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El espíritu rebelde en el poema “Destino cambiado” de Marco Cueva Benavides

 

Gustavo Tapia Reyes

 

Es poco lo que se ha dicho de este poema, pero mucho lo que podemos hallar en su semántica cuando nos aproximamos a leerlo. En realidad, llamó mi atención desde la primera vez que lo encontré publicado en el primer libro de su autor Porque confío en el mañana (1980) y posteriormente en la Antología poética de Isla Blanca, aunque solo con los años pude comprender la naturaleza del mensaje propalado por el médico Marco Cueva Benavides (Pacasmayo, 1947) en su rol de poeta, a través de su “Destino cambiado” que, contrariando a muchos, no es un texto cualquiera sino la muestra evidente de que la poesía trabajada con dedicación puede dar excelentes frutos que eleven a las creaciones porteñas, al mismo exigente nivel de la literatura peruana y, por ende, latinoamericana.

Dividido en tres estrofas de versos libres, cortos y largos, solo con un punto final, el mencionado poema comienza con un Cueva Benavides rindiéndole tributo a la ciudad que lo acogió, o sea Chimbote, utilizando para ello una humanización metafórica directa: Fui pez/. El poeta se ubica en un tiempo pasado, consciente y a la par rebelde frente a la situación que le ha tocado vivir: /nacido para nadar ilimitadamente/ por los mares/. Es consciente que el lugar donde se encuentra no le corresponde como un destino lógico y se empeña en aseverar que le alteraron cuanto le correspondía recibir, pues para eso nació desde su propia naturaleza de “pez” con relación a los “mares” como su hábitat natural, en la misma dimensión que no se trata de un pez cualquiera que se pierde sino un pez particular, anfibio y múltiple, lo cual nos lleva a decir que estamos ante un símbolo como recurso literario, independizado de su entorno real: para surcar con libertad/ los continentes/.

Luego, el símbolo se transfigura en consonancia a representar al poeta mismo o a un ser humano que también puede sentir que fue traicionado, limitado, cerrado, cuando él era un combatiente nato. El argentino Jaime Barylko sostiene que toda persona llega al mundo con diversos potenciales, pero que luego aquí es cercenado por las costumbres de la sociedad. Cueva Benavides dice entonces, recurriendo a la acumulación de elementos vía la enumeración, que, contradiciendo a Leo Spitzer, no es caótica sino ordenada: para sufrir las tempestades y las olas/ para escapar de monstruos/ tiburones y ballenas/. Dicho pez, por consiguiente, va más allá de todo, se proyecta por encima de lo establecido, importando poco los desafíos o peligros que debiera afrontar, porque el ansia de su naturaleza emerge con una intensidad que lo sobrecoge manteniéndolo en su espíritu rebelde, que confluye en su insistencia de estar frente a un destino cambiado, que todavía se niega aceptar: para vivir/ al fin/ en todos los océanos

En la segunda estrofa, el poeta pasa hacia el otro lado de la experiencia. Del lamento por la situación en la que se desenvuelve, tan presente en la primera estrofa, se traslada mediante el empleo del adverbio “pero” hacia la descripción de su presente que nunca lo ha satisfecho sino que continua reclamando, no libre de rabia: Pero me dieron un río/ estrecho y limitado/ tortuoso y manso/. Ahora se ubica en el marco que recibió, en el panorama que tiene enfrente de sus ojos donde todo es inferior al potencial con el cual se siente y que a la vez se ha convertido en una especie de camisa de fuerza impidiéndole actuar. Cueva retrata a miles de hombres que, pese a haberse convenientemente preparado para estar enfrentando desafíos de mayor envergadura, terminan devorados por la rutina burocrática, desempeñando funciones que los aburren, aunque tampoco tienen una otra alternativa. “Estrecho”, “limitado”, “tortuoso”, “manso” son los epítetos que se acumulan para expresar cómo un pez y, por ende, un hombre puede acabar tragado por la vorágine de la vida moderna, donde el individualismo es lo que cuenta por encima de todo.

Después, la visión del poeta va centrándose alrededor de su caída en la rutina, donde termina domesticado en su espíritu rebelde, donde no le quedan ya más ganas ni ánimos para continuar luchando. Se resigna y acepta que ahora vive: con un destino único/ morirse en el desierto/ sin apagar la sed de sus arenas/. No quiere saber más de otra opción. Prácticamente ha arreado sus ansias de conocer otros espacios, que al principio señalaba para aguardar la muerte como única salida sobre la incertidumbre que va a acosarlo de continuo, cuando el mismo desierto representa una posibilidad más en medio del desánimo que cunde impidiéndole “apagar la sed de sus arenas”. Es decir, ni siquiera la sed que se puede experimentar en un desierto le sirve como un último recurso que le permita salir del marasmo, a lo cual se agrega la duda sobre lo que va a pasarle en lo sucesivo, convertido en un individuo, en un pez más que se extravía en ese mar que le devuelven en forma tardía: tal vez perderse silenciosamente/ en el inconmensurable océano.

La tercera estrofa está conformada solo de un pareado. Dos versos que a su vez constituyen el resumen de lo que se dice en el poema. Aquí se unifican magistralmente tanto el reclamo ante la negación de todo aquello para lo cual nació como la situación que le ha tocado vivir porque se la dieron así, sin preguntarle nada y desde la cual poéticamente reflexiona. Cueva Benavides, en este sentido, demostrando una capacidad de síntesis le ha otorgado a los últimos versos de su poema todo el peso que en conjunto forman la punta de una pirámide invertida que comienza en toda su amplitud cuando se habla de un pez marino, de un hombre que tiene grandes sueños, pasando luego a otro más reducido donde aparece el río, convirtiendo a ese animal acuático en un pez más pequeño, sin horizonte, como a un hombre que lo anquilosan condenándolo al ostracismo, a pesar de sus aspiraciones. El pareado es tan preciso y contundente para demostrar el contraste, que no deja ningún espacio a más explicaciones: Pez de mar nací/ pero solo me dieron un río.

Por lo anotado, “Destino cambiado” –que destaca dentro del libro que lo acoge, producto de las experiencias del autor como estudiante de Medicina en la Universidad de La Plata (Argentina), bajo la dictadura que gobernaba dicho país, entre los años 1964 y 1975– es la muestra de cómo la poesía no tiene por qué tender siempre al lenguaje oscuro, dirigido a especialistas, para transmitir un mensaje trascendente. Cueva Benavides lo ha logrado en este poema empleando un lenguaje más bien sencillo, no simple, de fácil acceso, no simplista y que solo requiere de cierta contextualización e imaginación para comprender la complejidad con que distribuye los 21 versos que lo conforman.

 

Publicado inicialmente en: www.tierradepromision.blogspot.com.

 

 

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