Carles Fages de Climent (1902-1968)
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oraci— al Crist de la
tramuntana * *
* Fages i
Dal’
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La
exposici—n 'Dal’ y los libros' muestra la estrecha relaci—n del pintor con la
literatura Est‡ abierta
en la capilla de Santa Agueda de Barcelona DANIEL
GIRALT-MIRACLE (El Pa’s, 30/06/1982) La exposici—n
de la obra de Salvador Dal’ como ilustrador de libros abierta en la capilla
barcelonesa de Santa Agueda ha coincidido con una Žpoca de gran tristeza del
artista catal‡n, cuya esposa Gala falleci— d’as antes de la inauguraci—n, de
esta muestra. El creador no quiso que Žsta se pospusiera y decidi—, adem‡s,
que deb’an acelerarse los tr‡mites para la gran antol—gica de su obra que se
presentar‡ a principios de 1983 en Madrid y Barcelona. En la muestra de la
que se habla en esta p‡gina se advierte una vez m‡s la polivalencia del
pintor en su estrecha relaci—n con la literatura. Hace como
tres o cuatro a–os que a nivel internacional -y en esto s’ que participamos
del concierto mundial- se inici— por parte del mundo del arte y la cultura
una corriente de recuperaci—n de la figura de Salvador Dal’, que centraba el
peso de su reconsideraci—n en la categor’a de su obra m‡s all‡ de la anŽcdota
que le ha hecho popular y universal. En el momento en que Dal’ empez— a dar
se–ales de fatiga f’sica y la edad hizo mella en su cuerpo, Par’s, que no ha
perdido todos los trenes del centralismo art’stico, le organiz— en el Centro
Pompidou aquella apote—sica retrospectiva que supuso el indulto final de ciertos
sectores intelectuales y pol’ticos hacia su personalidad.Pese a haber vivido
los benepl‡citos que la Espa–a oficial le depar— hasta 1975, nunca se le
organiz— una exposici—n retrospectiva que nos lo situara en la rica y
polivalente realidad de su aportaci—n al arte del siglo XX. En un
despertar tard’o, y por ello apasionado, todos nos hemos apresurado al
acercamiento a su obra. Las visitas reales a Port Lligat, la concesi—n de la
Gran Cruz de la Orden de Carlos III, la Medalla de Oro de la Generalidad
-concedida por su presidente en el mismo Museo de Figueras-, las exposiciones
de obra literaria y gr‡fica, la gran antol—gica que el Ministerio de Cultura,
a travŽs de su Direcci—n General de Bellas Artes, y la Generalidad de Catalu–a
preparan para el pr—ximo a–o son claros signos de este flirt que en cierta
manera quiere normalizar las relaciones de este pa’s con una figura tan
contradictoria, pero tan gigantesca, como la de Dal’. Casi
coincidiendo con la muerte de Gala, y sin guardar ningœn tipo de relaci—n con
este hecho, se presenta en Barcelona una exposici—n que, bajo el t’tulo Dal’
i els llibres (Dal’ y los libros), ha preparado el Departamento de Cultura y
Medios de Comunicaci—n de la Generalidad de Catalu–a, con la colaboraci—n del
editor Eduard FornŽs y distintos coleccionistas y amigos del artista ampurdanŽs. Paredes
de la capilla Todas las
paredes de la capilla g—tica del palacio Real, aneja al sal—n del Tinell, han
sido literalmente tapizadas con obra daliniana centrada en la ilustraci—n de
grandes libros de la literatura universal.En algunos casos la muestra
coincide con la que se present— en Madrid a principios de a–o, consagrada a
los ciclos literarios de su obra gr‡fica. Tanto en la selecci—n de los
grabados como en la inclusi—n de otros t’tulos la enriquece y complementa.
Pero Žsta no se limita al Dal’ ilustrador, sino que concede igual importancia
al Dal’ autor, al hombre que ya en edad escolar hizo sus primeros balbuceos
literarios para la revista Studium, del Instituto de Figueras, glosando
precisamente a artistas de la magnitud de Goya, Vel‡zquez, Miguel Angel, El
Greco, Leonardo, Durero, y que a lo largo de su vida ha escrito muchos libros
y art’culos a despecho de las reglas ortogr‡ficas, y que lo ha hecho con
tanto ingenio y creatividad como en su pintura. Una vez m‡s
nos topamos con el Dal’ polivalente, con el hombre lleno de registros y de
capacidades que se interesa por todos los medios de comunicaci—n y creaci—n a
su alcance: pintura, dibujo, escultura, literatura, moda, orfebrer’a,
escenograf’a, cine, etcŽtera. Impresiona
ver tal cantidad de libros escritos por Dal’ en catal‡n, castellano, francŽs,
inglŽs o traducidos a otras lenguas, que son el reflejo de un continuo
delirio que se transforma en im‡genes literarias o gr‡ficas gracias a ese mŽtodo
que dio en llamar paranoico-cr’tico y que constituye su m‡s notable teor’a,
ratificada por una pr‡ctica realmente inusual que incluso sus colegas
surrealistas envidiaron antes de defenestrarle del grupo. Literatura
explosiva Su
literatura es explosiva, radical, se recrea en la irracionalidad, pero
siempre dando una interpretaci—n cr’tica de los fen—menos reales. Es una autŽntica
paranoia donde la lucidez y las fantas’as se dan la mano en unas im‡genes
brillantes que tanto pueden ser una boutade como un axioma, un exabrupto como
un apotegma, porque en Dal’ todo es posible, lo serio y lo fr’volo, lo
trascendental y lo banal, lo genial y lo trivial, s—lo que con una fluencia
incontenible.Su primera novela, Tardes d'estiu (1920), de la que se han
conservado algunos fragmentos; sus mœltiples art’culos en Llamic de les Arts
(Sitges, 1927), Gaseta de les Arts (Barcelona, 1929), Mirador (Barcelona,
1929), son el pr—logo dŽ los escritos que aparecer‡n en La RŽvoluti—n SurrŽaliste,
de Par’s; en la Gaceta Literar’a, de Madrid, y de sus mœltiples textos sobre
el surrealismo, resultado de su contacto con el grupo capitaneado por Bret—n:
Le surrŽalisme- au service de la RŽvolution, y particularmente Minotaure.
DespuŽs de su Manifest Groc, firmado en 1928 junto con Monta–‡ y Gasch,
escribir‡ libros de mayor envergadura, tales como su Vida secreta de Salvador
Dal’, Rostros ocultos, 50 secretos del arte de pintar, El diario de un genio,
Confesiones inconfesables, etcŽtera. Una amplia selecci—n de ese frondoso
panorama literario est‡ ah’ como muestra de la otra cara de Salvador Dal’,
quiz‡ menos conocida y ruidosa, pero no menos fŽrtil y atractiva. La otra
parte de la exposici—n se centra en la tambiŽn mœltiple obra ilustrada del
autor, desde Les bruixes de Llers, del poeta C. Fages de Climent (1924), aœn
en una atm—sfera de inspiraci—n novecentista con insinuaciones cubistas,
hasta las m‡s fantaseadas im‡genes de corte surrealista de La Inmaculada
Concepci—n, de Bret—n y Eluard; los Ensayos, de Montaigne; El Quijote, El
Apocalpisis, Lidia de CadaquŽs, Onan; El tricornio, de Alarc—n; La divina
comedia, los poemas de Mao, Alicia en el pai sde las maravillas, La Biblia,
Casanova, el Decameron, Las doce tribus de Israel, El para’so perdido, La
vida es sue–o, La alquimia de los fil—sofos, hasta concluir con Obres de
Museu, de su paisano Josep Pla. DespuŽs de
visitar con cierta atenci—n esta interesante y apasionante exposici—n, uno
llega a dos conclusiones: que la relaci—n de Dal’ con los libros, con las
letras, con la literatura en general, siempre ha :sido fruct’fera y estrecha.
Ha le’do y ha escrito abundantemente, incluso afirma que en su reclusi—n en
el castillo de Pubol -autŽntico mausoleo de Gala- quiere centrarse de nuevo
en la escritura. La otra
conclusi—n es que la obra de Dal’, en su totalidad, resulta eminentemente
literaria. Reinterpreta personajes y realidades surgidos de la cultura escrita.
Esta estimula y fecunda su imaginaci—n; por ello, en el fondo, sus dibujos y
grabados, al igual que su pintura, son enormemente ilustrativos y se ponen
espont‡neamente al servicio de los libros. Vida,
muerte, amor, sexo, mitos, divinidad, guerras, paisajes on’ricos, etcŽtera,
son soporte y acicate de unas im‡genes que sacan a la luz sus fantasmas
internos y nos muestran el potencial de un subconsciente tan alucinado como
lleno de talento. |
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