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Vulcanismo


Definición

Fenómeno por el cual un magma originado en el interior de la litosfera se 
pone en comunicación con la superficie de la Tierra a través de una zona de fractura de esta.


Introducción

La palabra volcán proviene del latín Vulcanus, el dios del fuego para los 
antiguos romanos. 
Un volcán es una abertura en la superficie de la Tierra por la que la roca 
incandescente (más conocida como lava) y otros materiales que se encontraban 
en las capas más internas de la corteza terrestre alcanzan la superficie. Cuando 
esos materiales expulsados se enfrían (y se vuelven sólidos) forman una 
estructura que por lo general tiene forma de cono (la montaña que rodea a la 
abertura).La actividad volcánica ocurre cuando el magma llega a la superficie de la 
Tierra a través de una abertura central o una grieta larga (fisura). Dicha actividad 
puede liberar materiales eyectales (desechos que van desde trozos de roca de lave 
hasta cenizas, que pueden esta incandescentes), lava líquida y gases (vapor de agua, 
dióxido de carbono, dióxido de azufre, nitrógeno y otros) en el ambiente 
circundante.
La actividad volcánica está concentrada, en su mayor parte, en las mismas 
áreas que la actividad sísmica. Generalmente se encuentra en los límites de placas 
divergentes y convergentes, a veces en lugares intraplacas y tal vez en unas pocas 
fallas de transformación.

La erupción del volcán Etna


El monte Etna, el mayor volcán activo de Europa, despertó el domingo 
lanzando un río de lava y causando una serie de pequeños temblores que dañaron 
edificaciones en sus laderas, dijeron funcionarios. 
La lava destruyó algunas torres de funiculares para esquiadores en Piano 
Provenzana, área situada a 2.300 metros de altitud. No hubo lesionados, ya que el 
área había sido desalojada y cerrada por la policía, según dijeron funcionarios de 
defensa civil de Catania. La lava se iba reduciendo y no ha alcanzado asentamientos 
humanos en las laderas del Etna. 
El volcán lanzaba además cenizas y arena en cantidad tal que podía verse 
desde poblaciones situadas a varios kilómetros, informaron los medios italianos. La 
nube de ceniza negra dificultaba la circulación en las calles. Luego de meses, el 
Etna reanudó su actividad durante la noche; más de 200 temblores leves se sintieron 
en el este de Sicilia. El más fuerte tuvo una magnitud 4,2, según el Instituto 
Nacional de Geofísica y Vulcanología .Los terremotos causaron daños menores a 
dos hoteles cerca de Piano Provenzana, que fueron desalojados. La actividad del 
volcán es intermitente, descansa durante meses. La más reciente erupción potente 
fue en 1992. El Etna, que tuvo su mayor erupción en 1992, comenzó a desbordar 
lava el domingo después de registrarse más de 100 pequeños terremotos en el este 
de Sicilia y parte de la península de Italia. 
El Instituto Nacional de Geofísica y Volcanología registró más temblores 
durante la noche del lunes y en la mañana del martes otro sismo, de 2,9 en la escala 
de Richter, sacudió la zona cercana al volcán. 
Las cenizas continuaban cayendo sobre Catania, la segunda ciudad más 
grande de Sicilia, y los residentes del lugar llevaban paraguas para protegerse de 
partículas llameantes. 
El aeropuerto más importante de Catania fue cerrado por tercer día, y el 
tráfico aéreo fue desviado a la capital de Sicilia, Palermo. 
El Etna está casi siempre retumbando, pero los expertos dicen que sus 
fisuras actúan como ventilación, dejando que salga la presión a intervalos regulares 
en vez de dejar que se infle hasta registrar una gran explosión. 
Funcionarios de Protección Civil dijeron el martes que algunas de estas 
fisuras podrían haberse agrandado por la noche debido a los temblores. 
El Etna no ha producido ninguna actividad seria desde una serie de 
erupciones en julio y agosto del año pasado, descritas como una de las más grandes 
y complejas en 300 años.
Los sicilianos lo llaman el gigante bueno: "vivimos de la montaña", dicen 
los habitantes de las faldas y la base del volcán. El Etna atrae a cientos de miles de 
turistas y favorece una agricultura próspera, y en su larga historia produjo muchos 
desastres y leyendas. Dicen que hace 600 mil años mostró señales de actividad. 
Pero su peor perfomance la cumplió en 1669, cuando los ríos de lava arrasaron la 
mayor parte de la ciudad de Catania.
La última tragedia se registró en 1979, cuando nueve turistas imprudentes 
fallecieron con las cabezas rotas por las piedras que les cayeron encima.
Los antiguos conocían y cantaban a la naturaleza volcánica del Etna. Los 
griegos fundaron Katanea en el 729 antes de Cristo y su extraordinaria mitología 
indicó que en las entrañas del Etna habitaban Vulcano y los Cíclopes, y que el 
gigante Tifón, con sus contorsiones, Terremotaba el suelo.
Píndaro y Esquilo describieron la erupción del 475 a.C. Homero se fascinó 
con lo majestuoso del volcán a cuyos pies estaba Katanea, que los romanos hicieron 
luego crecer y prosperar llamándola para siempre Catania. Homero llevó el mito a 
la cumbre del arte narrando que en las entrañas del Etna habitaba nada menos que el 
gigante Polifemo, con su único ojo, a quien Ulises dejó ciego en combate.

El vulcanismo y la distribución de los riesgos de volcanes en la Argentina

Afortunadamente, si se lo compara con otros lugares del mundo, en la 
Argentina el volcanismo no alcanza, como fenómeno peligroso, tan alto grado de 
impacto sobre las actividades humanas y la vida de los pobladores. Sin embargo, no 
debe pensarse que se trata de un país en el cual el proceso volcánico no sea un 
factor de riesgo. Existen numerosas evidencias que indican la extensión y alcance 
del volcanismo. En primer lugar, la evidencia geológica señala claramente la 
importancia del volcanismo en tiempos geológicamente recientes. Así, la Cordillera 
de los Andes, que corresponde tal como se ha dicho a un arco magmático, presenta 
numerosos aparatos volcánicos los que han estado en actividad desde el comienzo 
del Mioceno (hace 23 millones de años) hasta el presente.
Particularmente pueden reconocerse grandes estratovolcanes, calderas 
andesítico-dacíticos y plateaux basálticos de edades pliocenas superiores y 
cuaternarias (con menos de 2 millones de años), relacionados con el último gran 
evento tectónico de ascenso y fallamiento de la Cordillera de los Andes (fase 
diastrófica diaguítica de la orogenia andina). Las lavas y los depósitos de materiales 
piroclásticos asociados a estos eventos volcánicos, alcanzan enormes extensiones 
areales y grandes espesores en todo el sector occidental de la Argentina. 
Predominan en el sector noroeste, en la Puna y desde el sector medio de la 
provincia de Mendoza hasta el extremo sur de Santa Cruz, extendiéndose en 
algunos sectores no solo en la franja cordillerana sino también en el ambiente 
extraandino de Mendoza, Neuquén, La Pampa y Santa Cruz. 
Otras evidencias de registros de actividad volcánica reciente surgen del 
estudio de los suelos de la mayor parte de nuestro país, y en particular los de la 
Región Pampeana. Estos muestran una preponderante participación de materiales 
volcánicos. Estos materiales se depositaron en diferentes momentos del Cuaternario 
ya sea como lluvia de cenizas o transportados por el viento desde la zona 
cordillerana. Los materiales originarios dominantes de los suelos de la región son 
conocidos como loess, semejantes a los existentes en otros lugares del mundo. Sin 
embargo, es precisamente el predominio de materiales volcánicos lo que diferencia 
al loess pampeano del loess de otras regiones, como China, Norteamérica y Rusia. 
Esta particularidad ya fue señalada por los primeros investigadores que los 
estudiaron en el siglo pasado como D´Orbigny, Darwin y Ameghino. 
A estas evidencias se suman los datos recogidos directamente por el hombre, de 
erupciones históricas acaecidas en algunos volcanes de la zona fronteriza o sectores 
aledaños de Chile. Así, la mayor parte de nosotros recuerda la erupción del volcán 
Hudson del año 1991 o nuestros padres y abuelos recuerdan las cenizas que cayeron 
sobre Buenos Aires en 1932, durante la erupción del Quizapu, a la latitud del sur de 
Mendoza. El arco magmático cordillerano activo ha migrado en tiempos geológicos 
recientes, en la mayoría de los casos, hacia el oeste, aproximándose más a la zona 
de subducción, por lo que la mayor parte de los volcanes activos y durmientes se 
encuentran localizados en el límite internacional o pocos kilómetros al oeste, ya en 
el territorio chileno. La Cordillera de los Andes, entre las latitudes en las que se 
encuentra comprendida la República Argentina, presenta tres segmentos en los 
cuales se concentra la actividad volcánica actual, si se exceptúa el territorio 
antártico e islas del Atlántico sur. Estos son un segmento norte entre Catamarca y 
Jujuy, un segmento centro-sur, localizado en la cordillera de los Andes 
comprendida entre el cerro Tupungato, en Mendoza y el norte de Chubut y un 
segmento austral, aproximadamente coincidente con la extensión latitudinal de la 
provincia de Santa Cruz. En el sector norte se encuentran los volcanes activos más 
grandes del mundo: los cerros Ojos del Salado y Llullaillaco, ambos con más de 
6800 metros, en los límites de Catamarca y Salta con Chile, respectivamente. El 
segmento sur presenta la mayor actividad actual. 
En el siglo XX algunos volcanes han tenido erupciones con diferente grado 
de impacto sobre distintos sectores del territorio argentino. Debido a las 
características geológicas de la Cordillera de los Andes las principales geoformas 
volcánicas son los estratovolcanes o volcanes compuestos y las calderas. Ambos se 
vinculan, como se vio más arriba, a erupciones de magmas mesosilíceos a ácidos 
(andesitas y riolitas), con abundante actividad piroclástica y comparativamente 
menor actividad lávica. Estas erupciones son generalmente explosivas y usualmente 
corresponden a los tipos plinianos, peleanos, freatomagmáticos y vulcanianos, todos 
los cuales se encuentran precedidos y vinculados a grandes sismos y temblores. 
Entre las erupciones volcánicas que impactaron durante el siglo XX el 
territorio nacional, se destacan las de los cerros Descabezado-Quizapu (1932), 
Tupungatito (1952, 1980 y 1986), Peteroa (1991), Hudson (1991), Copahue (1992), 
Lascar (1989-1993) y Llaima (1994). El impacto de las mismas en la Argentina se 
produjo principalmente por depositación de lluvias de cenizas. Al inicio de este 
artículo se distinguió entre peligrosidad volcánica y riesgo volcánico, estableciendo 
que para la determinación del segundo era necesario contar con la valoración de la 
localización de asentamientos humanos y actividades socioeconómicas que 
pudieran ser afectados. Por la ubicación de los centros volcánicos activos en zonas 
escasamente pobladas o directamente no pobladas, los impactos directos de los 
volcanes, ya sean efectos de las lavas y flujos piroclásticos son comparativamente 
poco significativos. Los efectos indirectos, principalmente sobre las actividades 
agropecuarias son potencialmente mucho mayores. Estos son generalmente debidos 
a la acumulación de cenizas volcánicas las que interfieren con el ciclo de vida de las 
plantas a la vez que afectan las propiedades de los suelos y cuerpos de agua, 
repercutiendo negativamente en las actividades socioeconómicas de importantes 
sectores del país. 
Así por ejemplo, la erupción del Hudson provocó la mortandad de gran parte 
del ganado ovino existente en la provincia de Santa Cruz, al disminuir 
considerablemente la cobertura vegetal de la ya sobrepastoreada Patagonia 
extraandina. La erupción del año 1991 (freatopliniana) afectó más de 300.000km2 
alcanzando acumulaciones de más de un metro en los sectores aledaños al Lago 
Buenos Aires, como en Los Antiguos y Perito Moreno. Bitschene (1995) estima que 
la erupción del Hudson de 1991 implicó, en las provincias de Chubut y Santa Cruz, 
pérdidas directas, estimadas en más de 10 millones de pesos, en animales, lanas, 
viviendas, limpieza de sistemas de provisión de agua, limpieza de aeropuertos, 
equipos de comunicaciones y eléctricos, limpieza de caminos, etcétera. En el caso 
del volcán Lascar, localizado en el norte de Chile, cerca de la frontera con Salta y 
Jujuy, la depositación de cenizas relacionada a las diferentes erupciones (plinianas) 
de los años 80 y 90 afectó a buena parte del norte de la Argentina. Asimismo, se 
señalan reiteradas erupciones volcánicas ocurridas en tiempos históricos en el 
centro-sur de la provincia de Mendoza como una de las principales causas de la 
degradación de las tierras de la misma. 
Una de las pocas zonas en las cuales las erupciones pueden tener efectos 
directos sobre asentamientos humanos, es en algunos sectores de la Cordillera 
Neuquina, especialmente en la zona del cerro Copahue, en las proximidades del 
cual se localiza la localidad homónima y Caviahue. Asimismo, la zona del volcán 
Lanín, en las cercanías de San Martín de los Andes y Junín de los Andes, debe 
estudiarse con mayor detalle a los efectos de establecer el grado de peligrosidad del 
mismo, ya que muestra evidencias de actividades holocenas (menos de 10.000 años) 
y se localiza en estrecha relación tectónica con volcanes activos de Chile ubicados 
muy próximos, como por ejemplo el Villarica y el Quetrupillan. Finalmente, como 
impactos directos de eventos volcánicos relativamente alejados del lugar afectado, 
puede señalarse la presencia de grandes temblores, como por ejemplo los que 
tuvieron lugar en Bariloche en 1961 y el lagomoto del Nahuel Huapí que produjo, 
además de daños materiales, pérdida de vidas (erupción del volcán Osorno).
A modo de conclusión se puede decir que los principales peligros, desde el 
punto de vista volcanológico, se encontrarían relacionados con aquellos sectores en 
los que predominan las erupciones de magmas ácidos a mesosilíceos, más viscosos, 
con altos contenidos de gases. Este tipo de volcanismo es precisamente el 
dominante en la Cordillera de los Andes, a la latitud de nuestro país. Por otro lado, 
el riesgo volcánico se ve incrementado por la presencia de poblaciones localizadas 
en las zonas aledañas a los volcanes, por la existencia de un relieve abrupto, con 
pendientes potencialmente inestables, proximidad a cuerpos de agua (como lagos, 
casquetes de hielo o ríos) así como a condiciones climáticas regionales húmedas, 
existencia de vientos dominantes (como en el caso de la Argentina, en la cual los 
vientos del Oeste son importantes y por lo tanto efectivos a la hora de traer los 
productos de los volcanes de la zona del límite o de Chile). Finalmente, no se puede 
dejar de tener en cuenta que la falta de programas de protección civil, 
lamentablemente muy importante en la Argentina, incrementa la potencialidad de 
riesgos volcánicos.

Como mitigar la erupción de un volcán

La predicción de la actividad volcánica se está estudiando y ha sido 
mejorada notablemente durante el siglo XX. Con los mapas sismográficos, la 
historia eruptiva de un volcán o un centro volcánico da alguna indicación de dónde 
se hallan los riesgos. Se ha tenido mucha experiencia en el Observatorio de 
Volcanes de Hawai, en Kilauea, en la predicción de erupciones allí y se investiga 
actualmente en el Monte St. Helens y en otros lugares como Japón, que tiene el 
10% de los volcanes activos del mundo.
Aunque toma tiempo acumular los datos necesarios para detectar los 
patrones de comportamiento y cada volcán tiene su propia personalidad, ahora los 
vulcanólogos buscan un fenómeno precursor como la inclinación o abultamiento del 
cono, cambios en las propiedades térmicas del volcán, variaciones en la 
composición del gas y actividad sísmica intensificada.
El control de las erupciones volcánicas parece imposible, pero ha habido 
algo de éxito en ello. Las técnicas experimentales incluyen el obstruir los flujos de 
lava, de lodo y de desechos; bombear los flujos de lava y dispersarlos con agua, 
todo lo cual ha ayudado en algunos casos.
Los objetivos son:
A) Contribuir a la reducción de los desastres por amenazas naturales.
B) Desarrollar y fortalecer las capacidades para contribuir a la solución de 
problemas científicos y técnicos, relacionados con amenazas naturales y control 
de evaluación de vulnerabilidad.
C) Contribuir para incrementar a todos los niveles y sectores de la comunidad, una 
percepción de las amenazas naturales, vulnerabilidad y recursos modernos para 
el control de los efectos adversos.

Medidas que deben adoptarse

-Identificación y análisis del riesgo y la evaluación de sus consecuencias.
-Zonificación del riesgo.
-Evaluación del suceso en tiempo real para la aplicación oportuna de las medidas de 
protección.
-Composición de la estructura operativa del Plan, considerando la incorporación de 
organismos especializados y personal técnico necesario.
-Características de la información a la población diferenciando la relativa al 
conocimiento de riesgo y al conocimiento del Plan.
-Establecimiento de sistemas de alerta, para que las actuaciones en emergencias 
sean eminentemente preventivas.
-Planificación de medidas específicas, tanto de protección, como de carácter 
asistencial a la población.

Para esto debe implementarse un Plan de Gestión Ambiental

El éxito en la implementación de un Plan de Gestión Ambiental depende del 
compromiso y la implicación de todo el personal, en todos los niveles y funciones.
Es en los altos niveles donde se ha de definir la política de Gestión 
Ambiental a seguir y son estos niveles los que han de evaluar y revisar el sistema de 
gestión para asegurar su adecuación y su eficacia.
Una vez implantado un Plan de Gestión Ambiental se deberá hacer que se 
examinen, por parte de un estamento objetivo, imparcial, capacitado y debidamente 
acreditado, la política, el programa, el Plan de Gestión, el procedimiento de 
evaluación o de la auditoría y la declaración o declaraciones ambientales para 
comprobar que cumplen los requisitos, así como validar las declaraciones 
ambientales.
El verificador ambiental deberá ser independiente del auditor del centro, y 
para ejercer sus funciones deberá estar acreditado por un organismo de acreditación 
que garantice su imparcialidad e independencia.
El organismo verificador debe tener un registro de cualificación de su 
personal con respecto a:
-Metodología de auditoría ambiental.
-Conocimientos sobre gestión y procesos de gestión.
-Problemáticas ambientales.
-Legislación y normativa ambiental.
-Conocimiento adecuado de las actividades a verificar.
En cuanto a los órganos competente para la Planificación hay que destacar 
los siguientes:
A) El Gobiernos: Le corresponde como órgano superior de dirección y 
coordinación en materia de protección civil, aprobar, a propuesta del Ministro 
del Interior y previo informe de la Comisión Nacional de Protección Civil, los 
Planes Básicos y los Planes Especiales de ámbito estatal, así como las 
Directrices Básicas de los Planes especiales.
B) Las Comunidades Autónomas: Son las encargadas de elaborar y aprobar sus 
correspondientes Planes Territoriales, así como los Planes Especiales cuyo 
ámbito territorial de aplicación no exceda del de la propia Comunidad 
Autónoma.
C) Las entidades locales: elaboraran y aprobarán, cuando proceda y según el marco 
de planificación establecido en cada ámbito territorial, sus correspondientes 
Planes territoriales de protección civil.

Cristian Frers.
Tte. Gral. Juan D. Peron 2049 7mo. "55".
(1040) Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
República Argentina.
E-mail: cristianfrers@hotmail.com 

 

 

 

Cristian Frers.
Tte. Gral. Juan D. Peron 2049 7mo. "55".
(1040) Ciudad Autonoma de Buenos Aires.
República Argentina.
E-mail: cristianfrers@hotmail.com

 

 

Copyright © 1999 Ramón Regés Director adjunto de C.D.E.E.A. Reservados todos los derechos.
Revisado: 31 Oct 2002 .