Carles Fages de Climent (1901-1968)
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oració al Crist de la tramuntana * * * obres de Fages que es poden adquirir on line * * *
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Fages de Climent
ANTON M. ESPADALER - 05/04/2003
En la ¿Història de la literatura
catalana¿ dirigida por Joaquim Molas se dedican sólo unas líneas a
Carles Fages de Climent, que empiezan con palabras tan sentidas como
las siguientes: "Carles Fages de Climent fou doctor en llengües
clàssiques i propietari rural". No está nada mal para orientarse.
Vamos, exactamente igual que si en la más normativa de las historias
de la literatura francesa usted leyera, querido amigo, algo así
como: "Jean-Paul Sartre fue "agregé" en el Liceo de Le Havre y
bebedor de café". A partir de ahí, ancha es Castilla. O, ya puestos,
"Large est le bassin central!", aunque quizá me quede corto.
Olvidando las razones del método, sólo hay una disculpa a semejante
atropello: pensar que caló muy hondo la sentencia de Pla asegurando
que Fages fue "l'últim cagalló del feudalisme empordanès". Pero eso
no explica gran cosa. A no ser, claro está, que Fages, con sus
fantasías histórico-sandungueras, como las danzadas al son de
Alexandre Deulofeu y su matemática de la historia, o poniendo sus "Bruixes
de Llers" bajo la tutela del infante Pere de Ribagorça, conde de
Empúries, viniera a decir que la Corona de Aragón no era tan mal
invento. Opinión muy respetable y no creo que a Pla le disgustara.
Las historias de la literatura viven de la clasificación y el problema de Fages es que nadie acaba de saber dónde ponerlo. Piénsese que alguien tan agudo como Joan Fuster en su monumental libro sobre la literatura catalana contemporánea no lo pone en ningún sitio. Empecemos, pues, por el principio, o sea, por colocarlo entre los que saben de él, incluso sin tener una idea demasiado clara de sus proyectos literarios. En el Empordà Fages es un personaje popular. Puedo garantizar que muchos que no han leído un libro en su vida ni pretenden probarlo recitan profundamente emocionados su "Oració al Crist de la Tramuntana". Muchos más son los capaces de tenerte una tarde entera entretenido repasando sus epigramas, en los que admiran, perdida ya la anécdota que los motivó, el ingenio como nervio del arte, como corresponde a menudo a una recepción popular de lo literario. Luego está el Fages que trata de hacer del Empordà el lugar del que extraer la materia para fundir la elevación épica con el gusto por lo nudamente popular. Sus poemas extensos, como las citadas "Bruixes" o "La balada del sabater d'Ordis", responderían a este impulso. El resultado es sorprendente y único: una síntesis, en ocasiones desequilibrada, entre Sagarra y Alberti bendecida por Verdaguer. En la posguerra y hasta días antes de su muerte, ocurrida en 1968, durante casi veinte años trabaja en el "Somni de Cap de Creus", un texto que intuyo que haya que relacionar con el resurgimiento de la épica de la mano de Josep M. de Sagarra y su "Poema de Montserrat", aunque recurriendo a un lenguaje que parece especialmente buscado para satisfacer a los traductores de la Fundació Bernat Metge. Quizá esto dé la sensación que el Fages más ambicioso va siempre a remolque y que no acaba de encontrar el lugar que permita obtener de su poesía un perfil más nítido. Y no deja de ser cierto. Lo mismo ocurre con sus sonetos: siempre es Fages, pero rara es la vez que no se hace presente alguien más: Verlaine, Carner, Guerau, Gasol, Garcés, García Lorca. Quizá el problema sea solamente ese.
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