CARTA APORTADA POR DARIO CABANELAS

EN SU OBRA: UN FRANCISCANO HETERODOXO EN LA GRANADA NASRÍ ( 1950 )


 

Carta enviada al Rey de Castilla por los hermanos de la Observancia hablando acerca de la discusión habida en favor de la ley de Mahoma, así como del celo en la evangélica ley de enseñar, e hicieron camino por el reino de Granada en torno al año del Señor de 1440.

Excelentísimo Principe y Señor Rey; besando vuestras manos con la debida reverencia, humildemente me encomiendo a Vuestra Soberanía, quien según creo, ya sabrá de que modo yo, el hermano Alfonso de Zamora, con algunos otros de mi Congregación, hicimos camino y estamos en el reino de Granada.

Y como la causa o las causas por las que hicimos camino son ahora equivocas a Vuestra Majestad, tanto que yo juzgo han de ser examinadas por Vuestra Grandeza más adelante. Sin embargo, Señor, hablando con toda verdad, como a mi superior religioso y a mi rey, sepa Vuestra Majestad que las causas de nuestro tránsito al mencionado reino son las siguientes.

Primera, que desde doce años atrás, poco más o menos en estas fechas no a causa de las maldades ni de otra ofensa que yo hubiera cometido entre los cristianos, con los cuales estuve viviendo, sino solo a causa de predicar la verdad del Santo Evangelio tal como está manifestada y precisada por los santos doctores, unos clérigos impíos con el auxilio y el favor de reyes, principes y otras autoridades, de diversas maneras me persiguieron hasta la muerte , como Vuestra Reverencia bien sabrá.

Pero yo, Señor, viendo que las persecuciones de los arriba mencionados no cesaban, sino mas bien crecían contra mi, pensé hacer sitio a su ira y alejarme durante algún tiempo, tal como lo hizo Jesucristo y nos mando que hiciéramos, diciendo: " Si os persiguen en una ciudad, huid a otra."( Mt.10,23 )

La segunda causa, Señor, fue porque le agradó al Altísimo Dios, quien infunde prosperidad a quien Le place, manifestar a mi corazón que su santa Ley y sus Santos Evangelios no habían sido, hasta el presente, declarados por los anteriores doctores suficientemente según la propia verdad que contienen, antes bien carecen de la necesaria, la nueva e imprevista declaración para iluminación de aquellos que están en las tinieblas de la infidelidad y creen que andan con la clarísima luz de la Fe; y, Señor, porque entre los cristianos no pude enseñar mi corazón como a ellos, lo cual se ha dicho más arriba, conviene, por la incredulidad. de aquellos y por la crueldad de las rígidas e injustísimas leyes que han sido establecidas por éstos contra aquellos que opinan de otro modo, en cuanto a la Fe, a como los antiguos doctores opinaron.

Estas son las causas, Señor, que a mi y a aquellos que conmigo están nos llevaron a transitar por dicho reino. Porque, Señor, humildemente y con la vehemencia que debo y puedo, suplico a Vuestra Excelsa Soberanía, y requiero por parte del Altísimo Dios, que, una vez visto lo presente, agrade a Vuestra Soberanía junto con vuestros sabios consejeros ver y juzgar sobre esto que se ha dicho más arriba y tomar medidas sobre ello con santa determinación, destinando a tal fin prudentes y honestos religiosos en la observancia de sus reglas, celadores de la Fe y doctos en leyes, quienes sean suficientes para entender y examinar aquellos que ha sido expuesto por nosotros. Quienes además sean humildes y benignos para aceptar y creer lo que debe ser creído y aceptado de acuerdo a la razón, y, por el contrario, sean fuertes y constantes para resistir aquello que no sea de razón, y para defender la verdad de la Santa Fe, no con animo engreído de vanidad y ambición, ni con furor ni pérfida rivalidad, sino con fiel autoridad y legítimo juicio, declarando y notificando a Vuestra Gran Soberanía aquellos asuntos y dudas, que intentamos advertir no son pequeñas en consideración y valor; antes bien, son tales que merecen ser oídas con sosegada mente, y vistas y examinadas con juicio grande, y si así no fuera, pudiera nacer de ello gran falta y desgracia de toda la Cristiandad.

Así pues, Magnífico y Benignísimo y Noble Señor, yo, el mentado hermano Alfonso, junto con los mencionados compañeros míos, solicitamos audiencia con afabilidad, en la creencia de que somos proclamadores de la Verdad de la Fe para mayor gloria de Nuestro Señor, y nosotros queremos, antes de ser oídos por sabios cristianos, advertir de otra cosa insólita o escándalo en contra de lo que creen y siguen los mencionados cristianos. Vuestra Sublime Soberanía, pacíficamente y sin otro estrépito de desorden o rugido, debe concedernos dicha audiencia, porque si se debiera deducir lo contrario, lo cual no es esperable por parte de Vuestra Benigna Soberanía, alcanzarla vuestra noble corona pequeño honor. Y nosotros, indignos siervos de Dios, en tal caso deberíamos ser disculpados, exponiendo en público esto que hasta ahora, inspirados por Dios vivo, pensamos. Y no desdeñe Vuestra Alteza nuestra insuficiencia y rusticidad, porque Poderoso es Dios para darnos el don de la palabra y de la sabiduría, a la que no podrán enfrentarse ni contradecir nuestros adversarios, cuya sabiduría es necedad a los ojos de Dios.(I Cor. 3, 19)

Además, Señor y debe ser recordado a Vuestra Soberanía que Nuestro Señor Dios no hizo su obra en un solo día, cuya obra no conocemos hasta el presente que sea completa, sino que hizo diversas obras en diversas épocas, avanzando progresivamente, a través de sus santos siervos y de tal manera se manifiesta claramente a través de la división de los tiempos y de los hechos más sobresalientes realizados por ellos; pues una vez creadas las bestias al sexto día, creo al hombre a quien las puso bajo su mandato; y de la multiplicidad de los hijos de Adán, envió a Noé a que librara a sus elegidos en el Arca; y después siendo fiel a Abraham separo a su pueblo elegido de los idolatras por medio de la señal de la circuncisión; y después en tiempos de Moisés salvo de una gran y larga cautividad a su pueblo, al cual introdujo en la tierra prometida a través de Josué; y a través de David le dio después la paz y la victoria sobre sus enemigos; y a través de Salomón les hizo un templo en donde le adoraran; y a través de Zorobahel, después de que fuera destruido por el fuego, lo edifico por segunda vez, y a través del mismo 1es enseño la Ley, la cual había caído en el olvido por los hijos de Israel; y a través de Matatías y sus hijos libero a la Santa Ciudad de los incircuncisos; y después a través del Santo Juan Bautista predijo en el bautismo del agua la venida de El Justo.

Y posteriormente Jesucristo manifestó la verdad del mundo, la cual hasta hoy día no ha sido conocida por el mundo, pues les transmitió un nuevo camino, pero cubierto enteramente por su Carne, la cual es necesario que coma quien desee venerar su santa divinidad con el sentido del gusto.

Grandes obras fueron éstas, Señor, aunque no todas hechas en un solo día ni en un sólo año, ni en una sola época. Así pues, a quien tales y tan grandes obras hizo en diversas época y de vez en cuando le agradará hacer obras similares o mayores, y especialmente cuando el espíritu de Jesucristo se manifieste claramente en los corazones y mentes de sus siervos en los tiempos presentes en que la gracia ha de ser restablecida y conservada en la final bendición y consolación de sus elegidos, en mucha mayor medida que en otros tiempos pasados, porque por fuerza concluye la Santa Escritura que aquel que muriendo descendió desde el Oriente, empezando por Abel, hasta las partes más inferiores de la tierra, que son las partes occidentales, lo más humildemente posible, en favor de la mayor parte, Vuestra Soberanía, porque desde ese lugar los resucita poderosamente con mayor claridad, y la gloria del segundo hogar será mayor que la del primero (Ag. 2, 10) del modo que nos fue prometido por los profetas y el Espíritu Santo, al cual solamente le ha sido atribuido en el sacrosanto septenario, y no antes, hacer su santa Iglesia única y católica, de manera distinta a como lo ha sido hasta ahora.

Y ciertamente. Señor, a todos aquellos a través de los cuales agrado a Nuestro Señor Dios hacer sus obras y maravillas en dichos tiempos, y a través de otros muchos hombres que fueron mortales y de poca reputación en sus comienzos, sin embargo Aquel que siempre es inmortal, con el transcurrir de los tiempos y después de muchas angustias, quiso exaltarlos y manifestar su virtud y su verdad a todas las gentes; El que de similar modo en el presente, Poderoso es para declarar por medio de sus humildes siervos, pobres de ciencia y de mundana filosofía, los misterios profundos de las Divinas Escrituras, las cuales hasta el presente permanecen cerradas para quienes se ven ante sus propios ojos, prudentes y sabios.

Y no dude Vuestra Sublime Soberanía, oh Señor, ni endurezca vuestro corazón como el corazón del Faraón, ni menosprecie el consejo divino como lo hizo Herodes con los doctores en Jerusalen, porque está anunciado y confirmado por la verdad que, niño nacido tan grande, fue anunciado a rudos pastores, al cual no reconocieron los sabios del templo; y los pescadores creyeron por sus palabras y siguieron a Aquel a quien los sabios atravesaron.

Asimismo, Noble y Excelentísimo Señor, si complace a Vuestra Soberanía oír con paciencia y hacer reunir a vuestros sabios en el gran día fijado del Señor, quien viene sobre éstos ya cerca, pues Poderoso es Dios Vivo, en el cual creemos, para causar nuestro temprano sacrificio con el ardiente fuego, y a través de nosotros sus indignos siervos abatir con la espada de la verdad espiritual a los infieles sacerdotes de Baal y de los bosques, quienes durante tanto tiempo tienen engañado al pueblo del Señor y lo hacen abatirse hacia dos partes. Igualmente Poderoso es para dar a través nuestro el agua viva de la celestial doctrina espiritual con la que se renueve la faz de la tierra y vivan en espíritu todos los que hasta aquí morían por la carne, en la novedad de la vida espiritual y del conocimiento espiritual, alabándonos a nosotros y a Aquel quien después de tantas tinieblas palpables hizo tan clara la luz e ilumino piadosamente al ciego pueblo, quien había nacido ciego de dentro del útero de su madre; no nació ciego por que su padre y madre fueran culpables, sino porque con ello se manifiestan las maravillosas obras de Aquel que todo lo tenía encerrado hasta hoy en la incredulidad en beneficio de todos los hombres.

Considere Vuestra Sublime Nobleza el modo, Señor, en que piadosamente el gran rey Asuero, después del primer banquete, que duro 180 días, quien lo dio durante seis meses, banqueteó a la reina Vasti para que, puesta en su cabeza la diadema, mostrara su belleza a aquellos que estaban en el segundo banquete, que duro siete días solamente. Y porque desdeño la voz del convidante y no quiso ir al mandato del rey fue despreciada de tal modo que la reina no fuera aquella que sentándose en el banquete de las mujeres decía: " me siento reina, y no veré más gemidos ni llantos "; en aquel momento vino sobre ella lo que esto manifiesta, la esterilidad y la viudez, todo en un solo día.

Todo lo que se ha dicho, así como otras mantenidas en las Sagradas Escrituras, les acontecía en figura ( 1Cor. 10, ll) y fueron escritos para nuestra reforma, nosotros que estamos al final de los tiempos de los que reinan, pero no según Dios, de aquellos que quieren establecer su justicia, pero no sometida a la justicia de Dios, cuya destrucción y perdición ha llegado, quienes con sus cuerdas de firmeza moderada piensan que pueden retener la verdad, Jesucristo, de modo que no salga del sepulcro de la Antigua Escritura, cubierto del todo en la Nueva Escritura, al tercer día, día del Espíritu Santo, que nos declara todo lo que antes habíamos escuchado en los proverbios y nos conduce del fuego de la servidumbre legal de los hombres a la perfecta libertad de la Ley Divina, porque juntamente con el Apóstol: " Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad ".

(II Cor. 3, 17).

Estando nosotros los arriba mencionados por todas estas cosas dichas arriba en el mencionado reino, y examinando y escudriñando escrupulosamente la Fe que los sarracenos tienen y en la que creen, hallamos que los dichos sarracenos no son infieles, como allí se dice, y aun más, hallamos que ellos son católicos, fieles y creyentes en un solo verdadero Dios, Creador del cielo y de la tierra, al cual con gran fe, temor, humildad, reverencia y devoción adoran y honran en todos sus hechos y dichos. Y ojalá fuera propicio a Dios que aquellos que se dicen cristianos le temieran, creyeran, adoraran y honraran con tanta reverencia y temor. Igualmente hallamos que los dichos sarracenos creen y manifiestan todas, las santas acciones y dichos de Jesucristo, a quien honran en sus palabras y opciones, mucho más que los cristianos, creyendo de El lo que según la razón puede y debe ser creído. Además hallamos que ellos están dispuestos a oír y escuchar todo lo que según la razón puede ser presentado como verdadero según las razones en ellos descubiertos verazmente conocimos que Dios no es solamente Dios de los cristianos, sino que es Dios de todos los que creen rectamente en El, y cumplen sus mandatos con obras dignas. Y que Dios no es parcial, porque es el Padre de todos y tiene el cuidado de todos (Sap 6, 8) pues los ojos de todos se vuelven a El, que no quiere la muerte del pecador, ni se complace con la perdición de los que mueren.

Y puesto que Nuestro Señor Dios de tan sublimes, nobles y excelentes acciones previo venir en vuestro reinado según su admirable disposición, Señor Rey, se nos hace evidente que Vuestra Soberanía debe proveer acerca de ello con el sabio consejo de aquellos que hayan sido designados celadores de la santa ley de la Fe, no con el orgullo de los que con sus perversas obras demuestran ser la sinagoga de Satanás y no la Iglesia de Jesucristo, o de los que quieren progresar con algún otro escándalo o de algún otro modo indebido. Lo que con todo, oh Prudentísimo Señor, no esperamos de Vuestra Soberanía otra cosa, especialmente porque estamos dispuestos a oír y creer todo lo que según la razón y la autoridad de la Escritura debe ser creído convenientemente, con toda la verdad y sin ningún otro recibimiento.

Del mismo modo estamos dispuestos a creer, a dar cuentas de nosotros y de todas las cosas que hasta hoy hubiéramos hecho y dicho, aquí y allí.

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FECHA DE LA ULTIMA ACTUALIZACION: 14/1/2005