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TUS
OCHOCIENTOS BESOS |
Voy a guardar tus ochocientos besos
en las páginas en blanco del libro de mi vida.
El tiempo, entre los dedos,
se me irá lentamente resbalando
al paso inexorable de las hojas.
Al fin, las habrá alegres,
dignas, rotas, fecundas,
tristes también algunas,
emborronadas otras
y las que, para siempre,
han de quedar en blanco.
Los besos, como sabes,
son como las personas.
Unos son tan sinceros
que dejan imborrable
una marcada huella.
Algunos son traidores.
¿quién no recuerda a Judas?
También besos sociales
de bodas, de bautizos,
de alegres funerales.
Apasionados otros,
los más interminables,
los que siempre recuerdas,
con los que , a veces, sueñas.
Golondrinas etéreas
intocables, perpetuos,
son los besos volados.
Los de niño, inocentes.
Aislados, solitarios,
los de encuentros casuales.
Siempre estarán presentes
los que nunca se han dado,
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ocultos, pero vivos,
como algunas palabras.
Cuando me des el último,
el que llaman postrero,
hazlo pronto, enseguida,
que sientas mi calor
porque aunque ya este muerto
aún no seré cadáver.
Y después, por favor,
ochocientos volados…
y ni una
sola flor.