán,
en el año 387. Ordenado sacerdote (391) y luego (396) obispo de
Hipona (Annaba), inició su producción literaria de mayor
importancia, como defensor y expositor de la fe cristiana, al escribir
primero contra los maniqueos: Sobre el libre arbitrio (388 y 391-395),
La
verdadera religión (390); contra los donatistas, cristianos
puritanos que hacían depender la validez de los sacramentos de la
intención del ministro: Contra Gaudencio, obispo de los donatistas;
y contra los pelagianos, seguidores de Pelagio, para quien el hombre, al
no tener pecado original, podía él solo, sin la gracia divina,
realizar obras buenas: El espíritu y la letra (412), Sobre
las hazañas de Pelagio (417). A esta época pertenecen
también otras grandes obras y tratados:
La trinidad (399-419),
Confesiones
(397), obra literariamente importante, y su gran obra apologética
La
ciudad de Dios (413-427). En Retractaciones (426-427), Agustín
revisa algunas doctrinas anteriores. Su muerte acaeció en el año
430, mientras los vándalos sitiaban Hipona, cuando desaparecía
el Imperio Romano de Occidente.
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La
ciudad de Dios, principal obra de San Agustín, fue escrita
entre el 413 y el 427. Pretendía contestar la opinión de
que la caída de Roma en poder de los godos de Alarico (año
410) había sido causada por la aceptación del cristianismo.
Agustín argumenta que Roma había caído por su egoísmo
y por su inmoralidad y sostiene que ni el politeismo, ni la filosofía
pagana pudieron sostener el Imperio. El libro hace de la historia el escenario
de la libertad humana en su lucha entre el bien y el mal; el suceso importante
no es la caída del Imperio Romano ni nada de este mundo, sino la
encarnación del Verbo, |
que hace posible la salvación
humana y hecho a partir del cual han de juzgarse todas las cosas, mientras
que el tiempo es el espacio en perspectiva lineal, con un comienzo y un
final establecidos por Dios, en donde los sucesos, las cosas y las decisiones
humanas toman sentido por la aceptación o rechazo que suponen de
la "ciudad de Dios" o de la "ciudad terrena", elección que se decide
por el "amor de Dios" o el "amor de sí mismo".
El fragmento seleccionado en el programa
hace un análisis de la noción de paz: definición (tranquilidad
en el orden), formas, medios para conseguirla (las leyes), etc. |