CHIMBOTE Y SU LITERATURA
Aspectos históricos y sociales de Chimbote
El puerto de Chimbote se ubica
en la costa de la Región Ancash. Los orígenes de esta ciudad, como toda
localidad peruana, se remonta a periodos preincaicos, en la que tuvo
influencia determinante el reino Chimú, que gobernó, entre otros, los
valles del Santa y Lacramarca, donde se ubica Chimbote. Luego de ello,
el proceso histórico del puerto durante la Colonia y la República corrió
la misma suerte que otras localidades del país.
Hasta mediados del siglo XIX,
Chimbote era solo una caleta de pescadores que contaba con algunos
ranchos de caña y adobe; no obstante, con el inicio de la construcción
de un ferrocarril hacia el interior de la región, emprendió un
desarrollo importante, pues se había previsto su proyección como puerto
comercial, convirtiéndose, en 1871, en puerto Mayor. De este modo, en
1906 ya había alcanzado categoría de distrito, y en 1950, ya era capital
de la provincia del Santa.
Chimbote se encuentra a 432 kms.
al norte de Lima y se ubica a orillas del Océano Pacífico. Casi toda la
ciudad corre a lo largo de la bahía (conocida como bahía del Ferrol), y
tiene un suelo arenoso, cubierto de salitre, pantanos y dunas. Su
desarrollo económico y social dentro del contexto histórico peruano, es
reciente, se remonta a mediados del siglo XX, cuando llegó a convertirse
en la capital de nuestra pesca industrial, alcanzando, gracias a la
superproducción de harina de pescado durante la década del 60, la
categoría de Primer Puerto Pesquero del Mundo.
Este acontecimiento, sin
embargo, resultó un hecho irregular y traumático en la vida del puerto,
pues ocurrió sin planificación alguna, aprovechando la gran riqueza
ictiológica del mar chimbotano y la presencia de grandes masas
poblacionales llegadas de las zonas andinas, principalmente de los
departamentos de Ancash y La Libertad, motivo por el cual, Chimbote no
llegó a convertirse en una próspera ciudad, sino en un gran asentamiento
de barrios marginales, lugar de residencia de millares de pescadores y
obreros.
Junto a la producción pesquera
y, en menor escala, la agrícola, Chimbote cuenta también con la
industria siderúrgica, que se instaló a fines de la década del 50. Estas
tres actividades hacen posible la vida en el puerto, el cual,
actualmente, ha iniciado una nueva etapa, alcanzando una importante
proyección cultural, pues existen ya tres universidades surgidas en su
seno.
Literatura en Chimbote

En la literatura de Chimbote
siempre han jugado un importante rol aquellos hechos sociales que la
consolidaron como una ciudad moderna, y la expresión más contundente la
encontramos en la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo
(1971), de José María Arguedas, quien al escribir este libro buscó
entender el fenómeno de la migración, industrialización y brutal
modernización sufrido por la ciudad en pocos años.
Sin embargo, existe
una literatura local, interior, que desde sus inicios (aun antes de la
aparición de la novela de Arguedas) quiso expresarse también a partir de
estos acontecimientos, tal es el caso del libro de relatos Las islas
blancas (1966), de Julio Ortega. Por su gran influencia en la vida
cotidiana de la ciudad, la relación de la actividad pesquera con la
narrativa chimbotana se hizo inevitable. De ese modo, los primeros
narradores locales entendieron que la pesca marina debía ser un
referente importante en sus libros, pues el surgimiento económico y
social de Chimbote no es otro que el producto de su actividad pesquera,
y esto es lo que se vislumbra en el libro de Ortega.
Este proceso fue
continuado por Óscar Colchado en uno de sus primeros libros, Del mar
a la ciudad (1981), así como por la obra de algunos de los miembros
del Grupo Isla Blanca, fundado por este escritor en la década del 70.
Otros narradores importantes que surgen en años posteriores, son Marco
Merry, Leonidas Delgado, Marco Cueva, Ítalo Morales, Braulio Muñoz,
Enrique Tamay, Augusto Rubio, Fernando Cueto, entre otros, algunos de
los cuales han decidido no centrar su narrativa en temas marinos
necesariamente, sino que –conforme el puerto se ha ido haciendo
cosmopolita– han recreado la aventura del devenir humano en los más
diversos planos vivenciales.
La poesía, ha
seguido un curso similar. De los años 60 es el Grupo Literario Perú,
primera congregación de poetas conformado por docentes, pescadores y
obreros migrantes, el cual trazó una línea localista similar a la de
poetas como Enrique Cam y Miguel Rodríguez Paz; ruta que no siguieron,
sin embargo, aedas importantes que proyectaron su obra más allá de la
región, como Juan Ojeda, Julio Ortega y Mario Luna. Aun así, es
necesario señalar que al interior se encuentran actualmente las voces de
Dante Lecca, Gonzalo Pantigoso, Jaime Guzmán, Víctor Hugo Alvítez, Juan
Carlos Lucano, Denisse Vega Farfán, etc., quienes, más allá del color
local, han diversificado su temática y motivaciones íntimas, alcanzando,
dentro de su estilo, registros diversos como el existencial,
expresionista, surrealista, entre otros.
Para estos logros,
ha sido necesario, sin embargo, que se produzcan grandes
transformaciones en el terreno cultural chimbotano. Los escritores
supieron aprovechar la coyuntura universitaria para hacer surgir nuevos
grupos literarios, principalmente en la Universidad Nacional del Santa,
donde, desde la década del 90, han aparecido ininterrumpidamente el
Movimiento Cultural Bellamar, el Frente Artístico Literario Trincheras,
el Movimiento Cultural El Universalismo, El Grupo Literario Brisas,
entre otros, que han ido arrojando nuevas promociones de escritores,
proyectando una nueva concepción e interpretación de Chimbote como
ámbito para la literatura.