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Crónica en libelo

 

Ángel Lavalle Dios

 

Las muchedumbres es la reciente entrega que, edición de lujo, nos hace Jaime Guzmán Aranda, conocido intelectual de nuestro medio. Sobre él, esbozamos hace algún tiempo un comentario que, en su parte final reclamaba de Jaime Guzmán, en su actitud y en su temática, el abandono del autoexilio. Pareciera que esta reciente publicación fuera una respuesta a ese nuestro reclamo. Mas no es así, pues antes Jaime Guzmán había publicado Los palaciegos, cuyo estilo y sentimiento se continúan en Las muchedumbres.

            Jaime Guzmán es un enamorado de Chimbote y lo quiere con la devoción chauvinista que él, como tantos otros ilustres chimbotanos, no oculta. El motivo de Las muchedumbres es una marcha de la población chimbotana realizada el 31 de marzo de 1987 exigiendo que la sede de Hidrandina continúe siendo Chimbote. La naturaleza del acontecimiento constriñe, limita y obliga al escritor, que sucumbe ante él en la forma y en el tono. Por ello, las características de relato y de evidente connotación de libelo que asume el texto. Para configurar una crónica que el autor usa como pretexto para zaherir, con sátira mordaz, a la empleocracia pública, los partidos políticos, los golondrinos (tan odiados por los chimbotanos); en la forma como lo hiciera en Los palaciegos con los ricos.

            Sin embargo, se descubre que lo importante para el autor no es el motivo de la marcha sino –como debe ser– la respuesta de la población ante la soberbia y la prepotencia del poder que atropella, pues dice el poeta: “Un pueblo cuando lucha por su destino agita los mismos ideales/ los músculos como el acero no conocen de dobleces”. La confianza en las propias fuerzas y el sentimiento de dignidad es lo que todo intelectual tiene el deber de sembrar y cultivar en su pueblo, deber que está cumpliendo Jaime Guzmán en Las muchedumbres. Pero, además, es preciso no olvidar que toda acción del pueblo por su destino es siempre la gesta heroica., y a esta altura debe habitar la poesía para que fragüe nuestros corazones y nos eternice en sus épicas canciones.

 

Publicado inicialmente en: Diario de Chimbote. 16 de diciembre de 1988

 

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