| ORATORIA
CICERÓN |
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| 1.- RETÓRICA Y ORATORIA EN LA ROMA REPUBLICANA |
| 2.- TIPOS Y PARTES DEL DISCURSO |
| 3.- EL PRINCIPAL REPRESENTANTE DE LA ORATORIA ROMANA: CICERÓN |
| 1.- RETÓRICA Y ORATORIA EN LA ROMA REPUBLICANA |
De todos los oradores de estos siglos tenemos conocimiento por el Brutus de Cicerón, ya que los pocos fragmentos que nos quedan de ellos no nos permiten una crítica suficientemente responsable. Sin embargo Cicerón tenía cercanía en el tiempo y elementos de juicio suficientes para hacerlo. En esta obra aparece una enumeración, además de una crítica, de los principales oradores latinos de los siglos III y II a. C. Los principales oradores también eran los que se distinguieron en la política y en las armas: Appius Claudius Caecus, Q. Caecilius Metellus, Q. Fabius Maximus "Cunctator", M. Portius Cato, Ser. Sulpicius Galba, P. Cornelius Scipio Aemilianus, L. Licinius Crassus, Ti. y C. Sempronius Graccus, etc. A principios del siglo I a. C. aparecieron en Roma diferentes corrientes oratorias: 1.- La corriente asiática (rhetores asiatici), que se distinguió por su forma florida, por su ritmo oratorio, por su sutileza e ingenio y un estilo a veces rebuscado y sentencioso. 2.- La corriente neo-ática, sin artificios, con frases breves, directas y secas, tomando como modelo al orador griego Lisias. Tuvieron poco éxito y no formaron escuela. De estas escuelas tenemos noticias por el Brutus de Cicerón. Parece ser que los de la escuela ática pensaban que Cicerón era demasiado asiático. El principal oponente de Cicerón en la oratoria romana del siglo I a. C. fue Q. Hortensius Hortalus, digno representante de la corriente asiática. Tenía una gran facilidad natural para la elocuencia. Hortensio fue el principal y más famoso orador de la Roma Republicana hasta que Cicerón le venció en el Pro Quinctio (81 a. C.). En ese momento su estrella empezó a declinar al tiempo que refulgía más la de Cicerón. Se enfrentaron en muchas ocasiones (Verrinas, 70 a. C.) pero más tarde se hicieron amigos y participaron juntos en diferentes causas en el foro. En sus discursos se advertía el uso de divisiones metódicas y recapitulaciones que nadie había utilizado antes que él. Cuando comenzó a fiarse de su habilidad natural y de su elocuencia innata su reputación bajó y quedó en el olvido. No se conserva ninguno de sus discursos. Las obras de todos estos autores se han perdido. Sin embargo nos queda una obra de retórica: Rhetorica ad Herennium. Se trata de un manual de oratoria que da una idea bastante completa de lo que enseñaban los "rhetores latini". El fondo de sus ideas está sacado de los griegos, aunque los ejemplos, frases, y textos son latinos. Demuestran una lengua todavía un tanto imperfecta. No sólo no menciona un solo autor griego, sino que incluso los ataca. A pesar de todo, no logra disimular su procedencia griega. Su valor no está en el estilo, sino en la claridad en la exposición de los conceptos. En la antigüedad se atribuyó a Cicerón: obra de juventud junto con De inventione, ya que es muy clara en la preceptiva oratoria. Sin embargo la teoría más extendida y más verosímil, es que la escribió un tal Cornificius, inspirada, parece ser, en el griego Hermágoras. |
| 2.- TIPOS Y PARTES DEL DISCURSO |
| 1.- Tipos de discurso |
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Los principales tipos de discurso romano que podemos indicar son los siguientes: |
| a.- Laudationes fúnebres o panegíricos |
Discursos que se hacían cuando una persona había fallecido. Por lo general no eran muy veraces, sino que alababan al difunto con exageración, "falseando la historia y acumulando sobre el difunto honores inexistentes e inmerecidos" (Holgado Redondo). Generalmente no se conservan ninguno de estos discursos, y tenemos conocimiento de ellos por el Brutus de Cicerón. |
| b.- Discursos políticos |
Eran los que se pronunciaban durante el desempeño de algún cargo público, sobre todo, durante el consulado. Ejemplos de este tipo son las Catilinarias o In Catilinam orationes IV de Cicerón. Se solían pronunciar en el Senado, pero algunos también eran pronunciados en la curia, delante del pueblo y en el foro |
| c.- Causas criminales o discursos judiciales |
Eran los discursos que se desarollaban generalmente en el foro delante de la gente, pero también delante del tribunal de justicia que iba a emitir el veredicto. Se referían tanto a acusaciones (In Verrem) como a defensas (Pro Milone, Pro Archia poeta) |
| d.- Acciones de gracias |
Tanto a los dioses, como al senado y al pueblo. Por múltiples motivos. Por ejemplo, Cicerón dio las gracias por su vuelta del destierro en dos discursos: Post reditum in senatu (oratio cum senatui gratias egit) y Post reditum ad Quirites (oratio cum populo gratias egit). |
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A partir del siglo I p. C., la retórica dejó de ser un ejercicio real para convertirse en ejercicios de escuela. Séneca el Retor escribió en su obra Sententiae, divisiones, colores, un conjunto de ejercicios de retórica, que se pueden dividir en dos partes claramente diferenciadas: Suasoriae (conjunto de ejercicios oratorios con asuntos ficticios referentes a temas sacados de la mitología o de la literatura), y Controversiae (discursos judiciales cuyos asuntos son convencionales y poco reales: el discurso tiene generalmente dos partes, una a favor del tema y otra en contra) Encontramos también discursos en las obras de historiografía. Es un procedimiento para explicar una situación en primera persona por boca de sus protagonistas. Por lo general, Salustio y Tito Livio se distinguieron por sus discursos intercalados en las narraciones de los episodios históricos. Salustio, en su obra De coniuratione Catilinae, pone en boca de Silano, de Catón y de César tres discursos, que son la parte fundamental de la obra. Tito Livio, por su parte, introduce en su Ab Vrbe condita más de 400 discursos de todo tipo, en los que sigue las normas de la oratoria clásica. |
| 2.- Partes del discurso |
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Las partes de un discurso se han establecido desde la antigüedad griega, ya que se piensa que incluso Aristóteles ya las conocía. Son la aplicación de la sicología a la oratoria, porque no da lo mismo empezar de una manera que de otra o poner una argumentación o una descripción en desorden para que el discurso tenga el éxito que se pretende. Por eso, casi quedaron fijas todas las partes del discurso, sin que sufriera más que pequeños retoques a lo largo del tiempo. |
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Las partes fundamentales son: |
| 1.- Exordium (exordio) |
Generalmente se trataba de preparar al auditorio para que estuviera atento y favorable a lo que se iba a decir después. A veces faltaba, pero la razón es que en ese momento no era necesario, ya que la gente estaba dispuesta a escuchar. |
| 2.- Narratio (narración). |
Era la parte en la que se hacía la relación de los hechos. Ésta había de ser, según los maestros antiguos, breve, clara y verosímil. Generalmente iba a continuación del exordio, ya que era el momento de indicar de qué se trataba. |
| 3.- Partitio (División) |
Se trataba de una especie de esquema de lo que iba a ser el discurso. Hortensio lo hacía siempre; Cicerón solía hacerlo al principio, y, en el De inventione, que habla de cómo ha de ser el discurso, lo cita como importante y necesario; pero más tarde dejó de hacerlo |
| 4.- Argumentatio (argumentación) |
Era una de las partes más importantes del discurso. Algunos autores hablan de una división en dos: confirmatio (pruebas positivas) y refutatio (respuesta a los argumentos del adversario), que no siempre se distinguen |
| 5.- Digressio (digresión) |
Ésta parte era un momento importante del discurso. El orador, después de la argumentatio dejaba ir su imaginación, y trataba cuestiones ajenas al tema; pero de ninguna manera había perdido el hilo de la cuestión. Se trataba de agradar al auditorio, de dejarle un momento de respiro para que aceptara mejor las conclusiones a las que se iba a llegar. |
| 6.- Peroratio (peroración o epílogo) |
Era la parte más necesaria del discurso, y donde el orador se permitía el mayor patetismo para conseguir lo que pretendía. En algunas ocasiones los oradores hacían una recapitulatio, un resumen o recuerdo somero de la argumentación |
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Hay que decir que éste es el esquema de un discurso clásico. Sin embargo no está de más advertir que no todos los oradores lo seguían al pie de la letra ni en todos los discursos. Las circunstancias en las que se desarrollaba, la situación del auditorio, el tema que se iba a tratar, el conocimiento o desconocimiento de la causa criminal que se defendía, etc. hacían que el orador adaptase este esquema a sus intenciones. Sin embargo en todas las obras de retórica antiguas se encuentra esta disposición del discurso. |

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En la Roma del siglo I a. C. los muchachos, primero estudiaban gramática, entre los 12 y 16 años. Consistía en el estudio de los poetas y escritores griegos (Homero, Hesíodo, Platón, Aristóteles, Sófocles, Esquilo, Eurípides, Herodoto, Tucídides, etc.) y romanos (Livio Andrónico, Ennio, Catón, etc.). Entre los 16 y 18 años estudiaban la retórica, y aprendían, sobre todo, elocuencia griega (Demóstenes, Esquines, Lisias). La enseñanza superior se hacía en Grecia, de manera que todos los hombres importantes de Roma tenían que conocer y hablar de una manera fluida la lengua griega. |
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Marcus Tullius Cicero (3 - I - 106 / 7 - XII - 43 a. C.) nació en Arpino, una pequeña población del sur de Roma, que había sido también la cuna de Mario, el vencedor de Yugurta, tío de César y fundador del partido democrático o popular, antagonista del partido aristocrático o del Senado. La familia de Cicerón pertenecía al “ordo equestris”, que era la clase acomodada de Roma. Pero era un “homo novus” es decir, que no pertenecía a la nobleza patricia de la Urbe. Sin embargo, con su genio oratorio llegó a escalar las más altas cimas de la clase política romana. Su instrucción fue más amplia de lo que solía ser habitual para los romanos de su tiempo. Estudió filosofía, que entonces abarcaba todas las ciencias; se interesó por los trabajos de los jurisconsultos y por los problemas técnicos de la elocuencia. Sus idas al foro donde Antonio y Craso defendían sus pleitos completaron su formación. Debutó con una audacia extrema, tomando la palabra contra Hortensio en el año 81, y atacando en el 80 a. C. a Crisógono, un poderoso secuaz del todopoderoso Sila, que había acusado a Publio Roscio, ciudadano de Ameria, del asesinato de su padre, y al que Cicerón defendió ("Pro Roscio Amerino"). No tenía nada que perder, y sí mucho que ganar si obtenía la victoria, cosa que sucedió. Es cierto que las familias patricias de Roma, los Metelo y los Pompeyo le apoyaban. Sin embargo consideró más prudente pasar un tiempo en Grecia lejos de las posibles represalias de Sila. Allí encontró a Molón de Rodas, un maestro que le ayudó a fijar el tono de su elocuencia. Los procedimientos de la elocuencia asiática estaban ya pasando de moda y eran sustituidos por la oratoria de la escuela de Rodas, que, sin renunciar a la brillantez ni a la abundancia de términos y conceptos, daba a la palabra una apariencia más clásica.
Por sus vanidades imprudentes provocó los celos de Pompeyo, las iras de Clodio, y consiguió que los triunviros César, Pompeyo y Craso, lo abandonaran. Cuando César fue elegido cónsul logró que fuera desterrado (19 - III - 58 a. C.) por haber mandado ejecutar sin juicio a los cómplices de Catilina. Al año siguiente (4 - IX - 57 a. C.) volvió con todos los honores, pero ya no tenía ninguna fuerza en la política. Sólo se le encomendó el gobierno de la provincia de Cilicia (51 - 50 a. C.). Durante la guerra civil entre César y Pompeyo se declaró abiertamente partidario de Pompeyo, a pesar de que César quería tenerle más de amigo que de enemigo. Después de la victoria de César en Farsalia, éste perdonó a Cicerón, pero ya no tenía nada que hacer: Su estrella había perdido todo su brillo. El asesinato de César en los Idus de marzo del año 44 le llenó de alegría. Se creyó de nuevo a la cabeza del estado y atacó a Marco Antonio, que aspiraba a suceder al dictador, con 14 discursos que, por imitación de los de Demóstenes contra el rey Filipo de Macedonia, se conocen con el nombre de "Filípicas". No todos fueron pronunciados. Con ello favoreció sin querer los planes del joven Octavio: cuando éste y Marco Antonio se unieron con Lépido y formaron el segundo triunvirato, Cicerón fue proscrito. Fue alcanzado en su huida y asesinado. Afrontó la muerte con valor el día 7 de diciembre del año 43 a. C. Se dice que antes de morir dijo la siguiente frase:
En toda la antigüedad no hay otro hombre que sea tan conocido como Cicerón. Su correspondencia nos hace penetrar en su intimidad. Se ven con facilidad sus defectos, y a veces se queda uno con eso solamente: su vanidad insaciable, su impresionabilidad. Tenía grandes cualidades, y algunas muy raras en los hombres de su tiempo: era un hombre honesto en una época de corrupción en que los gobernadores robaban descaradamente en sus provincias. Fue bueno, paciente, amable, charlador alegre, simpático. Literato sin igual y hombre de estudio, amigo de los libros, que hubiera preferido para vivir un momento histórico más tranquilo, se encontró inmerso en varias guerras civiles y golpes de estado. En estas circunstancias no podía triunfar. Pero merece más estima desde el punto de vista moral que su vencedor, César, el gran organizador. |
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Episodios de la vida de Cicerón están contadas en la página Lecturas romanas: http://sapiens.ya.com/corbijm |
| Cicerón es origen de muchos aforismos. Están citados y comentados en http://sapiens.ya.com/aforismosI |
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LAS OBRAS DE ORATORIA.- |
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Cicerón fue ante todo, un gran abogado. Primero de pleitos; más tarde fue criminalista. Los procesos criminales eran muy populares en Roma y afectaban a la vida política, sobre todo si se trataba de un personaje conocido y una acusación importante. Cuando los encausados tomaban varios defensores, Cicerón se encargaba de las generalidades llenas de patetismo que debían arrancar la absolución por parte de los jueces. |
| 1.- Discursos de defensa o acusación |
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*Concusión (aprovecharse de un cargo público para el enriquecimiento personal) |
"In Verrem" <”Verrinas”> (70) “Pro Fonteio” (69) “Pro Flacco” (59) “Pro Rabirio Postumo” (54) |
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*Lesa república o alta traición |
“Pro Rabirio perduellionis reo” (63) “Pro Sulla” (62) |
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*Maniobras electorales |
“Pro Murena” (63) “Pro Planctio” (54) |
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*En otras ocasiones la defensa propiciaba un enfrentamiento entre los dos partidos principales |
“Pro Sextio” (56) “Pro Coelio” (56) “Pro Milone” (52) |
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*Después de la muerte de Pompeyo abogó delante de César por los pompeyanos desterrados o caídos en desgracia |
"Pro Marco Marcello" (45) "Pro Ligario" (45) "Pro rege Deiotaro" (4 - XI - 45) |
| 2.- Los discursos propiamente políticos forman cuatro grupos: |
| 1.- En favor de Pompeyo |
“De imperio Cn. Pompei” <66 a. C.> |
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| 2.- Discursos consulares (63 a. C.) |
In Rullum de lege agraria” <3 discursos> (1 - I - 63)
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| 3.- Discursos del “retorno del destierro”, (57 a. C.) |
Post reditum in senatu (oratio cum senatui gratias egit) (5 - IX - 57 a. C.) Post reditum ad Quirites (oratio cum populo gratias egit).(7 - IX - 57 a. C.) De domo sua ad Pontifices (29 - IX - 57 a. C.)
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| 4.- Las "14 Filípicas" |
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A excepción de las “Catilinarias” y las “Filípicas” en que el calor patriótico y la inspiración llena de odio son admirables, las arengas políticas no añaden gloria a la elocuencia de Cicerón. Los discursos judiciales, por el contrario, son el triunfo de Cicerón, por la variedad de los efectos, propios de una viva imaginación. Podemos decir que Cicerón es el más grande de los oradores de Roma, y eso que tanto antes como durante y después de él, los hubo muy buenos. No podemos apreciar el mérito de Cicerón sólo con sus discursos escritos, ya que lo importante y principal era el tono con que se pronunciaban. Sin embargo algo sí que nos queda. Tenía una habilidad especial y un tacto exquisito para evitar choques en el auditorio y ganar su simpatía; para disponer las pruebas. Fue el más espiritual de los romanos de su tiempo. Describe y retrata a sus personajes de una manera perfecta. Producía en el auditorio un efecto demoledor, de manera que sus amigos le dejaban hablar en último lugar. |
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Además de un gran orador fue un estupendo teórico de la oratoria, ya desde sus primeros años. Sus obras teóricas sobre la elocuencia son: |
| “De inventione” (86) |
Es una obra de juventud. Consiste en una enumeración seca de los procesos para encontrar ideas y componer correctamente un discurso. Está imbuido de las ideas de su tiempo. |
| “De oratore libri III” (55) |
Está escrito en forma de diálogo entre cuatro de los mejores oradores: Antonio, Craso, Escévola y César Estrabón. El primer libro trata sobre la ciencia necesaria al orador; el segundo, acerca de la búsqueda y la disposición del discurso; y el tercero, sobre el estilo del orador. |
| “Brutus” (46) |
Es otro diálogo en que los principales personajes son el mismo Cicerón, su amigo Ático y Bruto. Aquí narra la historia de la elocuencia romana. Da gran número de ideas y se defiende del ataque de los neoáticos. |
| “Orator” (46) |
Retrato del orador perfecto, que, por supuesto, es él mismo. En este tratado expone con gran claridad y lujo de detalles su teoría sobre el estilo del discurso y su extensión. |
| “De optimo genere oratorum” (46) |
Opone a los dos más grandes oradores griegos: Lisias y Demóstenes. |
| “Tópica” (44) |
Trata sobre los lugares comunes en los discursos. Es un resumen de memoria y con su peculiar estilo de una obra de Aristóteles. |
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Es uno de los pocos escritores que compaginan teoría y práctica. No es excesivamente original, ya que su fuerza no estaba en la novedad de las ideas, sino en la manera como las ponía en práctica. Su mérito consiste en haber escogido bien y en haber dado a sus teorías una forma literaria. Por eso no basta tener ideas y seguir las normas, sino que el orador debe tener talento, ejercicio y conocimientos. Su ideal de elocuencia es él mismo, y el criterio para conocer si la elocuencia es auténtica es la acogida del público y el efecto sobre él. Sin lugar a dudas, Cicerón tiene el estilo clásico por excelencia. Es natural, no lo fuerza nunca, y al mismo tiempo lo hace con gran corrección y purismo, con armonía y musicalidad, como ningún otro en la prosa latina. La perfección formal llama menos la atención que la variedad, y sus escritos están llenos de matices. En los discursos el poder y la riqueza de ritmo atestiguan el apogeo de su estilo. Cuando se le cree uniformemente solemne es que no se le ha comprendido o que no se le ha leído. El valor de sus obras estriba sobre todo en la belleza formal. Sin embargo la importancia de Cicerón va más allá de ser un buen escritor: es el notario más fiel de su época. Nos presenta el cuadro más completo de la sociedad en la que le tocó vivir. Es la persona sin la cual no tendríamos actualmente un conocimiento correcto de la historia y las instituciones de su tiempo. En todos los estudios sobre ello se citan sus obras. No sólo es el mejor orador de Roma, sino que es el mayor hombre de letras de la antigüedad, y del que se conservan el mayor número de obras. |