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El arca de la sabiduría (Textos con valores y técnicas para el crecimiento personal) Laureano J. Benítez Grande-Caballero
on the beach, ©http://faerienymph.deviantart.com
El arca de la sabiduría «Nunca
como ahora hubo en la historia de la humanidad una necesidad tan urgente de
exaltación de los valores espirituales. Muchas cosas magníficas se han
realizado en este siglo de cara al bienestar del ser humano. Pero, curiosamente,
parece haberse olvidado que nuestro bienestar depende básicamente de nuestra
sabiduría y actitud espirituales. Es debido al no reconocimiento pleno de este
hecho el que podamos ver cómo el mundo actual se encuentra inmerso en un
ambiente putrefacto de odio y violencia, de miedo y falsedad». (D. T. Suzuki, Budismo zen) «El arca de la sabiduría» es un proyecto de crecimiento personal basado en un conjunto de antologías
que recogen textos con valores (cuentos, fábulas, sentencias, poemas, etc.) y técnicas
de crecimiento personal y espiritual (relajación, sanación emocional, meditación,
oración...). Su objetivo último es favorecer el crecimiento personal y el
desarrollo espiritual a través
del desarrollo de una mente sana, la práctica de unas conductas éticas, y el
cultivo de la vida interior, abriendo nuestra vida al Ser Interno que somos
esencialmente. No presentamos ningún camino personal ni original, ya que los textos y técnicas que recogemos pertenecen a diversas tradiciones espirituales (taoísmo, budismo, yoga, cristianismo, sufismo, judaísmo), filosóficas, culturales y psicológicas. Este conjunto de textos y técnicas
viene a conformar una especie de “arca de Noé”, donde se recoge la sabiduría
que las diversas tradiciones culturales y espirituales han legado al desarrollo
del ser humano, un riquísimo patrimonio ético y espiritual formado por
aquellos valores, creencias, conductas y principios que la tradición proclama
como necesarios para la consecución de la felicidad. La idea de “arca”
no se refiere sólo al planteamiento del proyecto como una
antología, sino que también apunta a un horizonte “ecológico”: la
presente obra pretende conservar para la posteridad y transmitir como herencia a
las generaciones futuras un rico patrimonio espiritual de la humanidad que corre
riesgo de perderse en estos tiempos materialistas y relativistas que vivimos. La
fuente de la felicidad «La
felicidad, a veces, es una bendición, pero generalmente es una conquista».
(PAULO COELHO)
Está fuera de toda duda que el sentido de la vida
humana es la consecución de la felicidad, entendida como el bien supremo que
el hombre puede y debe alcanzar.
Frente a la creencia extendida de que la felicidad
consiste en la ausencia de problemas, es un hecho comprobado que, a pesar de que
en nuestras sociedades de bienestar disfrutamos de un desarrollo material sin
precedentes que nos hace disponer de bienes abundantes ---para satisfacer todas
nuestras necesidades, se da la paradoja de que este bienestar no ha producido un
aumento significativo de nuestro nivel de felicidad. «Tener
todo para ser feliz no es, en manera alguna, una razón para serlo».
(JACQUE NORMAND) La causa de esta aparente contradicción radica en que la
ideología materialista que impregna las sociedades desarrolladas, al
identificar la felicidad con el principio del placer, ha dado como resultado un
sistema de valores que, en su conjunto, es negativo para el desarrollo personal
y la felicidad humana: la competitividad, el egoísmo, la insolidaridad, el
consumismo, el materialismo, la evasión constante de nosotros mismos que nos
aliena, etc., se traducen generalmente en estrés, pérdida del sentido de la
vida, vacío y angustia existencial, enajenación de nosotros mismos que ahoga
la necesidad de trascendencia... infelicidad, en una palabra. Frente a esa ideología, todas las grandes tradiciones de pensamiento coinciden fundamentalmente a la hora de afirmar que la felicidad humana consiste en la práctica de la sabiduría, entendiendo ésta como aquel conocimiento que nos lleva a vivir y obrar bien, con el fin de conseguir el desarrollo integral de todas nuestras capacidades y lograr nuestra plena autorrealización, nuestra excelencia como seres humanos. Ahora bien, ¿qué
características debe tener una conducta para que pueda ser considerada
“sabia”, es decir, para que contribuya a nuestra felicidad? En lo que se
refiere a nuestro comportamiento externo —nuestra conducta con nuestros
semejantes—, obrar bien equivale a que nuestras acciones sean éticas, es
decir, que contribuyan al bienestar de nuestro entorno, sin dañar a nuestros
semejantes; en lo que respecta a nuestro comportamiento interno —entendido
como aquel que no afecta directamente a los demás, sino solamente a nosotros
mismos—, ese obrar bien hay que
entenderlo en el sentido de practicar conductas que nos ayuden a nuestro
desarrollo y nuestro crecimiento como personas, dentro de los principios de lo
que se viene llamando “mente positiva” o “salud mental”. Sanear la mente,
mediante el proceso de practicar valores y creencias positivas productoras de
felicidad, es el objetivo al que tienden las prácticas de autoayuda, basadas en
el principio que afirma que la felicidad depende más de nuestra actitud mental
que de las condiciones externas en las que se desenvuelve nuestra existencia. El
bienestar es algo que hemos de elegir, en base a desarrollar una mente positiva
que asuma la decisión de ver positividad en todo cuanto nos ocurra,
independientemente de que eso sea algo “malo” o “bueno”.
«La felicidad es un cómo, no un qué; un
talento, no un objeto». (HERMANN
HESSE) «Que tu vida sea alegre o triste, no depende de tu vida; depende de ti mismo». (STEINBERG)
«Practicar la virtud en la vida de ahora es conseguir la felicidad en la vida futura». (PROVERBIO CHINO) En cuanto a la naturaleza de esos valores
positivos, tanto las tradiciones religiosas y filosóficas como la psicología
moderna son unánimes a la hora de descalificar el sistema de valores y
creencias basado en el placer egoísta, y también a la hora de proponer un código
ético, unas normas de conducta, unos principios, criterios y valores que deben
regir la vida humana para que ésta nos lleve a nuestra autorrealización como
personas: compromiso solidario, generosidad, desapego de los bienes materiales,
interioridad, amor, humildad, esfuerzo, sacrificio, tolerancia, paciencia, perdón,
cultivo de una mente positiva, aceptación, humildad, prudencia, autoestima,
serenidad, alegría, sensibilidad, desapego, ecuanimidad, etc... Este conjunto
de valores conforman un cuadro de “virtudes” —para decirlo con la palabra
tradicional— que son la base de la salud mental. «Saber
lo que hay que hacer es sabiduría: saber cómo hacerlo es inteligencia; hacerlo
es virtud». (D. S. JORDAN) «Practicar la virtud en la vida de ahora es
conseguir la felicidad en la vida futura». (REFRÁN CHINO) Según la “tradición
perenne” nuestra auténtica felicidad radica en el desarrollo de la dimensión
más elevada del ser humano, la cual reside en nuestro Ser Interno, en el Yo
Superior que mora en nuestro corazón, como una chispa emanada de Dios, que
refleja la conciencia-alegría-beatitud —sat-chit-ananda—
del Absoluto. Ahora bien, para realizar en nosotros la conciencia divina es
necesario seguir lo que el hinduismo llama una sádhana, —término que
puede traducirse como “camino espiritual”—, lo cual quiere decir que es
preciso vivir de acuerdo a unos principios y valores que estén en consonancia
con ese Ser interno de naturaleza divina que somos. Abrirse a ese Ser Interno, fuente de sabiduría y felicidad, es, pues, la actividad más importante que podemos acometer en nuestra vida... la única importante, para ser más exactos. La meditación —incluyendo en ella la oración contemplativa—, llave de esa apertura de nuestra interioridad, se convierte de este modo en la actividad más específicamente humana, aquella que expresa con la mayor excelencia lo que somos, el único modo de ser al que podemos llamar propiamente humano. Y conocer y contactar con nuestro Ser Interno es la auténtica sabiduría y felicidad que podemos encontrar en este mundo. «En occidente, el alma del hombre se preocupa principalmente de
extenderse hacia el exterior. Su campo de acción es la pugna por el poder. Sus
preferencias se inclinan decididamente hacia el mundo de la extensión, dejando
de lado, e incluso negando completamente, el dominio de la conciencia interna.
El hombre pierde entonces su perspectiva interior, su conexión con el ser
interno. Juzga de su actividad por su propio movimiento, y no por la serenidad
de la perfección, no por el reposo que existe en la bóveda estrellada, en la rítmica
danza de la incesante creación... Prende fuego a su existencia, y danza
locamente a la luz del incendio». (Rabindranath Tagore) «El
hombre recorre todo el mundo en busca de aquello que le interesa; después
vuelve a casa, y lo encuentra allí». (G.
Moore) «Si un hombre se encuentra a sí mismo, posee una
mansión en donde morará con dignidad todos los días de su vida». (Deborah
Tañen) «Sólo
el conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento». (Sócrates)
«Cuando no encontramos satisfacción en nosotros mismos, es inútil buscarla en otra parte». (L. Rochefoucauld) «Buscas la alegría en torno a ti y en el mundo. ¿No sabes que sólo
nace en el fondo de tu corazón?» (Rabindranath
Tagore)
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