Página extraída del libro

EL SUFRIMIENTO: UN CAMINO A LA PLENITUD

                    Laureano J. Benítez Grande-Caballero

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ÍNDICE DE LA PÁGINA

  • La fuente de la felicidad

  • Valores y creencias

  • El mecanismo de la sugestión

  • Conociendo nuestras creencias

 

       Principios de salud mental

 

1.- La fuente de la felicidad

 

«La felicidad, a veces, es una bendición, pero generalmente es una conquista». (PAULO COELHO)

 

Está fuera de toda duda que el sentido de la vida humana es la consecución de la felicidad, entendida como el bien supremo que el hombre puede y debe alcanzar.

Frente a la creencia extendida de que la felicidad consiste en la ausencia de problemas, es un hecho comprobado que, a pesar de que en nuestras sociedades de bienestar disfrutamos de un desarrollo material sin precedentes que nos hace disponer de bienes abundantes para satisfacer todas nuestras necesidades, se da la paradoja de que este bienestar no ha producido un aumento significativo de nuestro nivel de felicidad.

 

«Tener todo para ser feliz no es, en manera alguna, una razón para serlo». (JACQUE NORMAND)

 

La causa de esta aparente contradicción radica en que la ideología materialista que impregna las sociedades desarrolladas, al identificar la felicidad con el principio del placer, ha dado como resultado un sistema de valores que, en su conjunto, es negativo para el desarrollo personal y la felicidad humana: la competitividad, el egoísmo, la insolidaridad, el consumismo, el materialismo, la evasión constante de nosotros mismos que nos aliena, etc., se traducen generalmente en estrés, pérdida del sentido de la vida, vacío y angustia existencial, enajenación de nosotros mismos que ahoga la necesidad de trascendencia... infelicidad, en una palabra.

Frente a esa ideología, todas las grandes tradiciones de pensamiento coinciden fundamentalmente a la hora de afirmar que la felicidad humana consiste en la práctica de la sabiduría, entendiendo ésta como aquel conocimiento que nos lleva a vivir y obrar bien, con el fin de conseguir el desarrollo integral de todas nuestras capacidades y lograr nuestra plena autorrealización, nuestra excelencia como seres humanos.

Ahora bien, ¿qué características debe tener una conducta para que pueda ser considerada “sabia”, es decir, para que contribuya a nuestra felicidad? En lo que se refiere a nuestro comportamiento externo —nuestra conducta con nuestros semejantes—, obrar bien equivale a que nuestras acciones sean éticas, es decir, que contribuyan al bienestar de nuestro entorno, sin dañar a nuestros semejantes; en lo que respecta a nuestro comportamiento interno —entendido como aquel que no afecta directamente a los demás, sino solamente a nosotros mismos—,  ese obrar bien hay que entenderlo en el sentido de practicar conductas que nos ayuden a nuestro desarrollo y nuestro crecimiento como personas, dentro de los principios de lo que se viene llamando “mente positiva” o “salud mental”.

Sanear la mente, mediante el proceso de practicar valores y creencias positivas productoras de felicidad, es el objetivo al que tienden las prácticas de autoayuda, basadas en el principio que afirma que la felicidad depende más de nuestra actitud mental que de las condiciones externas en las que se desenvuelve nuestra existencia. El bienestar es algo que hemos de elegir, en base a desarrollar una mente positiva que asuma la decisión de ver positividad en todo cuanto nos ocurra, independientemente de que eso sea algo “malo” o “bueno”.

 

«La felicidad es un cómo, no un qué; un talento, no un objeto». (HERMANN HESSE)

 

«Que tu vida sea alegre o triste, no depende de tu vida; depende de ti mismo». (STEINBERG)

Cada acto humano es siempre el resultado de una elección entre varios posibles, de una toma de decisión que se hace con arreglo a una escala de valores. Estos valores son justamente aquellos bienes que queremos conseguir con nuestras conductas, para realizar en nosotros el «bien supremo» de nuestra felicidad. La salud mental —objetivo básico de las técnicas de autoayuda— consiste en poseer un sistema de creencias y valores positivos que nos lleven a unas conductas “sanas” productoras de felicidad.

Repitiendo actos creamos hábitos, y, repitiendo hábitos, llegamos a adquirir un carácter, un ethos, un modo ético de ser que, si está constituido por valores positivos, nos llevará a la felicidad, sean cuales sean las circunstancias externas de nuestra vida; si, por el contrario, esos valores son negativos, nos llevarán a la infelicidad.

«Repite un pensamiento, y tendrás un acto;

repite un acto, y tendrás un hábito;

repite un hábito, y tendrás un carácter;

repite un carácter, y tendrás un destino:

luego cuida tu pensamiento de hoy, porque será

el destino de mañana».

En cuanto a la naturaleza de esos valores positivos, tanto las tradiciones religiosas y filosóficas como la psicología moderna son unánimes a la hora de descalificar el sistema de valores y creencias basado en el placer egoísta, y también a la hora de proponer un código ético, unas normas de conducta, unos principios, criterios y valores que deben regir la vida humana para que ésta nos lleve a nuestra autorrealización como personas: compromiso solidario, generosidad, desapego de los bienes materiales, interioridad, amor, humildad, esfuerzo, sacrificio, tolerancia, paciencia, perdón, cultivo de una mente positiva, aceptación, humildad, prudencia, autoestima, serenidad, alegría, sensibilidad, desapego, ecuanimidad, etc... Este conjunto de valores conforman un cuadro de “virtudes” —para decirlo con la palabra tradicional— que son la base de la salud mental.

«Practicar la virtud en la vida de ahora es conseguir la felicidad en la vida futura». (PROVERBIO CHINO)

 

«Saber lo que hay que hacer es sabiduría: saber cómo hacerlo es inteligencia; hacerlo es virtud». (D. S. JORDAN)

 

 

2.- Valores y creencias

 

La salud mental afirma una verdad evidente: igual que hay pensamientos sanos y pensamientos malsanos, hay conductas positivas que nos aportan felicidad, y conductas erróneas que nos abocan al sufrimiento. Es decir, que, junto a un correcto modo de pensar, debemos practicar un correcto modo de actuar.

Pero es un hecho evidente que el pensamiento y la conducta están íntimamente unidos. Según los principios de la salud mental, toda conducta —incluyendo los comportamientos internos o mentales previos a los comportamientos externos— es una acción que tiene una intencionalidad, una motivación, que apunta a la consecución de algo: por un lado, con nuestras acciones pretendemos justificar y demostrar nuestras creencias; por otra parte, el fin último de nuestras conductas es conseguir un determinado valor, un bien que juzgamos importante para nuestro bienestar y nuestra felicidad.

Un valor designa un estado al que damos importancia y que tiene una cierta jerarquía dentro de las cosas que nos agradan. Por ejemplo: éxito, seguridad, amor, felicidad, salud, amistad, riqueza, prestigio, etc.

Una creencia es un sentimiento de certeza sobre el significado de algo. Es una afirmación personal que consideramos verdadera. Las creencias son en muchos casos subconscientes, y afectan a la percepción que tenemos de nosotros mismos, de los demás y de las circunstancias que nos rodean. Están formadas por ideas globales (por ejemplo: “el tiempo es oro”, “la vida es bella”, “la gente es egoísta”, “sin dinero no eres nadie”), y por reglas ( “Si tengo ingresos fijos, entonces tendré seguridad”, “si hago deporte tendré más salud”), que adquirimos con ideas —transmitidas mediante nuestro proceso educativo y socializador— y con experiencias.

Por otra parte, las capacidades son las competencias que guían nuestros comportamientos,  y también se ven afectadas por nuestras creencias y valores. En este sentido, las creencias pueden ser potenciadoras o limitantes. Las primeras nos ayudan favoreciendo la confianza en nosotros mismos y en nuestras capacidades, permitiéndonos afrontar con éxito situaciones complejas. Las segundas nos restan energía y nos inhabilitan para afrontar determinadas situaciones. “Los hombres fracasan porque creen fracasar”, dice la frase.

Para conseguir un pleno control de nuestra vida, y un mayor grado de felicidad, debemos conocer cuáles son nuestras creencias esenciales, cambiar aquellas que nos está limitando y resolver los conflictos que pueden existir entre distintas creencias. Por esto es necesario que diseñemos e instalemos en nosotros unos valores y creencias que nos hagan fácil la vida, que nos permitan sentirnos felices independientemente de lo que nos suceda. Estos valores y creencias nos deben permitir disfrutar del viaje de nuestra existencia, además de ayudarnos a alcanzar las metas que consideremos importantes.

A través de nuestro sistema de creencias y valores darnos significado y coherencia a nuestro modelo del mundo, al que estamos profundamente vinculado. Sobre la base de nuestras creencias profundas y nuestros valores  —nuestra “programación”— interpretamos la realidad, pues actúan como filtros mentales, produciendo algo parecido a un “teñimiento”. Al final de este proceso, ya no vemos los hechos como son, sino como los vemos en nuestra mente, coloreados con nuestros valores, codificados con arreglo a unos patrones de los que no solemos ser conscientes.

Llamamos programación al conjunto de creencias y valores que nos llevan a crear unos patrones de conducta, unos hábitos más o menos automatizados con los que responder a los hechos del mundo exterior. Realmente, el ser humano sería inviable si, ante cada suceso, tuviera que detenerse a hacer reflexiones concienzudas para elegir la conducta más adecuada para responder, ya que nuestra vida sería imposible. Por una simple economía de esfuerzo, y porque no tenemos ni el tiempo necesario, ni la posibilidad de manejar todas las variables, optamos por automatizar y programar una serie de conductas, que se disparan automáticamente ante unos determinados estímulos, previamente preestablecidos, de la misma manera que se programa un ordenador.

Esta programación tiene como objeto conservar nuestra vida y nuestra identidad como personas. Si, por las razones que fueran, nuestras creencias son negativas y limitantes, la interpretación subsiguiente de la realidad adolecerá de estos mismos defectos, y pasaremos a ver el mundo como algo negativo que, inevitablemente, nos creará sufrimiento.

Ningún ser humano puede ver la realidad tal y como es, sino que lo que vemos de ella es justo lo que hemos proyectado. Filtrando la realidad a través de nuestros valores y creencias, nuestra mente llega a elaborar un “mapa” o “territorio” que, a pesar de ser una simple abstracción, un esquema operativo, confundimos con la verdadera realidad.

El proceso viene a seguir esta secuencia de acción: sucede un hecho allá afuera de nosotros; nuestros sentidos lo perciben, y no solamente los corporales, pues la mente funciona también como un órgano sensorial capaz de captar lo que no podemos percibir sensorialmente; la mente interpreta ese hecho, haciéndolo pasar a través de sus filtros, para adaptarlo a sus patrones de creencias, a sus esquemas predeterminados; esa interpretación va al sistema físico y emocional, y se produce una respuesta.

Esta idea es la que se trasluce en la famosa copla:

En este mundo traidor,

nada es verdad ni es mentira:

todo depende del color

del cristal con que se mira.

 

3.- El mecanismo de la sugestión

 

Esta deformación de la realidad que hacemos en nuestra mente es de capital importancia en nuestra tarea de entender la felicidad humana. Pues, si lo que nos hace reaccionar no es el hecho real, sino una vez que ha sido codificado e interpretado, ¿qué sucedería a una persona poseedora de esquemas mentales negativos, que contaminara los hechos con esa negatividad? Que sufriría de manera gratuita, y mucho más que alguien que tuviera en su mente creencias positivas; si, por el contrario, nuestras creencias son positivas, seremos capaces de interpretar la realidad de manera positiva, y seremos más felices.

Por ejemplo, ante el hecho real de que un coche va a atropellarnos sentimos miedo, y esta emoción dispara automáticamente un complejo sistema de defensa biológico que se expresa en una clara sintomatología corporal: descarga de adrenalina, aumento de los latidos del corazón, aumento de la presión sanguínea, hiperventilación, sequedad de boca, etc..., todo lo que se viene denominando “stress”.

Ahora bien, si nos imaginamos que un coche nos va a atropellar, aunque esta escena sólo tenga lugar en nuestra fantasía, la respuesta biológica es la misma, pues la mente instintiva funciona con la imagen que llega desde el cerebro hasta el hipotálamo, sin importarle si está o no basada en la realidad. Para el cuerpo, todo lo que está en nuestro cerebro y es procesado es lo único real.

Todos somos conscientes de que el pensamiento y la imagen preceden siempre a la acción.  Si nos decimos “Voy a hacer la comida”, este pensamiento, y la imagen correspondiente, son el primer paso para encaminarnos a la cocina a preparar alimentos. Siempre que hacemos algo, es porque lo hemos pensado previamente. Si, para nuestra tragedia, nos decimos cosas como: “Esto va a salir mal”, “Esta situación me va a enfermar”, “Me siento solo”, “Esta relación no va a salir bien”, “Seguro que no me dan el trabajo”… estaremos cavando nuestra fosa, y arrojándonos al abismo del sufrimiento innecesario.

    «Cuando se mantiene constantemente un pensamiento, se forma en la mente una especie de canal natural por el que corre  automáticamente la fuerza mental». (SWAMI SIVANANDA)

        Sugestión  se suele denominar este fenómeno de enviar imágenes al subconsciente. Éste no razona, no dialoga, no analiza las imágenes que le llegan para contrastar su verdad o su falsedad. Es una gigantesca computadora que procesa los datos que le aporta la mente consciente, poniendo manos a la obra para buscar cómo responder a los estímulos que le llegan. Funciona con imágenes y símbolos, más que con palabras. Si le llegan imágenes y pensamientos de limitación, de miedo, de fracaso, de baja autoestima, de desconfianza... en una palabra, si le enviamos ondas mentales negativas, nuestra energía se pondrá a trabajar para obedecer esas sugestiones, y el resultado final será inevitablemente el fracaso y la infelicidad.

        Lo más grave de estas interpretaciones negativas de la realidad no es sólo que nos hagan sufrir mientras imaginamos desastres y calamidades… Lo más terrible es que, después de haber sufrido interiormente, nuestras imaginaciones perturbadas acaban sucediendo en la realidad, ocasionándonos entonces más sufrimiento, según la ley expresada en las conocidas frases:  “Lo igual atrae a lo igual”, “si siembras arroz, cosecharás arroz”.

Si  tenemos la creencia profunda de que nadie nos valora, tenderemos a imaginarnos situaciones donde efectivamente no se produce esa valoración personal, hasta que, al debido tiempo, llegan a ser reales; si tenemos el esquema mental negativo de ser abandonados, imaginaremos sucesos donde somos abandonados… que acabarán por producirse en la realidad, por una simple ley de atracción; si creemos que en la vida no hay que pedir ayuda a nadie, que cada cual debe apañárselas solo, acabaremos realmente por padecer soledad.

El sistema de valores y creencias que tenemos es, pues, un factor esencial para la consecución de nuestra felicidad. Sin embargo, aunque este sistema se construye merced a un conjunto de elecciones y decisiones personales, está en buena parte influido por los valores y creencias dominantes que imperan en la sociedad y la cultura en la que viven los individuos. Esto es especialmente relevante en nuestra época, poseedora de unos medios de comunicación de masas poderosísimos que son capaces de influenciar decisivamente las conciencias individuales, hasta el punto de llevarlas a una completa alienación en la cual los individuos pierden sus identidades personales y asumen como propios los valores del entorno, sin que sean conscientes de esa usurpación y manipulación.  

Si vamos por la vida con un pesado equipaje hecho de baja autoestima, rencores y resentimientos, miedos y culpas, frustraciones, fracasos y traumas con que nos creamos creencias negativas que contaminan todo cuanto nos ocurre, llevaremos una existencia desgraciada. Sanear nuestra mente se convierte así en una labor de primera importancia, pues los problemas graves llegarán, y conviene que nos cojan bien entrenados en un modo de pensar positivo y optimista que nos ayude a salir airosos de las tribulaciones.

El siguiente cuento, uno de mis favoritos, titulado “una mujercita con suerte” ilustra perfectamente cómo una actitud mental positiva que sabe extraer lo bueno que encierra toda situación, aunque aparentemente sea dolorosa, es una plena garantía de suerte y felicidad.

Una mujer pobre tenía la costumbre de ir todas las mañanas a un bosque cercano a su casa para recoger leña, que luego vendía a sus vecinos. Cierto día, encontró bajo un roble un caldero viejo de latón, ya muy oxidado por la intemperie.

―¡Vaya, qué suerte! ―exclamó―. Tiene un agujero, y no me servirá para llevar agua, pero podré utilizarlo para plantar flores.

Tapó el caldero con su mantón y, cargándoselo al hombro, emprendió el camino hacia su humilde choza. Pero empezó a notar que el caldero iba pesando más y más, así que se sentó a descansar. Cuando puso el caldero en el suelo, vio con asombro que estaba lleno de monedas de oro.

―¡Qué suerte tengo! ―volvió a exclamar, llena de alegría―. Todas estas monedas para una pobre mujer como yo.

Mas pronto tuvo que volver a pararse. Desató el mantón para ver su tesoro y, entonces, se llevó otra sorpresa: el caldero lleno de oro se había convertido en un trozo de hierro.

―¡Qué suerte tan maravillosa! ―dijo―. ¿Qué iba a hacer una mujercita como yo con todas esas monedas de oro? Seguro que los ladrones me robarían todo. Por este trozo de hierro me ganaré unas cuantas monedas normales, que es todo lo que necesito para ir tirando.

Envolvió el trozo de hierro, y prosiguió su camino.

Cuando salió del bosque, volvió a sentarse, y decidió mirar otra vez en su mantón, por si el destino le había dado otra sorpresa. Y, en efecto, así era: el trozo de hierro se había convertido en una gran piedra.

―¡Vaya suerte que tengo hoy! ―dijo―. Esta piedra es lo que necesito para sujetar la puerta del jardín, que siempre golpea cuando hace viento.

En cuanto llegó a su casa, fue hacia la puerta del jardín y abrió el mantón para sacar la piedra. Mas, nada más desatar los nudos, una extraña criatura saltó fuera. Tenía una enorme cola con pelos de varios colores, unas orejas puntiagudas y unas patas largas y delgadísimas. La mujercita quedó maravillada al ver que la aparición daba tres vueltas alrededor y luego se alejaba bailando por el valle.

―¡Qué suerte tengo! ―exclamó―. Pensar que yo, una pobre mujercita, ha podido contemplar este maravilloso espectáculo... Estoy segura de que soy la pobre mujercita solitaria con más suerte del mundo entero.

Y se fue a la cama tan alegre como siempre. Y, según se cuenta, lo más curioso es que, desde aquel día, la suerte de esta pobre mujer cambió, y ya nunca más volvió a ser pobre ni solitaria.

 

4.- Conociendo nuestras creencias

 

    Al lado de cada frase, escribe SÍ o NO. Después, escribe el signo + si crees que la creencia es positiva —productora de bienestar y felicidad—, y un signo — si crees que se trata de una creencia errónea que nos produce infelicidad.

Cuando finalices, escribe aquellas creencias negativas que creas que están más presentes en tu vida, y que te causan más problemas. Al lado de cada una, escribe una creencia positiva que se oponga a la creencia limitante, y aquellas cosas que deberías hacer para que la idea positiva se encarne en tu vida.

 

1.- Nuestro valor como personas depende de cuanto consigamos y realicemos

·        Valemos por lo que tenemos, más que por lo que somos

·        Para ser feliz debemos tener muchos bienes materiales

·        Para que te respeten, tienes que ser un triunfador

·        No tenemos que privarnos de nada de lo que nos apetece

·        Cada cual tiene derecho a hacer lo que quiere

·        Si no tienes dinero, no eres nadie

 

2.- Hay que sentir miedo ante lo desconocido

·        El fracaso es horrible, y por eso lo mejor es procurar no emprender nada nuevo

·        Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer

·        Tenemos que hacer bien las cosas por amor a la obra en sí, no por miedo a fracasar

·        La seguridad completa no existe

·        Conviene tener siempre un plan para todo, para prevenir situaciones imprevistas

·        Hemos de procurar hacer casi siempre las mismas cosas de la misma manera, sin arriesgarse a cambiar

·        La verdadera seguridad está en nuestro interior

·        Hay que evitar relacionarse con la gente que no piensa como nosotros

·        Debemos tener un grupo lo más cerrado posible, para conseguir seguridad

·        Tenemos que cumplir las normas y convenciones sociales, para no buscarnos problemas

·        Es bueno estar apegados a nuestras cosas, nuestras ideas, nuestros amigos, etc.

·        El mundo está lleno de peligros, y no es un lugar seguro

·        Lo desconocido es una ocasión para aprender

 

3.- Es horrible cuando las personas y las cosas no son como uno quisiera

·        Cuando las cosas no se hacen a nuestra manera, no hay que pensar que los demás están equivocados

·        Nada ni nadie tiene la obligación de responder a nuestras exigencias

·        Debemos intervenir siempre cuando algo no funciona bien, para arreglarlo a nuestra manera

·        Hemos de convencer a los demás para que acepten nuestras opiniones

·        Los deseos y necesidades de los demás son tan legítimos como los nuestros

·        La causa de que no consigamos lo que queremos está casi siempre en los demás, o en algo de afuera

·        Eres fatalista: siempre que vas a hacer algo importante, temes que ocurra algo que te lo impida

·        Te quejas continuamente de tu mala suerte, cuando algo no sale como pretendías

·        Te impacientas y te pones nervioso cuando algo te contraría y encuentras obstáculos en lo que haces

·        Juzgas a los demás con arreglo a tus gustos y opiniones personales

·        Tenemos que aceptar a las personas y a los hechos como son

 

4.-La felicidad consiste en no tener problemas  

·        Ves con frecuencia el lado negativo de las cosas

·        Nuestra felicidad depende de las circunstancias externas, más que de nosotros mismos

·        No tenemos que aceptar nuestros defectos y limitaciones

·        Los problemas  y las dificultades nos ayudan a crecer

·        Lo mejor para ser feliz es tener sentido del humor

·        Eres pesimista y fatalista, creyendo que las cosas te van a salir mal generalmente

·        La causa de nuestra infelicidad está dentro de nosotros

·        Generalmente, damos demasiada importancia a nuestros problemas

·        La felicidad está en disfrutar las pequeñas cosas de la vida

·        Nadie tiene la obligación de hacernos felices

·        Si no existiera el dolor, tampoco existiría el placer

·        Cuando algo nos sale mal, debemos culparnos por haber fallado

·        En vez de lamentarnos, podemos afrontar los problemas de forma positiva

·        Debemos aceptar con paz lo que no podemos cambiar

·        Cuando las cosas salen mal, tenemos derecho a estar “depres”

·        Los problemas son parte de la vida, es imposible vivir sin ellos.

 

5.- Necesitamos la aprobación de los demás

·        Si alguien nos rechaza, es porque valemos poco como personas

·        Tenemos que buscar siempre agradar a los demás

·        Nuestro valor personal no depende de las valoraciones u opiniones de los demás

·        Hay que evitar como sea el conflicto y el desacuerdo con los demás

·        Tenemos que procurar evitar decir “no” a la gente

·        Debemos hacer favores siempre que nos lo pidan, aunque vaya contra nuestros intereses

·        Hay que ser siempre muy amable con los demás

·        Cambias tu manera de pensar cuando alguien no está de acuerdo con tus opiniones

·        Es imposible tener la aprobación de todo el  mundo

·        Dices con frecuencia “lo siento” y “perdón”

·        Tenemos que consultar todo lo que vas a hacer, pidiendo aprobación y consejo

·        Hemos de aceptar sin rechistar las injusticias que se nos hacen

·        La verdad es compleja, y admite distintos puntos de vista

·        Tenemos que procurar ser obedientes

·        Hay que ayudar siempre a los demás

·        No tenemos que agobiar a los demás con nuestras necesidades

·        Necesitamos que la gente valore las cosas que hacemos

·        No es bueno tener conflictos con los demás

·        Para vivir en sociedad tenemos que cumplir una serie de normas

·        El rechazo a lo que decimos o hacemos no supone que estén rechazando nuestra persona

 

6.- Está mal o es un error amarse a uno mismo

·        Por el simple hecho de ser personas, somos valiosos

·        Todas las personas merecen nuestra aceptación, aunque no nos gusten

·        Tenemos que aceptarnos como somos, con nuestras cosas buenas y menos buenas

·        Si te amas a ti mismo, serás capaz de amar a los demás

·        No está bien aceptar las alabanzas de los demás

·        Das el mérito a los demás, cuando en realidad eres tú quien lo mereces

·        Evitas regalarte y darte placeres, porque crees que no los mereces

·        Te crees inferior a los demás cuando no haces algo tan bien como otras personas

·        Amarse a uno mismo es soberbia y vanidad

·        Amarse a uno mismo quiere decir que tenemos que ir siempre a “nuestra bola”

 

7.- No podemos equivocarnos: tenemos que ser casi perfectos en todo lo que hacemos

·        Hay que dejar de hacer algo cuando encontramos dificultades en nuestro camino

·        El hacer es más importante que el triunfar

·        Es preciso excusarse cuando no hacemos algo correctamente

·        Sólo hay que hacer las cosas que hacemos bien

·        Nuestro valor como personas no depende de nuestra conducta

·        Nuestro talento es en gran parte resultado de las elecciones que hemos hecho en nuestra vida

·        Hacemos bien aquello que nos interesa

·        Tenemos el deber de desarrollarnos en esta vida todo lo que podamos

·        Tenemos derecho a fallar, y a equivocarnos

·        Lo que tú necesitas no tiene por qué suponer que se lo estás quitando a los demás

·        La perfección absoluta no existe: siempre hay una manera mejor de hacer algo

·        Planificas cuidadosamente lo que vas a hacer, para prevenir el más mínimo fallo

·        Nadie puede hacerlo todo bien, nadie es perfecto

·        Piensas demasiado en la valoración de los demás hacia lo que haces

·        No tenemos que transigir mucho con las equivocaciones de los demás

·        No estás nunca del todo satisfecho con lo que haces

·        Tenemos que demostrar nuestra valía comparándonos con los demás

·        Hay que procurar hacer las cosas mejores que los demás

·        Debemos sentirnos culpables cuando hacemos algo mal

·        Es mejor hacer algo, aunque no esté perfecto, que no hacerlo por temor a no hacerlo bien

 

8.- No tenemos control sobre lo que sentimos y experimentamos

·        Tenemos que aprender de nuestros errores en el pasado

·        La culpa es un sentimiento inútil

·        La causa de nuestros sentimientos y emociones está fuera de nosotros

·        No somos libres de elegir lo que sentimos

·        La única respuesta a un problema es el sufrimiento

·        Los sentimientos no son cosas que nos suceden, sino reacciones que elegimos tener

·        Podemos cambiar nuestras conductas negativas por otras más positivas

·        Tenemos control sobre lo que sentimos

·        Podemos elegir cómo comportarnos ante las cosas que nos pasan

·        Lo que sentimos depende de cómo interpretamos las cosas en nuestra mente

·        Si alguien nos rechaza, debemos sentirnos tristes

 

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