El entorno de las
ciudades
El ambiente en el cual se desarrolla
el ser humano tiene una gran importancia sobre la salud del individuo. Debe
recordarse que "El hombre es perjudicial al hombre". Se considera como
ambiente o entorno todo lo que forma parte de nuestra vida o historia, todo lo
que puede tener contacto directo o indirecto y que puede influir en nuestra
salud.
El ser humano tiene la necesidad de vivir en sociedad, pues son muy pocos los
que prefieren andar solitarios o errantes por la vida. Para formar una familia
se necesita una vivienda que poco a poco se suman a otras viviendas
constituyendo aglomeraciones, dando origen a comunidades, pueblos y ciudades.
Es la vida en comunidad la que origina los primeros problemas de insalubridad.
Ya que es la vivienda la que debe cumplir con ciertas exigencias mínimas
sanitarias, de otra forma comenzarían a aparecer ciertas enfermedades o
padecimientos, muchos de los cuales podrían ser evitados.
Las primeras ciudades aparecieron muy temprano en la historia, en la
Antigüedad. Pero fue principalmente el desarrollo de la industria, durante los
siglos XIX y XX, lo que desencadenó el crecimiento explosivo de las ciudades en
Europa y América.
Estas se convirtieron en los principales centros de actividad económica y
atrajeron una población cada ves más numerosa, extendiéndose
desmesuradamente, pareciera no tener límites. Se estima que actualmente más de
240 ciudades del mundo sobrepasan el millón de habitantes. México D.F., la
capital mexicana, con más de veinte millones de habitantes en su aglomeración
urbana, es la ciudad más poblada del planeta, con más habitantes que Tokio
(Japón) y San Pablo (Brasil)
En las ciudades abundan las situaciones en las que se da un exceso de motivos
-imágenes, olores, ruidos- insistentes, cambiantes y perturbadores que
bombardean nuestros sentidos. Es probable que muchos de nosotros no nos hayamos
dado cuenta del verdadero daño que ocasiona en nuestro sistema nervioso la
diversidad de formas, colores y combinaciones de todo lo que diariamente
incorporamos mediante nuestra retina. Observar un edificio de departamentos es
impactante, pero aún si le agregamos los carteles publicitarios, los
semáforos, los cables, toldos, adornos, vidrieras y los distintos tipos de
luces con diferente intensidad. Como mariposas atraídas por la luz de la vela
nos sentimos atraídos por estos motivos y factores que van a dar origen al
insomnio, la ansiedad e irritabilidad que con el tiempo llevaran al stress.
Al crecer, la ciudad se extiende hacia lo alto, bajo tierra y a lo ancho,
absorbiendo paulatinamente a las ciudades vecinas. Los suburbios terminan por
juntarse, formando inmensas aglomeraciones. Estas pueden constituir un conjunto
urbano que acoge a más de 10 millones de habitantes y que se denominan
megalópolis.
Las características de las urbes, su tamaño, su ruido, su constante ajetreo y
su impersonalidad hacen complicadas las relaciones personales. Una persona se
encuentra cada día con cientos de miles de semejantes casi todos desconocidos.
Incluso cuando se hacen las presentaciones en una reunión social de amigos, la
inmensa mayoría de los invitados tienen dificultades para recordar los nombres
a causa de que normalmente están tensos y preocupados.
Una forma de aliviar estos problemas es mantener a los demás fuera de nuestra
envoltura protectora. De hecho, es imposible conocer a todas las personas que se
nos cruzan en la calles de la gran ciudad. No podemos saludar personalmente a
todos los pasajeros de un colectivo lleno. No podemos abrirnos a la humanidad
que florece entorno a nosotros, que rompe sobre nosotros como el mar sobre la
roca. No podemos reaccionar de la manera profundamente humana para la cual nos
había preparado la evolución biológica. Tenemos que mantener la distancia
entre nosotros y los demás como un mecanismo de defensa, producto de la
necesidad que nos ayuda a conservar el equilibrio de la conducta en un mundo
inestable y caótico. Es por esta razón que nos rodeamos de una coraza de
indiferencia, eludiendo silenciosamente a nuestros propios semejantes y evitando
cuidadosamente reconocerlos como seres humanos. En cierto sentido, el ciudadano
no es responsable de su conducta. Se ve obligado a actuar de ese modo por el
carácter insano y agobiante de su entorno artificial.
El exceso de construcciones modifica el suelo y puede ocasionar catástrofes.
Así, durante lluvias torrenciales, los suelos recubiertos de asfalto no logran
retener las aguas, que corren violentamente, y pueden inundar la ciudad en pocas
horas.
En el Mundo del Subdesarrollo se plantean problemas relativos a la
contaminación. Los sistemas de alcantarillado urbano no están adaptados al
creciente número de habitantes, y las napas de agua potable se contaminan
paulatinamente, comprometiendo el suministro de agua a la población. Los
automóviles también generan complicaciones: los gases de escape forman una
nube de contaminación tóxica comúnmente conocida como Smog.
Serán necesarios muchos años de trabajo constante, para modificas estas
situaciones, realmente vergonzosas e impropias de la civilización en la cual
vivimos.
Cristian Frers.
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E-mail: cristianfrers@hotmail.com
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Revisado: 29 Sep 2002 .