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Página extraída del libro EL SUFRIMIENTO: UN CAMINO A LA PLENITUD Laureano J. Benítez Grande-Caballero para pedidos de la obra, pulse aquí (Otras obras del autor en : http://sapiens.ya.com/laureben )
Principios de salud mental
1.-
La fuente de la felicidad «La
felicidad, a veces, es una bendición, pero generalmente es una conquista».
(PAULO COELHO) Está fuera de toda duda que el sentido de
la vida humana es la consecución de la felicidad, entendida como el bien
supremo que el hombre puede y debe alcanzar. Frente a la
creencia extendida de que la felicidad consiste en la ausencia de problemas, es
un hecho comprobado que, a pesar de que en nuestras sociedades de bienestar
disfrutamos de un desarrollo material sin precedentes que nos hace disponer de
bienes abundantes para satisfacer todas nuestras necesidades, se da la paradoja
de que este bienestar no ha producido un aumento significativo de nuestro nivel
de felicidad.
«Tener
todo para ser feliz no es, en manera alguna, una razón para serlo».
(JACQUE NORMAND)
La causa de esta aparente contradicción radica en que la
ideología materialista que impregna las sociedades desarrolladas, al
identificar la felicidad con el principio del placer, ha dado como resultado un
sistema de valores que, en su conjunto, es negativo para el desarrollo personal
y la felicidad humana: la competitividad, el egoísmo, la insolidaridad, el
consumismo, el materialismo, la evasión constante de nosotros mismos que nos
aliena, etc., se traducen generalmente en estrés, pérdida del sentido de la
vida, vacío y angustia existencial, enajenación de nosotros mismos que ahoga
la necesidad de trascendencia... infelicidad, en una palabra. Frente a esa ideología, todas las grandes tradiciones de pensamiento coinciden fundamentalmente a la hora de afirmar que la felicidad humana consiste en la práctica de la sabiduría, entendiendo ésta como aquel conocimiento que nos lleva a vivir y obrar bien, con el fin de conseguir el desarrollo integral de todas nuestras capacidades y lograr nuestra plena autorrealización, nuestra excelencia como seres humanos. Ahora
bien, ¿qué características debe tener una conducta para que pueda ser
considerada “sabia”, es decir, para que contribuya a nuestra felicidad? En
lo que se refiere a nuestro comportamiento externo —nuestra conducta con
nuestros semejantes—, obrar bien equivale a que nuestras acciones sean éticas,
es decir, que contribuyan al bienestar de nuestro entorno, sin dañar a nuestros
semejantes; en lo que respecta a nuestro comportamiento interno —entendido
como aquel que no afecta directamente a los demás, sino solamente a nosotros
mismos—, ese obrar bien hay que
entenderlo en el sentido de practicar conductas que nos ayuden a nuestro
desarrollo y nuestro crecimiento como personas, dentro de los principios de lo
que se viene llamando “mente positiva” o “salud mental”. Sanear la mente, mediante el proceso de practicar valores y creencias positivas productoras de felicidad, es el objetivo al que tienden las prácticas de autoayuda, basadas en el principio que afirma que la felicidad depende más de nuestra actitud mental que de las condiciones externas en las que se desenvuelve nuestra existencia. El bienestar es algo que hemos de elegir, en base a desarrollar una mente positiva que asuma la decisión de ver positividad en todo cuanto nos ocurra, independientemente de que eso sea algo “malo” o “bueno”.
«La felicidad es un cómo, no un qué; un talento, no un objeto». (HERMANN HESSE) «Que
tu vida sea alegre o triste, no depende de tu vida; depende de ti mismo».
(STEINBERG) Cada
acto humano es siempre el resultado de una elección entre varios posibles, de
una toma de decisión que se hace con arreglo a una escala de valores. Estos
valores son justamente aquellos bienes que queremos conseguir con nuestras
conductas, para realizar en nosotros el «bien supremo» de nuestra felicidad. La
salud mental —objetivo básico de las técnicas de autoayuda— consiste en
poseer un sistema de creencias y valores positivos que nos lleven a unas
conductas “sanas” productoras de felicidad. Repitiendo actos creamos hábitos, y, repitiendo hábitos,
llegamos a adquirir un carácter, un ethos, un modo ético de ser que, si está
constituido por valores positivos, nos llevará a la felicidad, sean cuales sean
las circunstancias externas de nuestra vida; si, por el contrario, esos valores
son negativos, nos llevarán a la infelicidad. «Repite un
pensamiento, y tendrás un acto; repite un acto, y
tendrás un hábito; repite un hábito, y
tendrás un carácter; repite un carácter,
y tendrás un destino: luego cuida tu
pensamiento de hoy, porque será el destino de mañana». En cuanto a la naturaleza de esos valores
positivos, tanto las tradiciones religiosas y filosóficas como la psicología
moderna son unánimes a la hora de descalificar el sistema de valores y
creencias basado en el placer egoísta, y también a la hora de proponer un código
ético, unas normas de conducta, unos principios, criterios y valores que deben
regir la vida humana para que ésta nos lleve a nuestra autorrealización como
personas: compromiso solidario, generosidad, desapego de los bienes materiales,
interioridad, amor, humildad, esfuerzo, sacrificio, tolerancia, paciencia, perdón,
cultivo de una mente positiva, aceptación, humildad, prudencia, autoestima,
serenidad, alegría, sensibilidad, desapego, ecuanimidad, etc... Este conjunto
de valores conforman un cuadro de “virtudes” —para decirlo con la palabra
tradicional— que son la base de la salud mental. «Practicar la virtud en la vida de ahora es conseguir la felicidad en la vida futura». (PROVERBIO CHINO)
«Saber
lo que hay que hacer es sabiduría: saber cómo hacerlo es inteligencia; hacerlo
es virtud». (D. S. JORDAN)
2.- Valores y creencias
La
salud mental afirma una verdad evidente: igual que hay pensamientos sanos y
pensamientos malsanos, hay conductas positivas que nos aportan felicidad, y
conductas erróneas que nos abocan al sufrimiento. Es decir, que, junto a un
correcto modo de pensar, debemos practicar un correcto modo de actuar. Pero
es un hecho evidente que el pensamiento y la conducta están íntimamente
unidos. Según
los principios de la salud mental, toda conducta —incluyendo los
comportamientos internos o mentales previos a los comportamientos externos— es
una acción que tiene una intencionalidad, una motivación, que apunta a la
consecución de algo: por un lado, con nuestras acciones pretendemos justificar
y demostrar nuestras creencias; por otra parte, el fin último de nuestras
conductas es conseguir un determinado valor, un bien que juzgamos importante
para nuestro bienestar y nuestra felicidad. Un
valor designa un estado al que damos importancia y que tiene una cierta jerarquía
dentro de las cosas que nos agradan. Por ejemplo: éxito, seguridad, amor,
felicidad, salud, amistad, riqueza, prestigio, etc. Una
creencia es un sentimiento de certeza sobre el significado de algo. Es una
afirmación personal que consideramos verdadera. Las creencias son en muchos
casos subconscientes, y afectan a la percepción que tenemos de nosotros mismos,
de los demás y de las circunstancias que nos rodean. Están formadas por ideas
globales (por ejemplo: “el tiempo es oro”, “la vida es bella”, “la
gente es egoísta”, “sin dinero no eres nadie”), y por reglas ( “Si
tengo ingresos fijos, entonces tendré seguridad”, “si hago deporte tendré
más salud”), que adquirimos con ideas —transmitidas mediante nuestro
proceso educativo y socializador— y con experiencias. Por
otra parte, las capacidades son las competencias que guían nuestros
comportamientos, y también se ven
afectadas por nuestras creencias y valores. En este sentido, las creencias
pueden ser potenciadoras o limitantes. Las primeras nos ayudan favoreciendo la
confianza en nosotros mismos y en nuestras capacidades, permitiéndonos afrontar
con éxito situaciones complejas. Las segundas nos restan energía y nos
inhabilitan para afrontar determinadas situaciones. “Los hombres fracasan
porque creen fracasar”, dice la frase. Para
conseguir un pleno control de nuestra vida, y un mayor grado de felicidad,
debemos conocer cuáles son nuestras creencias esenciales, cambiar aquellas que
nos está limitando y resolver los conflictos que pueden existir entre distintas
creencias. Por esto es necesario que diseñemos e instalemos en nosotros unos
valores y creencias que nos hagan fácil la vida, que nos permitan sentirnos
felices independientemente de lo que nos suceda. Estos valores y creencias nos
deben permitir disfrutar del viaje de nuestra existencia, además de ayudarnos a
alcanzar las metas que consideremos importantes. A
través de nuestro sistema de creencias y valores darnos significado y
coherencia a nuestro modelo del mundo, al que estamos profundamente vinculado.
Sobre la base de nuestras creencias profundas y nuestros valores
—nuestra “programación”— interpretamos la realidad, pues actúan
como filtros mentales, produciendo algo parecido a un “teñimiento”. Al
final de este proceso, ya no vemos los hechos como son, sino como los vemos en
nuestra mente, coloreados con nuestros valores, codificados con arreglo a unos
patrones de los que no solemos ser conscientes. Llamamos
programación al conjunto de creencias y valores que nos llevan a crear unos
patrones de conducta, unos hábitos más o menos automatizados con los que
responder a los hechos del mundo exterior. Realmente, el ser humano sería
inviable si, ante cada suceso, tuviera que detenerse a hacer reflexiones
concienzudas para elegir la conducta más adecuada para responder, ya que
nuestra vida sería imposible. Por una simple economía de esfuerzo, y porque no
tenemos ni el tiempo necesario, ni la posibilidad de manejar todas las
variables, optamos por automatizar y programar una serie de conductas, que se
disparan automáticamente ante unos determinados estímulos, previamente
preestablecidos, de la misma manera que se programa un ordenador. Esta
programación tiene como objeto conservar nuestra vida y nuestra identidad como
personas. Si, por las razones que fueran, nuestras creencias son negativas y
limitantes, la interpretación subsiguiente de la realidad adolecerá de estos
mismos defectos, y pasaremos a ver el mundo como algo negativo que,
inevitablemente, nos creará sufrimiento. Ningún
ser humano puede ver la realidad tal y como es, sino que lo que vemos de ella es
justo lo que hemos proyectado. Filtrando la realidad a través de nuestros
valores y creencias, nuestra mente llega a elaborar un “mapa” o
“territorio” que, a pesar de ser una simple abstracción, un esquema
operativo, confundimos con la verdadera realidad. El
proceso viene a seguir esta secuencia de acción: sucede un hecho allá afuera
de nosotros; nuestros sentidos lo perciben, y no solamente los corporales, pues
la mente funciona también como un órgano sensorial capaz de captar lo que no
podemos percibir sensorialmente; la mente interpreta ese hecho, haciéndolo
pasar a través de sus filtros, para adaptarlo a sus patrones de creencias, a
sus esquemas predeterminados; esa interpretación va al sistema físico y
emocional, y se produce una respuesta. Esta
idea es la que se trasluce en la famosa copla: En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira: todo depende del color del cristal con que se mira.
3.- El mecanismo de la sugestión
Esta
deformación de la realidad que hacemos en nuestra mente es de capital
importancia en nuestra tarea de entender la felicidad humana. Pues, si lo que
nos hace reaccionar no es el hecho real, sino una vez que ha sido codificado e
interpretado, ¿qué sucedería a una persona poseedora de esquemas mentales
negativos, que contaminara los hechos con esa negatividad? Que sufriría de
manera gratuita, y mucho más que alguien que tuviera en su mente creencias
positivas; si, por el contrario, nuestras creencias son positivas, seremos
capaces de interpretar la realidad de manera positiva, y seremos más felices. Por
ejemplo, ante el hecho real de que un coche va a atropellarnos sentimos miedo, y
esta emoción dispara automáticamente un complejo sistema de defensa biológico
que se expresa en una clara sintomatología corporal: descarga de adrenalina,
aumento de los latidos del corazón, aumento de la presión sanguínea,
hiperventilación, sequedad de boca, etc..., todo lo que se viene denominando
“stress”. Ahora
bien, si nos imaginamos que un coche nos va a atropellar, aunque esta escena sólo
tenga lugar en nuestra fantasía, la respuesta biológica es la misma, pues la
mente instintiva funciona con la imagen que llega desde el cerebro hasta el
hipotálamo, sin importarle si está o no basada en la realidad. Para el cuerpo,
todo lo que está en nuestro cerebro y es procesado es lo único real. Todos
somos conscientes de que el pensamiento y la imagen preceden siempre a la acción.
Si nos decimos “Voy a hacer la comida”, este pensamiento, y la imagen
correspondiente, son el primer paso para encaminarnos a la cocina a preparar
alimentos. Siempre que hacemos algo, es porque lo hemos pensado previamente. Si,
para nuestra tragedia, nos decimos cosas como: “Esto va a salir mal”,
“Esta situación me va a enfermar”, “Me siento solo”, “Esta relación
no va a salir bien”, “Seguro que no me dan el trabajo”… estaremos
cavando nuestra fosa, y arrojándonos al abismo del sufrimiento innecesario.
«Cuando se mantiene constantemente un pensamiento, se
forma en la mente una especie de canal natural por el que corre automáticamente
la fuerza mental».
(SWAMI
SIVANANDA)
Sugestión
se suele denominar este fenómeno de enviar imágenes al subconsciente.
Éste no razona, no dialoga, no analiza las imágenes que le llegan para
contrastar su verdad o su falsedad. Es una gigantesca computadora que procesa
los datos que le aporta la mente consciente, poniendo manos a la obra para
buscar cómo responder a los estímulos que le llegan. Funciona con imágenes y
símbolos, más que con palabras. Si le llegan imágenes y pensamientos de
limitación, de miedo, de fracaso, de baja autoestima, de desconfianza... en una
palabra, si le enviamos ondas mentales negativas, nuestra energía se pondrá a
trabajar para obedecer esas sugestiones, y el resultado final será
inevitablemente el fracaso y la infelicidad.
Lo
más grave de estas interpretaciones negativas de la realidad no es sólo que
nos hagan sufrir mientras imaginamos desastres y calamidades… Lo más terrible
es que, después de haber sufrido interiormente, nuestras imaginaciones
perturbadas acaban sucediendo en la realidad, ocasionándonos entonces más
sufrimiento, según la ley expresada en las conocidas frases:
“Lo igual atrae a lo igual”, “si siembras arroz, cosecharás
arroz”. Si tenemos la creencia profunda de que nadie nos valora,
tenderemos a imaginarnos situaciones donde efectivamente no se produce esa
valoración personal, hasta que, al debido tiempo, llegan a ser reales; si
tenemos el esquema mental negativo de ser abandonados, imaginaremos sucesos
donde somos abandonados… que acabarán por producirse en la realidad, por una
simple ley de atracción; si creemos que en la vida no hay que pedir ayuda a
nadie, que cada cual debe apañárselas solo, acabaremos realmente por padecer
soledad. El
sistema de valores y creencias que tenemos es, pues, un factor esencial para la
consecución de nuestra felicidad. Sin embargo, aunque este sistema se construye
merced a un conjunto de elecciones y decisiones personales, está en buena parte
influido por los valores y creencias dominantes que imperan en la sociedad y la
cultura en la que viven los individuos. Esto es especialmente relevante en
nuestra época, poseedora de unos medios de comunicación de masas poderosísimos
que son capaces de influenciar decisivamente las conciencias individuales, hasta
el punto de llevarlas a una completa alienación en la cual los individuos
pierden sus identidades personales y asumen como propios los valores del
entorno, sin que sean conscientes de esa usurpación y manipulación. Si
vamos por la vida con un pesado equipaje hecho de baja autoestima, rencores y
resentimientos, miedos y culpas, frustraciones, fracasos y traumas con que nos
creamos creencias negativas que contaminan todo cuanto nos ocurre, llevaremos
una existencia desgraciada. Sanear nuestra mente se convierte así en una labor
de primera importancia, pues los problemas graves llegarán, y conviene que nos
cojan bien entrenados en un modo de pensar positivo y optimista que nos ayude a
salir airosos de las tribulaciones. El
siguiente cuento, uno de mis favoritos, titulado “una mujercita con suerte”
ilustra perfectamente cómo una actitud mental positiva que sabe extraer lo
bueno que encierra toda situación, aunque aparentemente sea dolorosa, es una
plena garantía de suerte y felicidad. Una
mujer pobre tenía la costumbre de ir todas las mañanas a un bosque cercano a
su casa para recoger leña, que luego vendía a sus vecinos. Cierto día,
encontró bajo un roble un caldero viejo de latón, ya muy oxidado por la
intemperie. ―¡Vaya,
qué suerte! ―exclamó―. Tiene un agujero, y no me servirá para
llevar agua, pero podré utilizarlo para plantar flores. Tapó
el caldero con su mantón y, cargándoselo al hombro, emprendió el camino hacia
su humilde choza. Pero empezó a notar que el caldero iba pesando más y más,
así que se sentó a descansar. Cuando puso el caldero en el suelo, vio con
asombro que estaba lleno de monedas de oro. ―¡Qué
suerte tengo! ―volvió a exclamar, llena de alegría―. Todas estas
monedas para una pobre mujer como yo. Mas
pronto tuvo que volver a pararse. Desató el mantón para ver su tesoro y,
entonces, se llevó otra sorpresa: el caldero lleno de oro se había convertido
en un trozo de hierro. ―¡Qué
suerte tan maravillosa! ―dijo―. ¿Qué iba a hacer una mujercita
como yo con todas esas monedas de oro? Seguro que los ladrones me robarían
todo. Por este trozo de hierro me ganaré unas cuantas monedas normales, que es
todo lo que necesito para ir tirando. Envolvió
el trozo de hierro, y prosiguió su camino. Cuando
salió del bosque, volvió a sentarse, y decidió mirar otra vez en su mantón,
por si el destino le había dado otra sorpresa. Y, en efecto, así era: el trozo
de hierro se había convertido en una gran piedra. ―¡Vaya
suerte que tengo hoy! ―dijo―. Esta piedra es lo que necesito para
sujetar la puerta del jardín, que siempre golpea cuando hace viento. En
cuanto llegó a su casa, fue hacia la puerta del jardín y abrió el mantón
para sacar la piedra. Mas, nada más desatar los nudos, una extraña criatura
saltó fuera. Tenía una enorme cola con pelos de varios colores, unas orejas
puntiagudas y unas patas largas y delgadísimas. La mujercita quedó maravillada
al ver que la aparición daba tres vueltas alrededor y luego se alejaba bailando
por el valle. ―¡Qué
suerte tengo! ―exclamó―. Pensar que yo, una pobre mujercita, ha
podido contemplar este maravilloso espectáculo... Estoy segura de que soy la
pobre mujercita solitaria con más suerte del mundo entero. Y se fue a la cama tan alegre como siempre. Y, según se cuenta, lo más curioso es que, desde aquel día, la suerte de esta pobre mujer cambió, y ya nunca más volvió a ser pobre ni solitaria.
4.- Conociendo nuestras creencias
Al lado de cada frase, escribe SÍ o NO. Después,
escribe el signo + si crees que la creencia es positiva —productora de bienestar
y felicidad—, y un signo — si crees que se trata de una creencia errónea que nos
produce infelicidad.
Cuando
finalices, escribe aquellas creencias negativas que creas que están más
presentes en tu vida, y que te causan más problemas. Al lado de cada una,
escribe una creencia positiva que se oponga a la creencia limitante, y aquellas
cosas que deberías hacer para que la idea positiva se encarne en tu vida.
1.- Nuestro valor como personas depende de cuanto consigamos y
realicemos
·
Valemos
por lo que tenemos, más que por lo que somos
·
Para ser
feliz debemos tener muchos bienes materiales
·
Para que
te respeten, tienes que ser un triunfador
·
No tenemos
que privarnos de nada de lo que nos apetece
·
Cada cual
tiene derecho a hacer lo que quiere
·
Si no
tienes dinero, no eres nadie
2.- Hay que sentir miedo ante lo desconocido
·
El fracaso
es horrible, y por eso lo mejor es procurar no emprender nada nuevo
·
Más vale
lo malo conocido que lo bueno por conocer
·
Tenemos
que hacer bien las cosas por amor a la obra en sí, no por miedo a fracasar
·
La
seguridad completa no existe
·
Conviene
tener siempre un plan para todo, para prevenir situaciones imprevistas
·
Hemos de
procurar hacer casi siempre las mismas cosas de la misma manera, sin arriesgarse
a cambiar
·
La
verdadera seguridad está en nuestro interior
·
Hay que
evitar relacionarse con la gente que no piensa como nosotros
·
Debemos
tener un grupo lo más cerrado posible, para conseguir seguridad
·
Tenemos
que cumplir las normas y convenciones sociales, para no buscarnos problemas
·
Es bueno
estar apegados a nuestras cosas, nuestras ideas, nuestros amigos, etc.
·
El mundo
está lleno de peligros, y no es un lugar seguro
·
Lo
desconocido es una ocasión para aprender
3.- Es horrible cuando las personas y las cosas no son como uno
quisiera
·
Cuando las
cosas no se hacen a nuestra manera, no hay que pensar que los demás están
equivocados
·
Nada ni
nadie tiene la obligación de responder a nuestras exigencias
·
Debemos
intervenir siempre cuando algo no funciona bien, para arreglarlo a nuestra
manera
·
Hemos de
convencer a los demás para que acepten nuestras opiniones
·
Los deseos
y necesidades de los demás son tan legítimos como los nuestros
·
La causa
de que no consigamos lo que queremos está casi siempre en los demás, o en algo
de afuera
·
Eres
fatalista: siempre que vas a hacer algo importante, temes que ocurra algo que te
lo impida
·
Te quejas
continuamente de tu mala suerte, cuando algo no sale como pretendías
·
Te
impacientas y te pones nervioso cuando algo te contraría y encuentras obstáculos
en lo que haces
·
Juzgas a
los demás con arreglo a tus gustos y opiniones personales
·
Tenemos
que aceptar a las personas y a los hechos como son
4.-La felicidad consiste en no tener problemas
·
Ves con
frecuencia el lado negativo de las cosas
·
Nuestra
felicidad depende de las circunstancias externas, más que de nosotros mismos
·
No tenemos
que aceptar nuestros defectos y limitaciones
·
Los
problemas y las dificultades nos ayudan a crecer
·
Lo mejor
para ser feliz es tener sentido del humor
·
Eres
pesimista y fatalista, creyendo que las cosas te van a salir mal generalmente
·
La causa
de nuestra infelicidad está dentro de nosotros
·
Generalmente, damos demasiada importancia a nuestros problemas
·
La
felicidad está en disfrutar las pequeñas cosas de la vida
·
Nadie
tiene la obligación de hacernos felices
·
Si no
existiera el dolor, tampoco existiría el placer
·
Cuando
algo nos sale mal, debemos culparnos por haber fallado
·
En vez de
lamentarnos, podemos afrontar los problemas de forma positiva
·
Debemos
aceptar con paz lo que no podemos cambiar
·
Cuando las
cosas salen mal, tenemos derecho a estar “depres”
·
Los
problemas son parte de la vida, es imposible vivir sin ellos.
5.- Necesitamos la aprobación de los demás
·
Si alguien
nos rechaza, es porque valemos poco como personas
·
Tenemos
que buscar siempre agradar a los demás
·
Nuestro
valor personal no depende de las valoraciones u opiniones de los demás
·
Hay que
evitar como sea el conflicto y el desacuerdo con los demás
·
Tenemos
que procurar evitar decir “no” a la gente
·
Debemos
hacer favores siempre que nos lo pidan, aunque vaya contra nuestros intereses
·
Hay que
ser siempre muy amable con los demás
·
Cambias tu
manera de pensar cuando alguien no está de acuerdo con tus opiniones
·
Es
imposible tener la aprobación de todo el mundo
·
Dices con
frecuencia “lo siento” y “perdón”
·
Tenemos
que consultar todo lo que vas a hacer, pidiendo aprobación y consejo
·
Hemos de
aceptar sin rechistar las injusticias que se nos hacen
·
La verdad
es compleja, y admite distintos puntos de vista
·
Tenemos
que procurar ser obedientes
·
Hay que
ayudar siempre a los demás
·
No tenemos
que agobiar a los demás con nuestras necesidades
·
Necesitamos que la gente valore las cosas que hacemos
·
No es
bueno tener conflictos con los demás
·
Para vivir
en sociedad tenemos que cumplir una serie de normas
·
El rechazo
a lo que decimos o hacemos no supone que estén rechazando nuestra persona
6.- Está mal o es un error amarse a uno mismo
·
Por el
simple hecho de ser personas, somos valiosos
·
Todas las
personas merecen nuestra aceptación, aunque no nos gusten
·
Tenemos
que aceptarnos como somos, con nuestras cosas buenas y menos buenas
·
Si te amas
a ti mismo, serás capaz de amar a los demás
·
No está
bien aceptar las alabanzas de los demás
·
Das el
mérito a los demás, cuando en realidad eres tú quien lo mereces
·
Evitas
regalarte y darte placeres, porque crees que no los mereces
·
Te crees
inferior a los demás cuando no haces algo tan bien como otras personas
·
Amarse a
uno mismo es soberbia y vanidad
·
Amarse a
uno mismo quiere decir que tenemos que ir siempre a “nuestra bola”
7.- No podemos
equivocarnos: tenemos que ser casi perfectos en todo lo que hacemos
·
Hay que
dejar de hacer algo cuando encontramos dificultades en nuestro camino
·
El hacer
es más importante que el triunfar
·
Es preciso
excusarse cuando no hacemos algo correctamente
·
Sólo hay
que hacer las cosas que hacemos bien
·
Nuestro
valor como personas no depende de nuestra conducta
·
Nuestro
talento es en gran parte resultado de las elecciones que hemos hecho en nuestra
vida
·
Hacemos
bien aquello que nos interesa
·
Tenemos el
deber de desarrollarnos en esta vida todo lo que podamos
·
Tenemos
derecho a fallar, y a equivocarnos
·
Lo que tú
necesitas no tiene por qué suponer que se lo estás quitando a los demás
·
La
perfección absoluta no existe: siempre hay una manera mejor de hacer algo
·
Planificas
cuidadosamente lo que vas a hacer, para prevenir el más mínimo fallo
·
Nadie
puede hacerlo todo bien, nadie es perfecto
·
Piensas
demasiado en la valoración de los demás hacia lo que haces
·
No tenemos
que transigir mucho con las equivocaciones de los demás
·
No estás
nunca del todo satisfecho con lo que haces
·
Tenemos
que demostrar nuestra valía comparándonos con los demás
·
Hay que
procurar hacer las cosas mejores que los demás
·
Debemos
sentirnos culpables cuando hacemos algo mal
·
Es mejor
hacer algo, aunque no esté perfecto, que no hacerlo por temor a no hacerlo bien
8.- No tenemos control sobre lo que sentimos y experimentamos
·
Tenemos
que aprender de nuestros errores en el pasado
·
La culpa
es un sentimiento inútil
·
La causa
de nuestros sentimientos y emociones está fuera de nosotros
·
No somos
libres de elegir lo que sentimos
·
La única
respuesta a un problema es el sufrimiento
·
Los
sentimientos no son cosas que nos suceden, sino reacciones que elegimos tener
·
Podemos
cambiar nuestras conductas negativas por otras más positivas
·
Tenemos
control sobre lo que sentimos
·
Podemos
elegir cómo comportarnos ante las cosas que nos pasan
·
Lo que
sentimos depende de cómo interpretamos las cosas en nuestra mente · Si alguien nos rechaza, debemos sentirnos tristes
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