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Braulio Muñoz

 

 

 

Pescadores de Tancay: metáfora, tentación y remembranza

 

 Juan Carlos Lucano

 

Fue una tarde del aún no lejano verano cuando me acerqué medio en serio, medio en broma a leer el libro de Braulio Muñoz. Debo decir que primer acercamiento fue en un automóvil, rumbo al sur. Entre un sol sofocante y las paradas intempestivas del vehículo. Nada pudo hacerme presagiar la enorme emoción que me acarrearía su lectura. He aquí mis impresiones sobre el contenido del texto.

Alejandro y los pescadores de Tancay es el testimonio de la convivencia fraterna entre el hombre y la naturaleza. Entre sus páginas uno acude al primigenio contacto de la especie humana con el medio ambiente, donde el equilibrio era mantenido, por la ahora soslayada comunión con la Tierra. Asistir a la lectura de Los pescadores de Tancay es chapalear entre la nostalgia de un mundo perdido y la imagen cada vez más deteriorada del planeta.

Y como corroborando la última expresión, Ernest Mayr, biólogo contemporáneo planteaba: La historia de la vida en la tierra refuta la afirmación de que “es mejor ser listo que estúpido.” Cómo quisiera el hombre desmentir a Mayr, pero le resulta innegable, cuando día a día asiste a la fiesta necrófila de la sociedad y la naturaleza. Ya desearía la humanidad hallar el argumento preciso para traer a bajo el razonamiento que hemos sido “estúpidos” al no haber aprendido a conservar nuestro Mayor Hogar. Y para volver aún más dramática la situación Noam Chomsky (2006) reafirmando lo acotado por Mayr declara “los humanos a lo largo de la historia, de manera dramática en los últimos cien años han utilizado el tiempo para aniquilarse entre ellos y de paso con casi todo lo demás”. Tal aseveración podría percibirse como una verdad irrefutable si sólo tenemos en cuenta los últimos acontecimientos mundiales y si miramos a nuestro costado. Sin embargo tal precisión puede apreciarse como un juicio general, pues no se ha tomado en cuenta que en los albores la raza humana aún mantenía la convergencia con el medio.

En contraposición a lo mencionado, Alejandro y los pescadores de Tancay se erige no sólo como la brisa que traerá esperanza sino también inquietud e inconformismo al poblador chimbotano. Braulio Muñoz y sus Pescadores nos dejan la sensación de rechazo por el escenario actual y el espíritu sublevado y tentado por la recuperación del recordado mar de ensoñación. Por tales razones el libro de Muñoz resulta pernicioso, sí, pero para el orden actual que solo lucra en desmedro de su entorno.

Para Muñoz, sin embargo, Alejandro… no sólo representa la metáfora de la realidad global, sino también la empatía del antiguo pescador con el mar. A través de su lectura nos introducimos en el pasado chimbotano; que se remonta, particularmente aquí, a la llegada de los Moche, Chimus y Chan Chan. Más que la exhibición de estrategias narrativas lo que Alejandro refleja -abordando sólo el contenido- se sustenta en la relación mística pescador-mar, para adoptar luego una connotación subliminal, hasta la incursión de la modernidad (fábricas) y el afán depredador del hombre (canchero).

En Los pescadores al inicio sorprende el discurso orientado en la evocación del que hasta en ese momento parece ser Alejandro (protagonista), pero que el término de la misma revela que don Morales apelando al mismo recurso, es quién realmente hace conocer la cotidianidad del pescador y el menoscabo del entorno. Sin embargo no ignoremos a Pelagia, quien como una suerte de presencia agazapada cobra cierta notoriedad al final de la jornada. En ese sentido la muerte de Moscoso (Alejandro) resulta la excusa para relatar la historia del Puerto y la creación de sus primeros pueblos. No obstante el contenido, al autor hay que encomiar el haber sabido emparentar la versatilidad del lenguaje coloquial con la sutilidad de un poema.

 

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