Principal 

 
 

ROXANA GHIGLINO.

 

   

PUERTO H

 

Apenas era mi fantasía que devoraba piedras, criptonita, arena salada

El roble viejo cuyos ojos de perro musitaban historias en la noche

Era simplemente la vida de otra vida, el mototaxi recorriendo la costa

Abriéndose camino entre la hierba como si fuese un fauno

Mis alas de pez, mis escamas de ángel, devoradas por la espuma y el desconcierto

Mi abuela era gaviota pasajera, tenía en la frente el bello color de la lengua aborigen

Y las manos ásperas de la carretera arenosa.

Yo era simple viento, creo haberlo sido, con los ojos que olían a lanchas muertas

Al aroma rancio de los lobos marinos haciéndose retrato fiel de las sombras

A las malaguas que arrasaban con mi sangre formando coágulos bellísimos

A cuerpo abandonado de pelícano en pleno estío

Mis manos del verde azulino de las olas arrebataban salmos bíblicos

Poemas quemándose bajo los rayos de la tarde

Y gritos que esconden versos anaranjados en cada piedra

En cada lagartija que finge ser estrella o monstruo

En cada maremoto como furias volcánicas dentro de mi carne

Desde un puerto a otro mientras los pescadores se hacen niebla

Como este bocado que aún llevo en la garganta y que sabe a hielo profundo

O esas casas de amarillo y calicanto o acaso de espejos platinados

Donde no encontré tus vísceras brillantes ni tus córneas fosforescentes

Sólo un puñado de soledad de bote a bote, de río a río

Asfixiándome en canciones tristes de amores viejos

Dejando la luna de cartón abandonada

En un cúmulo de cáscaras y heces verdosas

Esa soledad y desamparo de las hiedras y palomas rojas

Ese desasosiego de cargar con los pies hechos pústula y lágrima viva

El cuerpo lleno de ronchas rosadas cual ratones calvos

De la criatura – varicela que habitó en el cuarto viejo

Ese es el silencio, la nada, el túnel más oscuro de Ernesto Sábato

En las noches alumbradas por velas milagrosas

En cada esquina de mi mano sin tu mano

En cada alarido mal tallado en coral

Que ahora no tiene principio ni espacio

Desde Culebras, Casma y las vertientes.

 

 

 

Principal