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 Tania Guerrero
 
 

                                                                                                                                                                                                                   

                                                                                                     

Cieno azul

 

Cieno azul, la tarde colorea dorada y la tez de los rayos del sol no salta, los ojos se nos ponen rojos, nos están mordiendo por dentro, nos están comiendo, pronto unos dientes aparecerán en el espejo, una ilusión se convierte en el único amigo con quien charlamos, unos ojos marchitos, una hoja saturada de nuestras vocales, nos alucinamos lúcidos y estamos revoloteando como cabezas voladoras despeinadas, ¿quien podrá decir que aquí hubo un alguien, que esta soledad está cicatrizada?, ¿quién podrá decir que la mitad de tu cerebro está marchita? Los ojos se nos salen por los oídos, por las uñas, por la lengua que vino a desvestirse delante de todos, los ojos se nos escapan de todo sitio, mientras contemplamos a las cuatro de la mañana nuestro fantasma entrar en la casa. Observamos los ojos inmensamente abiertos de esta persona que cada vez desconocemos, ¿quién es esta mujer, este animal que ahora yace tendido en la cama suplicando no huir, no quedar paralítico, no perder la memoria, no borrarse la existencia; quién este ser que presúmese muerto para no morir; quién este suicida que mendiga vida, este muerto incansable que quiere seguir viviendo, azotado de una demencia externa; quién este cuerpo de ojos dolientes?, la incontinencia no soporta, son las cuatro de la mañana y miramos a este miserable cuerpo con su micción contenida en una jaula fiera; los susurros de la otra habitación amenazan y siempre este ser ha comenzado a segregar veneno, no hiere a nada externo, él solo se acaba como un perro, espera que las cosas vuelen pero no acaba nada… ¿Quién este cuerpo que se pega a su asesino?, luego de disparar el arma simplemente comenzamos a vivir, nunca hay final, las demás personas se calman y esperan seguir succionando este pequeño fuego, mientras arde, se sorprenden, a veces protestan y todo empieza a crecer.

 

Luna kong

 

El paño por mi pelo, la cortina de lluvia, debacle pantomima, hecatombe de dos, baño azul marino en la jaula, que mira los barrotes, que camina, universo limitado, vueltas una y otra vez, todo el mundo otra vez…

Dan las cinco y una mariposa pasa por el techo tratando de abrir el adorno de la piel. La danza parte de mi mano del corazón estrechamente ligada a ese veneno que está servido en la mesa, dan las cinco, sí, siempre las dan, y me miro en el reflejo del líquido que no bebo, que sé que está allí, y sigo, dejo que pase la hora del té,  hecatombe de dos, los dos, y yo un alga que fluye en el mar, sujeta a algo que me impide avanzar, un alga verde y viva, solitaria…, son las cinco y hecatombe, me miro en el espejo, te llamo por teléfono, no recuerdo quién soy, te llamo para que me digas quién soy y quieres tocar mi sexo y te muerdo la mano, te detesto… me miro y soy un alga, rosada, tiesa, ya no sé lo que soy, ya no amo…, y son las cinco…, llueve… cómo pasa el sol, pasa por la garganta y nos embriaga, por eso hoy llueve y duele, soy un alga o una estaca que aprende a ser rígida nuevamente, la arcilla, las hojas, el color de las flores nos esperan, bajo la cortina y nada mas, acá todo es caliente, no tengo que salir, no tengo que fumar, el techo de mi habitación se abre y es un cielo con nubes rosadas, se abre siempre como algo que está dentro de mí, mi vagina, y no cesa de llover, hecatombe, todos mis recuerdos se han puesto pesados como una gran masa de plastilina, son las dos y sigo el paso del recuerdo, los pasos que dibujé en la computadora, la forma sucia en la que vivo y lucho, ¿quién eres?, traicionera hecatombe, para siempre hecatombe para los dos… ya no puedo pronunciar, el mundo vuelve a brillar, después de todo vuelve a lunar.

 

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