Página extraída del libro
LA
MEJORA DEL ALUMNADO Y EL GRUPO
A TRAVÉS DE LA RELAJACIÓN EN EL AULA
Laureano J. Benítez Grande-Caballero, Barcelona, CISS- PRAXIS, 2001
para pedidos de la obra: www.praxis.es
(Otras obras del autor en : http://sapiens.ya.com/laureben )
Un oasis de paz:
MEMORIA DE LA EXPERIENCIA
El proyecto educativo "La Relajación en el aula" ha sido desarrollado por el autor a lo largo de 15 años de su práctica docente en distintos centros de enseñanza de Educación Primaria y Secundaria pertenecientes a distintas CC.AA de España (Andalucía, Canarias y Castilla-La Mancha),
La experiencia innovadora la inicié con alumnos de Enseñanza Primaria, en Arcos de la Frontera (Cádiz), durante el curso 1988-1989. Más tarde, la realicé en el Colegio de Educación General Básica de Icod el Alto (Tenerife, Islas Canarias), y en el CEIP "Tomás Romojaro" de Fuensalida (provincia de Toledo). En el año 1994 me incorporé a Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria, y continué con la experiencia en el IES "Fuensalida" (Fuensalida, provincia de Toledo).
Aunque el proyecto estaba inicialmente diseñado para los alumnos de Primaria, he comprobado que puede aplicarse también con éxito en los distintos niveles de Secundaria, con las adaptaciones pertinentes.
A lo largo de estos años he ido modificando y mejorando el proyecto. El trabajo realizado a lo largo de estos años me ha permitido llegar a una serie de reflexiones y conclusiones que me han servido para ir mejorando el proyecto inicial, a partir de la experiencia que me proporcionaba su práctica. Las conclusiones fundamentales serían las siguientes:
En primer lugar, la práctica me ha convencido de que los ejercicios de relajación son operativos con todo tipo de alumnos, de cualquier edad y nivel. Y, como explicaré más adelante, he comprobado que, salvada la novedad de unas prácticas que los alumnos al comienzo consideran como un "recreo", la mayoría encuentran un verdadero gusto en realizarlas, aunque sea por el mero hecho de parar durante unos momentos las engorrosas tareas escolares para descansar un rato. En el fondo, ¿no es éste es el verdadero objetivo de toda práctica de relajación?.
Esto vale incluso para aquellos cursos que los profesores solemos considerar de "malos", aquellos con alumnos indisciplinados y levantiscos, que presentan problemas escolares, de disciplina, o de ambas cosas a la vez. Baste decir que he llegado a realizar sesiones con estos cursos que suelen ser el "terror" de los profesores durante horas de guardia, y el resultado siempre ha sido satisfactorio.
Esta experiencia positiva tira por tierra aquella opinión tan extendida entre los profesores, que suelen pensar que hacer este tipo de prácticas en una clase es una invitación al "cahondeo", "la jarana" , el desorden y el caos. Pero, a pesar de mis testimonios, confieso que no me ha sido posible eliminar esta reticencia.
También
he comprobado en mi experiencia es que la inmensa mayoría
de mis alumnos nunca antes había realizado prácticas de relajación en el aula
dentro de sesiones específicas. A lo más, una parte de ellos se había
ejercitado en la relajación dentro de algunas áreas del currículum,
generalmente la Educación Física, o la psicomotricidad, dentro de la Educación
Infantil. La ignorancia en este
tema era, pues, un hecho evidente, por lo cual decidí partir de cero cada vez
que iniciaba a un grupo nuevo en este aprendizaje.
Al iniciar la práctica, ya desde el principio puede comprobarse que en
la clase, especialmente si los alumnos son de Primaria, hay, casi siempre, tres grupos: los que se relajaban muy fácilmente
(alumnos tranquilos, sin problemas de disciplina, y generalmente con buen
rendimiento escolar); los que, con un poco de esfuerzo, se relajan, viniendo a
constituir un grupo intermedio; y, por último, hay siempre en mis clases un
grupo al cual le es bastante difícil la
distensión, formado por alumnos con problemas de carácter,
alumnos nerviosos, con problemas de adaptación, de disciplina, y por lo general
con bajo rendimiento escolar. Muchas veces, sobre todo al comienzo del
entrenamiento, son incapaces hasta de cerrar los ojos.
Una primera conclusión se me hizo clara, desde que empecé con el
proyecto: los alumnos con bajo rendimiento y con problemas de conducta suelen
ser aquellos a los que más les cuesta relajarse y hacer correctamente los
ejercicios. Esto, naturalmente, me llevaba a un interrogante: ¿No sería que
estos alumnos se comportaban mal y rendían poco justamente por su incapacidad
para relajarse, para distenderse, para concentrarse y prestar atención? Después
de varios años de práctica, pienso que esta es una clave fundamental para
entender a esos alumnos conflictivos, poseedores de una personalidad problemática,
mal integrada. Entonces, me planteé la hipótesis de que, si consiguieran
distenderse, quizá mejoraría algo su conducta y su rendimiento.
Naturalmente, las cosas no son tan sencillas. Unas simples prácticas de
distensión 10 minutos al día no pueden conseguir por sí solas el
"milagro" de que unos alumnos problemáticos dejen de serlo. Pero mi
objetivo no era tan elevado, por supuesto: con sólo que mejorara algo su
conducta, me conformaba. La problemática familiar y social de dichos alumnos
excedían mis posibilidades, y harían falta otras medidas, otras soluciones que
este proyecto no contemplaba entre sus objetivos.
Estos alumnos "difíciles" plantean al comienzo de la práctica
algunos problemas, pero, una vez que saben algo más sobre el tema, se comportan
correctamente, respetando a sus compañeros, aunque ellos no entren de lleno en
los ejercicios, permaneciendo en silencio con los ojos abiertos, intentando
distenderse, consiguiéndolo a veces.
En cuanto al resto, una vez que se familiarizan con las técnicas, la práctica
va siendo más y más fluida, ejecutando los ejercicios cada vez con más
corrección y en menos tiempo.
Las sesiones duran 10 minutos, y al final siempre abrimos un diálogo en
el cual los alumnos que lo deseen pueden comunicar su experiencia al grupo. Casi
todos quieren hablar para expresar lo que han vivido y descubierto, y el diálogo
hace más ricas las sesiones, además de servirme para comprobar si se han
conseguido los objetivos marcados.
Otro objetivo que me proponía con las prácticas era que los alumnos se
acostumbraran a escuchar música suave, relajante, lenta, muy alejada de lo que
suelen ser sus gustos musicales. En todos los casos, comprobé que acaban por
coger gusto a este tipo de música, hasta el punto de que ellos mismos aportan
cintas para escuchar en las sesiones.
A la vez que aprendían a relajarse en clase, siempre animo a mis alumnos
a que practiquen también en su casa. Les digo que, cuando se sientan cansados o
nerviosos entren en su cuarto, cierren la puerta, escuchen una música
relajante, y practiquen las técnicas que han aprendido. Por las encuestas que
llevo a cabo en mis grupos, compruebo que este objetivo lo he conseguido con
bastante frecuencia.
Naturalmente, lo que más motiva a mis alumnos son los ejercicios con la
imaginación, pues los niños encuentran un placer especial en ejercitar su
fantasía: viajar a otro planeta, inventar un jardín, crear una escena en una
playa, imaginarse disfrazado de varias cosas, viajar en el tiempo, etc... son
actividades que les gratifican mucho.
En cuanto al objetivo de mejorar el rendimiento y la conducta, estos son
aspectos difíciles de cuantificar. La relajación, la vida interior, el
recogimiento, el saber descansar son ya de por sí objetivos importantes, pero
resulta difícil de evaluar si mis alumnos han suspendido menos por el hecho de
relajarse. Haría falta un seguimiento de varios años del mismo grupo, cosa que
no me ha sido posible hacer, al haber cambiado de centros de enseñanza. Lo que
sí puedo afirmar es que la conducta de los alumnos difíciles ha mejorado en la
mayoría de los casos, a veces más, a veces menos, pero siempre con avances. El
enviarles energía “positiva”, en forma de afecto, al comienzo de la
jornada, imaginándolos tranquilos y concentrados, es una técnica que siempre
me ha dado efectos espectaculares.
Lo que sí he comprobado es que el resto del profesorado no me ha
secundado en estas prácticas, aunque se quejaran de malas conductas de los
alumnos, de indisciplinas, etc... Parece que los castigos tradicionales tienen aún
mucho predicamento entre los enseñantes, y que la introducción de nuevos modos
y maneras siempre requiere su tiempo, y levanta reticencias y resistencias, dado
que cada cual prefiere seguir con sus sistemas y procedimientos.
Concluyendo, puedo decir que los resultados que he conseguido con este
proyecto han sido siempre positivos en los objetivos más sencillos y
elementales, pero que los objetivos a largo plazo me han sido difíciles de
comprobar. En todo caso, nunca está de más crear un oasis de paz y de calma
donde hay tensión y cansancio, enseñar a nuestros alumnos algo tan importante
como saber recogerse y distenderse, pues el día de mañana su felicidad
dependerá de su capacidad para disfrutar, y la condición necesaria para ello
es prestar atención a lo positivo que nos rodea, tener la mente y el cuerpo en
calma para que sepamos gozar más de la existencia.