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página extraída del libro EL CORAZÓN DORADO (Guía práctica de la vida interior) Laureano J. Benítez Grande-Caballero Ediciones Corona Borealis, Málaga, 2008 para pedidos de la obra, pulse aquí
(Otras obras del autor en : http://sapiens.ya.com/laureben )
Heart nº 3,
© 2006 by Tom Wilcox http://tomwilcox.deviantart.com
RESUMEN DEL CAPÍTULO V DEL LIBRO: EL CORAZÓN DORADO ÍNDICE DE LA PÁGINA
1.- Atención y concentración
«Todos
nuestros problemas provienen de nuestro deseo de asir: la meditación es el
medio para dejar de lado nuestras tendencias a querer asir. Al abandonarnos, una
sensación natural de espacio crece en nosotros; eso es la meditación... En la
meditación no hay nada que esperar, nada que realizar o conseguir; simplemente,
abandonáos... Olvidad toda idea admitida, olvidad hasta que estáis meditando.
Quedáos inmóviles, y respirad con toda naturalidad... En
cuanto a los pensamientos, no se trata de suprimirlos ni de retenerlos, sino muy
por el contrario de dejarlos pasar, sin permitir que os distraigan o seduzcan.
No intentéis influirlos. Ya sea que estéis soñando o reflexionando... pues
bien, soñad o reflexionad sencillamente. Si no los alimentáis, los
pensamientos pasarán solos». (Sogyal Rinpoche, lama tibetano)
Si
la concentración es una atención sostenida, por la cual el objeto no
desaparece de nuestra mente, al haberse eliminado las distracciones, la meditación
sería una concentración sostenida y continua, que hace que el objeto penetre
en la mente y se funda con ella. Es decir, que en la verdadera meditación o
“recogimiento perfecto” (samadhi
para el yoga) no hay ya un sujeto perceptor y un objeto percibido, sino que los
dos son una y la misma cosa. Esta vivencia unitiva destruye la ignorancia
productora del ego, pues éste se fundamenta en la idea falsa de la separación.
A esto se le llama iluminación, de la cual hablaremos en el siguiente capítulo. ¿Que
objetos son los más adecuados para la meditación? Según Buda, hay “cuatro
fundamentos de la atención”, es decir, cuatro objetos principales: el cuerpo;
las emociones y sensaciones; la mente; los fenómenos mentales. Si consideramos la meditación como un proceso de percepción especial,
podemos distinguir tres tipos de objetos, según en qué nivel del acto
perceptivo tengan lugar: ·
Lo percibido:
son objetos que se suelen captar por los sentidos. Los principales objetos de
concentración serían: -corporales:
el entrecejo, la punta de la nariz, un punto situado dos dedos por debajo del
ombligo (hara), la respiración y los latidos del corazón. -sensoriales:
sonidos (mantrams), imágenes, mandalas, representaciones de un Dios o un
santo, símbolos religiosos, el OM, etcétera. ·
La percepción:
los objetos de concentración son experiencias no captables sensorialmente. Para
que produzcan estabilidad mental, han de ser vivencias “sin dolor y
luminosas”, es decir, de naturaleza positiva. Las más importantes son : la
sensación de felicidad (ananda), la experiencia del “vacío”, la conciencia de existencia y, en la
mística devocional, el amor a la divinidad. ·
El perceptor:
el objeto de atención es el mismo observador, que se percibe a sí mismo. En
este tipo de meditación, la mente se concentra sobre sí misma, escudriñando cómo
surgen, se mantienen y desaparecen los procesos mentales, en actitud de testigo. Realmente,
la naturaleza del objeto sobre el que se concentra la atención es indiferente,
con la condición de que no produzca negatividad ni actividad mental (vrittis).
Lo que produce la meditación y la absorción no es ninguna cualidad específica
de ningún objeto, por muy “elevado” que éste sea, sino la atención
sostenida en él, sea cual sea su naturaleza. En estre sentido, si nos
concentramos sostenidamente en una piedra conseguiremos el mismo resultado que
si lo hacemos sobre un objeto más “espiritual”, como la imagen de una
divinidad.
Lo
que sí es importante es comenzar por objetos más “toscos” (que se puedan
percibir sensorialmente), para después pasar a “viencias luminosas”, ya que
al principio es más fácil mantener la atención sobre objetos percibibles con
los sentidos que sobre abstracciones u objetos imaginarios. La elección de un
objeto u otro dependerá de nuestro criterio, el cual, como es normal, se
ajustará a nuestra experiencia y nuestra personalidad. Por ejemplo, una persona
que tienda a la devoción elegirá objetos más “religiosos” (una frase
sagrada, una imagen de la divinidad...), mientras que alguien que no sea tan
afectivo elegirá objetos más “mentales” (un mandala, por ejemplo)
believe
©cinkat, http://cinkat.deviantart.com
Siguiendo
esta clasi -
ejercicios de observación:
se aplica la atención a un objeto externo, que sirve de punto fijo para
concentrar la mente. Se trabaja así el factor de la sensación- percepción. -
ejercicios de imaginación:
los objetos que se proponen son “vivencias sin dolor y luminosas”, de
naturaleza imaginaria, en los fijamos la atención con el fin de relajar y
aquietar la mente. -
ejercicios de auto-observación:
el objeto mental pasa a ser algún fenómeno interno (sensaciones corporales,
emociones, pensamientos), siendo el objetivo de esta auto- observación
investigar las diversas formas en que reaccionamos a las percepciones. Es decir,
el objeto sobre el que se enfoca la atención es la propia mente. Estos son los
ejercicios más importantes, pues son justamente aquellos que rompen la conexión
entre las sensaciones y los samskaras, como veremos.
2.-
Ejercicios de observación
Le preguntaron en cierta ocasión a Buda:
«¿Quién es un hombre santo?» Y Buda respondió: «Cada hora se divide
en cierto número de segundos, y cada segundo en cierto número de fracciones.
El santo es en realidad el que es capaz de estar totalmente presente en cada
fracción de segundo». Observar
significa estar atento, estar despierto, estar alerta, expresiones equivalentes
al “darse cuenta” ya comentado cuando hablábamos del método
perceptivo-sensorial, y que tanta importancia tiene para la relajación físico-mental. La
inmensa mayoría de nosotros no estamos atentos a la realidad que nos rodea.
Miramos sin ver, oímos sin oír... vivimos sin vivir, en una palabra. No nos
damos cuenta de la vida que nos rodea, porque vivimos en un permanente estado de
distracción que merma nuestra capacidad de disfrutar de la existencia
plenamente. No estamos inmersos en el aquí y el ahora, y eso disminuye nuestro
rendimiento en todo lo que hacemos, al no poder concentrar toda nuestra
capacidad en una sola cosa cada vez, justamente en lo que tenemos ahora delante
de nuestros ojos. «El
mundo está aquí mismo; para recibirlo lo único que tenemos que hacer es
vaciar nuestras mentes y abrirnos». (John
O. Stevens, Darse cuenta)
1.-
Observación del cuerpo En
el capítulo sobre la relajación física de esta página web expusimos varios
ejercicios perceptivo-sensoriales destinados a la observación de las
sensaciones corporales. Para no repetirnos, aconsejamos practicar los ejercicios
del método perceptivo-sensorial , con la salvedad de que ahora, en vez de
utilizarlos simplemente para relajarnos, los usaremos como objeto sostenido de
concentración. 2.-
Observación de un objeto Fijo
mi atención en un objeto cualquiera de mi realidad cotidiana... Una flor, por
ejemplo... Durante unos cinco minutos, voy a procurar fijarme en todos los
detalles de esa flor: su forma, su tamaño, sus colores... No pienso sobre la
flor, sino que simplemente la observo como es... Pasados los cinco minutos,
cierro los ojos, e intento reproducir mentalmente esa flor, sin olvidar nada...
Pasados dos o tres minutos, abro los ojos lentamente, y contemplo de nuevo la
flor, comprobando qué detalles se me olvidaron... Cierro los ojos nuevamente...
(se repite el ejercicio dos veces más). give me wings so I can fly ©http://jungle-jew.deviantart.com
Es importante darse cuenta de que el factor del funcionamiento mental que
trabajamos con este tipo de ejercicios es el de la sensación, definida como el
contacto entre la conciencia y un objeto. Con esta práctica tratamos de abortar
la interpretación de esa sensación, eliminando los pensamientos sobre el
objeto, contemplándolo como es en sí, sin proyecciones ni especulaciones. 3.-
Concentración sobre mandalas A
medio camino entre los objetos toscos y sutiles, tenemos un grupo de objetos
que, al poseer un significado simbólico, pueden llevarnos a contenidos
experienciales: paz, beatitud, benevolencia, conciencia del ser, felicidad,
gozo, etc. Serían aquellos objetos que son portadores de características
religiosas en las diversas tradiciones, favoreciéndonos un mayor contacto con
el Ser Esencial. Rozamos aquí los terrenos de la meditación más espiritual,
por tanto, si los empleamos con esta intención, más que para focalizar la
mente en un solo objeto. Dos
objetos destacan en este dominio: los mandalas, y las imágenes de divinidades. El
término sánscrito “mandala” puede traducirse como “círculo”, y
consiste en un diagrama simbólico que, diseñado a partir de formas
geométricas, representa una determinada estructura del universo. Se corresponden a atributos
divinos y a fórmulas rituales repetitivas
(mantrams), y son ampliamente
utilizados como soportes para la contemplación y la concentración en todas las
tradiciones.
Power of the lotus ©saizohar, http://saizohar.deviantart.com
Sus ele Prescindiendo
de su contenido esotérico incluso, los mandalas pueden utilizarse como
instrumento para favorecer el aquietamiento mental, enfocando la atención, ya
que las figuras geométricas son modelos carentes por completo de componentes
emotivos y discursivos, por lo cual tienen un carácter neutro e impersonal que
ayuda poderosamente a la relajación de la mente. La
técnica básica consistiría en hacer una práctica de relajación y después
fijar nuestra vista en un mandala colocado enfrente de nosotros, a unos dos
metros aproximadamente. Repitamos que, al igual que ocurre con todas las técnicas
de concentrarse visualmente en un objeto, se trata de ver sin pensar, fijándonos
en las líneas del dibujo, memorizándolas, para luego descansar la mirada en el
dibujo globalmente, en actitud pasiva y receptiva, de manera que sea el propio
mandala quien nos penetre hasta que su significado simbólico salte en nuestra
conciencia intuitivamente, sin esfuerzo discursivo por nuestra parte. Podemos
abrir y cerrar los ojos, para descansar la vista y para que la memorización sea
más eficaz. A
la hora de elegir un modelo de mandala, podemos usar cualquiera, a condición de
que sea sencillo y sintamos una conexión con él, es decir que nos transmita
algo íntimo y resuene en nuestro interior. Para
facilitar su contemplación, es aconsejable seguir los ejes de simetría del
dibujo, pues son los que ordenan el conjunto de líneas y formas, cuya
complejidad puede llevar a confusión. Percibida esta simetría, interiorizado
el esquema geométrico, nos será más fácil captar su punto central, llamado binya
en sánscrito (semilla), que es el punto esencial a partir del cual se
despliegan las estructuras del mandala, y al cual todas vuelven, reabsorbiéndose
en él, simbolizando así los dos momentos del devenir cósmico: la expansión
desde el centro divino, y la vuelta a la unidad. 4.-
Concentración sobre sonidos Después
de las sensaciones visuales, destacan las auditivas a la hora de conectar
sensorialmente con los objetos. Para purificar nuestras sensaciones convendría,
por tanto, practicar con el sonido como medio de percepción de los objetos. Ya
tuvimos ocasión de exponer técnicas basadas en escuchar sonidos cuando
comentamos la técnica de relajación perceptivo-sensorial. Recomendamos volver
a ellas, practicando especialmente la técnica básica titulada “Audición de
sonidos espontáneos” (pág. )
3.-
Ejercicios de imaginación (Selección de algunos ejercicios del
libro) 1.-
El árbol Ahora
me imagino que estoy viendo un árbol... ¿Qué árbol es? ¿Puedo identificarlo
dándole un nombre?... Lo veo entero en mi Meditation ©kayceeus, http://kayceeus.deviantart.com 2.-
El vacío Me
imagino que mi cabeza está vacía, que mi cerebro está hueco por dentro, que
me es imposible pensar... Al echar el aire, repito mentalmente la palabra
“nada”... “nada”... “nada”, o “vacío”... “vacío”... o
“paz”... Mientras
recito estas palabras, me imagino cómo mi cabeza se va vaciando de todo... como no va
quedando nada... ni
pensamientos... ni imágenes... ni recuerdos... nada... Ahora
siento cómo esa “nada”, ese “vacío” se va extendiendo por todo mi
cuerpo, como si fuese una niebla, vaciándolo de tensiones... Al final, repito
esta frase varias veces: “En todo mi cuerpo y mi mente reina una completa
paz”...
3.-
La palabra Recita
mentalmente, o en voz audible, durante la espiración, una frase o afirmación
con la que te sientas identificado, y que te produzca efectos relajantes. Por
ejemplo, “estoy en un nivel mental más
profundo, más perfecto y más saludable”... “En mi mente hay una paz
completa”... Se puede escoger alguna afirmación de las utilizadas para
visualizaciones, y será más eficaz si se acompaña de la imaginación,
visualizando claramente el estado psicosomático que se desea conseguir. Lo
ideal sería que cada uno se hiciese una lista con las frases que mejor
resultado le producen, unas pocas, y repetirlas hasta que sean capaces de
provocar en el cuerpo-mente una respuesta automática de quietud. El objetivo
sería condicionar el subconsciente para que la sola mención de la frase-clave
nos llevara al estado de relajación deseado. 4.-
La pantalla blanca Como
ya explicamos al hablar sobre los aspectos técnicos de las prácticas de
visualización, la “pantalla mental” es el fundamento básico de todas
ellas, pues imaginar consiste realmente en proyectar imágenes sobre un fondo,
de aquí se deduce la conveniencia de dotar a ese fondo de una cierta
corporeidad. El
ejercicio que proponemos aquí es el de elaborar esa pantalla, pero no para
proyectar imágenes sobre ella, sino usándola para nuestra relajación,
aprovechando para ello el simbolismo del color blanco. En efecto, éste se
asocia con la nada, con el vacío, con la quietud de lo inmanifestado, con la
limpieza mental que queremos alcanzar. El procedimiento sería así: Ahora
voy a imaginar que delante de mí, a un metro de distancia aproximadamente, hay
una pantalla blanca, parecida a la de un cine... La veo claramente... Me fijo en
su color blanco... Toda mi conciencia se llena de ese color blanco... Siento cómo
mi mente comienza a vaciarse de pensamientos... Ya casi no puedo pensar... Noto
cómo ese color blanco lo disuelve todo, y me relajo más y más...
5.-
El mar Imagino
ahora un mar, un mar azul... Veo la línea del horizonte, completamente recta...
Siento el color azul llenando toda mi mente... No hay casi olas en este mar...
todo está tranquilo... Escucho ahora el subir y bajar de la marea, el sonido
que hace el agua cuando sube... El momento de pausa y silencio que sigue... el
sonido del agua cuando baja y se retira... Aspiro el olor del mar, lo saboreo
claramente... Imagino ahora que soy una parte de ese mar, que estoy flotando en
él... Siento que, al flotar, me relajo más y más profundamente... Una
variante del ejercicio es asociar el vaivén respiratorio con la pulsación rítmica
de la marea: la inspiración correspondería a la subida, y espiración a la
bajada.
4.- Ejercicios de autoobservación «Tenéis que contemplar vuestra mente como contempláis a un lagarto que se
escurre, deslizándose de un lado a otro de la pared, viendo sus cuatro patas, cómo
se adhiere a la pared... Tenéis que contemplarlo y, mientras lo contempláis,
veis la delicadeza de sus movimientos. Así, de la misma manera, contemplad
vuestro pensamiento: no lo corrijáis, no lo suprimáis, simplemente
contempladlo ahora, en este mismo momento» (Krishamurti) Este
bloque de prácticas tiene como objetivo concentrar la atención en objetos
internos, es decir, pertenecientes a nuestra experiencia interior, de manera que
enfocamos la atención sobre las sensaciones e impresiones que experimentamos en
los distintos niveles de nuestro ser: sensaciones corporales, emociones y
pensamientos. Consiste
en la observación desinteresada de lo que sucede dentro de nosotros en el
momento presente, en el aquí y el ahora en que tiene lugar la experiencia, sin
dejarse atrapar en la red del pensamiento discriminativo. La tarea a realizar es
la de registrar escuetamente cualquier cosa que aparezca en nuestra conciencia,
tal y como aparece, reseñando desapegadamente cómo las impresiones surgen,
permanecen y desaparecen, asumiendo una actitud de testigo imparcial en la que
discernimos los fenómenos que experimentamos con la máxima minuciosidad, hasta
conseguir que salgan a la luz sus características fundamentales. Este tipo de
atención desinteresada produce una “visión cabal y penetrante” (puñña
en la terminología budista) de los fenómenos, a los cuales vemos bajo sus tres
características esenciales: impermanencia, sufrimiento, e insustancialidad. El
fin de este proceso de visión es hacernos conscientes de cómo nuestra mente
interpreta los hechos y crea los samskaras. Partiendo de una impresión
recibida en el presente, la mente se lanza a un proceso de ideación con el que
interpreta el objeto con respecto a sí misma para hacerlo inteligible en términos
de sus propias categorías y presunciones. Lo efectúa postulando conceptos,
ensamblando los conceptos en construcciones, para luego entretejer éstas en
esquemas interpretativos complejos que, al proyectarse sobre el objeto, lo
encubren y deforman, de manera que ya no lo percibimos como es en sí, sino a
través de una “máscara” mental. Como este proceso tiene lugar dentro de
nuestra mente, ésta constituirá el objeto sobre el que focalizaremos nuestra
atención - concentración.
1.-
Meditación vipassana Meditation ©vibe24, http://vibe24.deviantart.com
Otra
imagen que puede ayudarnos en esta actitud de desidentificación de nuestros
pensamientos es la de verlos pasar con sus formas variadas como pasan las nubes
en el cielo. No se trata ni de fomentar las ondas mentales enredándose con
ellas, entrando en su juego alucinatorio, ni de reprimirlas, pues, como dice la
frase, “mata un mosquito, y vendrán mil más al funeral”. Esta
práctica difiere de la anterior en que aquí los pensamientos no son
considerados como distracciones que nos evaden de un tema de concentración,
sino que son el mismo objeto sobre el que fijamos nuestra atención. A medida
que ésta se mantiene sin interrupción contemplando los estados mentales que
surgen y desaparecen, irá surgiendo en nosotros la visión cabal y penetrante
de la naturaleza mental, haciendo entonces una serie de descubrimientos
importantes. Lo
primero que se comprende es que los fenómenos contemplados son distintos de la
mente que los contempla. El meditador sabe que la conciencia es distinta de los
objetos que percibe. Ahondando en esta comprensión, se percibe entonces que
tanto la conciencia como los objetos carecen de yo, que surgen como efectos de
sus causas respectivas, no como el resultado de la dirección de algún agente
individual. Cada momento de la conciencia se produce de acuerdo con su propia
naturaleza, al margen de la propia voluntad. Se llega entonces a tener la
certeza de que en ninguna parte de la mente puede detectarse ninguna entidad
permanente. Continuando
la práctica de la percepción, se observa que la mente contempladora y los
objetos contemplados van y vienen siguiendo una secuencia incomprensible, un
flujo continuo que renueva a cada instante sus contenidos, en una cadena
interminable. Con esta comprensión, se conoce la verdad de la impermanencia y
la transitoriedad. La
conciencia de esta verdad lleva al sufrimiento, al sentir el desencanto de que
nuestra realidad privada carece de yo y es siempre cambiante, y lo que cambia
constantemente no puede ser la base de ninguna satisfacción duradera. Todo esto
lleva a la ecuanimidad y el desapego de los contenidos de la conciencia. Tras
estas comprobaciones, se abre todo un proceso interior que lleva al nirvana, a
la iluminación, pero éste no es el objetivo que buscamos, sino que nuestras
pretensiones son mucho más modestas, en el sentido de que esta práctica
—y de todas las que incluimos en el libro—, es aquietarnos, aumentar
nuestros niveles de bienestar, favorecer un autoconocimiento que amplíe y
profundice nuestra conciencia.
2.-
El testigo Este
ejercicio es uno de los más importantes de este libro, por lo cual su práctica,
más que recomendada, es obligatoria. Incluido en las principales tradiciones
espirituales, desde su origen budista, provoca una clara apertura al ser
esencial, en base a desidentificarnos de todas aquellas imágenes con las que
confundimos a nuestro verdadero yo. Supone, además, una recapitulación de las
principales técnicas que hemos expuesto hasta aquí, realizada de una manera rápida
y sencilla, y cuya eficacia es indudable para abrir nuestra conciencia a una
dimensión superior y trascendente: Tomo
conciencia de las sensaciones corporales... Paso de una a otra parte de mi
cuerpo, recogiendo el mayor número de impresiones... Me hago consciente de mi
cuerpo como un todo... Ahora
enfoco mi atención en aquella parte de mí que ha estado observando el cuerpo y
sus sensaciones... Me doy cuenta de que el observador, el Yo, no es lo mismo que
las sensaciones que están siendo observadas... Me digo a mí mismo: “Yo no
soy esas sensaciones, yo no soy el cuerpo”... Dirijo
mi atención a la respiración... Noto el aire cuando entra y cuando sale...
percibo los movimientos musculares que producen en mi cuerpo el vaivén
respiratorio... Vuelvo
mi atención ahora hacia quien ha estado observando la respiración, y me doy
cuenta de que el Yo, no es lo mismo que ella, que es algo diferente, pues puede
observarla desde fuera. Me digo: “Yo no soy la respiración”... Observo
un sentimiento o emoción que estoy experimentando en este momento —o evoco
alguno que haya tenido anteriormente—. Lo percibo claramente, dándome cuenta de cómo es, especialmente si
se trata de una emoción negativa —miedo, ansiedad, molestia, resentimiento,
angustia—... Enfoco
mi atención en aquél que ha estado observando ese sentimiento, y percibo que
el Yo es diferente de la emoción observada... Me digo: “Yo no soy mis
sentimientos”... Ahora
observo los pensamientos que hay en mi mente... Los veo aparecer y desaparecer,
como las imágenes de una película, mirándolos desde fuera, como nubes que
pasan... Me esfuerzo por observar ese flujo mental ininterrumpido... Ahora
vuelvo mi atención hacia quien ha estado observando la pantalla mental, y me
doy cuenta de que el observador, el Yo es diferente de los pensamientos
observados... Me digo: “YO no soy mis pensamientos, soy independiente de mi
mente”. Por
último, presto atención al vacío que queda, me imagino que estoy frente a la
nada. Ahora, voy a percibir mi identidad personal... No pienso, no analizo...
Percibo mi ser, me quedo concentrándome conmigo, identificado conmigo... Siento
mi unidad interior... Mi conciencia se hace presente a sí misma en toda su
totalidad... Me digo: YO SOY... 3.-
Meditación zen Meditation ©http://jae-ess-el.deviantart.com
El
zen es una tradición espiritual perteneciente al budismo, que se caracteriza
por su carácter práctico, influencia de la corriente china taoísta cuando el
budismo, desde su origen hindú, se trasplantó a la cultura china. Su característica
fundamental es que la iluminación (satori)
puede obtenerse aquí y ahora, en el momento presente, sin las complicaciones teóricas
del budismo clásico, y sin la ascesis disciplinaria de la metodología del
yoga. Su
esencia es la práctica meditativa conocida como shikantaza,
o “postura sentada”. Esta postura
es iluminación por sí misma, cuando se realiza bajo las tres condiciones de
postura justa, respiración justa y actitud justa. Esta
práctica arranca en el nivel conocido como dhyana
en la terminología del yoga, palabra que traducíamos como “absorción”, y
de la cual deriva el término chino t’chen
que da lugar al vocablo “zen”. ¿En qué objeto se realiza esa absorción?:
en la respiración, el tema de concentración favorito del budismo. La
postura justa produce la respiración justa. Para ello, el meditante se sienta
en el suelo, de manera que la cadera queda más alta que las rodillas. Éstas
empujan el suelo, mientras que la cabeza “empuja en el cielo”. La espalda
está derecha, la cabeza inclinada ligeramente sobre el pecho, contrayendo la
glotis. La nuca está estirada. Las manos descansan en el regazo, de manera que
los pulgares están unidos, mientras que el dorso de la mano izquierda reposa
sobre la palma de la mano derecha. Una
vez en la postura, la atención se fija en la respiración, cuatro dedos por
debajo del ombligo, en la zona llamada hara,
asiento de la energía ki. La
respiración debe ser suave, lenta y profunda, especialmente la espiración. No
se trata de hacer ejercicios respiratorios especiales, sino de permitir que el
aliento fluya con naturalidad, pero haciendo hincapié en la espiración,
“empujando con los intestinos”, y contrayendo el ano durante la misma. Establecidas
la postura y la respiración, se trata de quedarse ahí concentradamente,
permitiendo a los pensamientos ir y venir, pasar como nubes en el cielo, sin
analizarlos, sin reprimirlos. La vista se fija en el suelo, a un metro de
distancia, con los ojos entreabiertos. No hay nada que conseguir, nada que
obtener, nada que alcanzar, no hay “provecho ni beneficio”. En esto radica
la actitud justa. Así, “sentados en la pelvis”, concentrados en el hara,
salen a la mente contenidos subconscientes, pero no nos identificamos con ellos,
sino que volvemos una y otra vez a la respiración, nos enraizamos en la tierra,
volvemos a nuestro centro de gravedad en el bajo vientre. Esta
postura es la esencia de la iluminación, es despertar.
4.-
Las frases sagradas: los mantrams «En
el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios, y el Verbo estaba con Dios». Esta afirmación bíblica se
encuentra presente en todas las tradiciones espirituales, donde se identifica a
Dios con su Nombre, hasta el punto de que la repetición del nombre divino es
sin duda la práctica más universal y extendida, por ser la que más
directamente lleva a la autorrealización. Esta
práctica recibe distintos nombres: mantra
en el hinduismo; dhikr en el sufismo; letanía
o jaculatoria en el cristianismo; incluso en la corriente amidista del
budismo se contempla la repetición del sagrado nombre de Amitabha,
entidad que ayuda a los adeptos en su camino de liberación. Sólo el judaísmo
se aparta de esta práctica, pues para él Dios es el “innombrable”.
El
nombre divino es la deidad misma. El pensamiento, la forma y el sonido son la
misma cosa, aspectos diferentes de una longitud de onda particular o, en otras
palabras, la misma energía vibrante, manifestada en diferentes niveles de
conciencia. Las vibraciones del sonido, hechas con concentración y devoción,
son capaces de dar lugar a la forma divina en la conciencia del aspirante. Otra
función del nombre divino es la que podría llamarse “mágica”, en tanto
que gran número de las frases sagradas que se repiten tienen efectos concretos
a la hora de conseguir determinados resultados prácticos. Por ejemplo, algunas
protegen de accidentes, otras procuran buena fortuna, otras ayudan a combatir
malos hábitos... Junto a esta función mágica, basada en la protección, que
hace posible usar estas frases con vistas a obtener demandas concretas, cada una
tiene sus propios efectos espirituales en la conciencia del aspirante, pues la
característica esencial de los mantrams es que están adaptados a la
personalidad y vocación particular de cada uno. De ahí que la gran mayoría de
ellos deban ser proporcionados al aspirante por un maestro experimentado que
conozca tanto la energía del mantra como la del discípulo, proporcionándole
aquella frase específica que opera la iniciación del postulante, a la vez que
le transmite su propia energía. Esto es lo que se conoce como “activar” el
mantra. Sin esto, la repetición divina pierde gran parte de su eficacia. Esta
individualización del mantra, junto al hecho de que buen número de ellos son
muy poderosos y encierran peligros si no se usan correctamente, hace que esta práctica
sea inviable para la gran mayoría de nosotros, que no tenemos generalmente a un
maestro experto que nos guíe en el uso de esta fuente de poder.
Dentro
de nuestra cultura, el cristianismo tiene en sus “letanías” y
“jaculatorias” el equivalente de los mantras y los dhikrs. Al
ser mucho más próximas a nuestra mentalidad, éste será el tipo de frase
sagrada que usaremos en nuestra práctica. En
cuanto a ésta, la técnica consiste en elaborar una lista de frases referidas a
Dios y al aspecto bajo el cual necesitamos la conexión con Él. Por ejemplo, la
frase “Dios es paz” nos hace considerar la presencia divina bajo el
aspecto de algo que necesitamos (la paz) en un momento dado. Igualmente, podemos
decir que “Dios es amor”, “Dios
es perdón”, “Nada temo en Dios”, “Dios
mío, ten misericordia”, etc., dependiendo la frase a elegir de nuestra
necesidad concreta. Lo que es importante subrayar es que es esencial hacer una
referencia clara a Dios, pues no olvidemos que estamos trabajando ya al nivel
espiritual, donde es preciso hacer una conexión con el ser interno. Si nos
decimos, por ejemplo: “No tengo nada que
temer”, estaríamos todavía dentro del nivel emocional, pues no habría
una conexión clara con nuestro ser divino. Mejor sería decir: “Dios es mi fortaleza. Nada temo”, o alguna frase parecida donde
se asocie la presencia de Dios con la ausencia de miedo.
En
todas las tradiciones espirituales, se aconseja practicar la repetición de
frases sagradas utilizando un instrumento basado en una serie de cuentas que se
van pasando una a una según se repite la frase. Además de para llevar la
cuenta, este instrumento sirve también para concentrar la atención, y para
descargar la energía negativa, de ahí la conveniencia de que esté hecho de
materiales nobles: marfil, ámbar, piedras como turquesa, jade, maderas
nobles... este instrumento, llamado mala
en el hinduismo, tasbih en el sufismo,
es el equivalente del rosario cristiano. Aconsejamos su uso, pues ayuda a evitar
las distracciones A
manera indicativa, proponemos un breve listado de frases que nos pueden servir: -
Dios está en todo lo que veo. -
Mi mente es parte de la de Dios. -
Soy bendito por ser un hijo de Dios. -
Dios va conmigo dondequiera que yo voy. -
Dios es mi fortaleza. -
Dios es mi fuente. -
Dios es la luz en la que veo. -
Dios es la mente con la que pienso. -
Dios es el Amor en el que perdono. Elaborada
una lista personal de frases, la práctica completa quedaría así: Practica una relajación. Cuando sientas que te has aquietado, ponte en la
presencia de Dios y repite mentalmente la frase elegida, muy despacio, haciendo
que coincida con tu espiración, que deberá ser lo más lenta posible. No
pienses nada, no analices la frase, limítate a repetirla, sintiendo que te
penetra hasta el fondo de tu ser. Poco a poco, ve recitando la frase cada vez más
distanciadamente, aumentando el silencio entre las repeticiones. Cuando la repetición de la frase nos lleve al silencio, cuando la frase
caiga por sí misma y nos sintamos en el umbral de la Presencia, entonces es el
momento de abrirse a ella, en la “noche de la fe”, ya sin palabras, sin
conceptos, sin imágenes, y permanecer, mudos y absortos, en ese vacío lleno de
inmensidad, en esa oscuridad plena de luz, en ese silencio colmado de la
Palabra. Si la repetición de la frase nos lleva al punto de sentir la necesidad de
abrir nuestro corazón con palabras, para dialogar con ese Dios que presentimos
cerca, hagámoslo, vaciemos nuestro interior expresando con palabras nuestras
vivencias: petición, alabanza, gratitud, adoración, amor...
5.- El vocablo sagrado: OM
«Vive
en OM. Medita en OM. Respira OM. Descansa en OM. Refúgiate en OM» (Swami Sivananda) El mantra más conocido
es el llamdo pranava: OM. OM (que se pronuncia AUM), la palabra sagrada de los hindúes —que
origina el “Amén” cristiano—, es una de las palabras conocidas más
antiguas, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Es el vocablo
sagrado por excelencia, la Vibración Original y el Poder Divino, el mantra más
poderoso que existe. OM encierra todo las vibraciones, todas formas de lenguaje
y todos los pensamientos. Las vibraciones producidas por OM producen unas ondas
mentales que se corresponden con lo Supremo y constituyen una senda directa
hacia la iluminación. El poder creativo que Dios emitió es el Dios que puede conocerse
mediante el contacto con OM. En el universo, Brahma se manifestó asimismo
primero como nombre, y luego como forma, es decir como este universo. El nombre
de Brahma es OM, la más santa de todas las palabras sagradas, matriz de todos
los nombres y de todas las formas. Todo el universo ha sido creado del OM. OM y
Dios son una y la misma cosa.
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