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Técnicas de relajación física Página extraída del libro EL CORAZÓN DORADO Una guía práctica de la vida interior por Laureano J. Benítez Grande-Caballero Ediciones Corona Borealis, Málaga, 2008 para pedidos de la obra, pulse aquí (Otras obras del autor en : http://sapiens.ya.com/laureben )
A.-
El método analítico 1.- La cabeza -
Pienso en mi cabeza. -
Arrugo mi frente, la frunzo fuertemente. -
Relajo mi frente profundamente, hasta que la siento lisa y estirada, en completa
calma. -
Cierro mis ojos con fuerza, aprieto más y más. -
Lentamente, sin abrirlos, empiezo a aflojar mis ojos, hasta que se me quedan
cerrados suavemente. -
Los aprieto otra vez, más fuerte. -
Suavemente, voy aflojando mis ojos. -
Siento mis párpados pesados. -
Ahora abro mis ojos todo lo que puedo, y mi frente se arruga más y más. -
Cierro otra vez mis ojos lentamente, y noto mis párpados más pesados. -
Imagino un objeto pasando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, y lo
sigo con la mirada, sin abrir los ojos. -
Imagino ahora que el objeto pasa de arriba hacia abajo, y lo sigo igualmente con
la mirada, con los párpados cerrados. -
Ahora mis ojos están quietos, siento en mis ojos una profunda calma, un reposo
total. -
Cierro la mandíbula, apretándola con fuerza, noto la tensión que se produce,
aprieto más y más los dientes. -
Ahora relajo mi mandíbula despacio, noto mi barbilla pesada, mis labios se
quieren abrir... la boca se me abre un poco, mis labios apenas se tocan. -
Aprieto mi lengua contra el techo de la boca, contra el paladar, más y más
fuerte... Ahora la relajo, la dejo caer otra vez. -
Aprieto mis labios como para hacer una “o”... ahora relajo mis labios, se
quedan flojos, se abren un poco. -
Aprieto todo mi rostro... los ojos, la frente, la mandíbula, los labios, los
dientes... -
Ahora lo suelto todo, lo aflojo todo más y más, a la vez que exhalo el aire
profundamente. -
Todo se ilumina: mi cara se desarruga, mi barbilla cae, mis labios se
entreabren, mi frente se ensancha y estira, noto pesados mis párpados. -
Mi cara está quieta, en calma, más y más relajada. -
Mi cabeza me pesa más y más. 2.- Hombro y cuello -
Desplazo hacia atrás la cabeza todo lo que puedo, sin hacerme daño... Observo
la tensión que aparece en mi cuello... Relajo mi cabeza volviéndola a su
postura normal. -
Giro mi cabeza a la derecha, y la mantengo así unos segundos... Noto que se ha
desplazado el foco de tensión. -
Ahora la giro hacia la izquierda... Me fijo en dónde está ahora la tensión. -
Enderezo mi cabeza y la muevo hacia adelante, apretando mi barbilla contra el
pecho... Observo la tensión que se produce en la nuca. -
Relajo mi cabeza, volviéndola a su posición natural. -
Encojo mis hombros, los subo hacia arriba... mi cabeza queda hundida entre mis
hombros... aprieto fuerte mis hombros hacia arriba... -
Bajo mis hombros, los relajo... siento cómo la relajación se extiende al
cuello, nuca y hombros. 3.-
Tronco -
Inspiro con fuerza, llenando de aire mis pulmones... mantengo la respiración,
conteniendo el aire... observo la tensión que se produce... -
Ahora espiro, hago que mi tórax se deshinche y se relaje, dejo que el aire
salga poco a poco. -
Respiro normalmente... Hago mi espiración más lenta, más profunda, observo cómo
la tensión va desapareciendo a medida que sale el aire. -
Tenso con fuerza mi estómago, notando la tensión... Ahora relajo mi estómago,
lo aflojo... Coloco una mano sobre él... respiro profundamente, apretando la
mano contra la pared del estómago... aguanto la respiración a la vez que hago
más fuerza... Ahora lo aflojo y me relajo más y más. -
Arqueo mi espalda, sin hacerme daño... Concentro mi atención en la parte baja
de la espalda, notando allí la tensión que se produce... Suelto el aire, y la
aflojo. 4.-
Extremidades -
Cierro mi puño derecho con fuerza, lo aprieto fuertemente... observo la tensión
que se produce en el puño, en la mano y en el antebrazo... Ahora lo relajo, lo
aflojo a la vez que expulso el aire... noto su relajación (hago lo mismo con la
mano izquierda y, por último, con las dos manos a la vez). -
Ahora doblo los codos y tenso los bíceps, los tenso tanto como puedo... me fijo
en la tensión... suelto el aire, aflojo la tensión... relajo profundamente mis
brazos... -
Tenso mis nalgas y mis muslos... contraigo los músculos de las nalgas
fuertemente, a la vez que aprieto con los talones hacia abajo... noto la tensión
en mis muslos... ahora aflojo todos mis músculos, me relajo y siento la
diferencia... -
Extiendo mi pierna derecha hacia adelante, y tenso los dedos de los pies dirigiéndolos
hacia arriba... noto la tensión que se produce en mis pantorrillas cuando
aprieto los dedos... ahora los aflojo, me relajo a la vez que echo el aire...
Tenso ahora los dedos de los pies dirigiéndolos hacia abajo... observo cómo
se tensa la espinilla... relajo la pierna, dejándola descansar en el suelo,
totalmente relajada (lo mismo con la pierna izquierda, y con las dos a la vez). Técnicas
básicas A).-
Globalización -
Tenso todo mi cuerpo a la vez, de abajo hacia arriba... Tomo una inspiración
muy profunda, y empiezo a apretar todo mi cuerpo: mis dedos, mis piernas,
aprieto los puños, doblo los brazos... arqueo la espalda, contraigo las nalgas,
hago fuerza con el estómago... aprieto los ojos, la boca, la frente... todo mi
cuerpo está en máxima tensión... más y más fuerte... -
Ahora voy soltando el aire, y voy aflojando todos mis músculos a la vez, más y
más sueltos, más y más relajados... noto mi cuerpo blando, más y más
pesado... Noto una profunda sensación de relajación que se extiende por todo
mi cuerpo... Siento mi cuerpo como una masa extendida, abandonada, que se hunde
más y más en el suelo, como si fuese una alfombra. B).-
Procedimiento abreviado -
Arrugo la frente, muevo la cabeza hacia atrás, frunzo el entrecejo, cierro los
ojos con fuerza, aprieto los labios, encojo los hombros... Ahora, echo el aire y
me relajo... -
Cierro los puños, doblo los codos y tenso los antebrazos y los bíceps... Echo
el aire y suelto los músculos... -
Extiendo los pies y los dedos, dirigiendo las puntas hacia arriba para tensar
las espinillas.... Me relajo... Flexiono los dedos hacia abajo para tensar las
pantorrillas y los muslos... me relajo... -
Me hundo más y más en el suelo, sintiendo todo mi cuerpo blando y pesado. C).-
Exagerando la tensión Selecciono
una parte de mi cuerpo que presente bloqueo, que me ocasione molestias, que
perciba como crónicamente tensa, contraída y dolorida... la examino
cuidadosamente, para ver exactamente dónde está la tensión y a qué músculos
parece afectar... Ahora,
exagero esa tensión, la incremento, utilizando aquellos músculos que la
producen... Mientras intensifico la presión muscular, me hago consciente de que
estoy procurando activamente contener algo, reprimir algo, ahogar la expresión
de alguna emoción o sentimiento... Después, relajo los músculos despacio,
hasta que la presión se disuelva, al mismo tiempo que observo si emerge en mi
conciencia alguna imagen, alguna idea, algún sentimiento, que con toda
seguridad eran los contenidos que estaban bloqueados en esa zona de mi cuerpo...
me permito aceptarlos cuando emerjan, considerándolos como una expresión de mi
vida... B.-
El método perceptivo-sensorial 1.-
Dentro-fuera Esta
técnica es muy útil para empezar cualquier práctica de meditación, pues nos
ayuda a tomar contacto con el aquí y el ahora, a la vez que nos ayuda a
“afinar” nuestra capacidad de concentración. Por esta razón lo
recomendamos como un excelente ejercicio preparatorio, que favorece el proceso
de desprendernos de las ocupaciones de la vida ordinaria para volcar la atención
en nuestro mundo interno. Y éste debe ser siempre el primer paso de la meditación.
Tomo
conciencia del lugar en el que estoy, acordándome del mayor número posible de
detalles: el mobiliario... las paredes y ventanas... el suelo... ¿Cómo
me encuentro en este lugar?¿Estoy cómodo, o siento algún tipo de
intranquilidad?... Ahora
voy a imaginar que salgo fuera de mi cuerpo, y que me estoy viendo a mí mismo
tal y como estoy ahora, sentado en mi silla (o tumbado en el suelo)... Veo la
postura en la que está colocado mi cuerpo... mis ropas. Recorro mi cuerpo desde
la cabeza a los pies, muy despacio... ahora lo hago al revés, desde los pies a
la cabeza... A
medida que la atención va recorriendo las distintas partes del cuerpo, las va
nombrando: “...mi brazo derecho... ahora veo mi brazo izquierdo...”
Ahora
voy a fijarme en los puntos de contacto de mi cuerpo con el suelo (o la
silla)... ¿En qué partes siento más
ese contacto?... Procuro sentirlas claramente... Ahora
voy a intentar sentir cómo me encuentro por dentro, cuál es mi estado de ánimo
en este momento... ¿Estoy cansado?, ¿Inquieto o molesto? ¿Tranquilo? ¿Siento
algún tipo de miedo? ¿Estoy cómodo en mi silla, o incómodo? ¿Estoy a gusto
aquí, haciendo esto? ¿Siento algún tipo de molestia en mi cuerpo?
La práctica de este ejercicio debe durar unos pocos minutos. Una
variante consiste en ir fijando nuestra atención alternativamente en un objeto
exterior (la alfombra, la lámpara del techo, el sonido de un coche...) y otro
interior (la respiración, la pesadez de una mano, la boca llena de saliva...)
2.-
Toma de conciencia general: Tomo
conciencia de mi cuerpo como un todo, como si estuviera viéndole desde afuera
en la posición general que tiene ahora... Ahora
me hago consciente del contacto entre mis zapatos y el suelo... siento mis pies
dentro de los zapatos... empiezo por el derecho... y paso al izquierdo...
Percibo la sensación de mis piernas, empezando por mi pierna derecha... luego
la izquierda... me concentro en el lugar de contacto entre mis nalgas y la
silla... Me fijo en qué siento en la base de la espalda... Paso ahora a mi
vientre, notando todas las sensaciones que me vienen de él... Me detengo en mi
respiración, notando cómo mi vientre sube y baja... Tomo
conciencia de mis pulmones, percibiendo ahí mi respiración... Ahora percibo
los latidos de mi corazón... Paso a mis manos, fijándome en mi mano derecha
descansando sobre mi rodilla derecha... y mi mano izquierda reposando sobre mi
rodilla izquierda... Percibo ahora mis dos manos relajadas... Me
doy cuenta de mi brazo derecho, percibiendo sus sensaciones... Paso ahora a mi
brazo izquierdo... Noto el contacto entre mi espalda y el respaldo de la
silla... Me fijo ahora en mis hombros, cayendo en la cuenta del roce de la ropa
sobre ellos... Paso
ahora a mi boca, y me doy cuenta de mis labios, si están abiertos o cerrados...
Noto la cantidad de saliva que tengo en la boca, y del gusto que tengo en
ella... Percibo ahora mis ojos, y noto si están sueltos o apretados... Tomo
conciencia de mi frente, notando si está lisa o tensa y arrugada... Me
doy cuenta otra vez de la postura general de mi cuerpo, sintiéndolo
globalmente... Vuelvo
a repetir todo el proceso otra vez, pero un poco más rápido: mis pies... mis
muslos... el contacto de mis nalgas con la silla... mi vientre... mis
pulmones... el corazón... mi espalda... las manos y los brazos... hombros y
cuello... boca... ojos... postura general... Ésta
es la técnica básica que practicaremos como fundamento de la relajación según
este método. Unas posibles variantes serían las siguientes: -
Pasar de una parte a otra del cuerpo según las sensaciones que nos van llegando
a la conciencia espontáneamente, sin seguir un orden preestablecido.
Por ejemplo: Siento
dolor en la base de mi espalda... Ahora percibo pesada mi mano derecha... Noto
mi boca llena de saliva... Me doy cuenta de mis ojos apretados... Me siento
respirar... Vuelvo a sentir dolor en la base de mi espalda... -
Darse cuenta únicamente de la sensación corporal, sin nombrar la parte del
cuerpo donde la experimentamos. En vez de decirnos “mis párpados están
pesados”, nos limitamos a vivenciar la sensación de pesadez, desligándola
del lugar donde tiene lugar.
- Tomar conciencia de un órgano: Se escoge una parte del cuerpo y se
fija allí la atención, procurando recoger el mayor número de sensaciones en
esa parte. En el caso de que no se perciban con claridad, pasaremos a otras
partes del cuerpo, volviendo a intervalos a la zona que elegimos, para comprobar
si nuestra percepción ha variado. El órgano más recomendado para esta práctica
es el corazón. 3.-
Toma de conciencia de la respiración: De
todos los puntos corporales donde podemos focalizar nuestra atención, la
respiración es el más importante, por su gran influencia sobre la relajación
corporal y el aquietamiento mental. La
conciencia de la respiración es unánimemente considerada por todas las
tradiciones como una práctica fundamental para conseguir la concentración,
hasta el punto de que fijar la atención en ella es una manera sencilla y eficaz
de acceder a los umbrales de la meditación. Hay incluso algunas corrientes
meditativas —sobre todo el zen— que hacen de esta práctica el
soporte de la meditación. A
través de ella se puede acceder al control de los pensamientos, los cuales están
íntimamente relacionados con el ritmo respiratorio. Si éste es lento, profundo
y tranquilo, produce un efecto casi hipnótico que contribuye poderosamente a la
distensión corporal, a la vez que serena el flujo mental.
En
este ejercicio, la técnica consiste en ser simplemente un observador del
proceso respiratorio tal y como éste se produce de manera espontánea en
nuestro cuerpo, sin intervenir en él ni pretender modificarlo. La respiración
se sitúa en el bajo vientre, dos dedos por debajo del ombligo...
Tumbados en el suelo en decúbito dorsal, piernas y brazos estirados,
dirijo mi atención a la respiración, que deberá ser espontánea,
fluida, no forzada, lo más natural posible. Me fijo en qué partes de mi cuerpo
(tórax y abdomen) se mueven con el proceso respiratorio. Coloco
una mano en el lugar de mi cuerpo que noto subir y bajar cada vez que inspiro y
espiro. Me fijo si este lugar se encuentra situado en el tórax, en el abdomen,
o en las dos partes a la vez. Ahora
coloco una mano en el tórax y la otra en el abdomen. Localizo qué tipo de
movimientos se dan en una y otra parte con el vaivén respiratorio, tomando
conciencia de los músculos que utilizo. A
continuación, coloco suavemente las dos manos sobre el abdomen y observo los
movimientos que realiza al respirar. Observo cómo mi vientre se eleva y se
hincha en cada inspiración y desciende y se desinfla en cada espiración. Tomo
ahora conciencia nuevamente de mi tórax. ¿Se mueve al compás de mi abdomen o,
por el contrario, está rígido e inmóvil? Dedico ahora unos minutos a procurar
que mi tórax siga los movimientos de mi abdomen. Ahora
voy a hacerme consciente de que, al inspirar, pongo en tensión ciertas partes
de mi cuerpo, especialmente de mi tronco, debido a la presión de los músculos
respiratorios. Me doy cuenta exactamente de cómo es esa tensión, y en qué
partes lo siento. Después,
me concentro en la fase de espiración, notando cómo los músculos que antes
estaban tensos se relajan y aflojan. Percibo cómo las tensiones se marchan con
el aire, cómo me abandonan a la vez que hago más y más lenta y profunda mi
espiración. A la vez, noto cómo el cuerpo se aplasta más contra el suelo,
hundiéndose en él más y más. Asocio espiración con relajación.
Una vez dominada esta técnica básica podemos hacer algunas variantes.
Por ejemplo, las siguientes: ·
Tomar
conciencia del contacto del aire en nuestras fosas nasales, durante la inspiración
y la inspiración. ·
Tomar
conciencia de la cantidad de aire que entra. ·
Tomar
conciencia de la diferencia de temperatura entre el aire que entra y el aire que
sale. 4.-
Los sonidos Después
de aquietarnos mediante alguna práctica de relajación, intentamos escuchar con
la máxima atención todos los sonidos que nos rodean, sin pensar ni interpretar
nada acerca de ellos, limitándonos a ser un simple testigo de la realidad
sonora de este momento y lugar. Puede ayudar el imaginarnos que somos como una
cinta de cassette que está grabando todo. En
un primer momento, es útil utilizar palabras, de tal modo que podemos decirnos,
por ejemplo: “Ahora oigo voces en la calle... Ahora escucho una puerta que
se cierra... Ahora oigo pasar un coche...” Se trataría de nombrar los
sonidos, situándolos en el espacio, para mantener la atención más
concentrada. Sin embargo, hay que tender a hacer este ejercicio sin diálogo
interno, de manera que escuche los sonidos con independencia de la fuente que lo
produce y el lugar donde se originan. En
el caso de que nos encontremos en un ambiente exento de sonidos, podremos
practicar la audición del silencio. Según las tradiciones orientales, tan
dadas a las paradojas para trascender los aspectos lógicos de la conciencia,
“el silencio suena”, “la oscuridad es luminosa”, y “la nada es el
Todo”. El silencio, entendido como vacuidad, es a la vez el camino y la meta
de la actividad espiritual del ser humano que aspira a realizarse en plenitud. Para
quien tiene desarrollada sus capacidades de percepción sensorial, el silencio
“suena”, del mismo modo que, con el suficiente entrenamiento, podríamos
percatarnos de que, detrás del torrente sonoro que nos inunda, late un
“clamoroso” silencio. El
objetivo de este ejercicio es llegar a tener clara conciencia de que el silencio
está compuesto en realidad por una multitud de pequeños sonidos más sutiles,
que parecen provenir de otros niveles, de otras dimensiones de nuestra
existencia. Asimismo, el acto de escuchar el silencio nos lleva directamente a
conseguir el silencio mental, objetivo último de cualquier práctica interior,
ya sea de relajación, de meditación o visualización.
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