PUERTO H
Apenas era mi fantasía que
devoraba piedras, criptonita, arena salada
El roble viejo cuyos ojos de
perro musitaban historias en la noche
Era simplemente la vida de
otra vida, el mototaxi recorriendo la costa
Abriéndose camino entre la
hierba como si fuese un fauno
Mis alas de pez, mis escamas
de ángel, devoradas por la espuma y el desconcierto
Mi abuela era gaviota
pasajera, tenía en la frente el bello color de la lengua aborigen
Y las manos ásperas de la
carretera arenosa.
Yo era simple viento, creo
haberlo sido, con los ojos que olían a lanchas muertas
Al aroma rancio de los lobos
marinos haciéndose retrato fiel de las sombras
A las malaguas que arrasaban
con mi sangre formando coágulos bellísimos
A cuerpo abandonado de
pelícano en pleno estío
Mis manos del verde azulino
de las olas arrebataban salmos bíblicos
Poemas quemándose bajo los
rayos de la tarde
Y gritos que esconden versos
anaranjados en cada piedra
En cada lagartija que finge
ser estrella o monstruo
En cada maremoto como furias
volcánicas dentro de mi carne
Desde un puerto a otro
mientras los pescadores se hacen niebla
Como este bocado que aún
llevo en la garganta y que sabe a hielo profundo
O esas casas de amarillo y
calicanto o acaso de espejos platinados
Donde no encontré tus
vísceras brillantes ni tus córneas fosforescentes
Sólo un puñado de soledad de
bote a bote, de río a río
Asfixiándome en canciones
tristes de amores viejos
Dejando la luna de cartón
abandonada
En un cúmulo de cáscaras y
heces verdosas
Esa soledad y desamparo de
las hiedras y palomas rojas
Ese desasosiego de cargar
con los pies hechos pústula y lágrima viva
El cuerpo lleno de ronchas
rosadas cual ratones calvos
De la criatura – varicela
que habitó en el cuarto viejo
Ese es el silencio, la nada,
el túnel más oscuro de Ernesto Sábato
En las noches alumbradas por
velas milagrosas
En cada esquina de mi mano
sin tu mano
En cada alarido mal tallado
en coral
Que ahora no tiene principio
ni espacio
Desde Culebras, Casma y las
vertientes.