Página
extraída del libro
LA MEJORA DEL ALUMNADO Y EL GRUPO
A TRAVÉS DE LA RELAJACIÓN EN EL AULA
Laureano J. Benítez Grande-Caballero, Barcelona, CISS- PRAXIS, 2001
para pedidos de la obra: www.praxis.es
(Otras obras del autor en : http://sapiens.ya.com/laureben )
La mirada inteligente: tres cuentos para pensar
La mirada inteligente
Eye
©http://lilfuzz6.deviantart.com
Al
Maestro le invitaron un día a dar una charla en una prestigiosa universidad, y
aceptó encantado.
Antes
de la conferencia, le
enseñaron todas las dependencias y le explicaron la
inmensa cantidad de materiales y medios de que
aquella universidad disponía
para educar a sus alumnos. El maestro quedó maravillado ante aquellos adelantos, que
Cuando
se levantó para hablar en la sala repleta de gente, fue muy breve, como
siempre. Esto es lo que dijo:
—Laboratorios
y biblio tecas; máquinas, programas, sistemas modernos; sabias palabras, técnicas
y conferencias; grandes edificios... todo esto no sirve de nada si no hay un
corazón honesto y limpio y una mirada inteligente.
* * * * * * * * * *
La verdadera sabiduría
Nasrudín se ganaba la vida como barquero, pasando a la gente de un lado a otro de un río. Un día, un erudito profesor de Universidad reclamó sus servicios:
—¿Puede usted llevarme a la otra orilla? —preguntó.
—Por supuesto que sí —respondió Nasrudín.
Cuando se encontraban en medio del río, el erudito se volvió hacia Nasrudín y le preguntó:
—¿Sabe usted matemáticas?
—Me temo que no —replicó Nasrudín, avergonzado.
—¡Qué pena! —dijo el erudito con lástima—: ¡Ha desperdiciado usted la mitad de su vida!
Nasrudín calló. Un poco más tarde, se levantó una tempestad en aquel lugar, y las aguas del río comenzaron a agitarse violentamente, amenazando con hundir la frágil barca, a pesar de los esfuerzos de Nasrudín. Ante la peligrosa situación, éste se volvió hacia el profesor y le preguntó:
—¿Sabe usted nadar?
—No, nunca me he interesado por esas cosas.
—Entonces... —dijo Nasrudín— ha perdido usted toda su vida: nos estamos hundiendo.
* * * * * * * * * *
La verdadera
riqueza
Un hombre rico veraneaba en un pueblo de pescadores. Cada mañana, solía
pasear por la playa, y siempre veía a un pescador dormitando en su barca. Un
día se le acercó y, tras los saludos de rigor, le dijo:
—Y usted... ¿no
sale a pescar?
—Bueno... sí...
—repuso el pescador—: salí esta mañana temprano, y no se dio mal.
—Y... ¿no va a salir otra vez?
—¿Para qué? Ya
pesqué lo suficiente para hoy.
—Pero si usted
pescara más, conseguiría más dinero, ¿no?
—¿Y para qué
quiero más dinero, señor?
—Bueno, con más
dinero podría usted tener un barco más grande.
—¿Un barco más
grande?
—Pues claro...
Con un barco mayor usted conseguiría más pesca, y más pesca significa más
dinero.
—¿Y para qué
quiero yo tanto dinero?
—Pero... ¿no lo
entiende usted?: con más dinero podría comprar varios barcos, y entonces
pescaría mucho más, y se podría hacer rico.
—¿Yo? ¿Ser
rico?
—Sí, claro... ¿acaso
no desea ser rico? Podría usted comprarse una casa bonita, tener un coche,
viajar, tener toda clase de comodidades...
—¿Y para qué
quiero yo esas comodidades?
—¡Dios mío!...
¿Cómo es posible que no lo entienda?... Si usted tuviera comodidades y
riquezas, entonces podría usted retirarse a disfrutar y descansar.
—Pero,
caballero... ¿no ve usted que eso es justo lo que estoy haciendo ahora?