ÐÏࡱáÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿì¥Á de podamos recuperar nuestras fuerzas y refrescarnos del cansancio acumulado. No detestamos el polvo del camino, sabemos que se impregna en todos aquellos que trabajan en su vida. Tampoco nos abruma la escasez de la cosecha porque Tú nos enseñaste a no depender de ella. Más nos preocupa andar equivocados o vivir artificialmente entusiasmados o acaso sentirnos satisfechos. Sentimos cercano el latido de "otros tiempos" y nos mueve un deseo sincero de vivir en el "ahora". Estamos convencidos de que hay que ir mucho más allá, más. pero. Tú sabes, Señor, que nosotros no sabemos gran cosa. Guíanos Tú, como lo has hecho tantas veces y danos sinceridad para buscarte especialmente en los débiles. Danos ilusión. aunque sólo sea para mirar hacia adelante. Danos una progresiva humildad para poder ir recuperando lo que no queremos perder. pero perdemos. Y danos una esperanza de pobre para que en los buenos momentos todo lo saboreemos juntos en la mesa de tu casa; y en los tiempos difíciles miremos a esa cruz en silencio y, confiados en que nos sigues animando en todo, salgamos de nuevo a caminar. a vivir. y a tratar de hacer vivir tu Reino. 122.- Es de noche Es de noche, Señor, y en esta hora tardía quiero hablar contigo. La noche tiene un misterio especial. El silencio reinante me da paz y a la vez me pone nervioso; siento de manera diferente cada ruido, cada paso. Me veo solo ante tanto silencio. ¡Es terrible el sonido del silencio! Este misterio me desnuda y me enfrenta con este yo que tantas veces escondo en la prisa, en el "mañana lo haré", "habrá tiempo", evitando preguntarme lo fundamental: ¿Cómo va la vida? ¿Que cosas no deseo enfrentar? ¿Hacia dónde voy con lo que hago? La noche da una dimensión diferente a todo. En este ambiente sereno es más fácil hablar contigo, contarte lo que me ha pasado en este día, aceptando los fallos cometidos y, sobre todo, dándote gracias por tantas cosas buenas que Tú me has invitado a hacer. Es algo que muchas veces se me olvida y, sin embargo, cuando me acuerdo, ¡cuánto bien me hace! Por eso, Señor, en esta noche me siento cercanamente contigo y me invade una paz de hijo. Me da confianza y seguridad saberlo. Dame, Señor, noches como ésta con más frecuencia. 123.- Mis frutos Mis frutos son pequeños, Señor, Tú muy bien los conoces. Me propongo muchas cosas pero voy desfalleciendo. Me ilusiono enseguida pero, al poco tiempo, decaigo. Sin embargo, Tú aún me esperas y tengo la confianza de que seguirás ahí, siendo mi apoyo misterioso y mi amigo en el silencio. Confío en Ti y quiero confiar siempre. 124.- Palabras para empezar Ayúdanos, Señor, para que este tiempo de oración sea un encuentro contigo, que nos haga bien, que nos abra los ojos, que nos dé ánimo e ilusión. Danos un corazón sencillo para escuchar tu Palabra y para escuchar a los demás. Haznos compañía; ven en nuestro caminar de cada día y que podamos recurrir a Ti como a un amigo seguro. Amén. 125.- Todo Que no sea en partes, Señor, como es en mí frecuente, que aprenda a darme enteramente. Siempre habrá alguna excusa. pero darme. Sin guardar en las entretelas intenciones de segunda clase, disculpas que no tienen base, promesas que se dicen por quedar bien. Decir. que sea poco pero lleno de vida, de contenido, de esa sinceridad que tanto admiro en otros y que a mí tanto me cuesta. Que sea un darse a las claras con la mirada serena y con el corazón alegre. Todo, Señor, enséñame a darlo todo. 126.- Creo, Señor... Creo, Señor, que tu luz no es un rayo aparente que da luz cuando quiere y que de mí se desentiende. Creo que siempre estás cerca y que jamás me abandonas aunque mi falta de Fe, muchas veces, me haga pensar otras cosas. Creo que todo lo has hecho y que soy obra tuya, que estoy en el mundo por algo y que puedo contar con tu ayuda. Creo que a mí, como a todos, me has dado talentos valiosos, que yo (tantas veces) me guardo y no sé ni por qué. pero lo hago. Creo que siempre me esperas, aunque a veces llegue tan tarde. Yo sé que tu puerta está abierta. ¡Da gusto volver a encontrarte! Creo que aquí estoy de paso, a pesar de que a mí se me olvida y es que a veces de pronto me acuerdo que debo aspirar a otra vida. Creo que voy despertando aunque sea muy poco a poco; aún dependo de sueños y magias y a mi Fe le hace falta más gozo. Creo que tengo motivos para hablarte con toda confianza, para amarte en la gente que veo y vivir transmitiendo esperanza. Creo que sigo en camino, que mi rumbo es siempre adelante y que, a pesar de andar a destajo, habrá pasos atrás abundantes. Pero creo y por éso me fío de un buen Padre que siempre me cuida, de un Hermano que por mí dio su vida y de un Amigo que nunca me olvida. 127.- Éste era Jesús Le tomaron por loco y Él era el único cuerdo. Le creyeron guerrero y sembraba a su paso la paz. Le llamaron falso y proclamaba las verdades. Le trataron mal y le odiaron y Él respondió con amor. Le persiguieron a muerte pero Él no se escondió. Le tacharon de cobarde y no les tenía miedo. Le llamaron hereje y era el Hijo de Dios. 128.- Quiero ser agradecido, Señor Señor, quiero ser agradecido contigo. Gracias por haberme traído hasta aquí, por haberme convocado a este lugar, con estas personas. Gracias por lo bien que me han aceptado y por los detalles que han tenido conmigo. Gracias porque, en su trato y en su acogida, te he visto a Ti más cerca. Gracias por lo que hemos compartido, por la cercanía y por la amistad que ha nacido. Gracias porque todo ésto es una inyección de ánimo en el largo camino que aún he de recorrer. Señor, no me abandones y acepta mi gratitud que de verdad hoy siento. 129.- Hoy no, Señor Hoy no, Señor, no me pidas grandes cosas. Hoy me encuentro decaído y te hablo desde la tristeza. ¡Ayúdame en esta hora mala! Quizás en días así pienso más en todo; entre lo que no hago y lo que sale mal se me congelan las ilusiones y me siento poco, muy poco. Descubro en mí zonas extrañas con carteles de prohibido el paso. No sé ni por qué será pero es así, no me puedo engañar. Hoy, Señor, no me pidas frutos, por favor, háblame de que puedo. de que avanzaré. 130.- Te encuentro, Señor En el día que amanece, en el sol que nos da sus rayos, en el agua que corre y en los cantos de los pájaros. te encuentro a Ti, Señor. En el mar cuando está en calma, en el viento que no para, en la flor que se destapa y en esa hierba tan verde. te encuentro a Ti, Señor. En el saludo amable de cada día, en la mesa y en el trabajo, en la plaza del mercado y hasta en el paso de peatones. te encuentro a Ti, Señor. En la prisa de tanta gente, en los dolores de mi pueblo, en los enfermos terminales y en los tugurios nocturnos. te encuentro a Ti, Señor. En el estudiante cansado, en el trabajador parado, en tanta gente desesperada y en la gente que planta cara a la vida. te encuentro a Ti, Señor. En las familias unidas, en las puertas siempre abiertas, en las personas disponibles y en los que se dan sin medida. te encuentro a Ti, Señor. Y te encuentro porque en verdad estás cerca, porque es bastante fácil reconocerte, porque esta historia es totalmente tuya y porque es una suerte muy grande sentirme amado y llevado por Ti y poder hablarte. ì Ö`Ö ¼ Ö`Ö Ö`Ö ýÖ sH tH L혘¯[eY‰À@ ÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿ