Trabajo con
Padres
FERRELL, K. A.
Tomado de:
FERREL, K. A. (1990). Trabajo con Padres: En ICEVH, Nº 73. Córdoba
(Argentina): ICEVH.
Traducción de Susana
E. Crespo de: FERREL; K. A. (1986): Working with Parents. En Teoría
y Práctica de Foundations Of Education for blind and Visually Handicapped
Children and Yourth.
INTEREDVISUAL
Introducción
“Trabajo con Padres” comienza con una
aseveración de la autora que es toda una definición: “El trabajo con los padres
no es más un ideal, es un mandato”. Otra expresión que también nos debe hacer
pensar es aquella en la que Ferrell dice: “La educación especial ha sido
notable por su fracaso al no involucrar a los padres en el proceso educativo”.
La cuidadosa lectura de este capítulo
generará, sin duda, una nueva actitud en los maestros especiales con respecto
al rol que les toca jugar a los padres y a todos los miembros de la familia en
el proceso formativo del hijo impedido. Por otra parte, hará comprender a los
docentes que una posición omnipotente, de “saberlo todo” no es la más adecuada
para lograr el acercamiento de los padres a la escuela ni para crear un sentido
de responsabilidad y de anticipación.
Finalmente, la Guía para Profesionales que tratan con padres sugiere estrategias a
seguir, estrategias que facilitan el acercamiento y clarifican los roles que a
todos los involucrados les toca jugar.
Susana E. Crespo
Trabajo con
Padres
FERRELL, K. A.
El trabajo con los padres no es más un ideal, es un mandato. Los
maestros de niños ciegos y disminuidos visuales encontrarán su vida
inexorablemente unida a la de los padres de sus alumnos a medida que trabajan
buscando la mejor educación posible para todos los niños y jóvenes
discapacitados visuales. Son los padres quienes pueden, hacer o destruir un
programa; quienes pueden presionar a los directivos de la escuela para que se
disponga de más materiales y mejores programas y quienes pueden sumar o restar
el éxito o el fracaso de la carrera del docente. Los padres no son amigos ni
enemigos; son colegas y como tales merecen el mismo respeto, entrenamiento,
paciencia, comprensión, vacaciones y licencias que merece cualquier otro
trabajador. La única diferencia radica en el hecho de que sus horas son más
largas y la remuneración, si llega, es comúnmente intangible.
Sin embargo, con demasiada frecuencia, los educadores ven a los padres
desde una distancia y "caen en el impulso de culparlos por todos los
problemas familiares". Es frecuente que los maestros informen que los
procedimientos correctivos tendientes a eliminar los balanceos o los dedos en
los ojos no funcionan porque "los padres hacen todo por el niño",-
informan también que los padres no refuerzan los hábitos de estudio o son
negligentes en el cuidado de las ayudas ópticas. "Sus padres lo tratan
como a un bebé". "Sus padres se niegan a mandarlo solo al negocio
próximo". Pareciera que los padres estuvieran atrapados ya que o hacen
mucho o hacen poco por sus hijos. Pareciera que sus acciones estuvieran bajo
constante escrutinio por parte de los profesionales de quienes dependen para
que los ayuden a ayudar a sus hijos.
Estas actitudes y juicios con respecto a los padres son inaceptables.
Hasta mediados de los años setenta el compromiso de los padres con la educación
de los hijos estuvo marcado por una actitud de "dejar hacer", tanto
por parte de los padres como del personal de la escuela. Se esperaba que los
padres, en el momento en que el niño ingresaba en la escuela, abandonaran su
responsabilidad educativa.
La educación especial ha sido notable por su fracaso al no involucrar
a los padres en el proceso educativo. "No se les, permitía que leyeran los
informes, recibían pocas noticias sobre los progresos del hijo. los informes
eran comúnmente incomprensibles y llegaban después que el programa había sido
modificado. Se les decía que si querían que la escuela ofreciera algún servicio
al niño tenían que aceptar todas las recomendaciones que se les hacia. Pocas
veces se invitaba a los padres a conferencias o evaluaciones y no se compartía
con ellos los progresos o dificultades del niño".
Esta actitud, en alguna medida, todavía prevalece El padre de un niño
ciego escribió recientemente:
"Un pomposo psicólogo y una maestra sobrecargada, me dijeron que
sería difícil que mi hija lograra rendimiento en las materias académicas porque
era una niña de conducta incorregible. Sin embargo, mi experiencia con mi hija
me decía que los así llamados expertos estaban equivocados, que el potencial de
mi hija no había sido descubierto y que su indocilidad se originaba en el
aburrimiento. Lamentablemente cada vez que hacía un planteo se me golpeaba con
veladas y a veces no tan veladas amenazas de que mi hija sería expulsada del
programa o que éste tendría que cerrarse en detrimento de los otros
niños".
Un maestro que se queja por falta de seguimiento en el hogar tiene la,
obligación de ver si los padres saben cómo hacer el seguimiento, ya sea que
esto signifique entrenar a los padres o encontrar alguien que lo haga. Esto
crea gran tirantez en la relación maestro-padre, relación en la cual las
demandas y las expectativas son muy grandes por ambas partes. Tanto padres como
maestros deben comprender y respetar las perspectivas del otro.
FACTORES
QUE INFLUYEN EN LAS ACTITUDES DE LOS PADRES
Todos los individuos, y los padres no son una excepción, imprimen sus
propios valores y experiencias a las diferentes situaciones que viven. Además,
como el sentido de la paternidad está tan profundamente involucrado en todos
los aspectos de la personalidad, el nacimiento de un bebé discapacitado puede
hacer tambalear el sistema básico de valores y también las creencias, afectando
esto el control sobre la propia vida. Como responsable de la situación la
persona dependerá de sus propias fuerzas y debilidades y de la ayuda que los
otros miembros de la familia le ofrezcan, de los profesionales que se le
acercan y de muchos otros factores externos.
ETAPA
DE DUELO
Se dice con frecuencia que los padres pasan por ciertas etapas hasta
llegar a aceptar la discapacidad del niño. El modelo al que se suele recurrir
fue desarrollado originariamente para racionalizar las acciones de pacientes
terminales. Aunque esta teoría se usa frecuentemente para describir las
emociones de los padres y la posible situación de aceptación, hay poca
evidencia empírica de que los padres de niños discapacitados pasan en realidad
por esas etapas.
Por cierto que todo padre, en uno u otro momento, experimenta estos
sentimientos, pero si los experimenta en esta secuencia o con esta intensidad
es tema de discusión.
Además, mientras las etapas bien pueden aplicarse a personas que están
muriendo- la premisa subyacente de los padres de que algún día aceptarán la
situación, puede ser tema de conjeturas. En la mayoría de los casos los
profesionales tratan de forzar a los padres a aceptar la ceguera del hijo
cuando ni siquiera saben qué es aceptar.
Aplicado a padres de niños discapacitados el modelo frecuentemente
incluye las siguientes etapas:
1.
NEGACIÓN y AISLAMIENTO: Se manifiesta negando la existencia de la
discapacidad o minimizando el significado de esta. Esta etapa puede
proporcionar un escape momentáneo ya que se trata de enfrentar los sentimientos
de culpa mientras se cumple con las obligaciones de atender al niño causante de
los sentimientos encontrados. Muchos profesionales pretenden sacar rápidamente
a la familia de esta etapa, pero como lo advierte Ware (81) esto puede ser “un
gran error” pues esta etapa generalmente coincide con el período inicial y los
esfuerzos deben dirigirse hacia el fortalecimiento de la confianza de los
padres en sus propias capacidades. Ocasionalmente la etapa puede surgir en
cualquier momento de la vida del niño, como cuando el padre elude las
dificultades que tiene el hijo para la lectura diciendo “yo era igual a su
edad. Superará el problema”.
2.
ENOJO: En
esta etapa el enojo puede dirigirse hacia los profesionales que no hicieron
nada o que hicieron demasiado; hacia los genes familiares; al destino o
simplemente hacia cualquier persona o casa. “Al principio pareciera que el
enojo es tan intenso que llega a casi todos, porque es inspirado por
sentimientos de dolor y de una pérdida que nadie sabe explicar ni cómo enfrentar”
(Smith, 1986). El enojo en sí mismo no
es malo; puede ayudar. Sin embargo, si no se permite que los exprese puede
volverse contra el niño.
3.
BÚSQUEDA: Se
caracteriza esta etapa por la búsqueda de la curación o un sistema educativo
distinto. Si bien es difícil diferenciar esta etapa de la práctica recomendable
de buscar una segunda o tercera opinión, refleja sin duda la angustia de los
padres por encontrar una respuesta a las preguntas que se hacen con respecto a
la salud del hijo, la discapacidad o su potencial educativo.
4.
DEPRESIÓN: La
discapacidad comienza a hacer impacto en este período en la familia y pareciera
que la depresión penetra en todos los aspectos de la relación familiar. Es en
esta etapa cuando los padres suelen dimensionar sus expectativas con respecto a
los límites potenciales del niño para su crecimiento y desarrollo. La depresión
también suele expresarse como sentimiento de inferioridad. “No soy un buen
padre. No puedo ayudar”. No hay esperanzas, o como pesimismo en vista al
futuro. “Quizás es peor de lo que se me dice”. “¿Qué pasará si empeora?”, “¿Qué puedo espesar del futuro?”
5.
ACEPTACIÓN: Los
padres están en paz consigo mismo como personas y como padres y ven a su hijo
como a un individuo que tiene sus propias fuerzas y debilidades. Lairy y
Harrison-Covello (1973) sugieren que los padres que llegan a esta etapa son más
proclives a tener otros hijos lo que puede significar que no ven a la ceguera
como a una discapacidad abrumadora y pierden el temor de que los otros hijos
nazcan padeciendo la misma condición. Sin embargo, llegar al punto de la
aceptación no implica necesariamente paternidad eficiente. Los padres pueden
sentirse en paz con la discapacidad del niño pero no cambiar la forma en que se
relacionan con este. De la misma forma, padres que nunca aceptan la condición
del niño pueden llegar a ser exitosos e intuitivos pareciendo que saben cómo
obtener los mejores resultados en la educación del hijo.
Ortiz (1973) dice que las madres de los niños con el síndrome de
rubéola tendían a no aceptar ni a rechazar demasiado, tampoco caían en el
martirologio, pero eran capaces de seguir adelante con el programa educativo
del hijo.
Como señaló Ware en 1981:
Aceptar no
significa gustar de la discapacidad. No significa que se olvidan la angustia y
los sueños perdidos. Siempre se los recordará, pero cada vez con menos
intensidad y frecuencia. Aceptación no significa disfrutar de la necesidad de
programas e instituciones especiales. En cambio, se aprende a apreciar la
existencia de buenos programas y escuelas y a desarrollar confianza en la
propia capacidad para buscar lo mejor para el hijo. No significa no desear que
el hijo vea. ¡Por cierto que quisiera que viera! Sólo siente esto como un deseo
siempre presente porque sabe que la
realidad es que no puede ver y también sabe que ama profundamente al hijo
aunque no pueda ver. No significa no llorar jamás o no sentirse enojada o
deprimida. Estos sentimientos vuelven periódicamente. Su recurrencia no
significa que Ud. No se ha adaptado o que está perdiendo la capacidad para
enfrentar el problema. Significa que es humana.
SEVERIDAD
DE LA DISCAPACIDAD
Schell (1981) y Marion (1981) han informado que la seriedad de la
discapacidad a menudo influye en los sentimientos y en las actitudes de los padres.
Cuando más obvia es la limitación menos socialmente aceptable es. Los padres de
niños ciegos y disminuidos visuales pueden ser particularmente vulnerables ante
las presiones sociales pues muchos desórdenes visuales van acompañados de
manifestaciones físicas obvias como son las cataratas y el nistagmus.
Cada niño afecta las interacciones padre-hijo en diferente forma y
requiere distintas técnicas parentales. Cuando más severa es la discapacidad
mayor influencia tendrán ciertos factores en el autoconcepto de los padres y en
el control de la situación que estos pueden ejercer. Algunos de los factores
que influyen en las respuestas de los padres hacia el hijo discapacitado
incluyen: a) satisfacción que se obtiene por la paternidad; b) cuán difícil y lenta
es la tarea rutinaria de atender al niño (vestirlo, alimentarlo, etc.); c) la
frecuencia con que suele ser hospitalizado el niño y cómo esto crea permanente
tensión y temor; d) los recursos financieros adicionales a los que debe acudir
para satisfacer las necesidades médicas; e) las expectativas de los padres por
el futuro del hijo, expectativas que suelen ser pesimistas aunque a veces
infundadas; f) el aislamiento de los padres de familiares y amigos por falta de
tiempo y de dinero y por el estigma social asociado con la discapacidad; h)
menos tiempo para dormir, para recreación y para dedicarse a las tareas del
hogar. El impacto de estos factores aumenta geométricamente con la severidad
del problema. Los padres de niños ciegos y disminuidos visuales pueden sentir
aún más el impacto porque con frecuencia se percibe a la ceguera como la
discapacidad más limitativa.
EDAD
EN QUE SE PRODUCE LA CEGUERA
De acuerdo a Mori cuanto mayor es el niño cuando se diagnostica la
ceguera más difícil es para los padres enfrentar la situación. los padres de
niños ciegos congénitos nunca los han conocido en otra forma. Cuando el
problema ocurre más adelante, por un accidente o porque antes no se logró un
diagnóstico, los padres tienen que adaptarse a aceptar un nuevo concepto de
hijo. El proceso por el cual pasan los padres de hijos mayores puede no diferir
del de padres de recién nacidos, pero en el primer caso la familia ya ha soñado
y se ha fijado objetivos con respecto al niño, objetivos que deben alterarse
debido a la existencia del impedimento. Aun si el niño fue diagnosticado
previamente como discapacitado, otro nuevo diagnóstico por sobre el anterior
puede ser particularmente difícil de aceptar por el mito y estigma que
comúnmente se une a la discapacidad visual.
SITUACIÓN
SOCIO-ECONÓMICA
Schell y Marion expresan que cuanto más alto es el nivel
socio-económico de la familia más negativa es la reacción ante el nacimiento
de] hijo discapacitado. Por cierto que los padres de cualquier nivel
socio-económico comparten sentimientos similares acerca de] nacimiento del hijo
disminuido, pero algunos sentimientos pueden referirse directamente al valor
que los adultos le dan a los niños, es decir, la importancia que el desarrollo
normal tiene para que puedan convertirse en adultos responsables. En las
sociedades preindustriales los niños eran importantes para la familia porque se
los ponía a trabaja r y ayudaban a mantener la familia campesina. Cuanto más
niños habla en una familia más próspera era ésta.
En la sociedad actual, sin embargo, los padres tienen hijos para
satisfacción emocional, principalmente, y no por seguridad económica. Familias
de más alto nivel socio-económico pueden ver a sus hijos como continuadores del
nombre familiar y de la fortuna, mientras que los padres de bajos recursos
esperan poder ofrecer una vida mejor a sus hijos. En cualquier caso, el
nacimiento de un niño discapacitado puede originar situaciones difíciles y
niveles educativos altos de los padres no garantiza, necesariamente, actitudes
positivas hacia la persona con discapacidad; también los universitarios suelen
encerrarse en los mitos comunes que rodean a la ceguera.
¿CÓMO
SE RECIBE LA INFORMACIÓN?
Las actitudes de los padres también se ven influenciadas por la forma
en que reciben la información con respecto a la discapacidad del hijo. Los
padres se enfrentan con la ansiedad que significa tener que consultar a
especialistas hecho que automáticamente los hace sentir diferentes y centrarse
en la anormalidad del niño. Esto crea una atmósfera de esperanza, temor e
inseguridad. Es tan importante los se dice a los padres como la forma en que se
dice.
“Pregunte a cinco
padres de niños disminuido visuales cómo supieron por primera vez la situación
del hijo y recibirá cinco horrorosas historias (Stodland, 1984). Los médicos
son famosos por la frialdad y la distancia con que actúan en esos momentos.
Comúnmente el entrenamiento que reciben no los prepara para transmitir la
noticia que bloquea los sueños de los padres en el hijo perfecto. La manera apresurada
y difusa que frecuentemente muestran los médicos puede ser el resultado de la
necesidad de ocultar su dolor y los sentimientos de impotencia para tratar la
situación. Fetherstone apoyó esta idea cuando señaló que los profesionales
suelen sentirse menos fuertes, frente a los padres, de lo que aparentan.
PROBLEMAS
FINANCIEROS
Los temas financieros preocupan a todas las familias y varían desde la
provisión de comida, vivienda y calor hasta la planificación de la futura educación
de los hijos. A medida que se extiende la expectativa de la vida también se
preocupan por su vejez. El desgaste es aún mayor en la familias desintegradas
en las cuales generalmente es la mujer quien está a cargo del hogar, mujeres
que trabajan por bajos
sueldos y carecen de capacitación laboral.
La situación económica lógicamente se ve más deteriorada cuando existe
un niño impedido. Las cuentas mensuales, promedio, de atención médica para un
niño discapacidad es, en USA, de $ 650,90, mientras que un niño normal
necesita, en el mismo período, $ 25.00. A esto hay que agregar asistencia a
programas educativos, consultas de fisioterapeutas, reuniones de padres, etc.
Es comprensible, entonces, que
los padres no puedan comprar los juguetes que se les sugieren asistir
a reuniones terapéuticas de padres con otros profesionales porque sus recursos
económicos no se lo permiten. Los educadores deben ser conscientes de esta
situación y ser prudentes con las recomendaciones o las solicitudes que hacen a
los padres.
TIEMPO
La falta de tiempo a menudo contribuye al estrés el cual puede
manifestarse como enojo, impaciencia o tensión entre los miembros de la
familia. Las familias con niños discapacitados expresan que el tiempo es un
verdadero lujo para ellos. Suelen manifestar que tienen menos tiempo para
dormir, especialmente cuando el niño es pequeño, y que las tareas básicas como
son vestirlo, alimentarlo, bañarlo, le toman mucho tiempo. También opinan que
pasan mucho tiempo llevando al niño a centros educativos, -terapias físicas,
etc. Los padres descansan y confían en las recomendaciones que hacen los
profesionales con respecto a los programas que pueden beneficiar al niño pero
muchas veces estos programas o servicios no están al alcance de los padres.
El énfasis que los educadores a menudo ponen en los padres para que
actúen como maestros puede agregar otra carga en el hogar, ya que se les pide
que destinen un tiempo diario para trabajar directamente con el niño. Muchos
padres, tanto de niños impedidos como de niños normales, dedican algunas horas
del día para trabajar con el hijo en las tareas escolares. La diferencia radica
en que el período de instrucción diario asignado es una obligación, mientras
que ayudar en los deberes es sólo una sugerencia: lo primero es obligatorio; lo
segundo voluntario. El primer caso también implica que el padre-madre serán
juzgados por los progresos del niño, lo que hace que ese tiempo de trabajo está
cargado de ansiedad y temor. Los maestros no enseñan durante todo el día; no se
debe esperar que los padres lo hagan.
MOMENTOS
CRÍTI COS
La relación padre-hijo y padre-profesional puede ser particularmente
difícil en diferentes momentos de la vida de una familia debido al estrés
provocado por ciertas situaciones. Hammer identificó seis momentos críticos en
la vida de una familia con un niño discapacitado:
-
Nace el niño y se sospecha una discapacidad;
-
Se hace el diagnóstico y comienza el tratamiento;
-
El niño está preparado para entrar a un programa
escolar;
-
El niño llega a la pubertad;
-
El niño llega a la edad de la orientación
vocacional;
-
Los padres envejecen y se preocupan porque el hijo
puede sobrevivirlos.
Al menos tres de estos períodos son claves en la vida de todas las familias
sean o no discapacitados los hijos. Sin embargo, son más significativos cuando
el niño es impedido. Cuando el niño normal entra en la escuela, llega a la
pubertad o comienza su orientación los padres generalmente saben qué esperar de
él porque han pasado, ellos mismos, por similares situaciones. Cuando esto
ocurre con el hijo disminuido es una experiencia totalmente nueva para los
padres por lo que surgen los mismos miedos y preocupaciones. Los educadores
deben ser conscientes de estos períodos críticos en la vida de la familia y
saber dar la respuesta apropiada: información y ayuda para localizar las
fuentes y los recursos que ayuden a los padres a combatir el miedo a lo
desconocido.
FALTA
DE CONTROL
Es un deseo natural sentir que uno controla su propia vida. Sin
embargo, padres de niños impedidos a menudo se sienten incapaces de cambiar lo
que sucede a su alrededor Mori (1983) sugería que uno de los aspectos más
críticos y debilitantes de tener un hijo discapacitado es la inseguridad. Los
padres no saben qué esperar del futuro podrá el niño ir a la escuela, aprender
lo que se le enseña, irá a la universidad, podrá tener su propia familia? Qué
impresión causará el niño en los otros niños? ¿Qué pasará cuando mueran los
padres? Los padres piensan que la situación del niño es la peor que puede
ocurrir. O pueden temer que las sociedades lo rechace. Pocas de estas preguntas
y temores encuentran una respuesta inmediata. La inseguridad y el
cuestionamiento dura muchos años y contribuye esto, continuamente, a nutrir el
sentimiento de que uno no puede controlar su propia vida.
Todas las personas llegan a la paternidad con la seguridad de que son
responsables por sus hijos, de que harán lo mejor de que sean capaces por ellos
y que sus derechos de padres se basan en las leyes comunes y no pueden éstas,
ir en contra de los padres a menos que hagan algo terrible a los hijos. Pero...
los padres de niños disminuidos, de golpe se encuentran obligados a depender
del juicio, opiniones y recomendaciones de expertos. "Al problema se
agrega el hecho de que esos otros son seres completamente extraños con quienes
no se ha establecido un lazo de confianza" (Smith, 1984) y que la atención
se enfoca en la anormalidad del niño y en la situación que éste crea.
El sentimiento de falta de control ha sido expresado por padres cuando
hablan de las diferencias existentes entre los profesionales que eligen el
trabajo que hacen y los padres que no lo han elegido:
Las personas que trabajan con los discapacitados han elegido el
trabajo y es esta una profesión que brinda una cantidad de sentimientos de
autoestima. Todo el mundo quiere y admira a las personas que trabajan con niños
impedidos, ... es una profesión tan noble, ... quien la elige se siente muy
bien, ... Los padres no han elegido esto.
Ningún padre elegiría un niño incompleto. De manera que aunque ambos queramos
lo mejor para el niño, tenemos también que comprender que venimos de mundos
diferentes. Ud. viene de un mundo que le brinda una gran cantidad de
satisfacciones. El padre de un niño discapacitado no siente tales
satisfacciones.
El sentimiento de los padres de estar fuera de control puede afectar
la relación padre-hijo. También crea expectativas irreales pensando que los
especialistas tienen todas las respuestas. Los profesionales que trabajan con
estos padres deben examinar en qué medida sus acciones, su lenguaje y sus
juicios contribuyen a la inseguridad debiendo, al mismo tiempo, desarrollar
estrategias para ayudar a los padres a ganar el control sobre sus propias vidas.
LOS
PADRES COMO GRUPO
En alguna medida las actitudes de los padres hacia los profesionales
surgen de los grupos de padres, estos no pueden compartir sus experiencias con
los técnicos simplemente porque la mayoría ignora qué es tener un hijo
discapacitado. En la medida en que los profesionales oculten información a los
padres o intenten tomar decisiones por ellos seguirá existiendo la actitud de
los padres que los acusan de insensibles, desinteresados e indiferentes.
La dicotomía entre "aquéllos que saben" y "aquéllos que
ni se lo imaginan" seguirá creciendo. Ejemplos extremos de esta dicotomía
pueden debilitar la relación padre-profesional porque puede llevar al rechazo
de lo que dice el profesional "¡nadie me va a decir a mí lo que tengo que
hacer con mi hijo!" y a la imposibilidad de beneficiarse con la
experiencia y la capacidad de] profesional.
EL
MITO DE LA CURA
Otro factor que influye en la relación padre-profesional es la
creencia de que el niño puede mejorar mediante la intervención médica o
mediante la educación. En la mayoría de los aspectos de la vida esto ocurre.
Las personas van al médico para curarse una enfermedad o asisten al colegio
para recibir una educación y tener mejor oportunidades en la vida. Cuando se
trata el tema de la discapacidad esto no sucede. Sin embargo, las expectativas
de cura, de poder hacer ,las-cosas de mejor forma todavía están allí. Kupfer
dice:
Existe una cierta
animosidad que está ahí, entre
padres y profesionales y que siempre
estará, Porque usted dirige los programas educativos, usted hace los
diagnósticos, peno no puede hacen que mi hijo mejore. En el fondo yace el
sentimiento: "no se lo puede arreglar". Este sentimiento siempre hace
sentir triste a un padre. Esto es algo que como profesional es necesario
comprender.
LA
CONTINUIDAD DEL COMPROMISO FAMILIAR
Mori ve el compromiso de la familia que tiene un hijo impedido como
desarrollista en naturaleza. Las familias están compuestas por individuos con
diferentes modalidades, educación y actitudes, individuos que responden
también, en diferente forma a las demandas que el educador les hace. Los
miembros de la familia pueden funcionar en distintas formas en el transcurso
del proceso educativo y cambiar de actitudes según las etapas que les toca
vivir. Mori sugiere los siguientes niveles de compromiso familiar:
Es importante que los profesionales comprendan que el compromiso de
los padres en cualquier momento del proceso depende de muchos factores. Los
padres se comprometen en los programas educativos y un profesional sensible no
sólo reconocer el nivel de participación deseado en ese momento sino también
luchar para ayudar a los padres a pasar al nivel siguiente.
Stile, Coel y Garner han identificado varios factores asociados con
las negativas de los padres a comprometerse:
Reuniones que se
realizan en horarios o lugares inconvenientes. Las presiones económicas pueden
hacer que los padres realicen dos o tres trabajos y que no puedan asistir a las
reuniones o les resulte costoso el transporte. Trate de fijar diferentes
horarios o durante los fines de semana. Si es posible, incluya a toda la
familia en la reunión así se puede asistir con todos los hijos.
No se les pregunta
nada a los padres ni se les pide opinión. A todo el mundo le gusta que se le
pida la opinión. Esto aumenta la auto imagen y hace que uno sienta que controla
la situación. La investigación ha demostrado, además, que los padres son
quienes mejor conocen a sus hijos.
Los profesionales
desconfían de las habilidades de los padres. Los maestros suelen confiar muy
poco o demasiado en los padres. Esto se expresa diciendo "los padres no
siguen las instrucciones que se les dan" cuando en realidad puede suceder
que los padres no saben qué hacer con el hijo en el hogar. Cuando se espera muy
poco los profesionales suelen adoptar una actitud condescendiente hacia los
padres, actitud que los desanima y resiente.
Los padres no
reciben una retroalimentación consistente en respuestas a los esfuerzos que
hacen para el progreso del hijo. El esfuerzo es un factor importantísimo de todo
programa educativo. Los padres no son una excepción. Tanto padres como maestros
necesitan refuerzo que les haga sentir lo bien que están trabajando.
Los padres se
sienten amenazados. Es fácil sentirse amenazado cuando están obligados
a enfrentarse con profesionales graduados que hablan un lenguaje especial y son,
aparentemente, totalmente competentes. Una padre dijo que durante los primeros
años de su hijo "todos los éxitos
eran de los profesionales y sólo los fracasos eran nuestros".
Los padres tienen
expectativas irreales con respecto a los resultados de los programas. Los padres se
dirigen a los programas educativos en busca de ayuda. La educación es
considerada como un medio que cura y cuando esto no ocurre surge la desilusión.
Tanto los programas como los objetivos deben ser permanentemente estudiados con
los padres de manera que surjan expectativas alcanzables.
Los padres están
quemados por tanto esfuerzo. Las pasadas experiencias pueden haber sido
negativas para los padres y descorazonador as o pueden haber demandado tanto
esfuerzo que necesitan unas vacaciones. Los padres tienen el derecho a no
comprometerse; en muchos casos se involucran en los programas después que han
elaborado su pena y encaran la situación de distinta forma.
El programa no
tiene en cuenta las necesidades sociales de los padres. El compromiso de
los padres va más allá de satisfacer las necesidades del niño; también
significa satisfacer las necesidades de los padres, para descansar, compartir
actividades con otros adultos y respirar, de vez cuando, libremente.
Rechazo de padres
de niños levemente discapacitados a encontrase con padres de niños con
impedimentos severos. Esta actitud es común entre padres que tienen un
hijo "sólo ciego" pues evitan encontrarse con quienes tienen un hijo
multiimpedido ya que dicen no tener nada en común. El énfasis de las reuniones
de padres debe ponerse en aspectos en los cuales unos pueden apoyar y ayudar a
los otros, evitando la formación de grupos con pocos temas comunes.
GUÍA
PARA PROFESIONALES QUE TRATAN CON PADRES
Los profesionales mantienen el poder en la relación padre-profesional.
Afectan el auto concepto de los padres, la confianza y el nivel de compromiso
en el programa educativo según la información que comparten con los padres y
cómo la comparten. los educadores tienen tanta responsabilidad con respecto a
la educación de] niño como la tienen frente a los padres. Según sean las
estrategias que emplean lograrán una mayor participación y fortalecerán la
relación padres-profesional.
Varios autores han sugerido la siguiente guía para que utilicen los
profesionales al tratar con los padres:
FERRELL, K. A.
Referencia bibliográfica:
FERREL, K. A. (1990). Trabajo con Padres: En ICEVH, Nº 73. Córdoba
(Argentina): ICEVH.
Traducción de Susana
E. Crespo de: FERREL; K. A. (1986): Working with Parents. En Teoría
y Práctica de Foundations Of Education for blind and
Visually Handicapped Children and Yourth.
INTEREDVISUAL