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Oh cabeza clava de Chavín

 

Ricardo Ayllón

 

Para dar una versión particular sobre la importancia de la región que habita, el poeta chimbotano Dante Lecca ofrece en Oh cabeza clava de Chavín, una mirada a su cultura local creando un personaje imaginario: el Señor de Santa, una suerte de guerrero, soberano y ciudadano ancestral que monologa alrededor de la toma de conciencia de su condición humana.

Sobre esta base, ha sido necesario complementar dicho personaje con una representación familiar que lo sostenga, surgiendo a manera de correlato el príncipe amado (hijo) y la presencia sensual de la pareja (esposa).

Los primeros ocho poemas son, en este sentido, una suerte de introducción de tal propuesta. Con el texto “Abro los ojos y el cielo”, el poeta nos presenta al guerrero (Señor de Santa), para que luego, fluida y paulatinamente, despliegue su entorno contextual y familiar con temas como el amor (“Indómita canción”), el cortejo sexual (“Un pesado y rosado mamut”), el nacimiento del hijo (“Nacimiento en el mar”), el bautizo del hijo en el mar (“Bellamar”), la vindicación del guerrero como una individualidad (“Habitante de la costa), la enfermedad del hijo (“Balada del príncipe amado”) y la conciencia del entorno geográfico (“Canto del mar y el desierto).

Hasta aquí, la temática discurre de manera clara, haciéndonos comprender que el personaje monologante no es otra cosa que la personificación del sujeto poético, fusión que es fácil distinguir si advertimos la intensidad vivencial del hombre santeño que habita en ambos. Sin embargo, esta aventura creativa es mejor entendible si identificamos además dos elementos contextuales permanentes: la presencia del mar como ordenador de la pequeña patria santeña y la conciencia social del habitante del valle.

Por eso, a partir de este momento, es sencillo notar cómo es que los mensajes temáticos se tornan en una suerte de tomas de conciencia de un sujeto poético que sabe moverse a través de los sucesos existenciales, geográficos, sociales e históricos que configuran su entendimiento de la vida. Y nos hallamos entonces frente a la conciencia del tiempo en el poema “Como páginas sueltas de un libro”, a la conciencia de la realidad demográfica en “Vamos a la costa”, a la conciencia de sí mismo en “Señor de Santa”, a la conciencia del hijo en “Consejos para un candidato a señor”, a la conciencia conyugal en “Patrona de mis mareas y naufragios” y a la conciencia de la historia en “Letanía de Santa”; constituyendo “Oh cabeza clava de Chavín”, el poema que otorga nombre al libro, una summa de todo lo repasado hasta aquí. En este sentido, los cuestionamientos, las inquisiciones a ese símbolo de la cultura ancashina (donde descansa Santa) que es la cabeza clava de Chavín, se presentan como las grandes y permanentes preguntas del vivir; y es por esa razón que parece que retornáramos al principio del libro cuando nos encontramos frente a interrogantes como: “¿por qué soportamos tantas invasiones y despojos/ como si fueran designios de la historia?” (p. 47), “¿por qué va el hombre a la guerra/ teniendo lo suficiente con sus cosechas/ y por qué busca más amor/ teniendo ya amor?” (p. 48), “¿hasta cuándo seguirá desunido el cielo/ de la tierra y la tierra del infierno?” (p. 48).

Acudiendo a los códigos de la alegoría ancestral, Dante Lecca mueve delicadas hebras de nuestra conciencia personal para trasladarnos a una conciencia social que luego se convertirá en crítica, en un hecho subversivo contra nuestra propia condición de ciudadanos dentro de un espacio geográfico e histórico determinado: el valle del Santa. Un espacio que, no cabe duda, es solo referencial a la hora de reflexionar sobre los temas a los que el poeta nos enfrenta en este libro.

Aun así, Oh cabeza clava de Chavín soporta otras lecturas, aquellas que se cotejan con las de la realidad personal del poeta, como la alusión a sus hijos Dante Amado y Dante Olivier, quienes aparecen caracterizados como el “príncipe amado” y el hijo ausente, respectivamente, en más de un poema; o que se complementan con los constantes viajes a los valles del interior del departamento realizados por Lecca (dentro de su desempeño laboral) que motivaron en él renovados bríos de identidad regional.

La poesía de Dante Lecca ha sido casi siempre el reporte de su vivencialidad inmediata. Sin embargo, este libro se ha elaborado también bajo el estímulo paciente y sensato de una conciencia histórica y territorial, con un contenido artístico que sin duda resulta intenso e irrecusable.

   

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