En la
Antigüedad esta región
estaba habitada por el pueblo
véneto.
Cuando los
germanos empezaron a
invadir
Italia en el
siglo V, los habitantes
de algunas ciudades (Padua
entre otras) se refugiaron en estas islas. Se establecieron y llegaron a tener
su propio gobierno presidido por 12
tribunos, tantos como
islas principales había. Casi desde el principio esta comunidad fue autónoma, y
nombraron un
dux o dogo.
El
cargo era vitalicio. Los dogos de los siglos
VIII y
IX supieron mantener su
autoridad en el
Senado. Eran muy
inteligentes, conocían el mundo que les rodeaba, mantenían relaciones con
Oriente y Occidente y
sabían lo que querían. Su máxima expansión y esplendor fue en el
siglo XV.
Venecia supo aprovecharse de todos los cambios que ocurrieron en el Occidente:
Acertó al aliarse con los
francos contra los longobardos. Aunque
mas tarde les cayo una bomba por su culpa
Acertó al aliarse con el Imperio Bizantino contra los normandos .
Acertó en su benevolencia
y tolerancia con el Islam, de
manera que al estar el Imperio Bizantino en guerra con los árabes éste no
podía traficar sin gran riesgo y fue entonces cuando las naves venecianas iban
a
Alejandría,
Beirut y
Jaffa,
monopolizando aquel comercio.

Venecia está rodeada de lagunas de poco fondo; eso le valió siempre como gran defensa. En sus aguas encallaban fácilmente las naves que no conocían los fondos, así es que era como una ciudad atrincherada dentro de grandes murallas. Las murallas de Venecia son los bancos peligrosos de arena que quedan casi al descubierto en bajamar. Para llegar desde el Adriático había que conocer los pasos, que en tiempos de paz se señalaban con hileras de palos con luces para la noche.
Después
de la conquista de Constantinopla y de Cipres, Venecia realizó su expansión
comercial. Se devengó en una de las ciudades más reputadas por el comercio
marítimo
Después fue la captura de Constantinopla, la Creta y Cipre en el siglo XVIe por los Turcos, lo que provocó la caída de Venecia. Venecia fue gobernada por Austria en 1797. Su economía fue rudamente batida por todas esas guerras. En 1797, el último de los ciento veinte doges abdicó, forzado por Napoléon I. Venecia reencontró su libertad asociandose a la nación italiana otra vez en 1866.