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 Maribel Alonso
 

                                                                                                                                          

El kadish del huérfano

 

Todos estaban marcados como el ganado

Con números tatuados en sus cuerpos

Los llevaron alineados hacia las chimeneas

Las columnas de hombres desnudos tenían los brazos laxos a sus lados

Caminaban sin expresión, quizás pensando

Talvez olvidando lo que un día fueron

Una corteza de pan recién dorada crujiente entre sus dientes de niños

El agua helada acuchillando sus pies pequeños

En madrugadas de pesca en el río

Y la tarde fría junto a la mesa mientras la madre cocía el pan para el Shabat

Baruj ata a-do nai e- lo- heinu melej haolam, asher kideshanu

Bemitzvotav vetzivanu lehadlik ner shel shabat kodesh

Madre prendía cuatro velas, se cubría los ojos.

Las giraba hacia sí -tres veces seguidas-

Abría sus ojos a la nueva luz en los candelabros

Como lo hizo Sarah

 

Las columnas salen humeantes, desafiando cualquier ley de Dios

Se van con sus hijos sujetos a sus brazos

Les cubren lo ojos

Cuánto dolor puede tomar un segundo y aún no desear la muerte

Caen cenizas desde el infierno y unos perros oscuros se sumergen en los ojos

Los pies tocan la tierra que vio tantos pies arrastrar

Se encendieron los hornos

La música los hizo girar

Las estrellas revolotean como polillas

El grillo incansable no deja dormir

Y besas de nuevo a tu esposa, le lames el cuello y ella ríe

Contagiando con el ardor de su vientre

El continuar de la vida

 

La línea traga niños con zapatos enormes

Hombres con las espaldas derrotadas

Mujeres de cabezas rasuradas y senos secos

Vienen en trenes de toda Europa

Llenos hasta la asfixia

Envueltos en vómitos y diarreas

 

Están allí aún ciertas miradas de cuando eran parte de la humanidad

De rato en rato tu madre es otra vez tuya

Sientes su mano cercana acariciando tu cabello

Como bordando súplicas a cualquier ser

Que pueda detener este tren rumbo al campo

Que pueda darte un espacio para poder sentarte

Después de tantas horas de camino

Aunque sea, Oh Señor, un poco de agua

Mi piel es como el sol en el verano a pesar de la nieve

Eretz Israel nunca tocaré tu arena soplada en el desierto

 

Ella está con una barra de jabón en la mano

Las duchas son altas para su tamaño

Su cabello castaño hubiera podida ser aderezado para su Bat-mitzvá

Tengo doce años y debo recordarlo para saber cuánto tiempo viví

A mis manos les gustaba acariciar las teclas negras del piano

Una a una sin parar,

Susurraba el nombre de él,

Dan

Dan no juzgues mi cuerpo sin formas ni mi impureza

Solo déjame pensar en ti como en aquellas tardes

 

Él lo recuerda con claridad

Mientras espera en esa columna,

Mientras camina descalzo

En sus últimos pasos, Abaie, trata con la fuerza de su corazón perdonar

Es tan fácil decirlo, escribirlo o leerlo

Mientras oraba en la Sinagoga

Quién vendrá para brindarme excusas

Quién Oh Padre sabrá que fui yo esas cenizas

 

Perdóname porque no encendí las velas,

Ellos me sacaron en el medio de la vida

Me vistieron con estas ropas que apestan a orina

Purifícame en las duchas, en los hornos, en mi vuelta a ti

Redime mi dolor del oprobio de esta muerte

 

Cientos y cientos

Esa culebra que sale de la media noche directa

De los vagones de cargas

Alimenta el vientre del diablo de cruces con svásticas

 

Yo, Raquel, estoy preñada

El varoncito que duerme en mi vientre

No conocerá los trigales del campo en Polonia

Su padre no lo sostendrá para que el Mohel

En su Brit Milá

Circunde su hermoso pene

Los ojos tuyos son del color del fuego mi amado niño

Lo sé

y tus manos apretarán fuertes las mías al regresar a casa

Nadie se desgarrará las ropas por nosotros ni nos recordará.

No importa, mi pequeño Ari, ellos desconocen tu voz y cómo cantas para mí

Por las mañanas

 

Desde la lejanía puedo sentir ese olor

Las chimeneas trabajan día y noche tragándose a miles por jornada

Nadie intenta evitarlo

Un polvo extraño nos cubre las cabezas y los trajes

Esos trenes ya no regresan con manos escapándose por los agujeros

El miedo puedo cortarlo como a una hogaza de pan en finos pedazos

Puedo olerlo en su podredumbre

Puedo ponerle un nombre y hacerlo andar

Es tan real o más que yo / o

Que mis manos sujetando mi ventana en esta hora

Canto sin saberlo "La Kistallnacht"

 

"…Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen; tienen nariz, pero no huelen; tienen manos, pero no palpan; tienen pies, pero no andan; no emiten sonido con sus gargantas.
Como ellos, son los que los hacen y todos los que en ellos confían."
(Tehilim / Salmos 115:4-8)

 

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