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Jorge
Manrique
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
cómo se viene la muerte 5
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
cómo, a nuestro parecer, 10
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
pensando que ha de durar 20
Nuestras vidas son los ríos 25
los que viven por sus manos 35
no curo de sus ficciones, 40
que traen yerbas secretas
A aquél sólo me encomiendo,
que en este mundo viviendo
para el otro, que es morada 50
mas cumple tener buen tino
Partimos cuando nacemos, 55
andamos mientras vivimos,
porque, según nuestra fe,
a nacer acá entre nos, 70
son las cosas tras que andamos
que en este mundo traidor,
de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados 80
de ellas, por su calidad,
Decidme: la hermosura, 85
cuando llega al arrabal 95
Pues la sangre de los godos,
¡por cuántas vías y modos 100
¡por cuán bajos y abatidos
que nos dejan a deshora, 110
Que bienes son de Fortuna 115
que revuelven con su rueda
ni estar estable ni queda
pues se va la vida apriesa 125
son, en que nos deleitamos,
y los tormentos de allá, 130
corremos a rienda suelta 140
y queremos dar la vuelta,
Si fuese en nuestro poder 145
por casos tristes, llorosos, 160
fueron sus buenas venturas
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
como a los pobres pastores
que sus males no los vimos 170
¿Qué se hizo el rey don Juan?
qué fue de tanta invención 185
Las justas y los torneos,
¿fueron sino devaneos? 190
¿qué fueron sino verduras
¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
¿Qué se hicieron las llamas
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas 200
¿Qué se hizo aquel danzar,
Pues el otro, su heredero, 205
don Enrique, ¡qué poderes
¡Cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus placeres
cuán contrario, cuán cruel
¡cuán poco duró con él 215
las vajillas tan febridas, 220
¿dónde iremos a buscallos?
Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor 230
Mas, como fuese mortal, 235
cuando más ardía el fuego,
Pues aquel gran Condestable,
no cumple que de él se hable,
sino sólo que lo vimos 245
sus villas y sus lugares,
¿qué le fueron sino lloros? 250
Y los otros dos hermanos,
que a los grandes y medianos
que tan alta fue subida 260
Tantos duques excelentes, 265
tantos marqueses y condes
di, muerte, ¿dó los escondes
que hicieron en las guerras
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las atierras 275
Las huestes innumerables,
los pendones, estandartes
los castillos impugnables, 280
sus hechos grandes y claros 295
ni los quiero hacer caros
pues que el mundo todo sabe
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforzados 305
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Cuán benigno a los sujetos! 310
en la bondad, un Trajano;
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