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Dios nos ayuda a verle en cada hombre". 72.- He conseguido verte Señor, he conseguido verte en la cara de los hambrientos, pero luego he vuelto a mi vida y se me ha olvidado todo. Perdón, Señor. Tú me dijiste que en la cara del que sufre estás Tú. Sufres mucho; en esas caras de hambre y enfermedad no hay gritos ni se quejan. Ésos son mis hermanos y me da vergüenza mirarlos. Dame, Señor, más coherencia; dame, también, una boca bien cerrada para no quejarme tanto. Dame unas manos más abiertas, para que ni ahora ni nunca me olvide de mis hermanos pobres. 73.- ¡Qué más quisiera yo! ¡Qué más quisiera yo que ser una persona consciente de mis obligaciones, de las cosas que debo hacer y de otras muchas cosas que podría y puedo conseguir! ¡Qué más quisiera yo que poder demostrar que soy la persona que tantas veces aparento, como si no hubiera problemas y la vida me sonriera, como si todo me saliera bien! ¡Qué más quisiera yo que tener un corazón tan abierto que en él pudieras caber también Tú, y en esa limpia amistad se viera reflejada mi vida entera, igual que mi cara se refleja en las aguas transparentes del arroyo! ¡Qué más quisiera yo que tener la autoridad y el poder para traer la Paz al mundo, para dar la Justicia al pobre, para poner en Libertad a los encarcelados sin culpa! ¡Qué más quisiera yo que ser más capaz, más honrado, más valiente, más cariñoso, más responsable, más amigo! ¡Qué más quisiera yo.! 74.- Me has perdonado Señor, gracias, porque me has vuelto a decir: "Hijo, tus pecados te son perdonados", porque me dices: "Vete en paz". Señor, me hace muy feliz que hayas borrado "mi cuenta" y que me vuelvas a dar ése ánimo que tantas veces me falta. Bendice mi vida, Señor, llévame por tus senderos y haz que mis pasos sean ir tras el camino de Jesucristo, que murió para perdonarme y resucitó para darme Esperanza. 75.- Libérame, Señor Libérame, Señor, de los miedos que me impiden seguirte y de todos los obstáculos que yo mismo voy poniendo para evitar escuchar la llamada que me haces, sobre todo, a través de mis hermanos pobres. Señor, tengo miedo de decir que tengo Fe, de confesarme cristiano en medio de esta sociedad en la que Tú pareces una extraña reliquia del pasado. Libérame de ser tan precavido, de calcularlo todo, de huir del riesgo y de evitar decisiones que me comprometen. Ayúdame a mirar más alto que los planes que me voy trazando. Ayúdame a ser mucho más libre a la hora de hacer opciones en mi vida, para que oiga la voz de los otros, sobre todo la de los que sufren y Tú desde ellos me invites y me digas: "¿Qué estás dispuesto a hacer por tus hermanos?" Libérame, Señor, de justificarlo todo, de hacer mi vida, de andarte esquivando, de seguirte a medias y de andarme engañando. Libérame, Señor. Hazme libre, mucho más libre. para pensar, para vivir, para arriesgar, para volver a empezar y, sobre todo, para amar. ahora que empiezo a entender cuánto nos has amado Tú. 76.- Ante Ti, Señor Mira, Señor, cuánta es mi desnudez, ando porque ando y vivo porque vivo. pero, en verdad, no sé a qué proyecto servir, ni a qué dedicar mi vida. no sé qué camino tomar. ni sé cuál es la salida. Me atrae lo que hacen otros, por mí mismo no sé pensar ni mucho menos decidir. Por eso me pongo, Señor, ante Ti y te pido luz para saber elegir. Ayúdame a ser capaz de poner en la balanza lo que me enseñó a poner Jesús: el servicio, la entrega, el amor a los demás, que ya en sí llevan el premio que anhelo alcanzar. Sácame de los barrotes que hace a la gente el dinero. Que nunca me conforme con aspirar a vivir como un "prisionero noble" de esa jaula tan fría en la que, por desgracia, vivimos casi todos. Dame, Señor, otros criterios de libertad e ilusión, para ser capaz de plantear y elegir lo que en verdad me conviene. lo que Tú quieres, mi Dios. 77.- Te lo debo todo Todo te lo debo, Señor, desde el soplo de mi vida hasta llegar a las preguntas más profundas: ¿Quién soy yo? ¿Quién me ha creado? ¿Para qué estoy aquí? Te debo mis días de alegría, ésos que tanto ayudan a seguir caminando. Te debo el afecto y el cariño que Tú me envías por medio de otros. Te debo este cuerpo que funciona misteriosamente bien, aunque sé que tiene una duración limitada. Te debo el amanecer y el atardecer de cada día, el vuelo majestuoso de las aves del cielo, el canto tierno de los pajarillos del campo, el susurro del viento y el susto del rayo, el sueño romántico y la noche en vela, te debo el trabajo y el descanso, los amigos y los que no lo son tanto y, aunque me cueste decirlo, también te debo mis días amargos, que en buena parte lo son por mi culpa, por mi ceguera interesada y por mi cabeza dura, por negarme a aceptar tu cruz y por creerme a veces demasiado. Necesito tu luz, Señor, para ver más claro, para creer que, en cada paso que doy, en cada cuesta que subo, me estás dando la oportunidad de ser un poco más maduro y, en el fondo, un mejor hijo tuyo. Sólo a Ti, Señor. A Ti te lo debo todo. 78.- Cuesta mucho seguirte Señor, cuesta mucho seguirte; veo muchas pegas y pocos alicientes. Me apasiona ese modo de ser que tienes, tu libertad, tu amor, tu cercanía a los pobres, tu honradez y tu bondad. En el fondo quisiera ser como Tú pero. ya sabes, siempre tengo un "pero" que es mi barrera. Señor, ayúdame a decirte: "Aquí estoy, Tú verás lo que quieres de mí". 79.- Háblame, Señor Háblame, Señor, dime lo que quieras, comunícate conmigo para que no ande perdido. Tú me conoces, Señor, y sabes que, muchas veces, no te tomo en serio porque te doy poca importancia. La vida me lleva, me dejo llevar como el agua de un arroyo, y tus consejos me parecen tan repetidos que ya casi no me hacen efecto. Lo siento de verdad y me duele ser así, pero algo me dice que me perdonas; parece como si, de pronto, alguien me dijera: "¡Ánimo, adelante!" Nadie mejor que Tú sabe decir estas cosas una y otra vez, y mañana y al día siguiente. Señor, muchas gracias porque me aguantas, porque me das otra oportunidad y porque en silencio me dices: "¡Ánimo, adelante!" 80.- Un pozo sin fondo Tu bondad, Señor, es un pozo sin fondo, una ciudad encantada en la que, hasta el más exigente, encuentra alegría y descanso. Tú, Señor, das sin medida y confortas nuestro decaimiento, haciéndote el "encontradizo" en las palabras de un pobre, en la imagen de cada hermano, en la vitalidad de tantos jóvenes y hasta en la ingenua sonrisa de un niño. No conozco otro sitio a donde pueda ir a beber tan confiado. Nadie mejor que Tú, Señor, sabe calmar mi sed. Que siempre vuelva, Señor, a tu casa. a beber en este pozo. « Ö`Ö Ö`Ö  sH tH Ž0€€˜0€€˜0€€˜¯e½X‰À@ ÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿÿ