Los problemas de la agricultura en la desertización
Uno de los problemas ambientales más extendidos relacionados con los
seres humanos es la degradación ecológica de la superficie continental de la
tierra a través de un proceso denominado desertización. Esta es causada por el
aniquilamiento de la vegetación, por la tala y quema de árboles, el pastoreo
excesivo, la erosión a causa del agua y del viento resultado de una mala
política agraria, la salinización y encharcamiento de los campos de regadío y
la compactación del suelo debido al ganado, a los tractores, a la desecación y
al impacto de las gotas de lluvia sobre la superficies desnudas de la tierra. Su
estadio terminal se reconoce fácilmente: Se trata de un ecosistema funcional
que ha sido degradado hasta el punto que apenas puede proporcionar servicio
alguno al hombre.
Claro que entre un ecosistema saludable y su estado final de degradación existe
todo un proceso paulatino de deterioro que es más fácil de remediar en sus
inicios que cuando alcanza un grado extremo. El problema es que en sus primeras
etapas, la desertización puede pasar inadvertida para la inmensa mayoría de
las personas El cultivo y el pastoreo excesivo, el corte excesivo de leña, el
desmonte y el mal uso de la tierra nos da la idea que estamos perdiendo la
batalla contra este flagelo.
Para alimentar a una población cada vez más numerosa, ha sido necesario
extender constantemente las zonas de cultivo y ganadería. A lo largo de los
siglos, a medida que las sociedades agrícolas iban creciendo, la destrucción
del ambiente empezó a generalizarse y el excesivo pastoreo provoco daños en
los suelos. El abuso en los cultivos y la erosión de la tierra condujo a la
destrucción de tierras fértiles.
La actividad agrícola es, básicamente, el reemplazo de un ecosistema natural
por otro manejado por el hombre, conocido vulgarmente como agrosistema, y
dirigido a obtener una producción específica. Para lograr eso, el hombre debe
forzar los elementos naturales para evitar lo que no necesita y potenciar los
que sí necesita. En este proceso va generando una serie de efectos sobre el
ambiente, algunos cíclicos, de corto plazo y repetidos como la remosión de
suelos relacionada con el cultivo de especies anuales, otro de mediano plazo y
acumulativos como el uso repetido de agroquímicos y finalmente otros de largo
plazo y gran escala como las quemas relacionadas a la deforestación.
Al modificar los ecosistemas para nuestro uso, lo simplificamos. Por ejemplo,
las praderas se aran y los bosques se talan. Luego se reemplazan las miles de
especies de animales y plantas interrelacionadas de esos ecosistemas, con
ecosistemas de un solo cultivo o monocultivo, o bien con estructuras como
edificios, carreteras y estacionamiento. Un monocultivo de plantas es un sistema
inestable y vulnerable que carece de la moderación y balances de un ecosistema
natural. Por definición, un monocultivo es: Cultivo intensivo de una sola
especie (de plantas o animales) en un territorio. Los monocultivos se han
extendido en virtud de sus rendimientos económicos y de la facilidad para
ejecutar las cosechas agrícolas o forestales.
La agricultura moderna se basa en la práctica de mantener deliberadamente los
ecosistemas en las primeras etapas de la sucesión en la que es alta la
productividad biomásica de una o algunas especies vegetales como el maíz o el
trigo. Dichos ecosistemas simplificados son altamente vulnerables.
Un problema grave es la invasión continua de los campos de cultivo por especies
pioneras no deseadas, es decir el enmalezamiento. En una pradera, los pastos
compiten eficazmente con las malezas, crecen con rapidez, aprovechan bien la luz
solar y los nutrientes del suelo, pero el sobrepastoreo provoca un desequilibrio
en relación con el ambiente. Los animales seleccionan las plantas que comen, el
ganado siempre las mismas, la de las pradera implantadas. Así al comerse los
animales todo el pasto que asoma apenas unos centímetros del suelo, queda mucho
sol libre para el que lo quiera aprovechar. Las malezas hacen precisamente eso,
ahora que el pasto no les da sombra. Como para el ganadero, maleza es
precisamente aquella planta que el ganado no come, está claro que esto lleva a
que los campos queden más y más cubiertos por plantas inútiles y a menudo
difíciles de erradicar.
Cuando esto ocurre, es fácil ponerse nervioso y contaminar suelos y aguas con
herbicidas, en vez de preguntarse sobre las causas del enmalezamiento.
La utilización de los herbicidas implica por los menos dos problemas
ambientales. Por lo general atacan a una amplia cantidad de especies, sean o no
los que compiten con el cultivo y además, una vez que han actuado, se mantiene
en el ambiente y tardan mucho en desaparecer. Así se integran a las cadenas
tróficas y tienen efectos desastrosos en especies muy alejadas del lugar donde
se aplicaron o totalmente inofensivas para los cultivos porque se encontraron
con que una cosa era lo que sucedía en el laboratorio y otra muy distinta lo
que pasaba en el campo. En el laboratorio uno puede medir y pesar todo lo que
está ocurriendo y evitar que intervengan elementos distintos de los previstos.
En la naturaleza juegan tantos factores que se suelen cruzar unos con otros y al
final el resultado puede ser el que no se deseaba.
La degradación de la tierra o terreno es diferente conceptualmente a la
degradación del suelo, ya que en la primera no sólo se contempla la
degradación del suelo sino que cualquier otro de los elementos biológicos y
físicos del terreno, como son la cubierta vegetal, la biota animal, los
recursos hídricos y otros. Esta es la base conceptual que determina que el
problema de la desertización sea integral y comprenda los diversos componentes
físicos, químicos y biológicos, interactuando con las variables sociales y
económicas de un área o región específica.
Cristian Frers.
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Revisado: 01 Jun 2003
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