Historia semanal:

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS DOS TRISTEZAS:

 

 

 

Hay, sí, la tristeza constructiva - aquella que nos impulsa hacia la Vida Superior, encaminándonos para el trabajo de la mejoría íntima, delante de la sed de ascensión espiritual.

Existe, sin embargo, la otra - la tristeza destructora - que viste de luto, por dentro del corazón, todos los dias, esparciendo desánimo y pesimismo donde pasa.

Observa en ti mismo a fin de que te inmunices contra semejante dolencia del alma. Toda vez que comentamos nuestros problemas, exagerándoles de tamaño o dramatizando las dificultades que nos llegan a la existencia; siempre que tomamos el tiempo ajeno a fin de recordar sufrimientos pasados que la Providencia Divina ya mandó a borrar, en nuestro beneficio, con la esponja del tiempo; en todas las situaciones en las cuales nos ponemos a exaltar los propios preconceptos, desconsiderando la posición y la experiencia de los semejantes; y, en la generalidad de los casos en que nos pusiéramos a lamentar desidencias y desacuerdos, contiendas y tristezas, estamos apartando de nosotros los mejores amigos, a través de la amargura y el resentimiento que destilamos con nuestras palabras. Naturalmente, cautelosos, esos compañeros prefieren distanciarse a la participación indebida de nuestras adversiones y frustraciones, antagonismos y quejas, aunque, siempre que generosos y leales, estén claramente dispuestos a apoyarnos en la restauración de nuestra armonía.

Comprendamos que nadie estima la permanencia en un espinar y no escoge vinagre para brindar los lazos dilectos, y sepamos fortalecer la bondad y la paz, ensusiasmo y optimismo a los que se aproximen a nosotros, por cuanto no hay quien no necesite de alguien para ejecutar los deberes que la vida le determine.

Para eso, nosotros que sabemos rogar a Dios protección y Bendición, aprendamos igualmente a pedir a la Divina Providencia, que nos conceda el necesario coraje para silenciar desilusiones y lágrimas, de manera a dar paz y alegría, seguridad y consuelo a los demás, tanto como esperamos esos beneficios de los demás en auxilio de nosotros.

 

 

Emmanuel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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