oració al Crist
de la tramuntana
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Fages
i Dalí
Josep
Pla i Fages de Climent
Fages
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sobre Fages de
Climent
bibliografía
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Datos fabulosos e históricos. La triple
mitra. (La
Vanguardia, 20-3-1964)
Sabemos poco de una época de paz y
evolución tan fecunda para nuestro país
como la romano cristiana. Apenas vencidas
las últimas resistencias autóctonas,
la nueva civilización impuso fácilmente
unas ideas peculiares, porque
estas venían ya trabajadas por la semilla
evangélica. No es pues de extrañar
que la Iglesia, tan respetuosa con
las formas tradicionales, adaptase su
jurisdicción a las líneas básicas de las
demarcaciones pretorianas y en el
transcurso de los nuevos tiempos se tienda
a la coincidencia y superposición de
los condados, las veguerías y las diócesis.
La ciudad de Gerona es considerada
por algunos sabios historiadores como
cabeza de la monarquía más antigua
de España. Todo hace presumir que
Gerion iue un terrible y codicioso gigante
—posiblemente de la familia de
aquel buen señor de Nearderthal que
pasaba sus veranos en Bañolas y que
al morir nos legó una mandíbula, y
del que los arqueólogos y prehistoriadores
han llegado solamente a investigar
que tenía parientes en Alemania y
Gibraltar.
El gigante «fundó una ciudad que,
de su nombre, la llamó Geriona, y hoy
se llama Gerona», y íue depuesto por
el rey egipcio Ossiris Júpiter, que vino
con su mujer Ysis. Eso acontecía exactamente
en el año 1758 antes de la venida
de Jesucristo. Por lo menos así
lo asegura Jerónimo Pujades, el verídico
cronista, y otros graves varones
que lo van transcribiendo unos de
otros, tan pimpantes, con idénticas frases,
sin que sus palabras dejen traslucir
el más leve atisbo de ironía.
EPISCOPOLOGIO DE GERONA
Si todo parece en épocas tan trabajadas
algo confuso, no es de extrañar
que los episcopologios ofrezcan, a su
vez, ciertas lagunas. Así muchos colocan
en el vértice fundacional a San
Máximo, mientras opiniones más graves
y recientes se inclinan a admitir a
San Pons o Poncio. mártir, como prelado
fundador, al que sigue San Narciso,
de origen griego, que también ganó
las palmas de la muerte por la fe. San
Félix, victima asimismo de la persecución,
no fue obispo, sino diácono. Sigue
la lista de los que llegaron a tomar posesión
—los preconizados fueron más—
hasta el número ciento once, hermosa
cifra de simetrías pitagóricas, que es
la correspondiente al Dr. Jubany, que
ha pasado a ocupar el segundo ordinal
en la sucesión de los Narcisos,
La presencia de Gerona en la historia
de los Concilios sugiere una especial
noción de su peso específico en la
norma eclesiástica española. Basta con
decir que fueron seis los que merecen
plenamente consideración de tales, celebrados
en el ángulo de confluencia
del Onyar y el Ter, y que los mitrados
de Gerona raramente faltan en las
asambleas congregadas en otras ciudades.
Merecen citarse algunas incidencias,
como la originada por la entereza
del obispo Berenguer de Castellbisbal,
quien, con arrestos dignos de un profeta
bíblico, osó predicar contra los devaneos
canónicos de Jaime I interponiéndose
en sus planes, por lo que el
mujeriego y glorioso monarca mandó
amputarle la lengua. La acusación real
se basaba en el resentimiento por la
testificación de ciertos extremos revelados
por el eclesiástico: «la dessús dita
Teresa Gil de Bidaure met pleyt
devan del Sant Pare de Roma en favor
de aquell matrimoni secret que el rei
havia faeyt amb ella, lo cual sabia bé
lo bisbe de Girona...»
Entre los que empuñaron el báculo
gerundense bien merece nombrarse al
cardenal don Juan de Marguerit y Pau,
en las épocas turbulentas de Juan II y
las Remensas.
BREVE EPISCOPOLOGIO
DE AMPURIAS
El prestigio de Ampurias y su categoría
de ciudad-república marítima,
donde posiblemente tomó tierra el
apóstol San Pablo, hace que no resulte
descabellada la hipótesis de que hubiese
sido aquella desaparecida sede la
decana, entre las tres que actualmente
integran la diócesis. Pero la historia de
la plaza nunca expugnada de Gerona
resulta en todos los órdenes más conexa,
mientras los normandos o las tramontanas
aniquilaban la ciudad grecoromana.
Los datos ciertos que de esta mitra
emporitana poseemos arrancan de 516,
en que sabemos de la asistencia del
obispo Paulo a un concilio tarraconense.
La lista se continúa con Casontius,
Fructuoso, Galano, Adeodato y Gaudilia.
Por lo menos son los únicos titulares
que podemos documentar históricamente.
No hay obispo sin catedral y ésta debió
ubicarse en el montículo de Sant
Martí, y en el lugar que ocupa su pequeña
parroquia actual o en el recinto
que cierran las runinosas paredes del
templo de los Servitas. Me imagino la
apacible existencia de esta teoría de
pequeños obispos rurales que debían
estar al cuidado personalmente de las
manzanas de su huerto cerrado frente
al mar y que si no jugaban al tresillo
con el triumviro, el centurión o el prefecto
romano-visigótico, será porque el
tresillo no estaría todavía inventado.
Territorialmente la jurisdicción correspondía
luego al conde de Ampurias,
que nunca renunció a tener un obispado
propio dentro de sus límites y
ello explica la construcción de una hermosa,
absurda y gigantesca Seo. obra
de la segunda dinastía, en su villa residencial,
Castelló de Ampurias, como
condición preliminar impuesta por el
Pontífice. Pero aun cuando el conde
cumplió como bueno, la concesión, que
tanto habría disgustado al poder real,
quedó en e! aire. En su defecto el
abad mitrado de Sant Pere de Roda
ejercía el poder eclesiástico del condado,
atribuyéndose discutidas prerrogativas
llegando a administrar el sacramento
de Confirmación, siendo ello causa
de continuos disgustos entre el conde-
rey, el obispo y los poderes temporales
ampurdaneses. «Aquest Pons Huc,
Comte d'Empuries era molt superbiós
e remorer, per tan hac debats e molts
brogits contra el bisbe de Girona que
lavors era En Berenguer Dalmau...»
La frase transcrita es de «Els fets
d'armes» de Bernat Boades.
WIFREDO, ÚNICO OBISPO
DE BESALÚ
La historia de la sede de Besalú es
más breve, muy breve, pero poseemos
de ella datos concretos. Fue creada
por Benedicto VIII a instancias del
conde Bernat, que acudió a Roma en
peregrinaje de súplica acompañado de
su sucesor Guillermo y del propio Wifredo,
para quien se obtuvo efectivamente
el fin propuesto de «instituir un
Obispado en su propia tierra.
Para nada se habla en la colección
diplomática del condado publicada por
Francisco Montsalvatge ni en otro lugar
alguno de otro hijo llamado Gentil
en la epopeya verdagueriana, que prendido
entre las redes de la magia de
Flordeneu, olvida el amor_ bucólico de
Griselda y muere despeñado por su
tío, el conde de Cerdaña. Toda la vida
del doncel, que acaba de recibir de caballero
«las armas que no supo honrar», se disipa en estrofas de pura libertad
e invención, entre las lágrimas
y la ira del conde Tallaferro, y la penitencia
del fundador del cenobio de
Sant Martí de Canigó.
Poco había de durar la efímera concesión,
a pesar de que el Papa amenaza
a cualquiera que se atreva a contravenir
su bula de 26 de enero de 1017,
transcrita con el testimonio de ocho
obispos y si no se arrepintiera está
atado con la atadura del anatema de
Nuestro Señor el Príncipe de los Apóstoles,
y con el demonio y sus atrocísimas
pompas y con Judas que entregó
el Señor Dios y Salvador Nuestro Señor
Jesucristo.»
Este primero y último obispo residió
en Sant Joan de les Abadesses, y al
ser preconizado arzobispo de Narbona
abandonó voluntariamente sus prerrogativas
durante el Papado siguiente, y
así acabó aquella aventura en la que
cabe ver la mano tan allegada del ilustre
abad Oliva. La próxima absorción del
condado por parte de la casa hegernónica
de Barcelona dio al traste, definitivamente,
con aquel alarde de autonomía
eclesiástica.
CONFUSIÓN POPULAR
EN TOBNO A LA BISBAL
Conviene aclarar, para los que han
supuesto una cuarta mitra establecida
en La Bisbal, que se trata de una confusión
evidente, toda vez que el gerundense
poseía en aquel lugar de su
jurisdicción señorial un hermoso castillo,
que se conserva, y que utilizaba
como residencia veraniega a la manera
de un discreto Castelgandolfo.
Para puntualizar esta breve noticia
referida a la mitra de Gerona, considero
de interés divulgar la exégesis de
esta clase de tocado de origen mitológico
en Grecia con el que se adornaban
algunas divinidades femeninas como
Hera, Démeter y Cora, y más estilizada,
fue emblema de categorías hieráticas
secundarias como las Horas y las
Musas.
La tiara, de origen también sacerdotal,
es un birrete que sostiene, a
modo de armazón, una triple corona en
la que se representan múltiples jerarquías,
y que adoptó el Sumo Pontífice
Romano para ostentación de sus poderes
espiritual, temporal y eclesiástico.
C. FAGES DE CLIMENT
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