MIGUEL DE UNAMUNO

Nace en Bilbao en 1864. Es el tercer hijo, tras Felisa y Jesusa, del matrimonio de Don Félix de Unamuno, comerciante, con su sobrina carnal, Salomé Jugo. Más tarde nacerán Félix, Susana y Mercedes. A los seis años de edad muere su padre y Miguel queda a cargo de su abuela, Benita Unamuno. Su hermana Jesusa fallece en 1867 y Mercedes en 1869.
A la edad de nueve años presencia el bombardeo de Bilbao durante la guerra civil española entre los carlistas y los liberales, estampa estos recuerdos dolorosos de su niñez en su primera novela, Paz en la guerra.
Se traslada, a los dieciséis años, a Madrid para estudiar Letras. La pensión donde va a hospedarse, conocida por “La Casa de Astrarena”, cuesta tres pesetas diarias, todo incluido y está localizada en la calle Montera. A Miguel el jaleo de sus compañeros de hospedaje no le agrada. Él ha ido a Madrid a estudiar y a ello dedica encarecidamente sus momentos libres. No sale por la noche, el recuerdo de Concha, su novia, le acompaña. En 1880 Ingresa en la Universidad Central de Madrid donde se dedica a los estudios de filosofía y letras. En este tiempo estudia el alemán para traducir la Lógica de Heguel. Obtiene la licenciatura en Letras, con 19 años y calificación de Sobresaliente, en 1883. Recibe su doctorado en 1884, se doctora con una tesis sobre la lengua vasca: Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, en la que anticipa sus posturas contrarias al nacionalismo vasco de Sabino Arana.
En 1890 participa en oposiciones a las cátedras de psicología, lógica, ética, metafísica y latín, de la Universidad, sin éxito.
El 31 de enero de 1891 se casa con Concha Lizárraga y hace oposiciones para una cátedra de Griego en la Universidad de Salamanca. Regresa a Madrid, donde se realizan las oposiciones, y gana la cátedra de griego de la Universidad de Salamanca, ciudad en la que vivirá -con los paréntesis forzados o voluntarios de sus destierros- hasta su muerte. Con motivo de la preparación de dichas oposiciones, entabla amistad con Ángel Ganivet, amistad que se irá intensificando hasta la muerte de Ganivet en 1898.
En 1901 es nombrado rector de la Universidad de Salamanca y catedrático de la historia de la lengua castellana. Redacta continuamente obra ensayística, poesía, teatro y narración, además de numerosos artículos en la prensa, con los que interviene en la actualidad política.
En 1902, su tercer hijo, Raimundo, fallece de un ataque de meningitis.
En 1914 el ministro de Instrucción Pública lo destituye del rectorado por razones políticas. Sus escritos sobre la Primera Guerra Mundial influyen notablemente en la opinión pública.
En 1920 es elegido por sus compañeros decano de la Facultad de Filosofía y Letras. Es condenado a dieciséis años de prisión por injurias al rey, pero la sentencia no llegó a cumplirse. En 1921 sus compañeros, de nuevo, lo nombran vicerrector. Sus constantes ataques al rey y al dictador Primo de Rivera hacen que éste lo destituya nuevamente de sus cargos universitarios, y es deportado a Fuerteventura en las Islas Canarias. Con la ayuda de un editor francés logra escapar a Francia. Vive asilado en Francia, primero en París y después en Hendaya hasta el año 1930.
El 1 de junio de 1930, Unamuno visita el Lago de Sanabria en Zamora, lugar donde se inspira para escribir el libro San Manuel Bueno Mártir.
En 1931, con la llegada de la República, es reintegrado al rectorado salmantino. Se presenta a las elecciones a Cortes y es elegido diputado como independiente por la candidatura republicana.
En julio de este año de 1934 muere, su mujer: Se fue mi mujer que era mi costumbre y mi alegría, y me daba lo que siempre me faltó: serenidad y ganas de vivir. Nunca creyó en la muerte, como yo nunca he creído en la vida. Se le otorga el título de Rector Perpetuo de la universidad de Salamanca, un título honorario, y continúa como rector, aún después de jubilarse, la Universidad de Salamanca crea una cátedra con su nombre.
En 1935 es nombrado ciudadano de honor de la República. La Universidad de Oxford, en Inglaterra, le otorga el título de doctor honoris causa el 29 de febrero de 1936.
Al iniciarse la guerra civil, apoya durante un breve periodo de tiempo a los rebeldes. Hace un donativo de cinco mil pesetas a los rebeldes, como él mismo explicó a un periódico Argentino. En nombre del claustro de la universidad de Salamanca, que como Rector presidía, dirigió un comunicado de prensa denunciando los hechos criminales llevados a cabo por los marxistas. El gobierno de Azaña lo destituye como rector. Sus relaciones con Franco fueron frecuentes, a partir del día en que éste fijó su residencia en Salamanca, con manifiesta simpatía del General que le nombra rector.
El 12 de octubre de 1936 se celebraba en el paraninfo de la universidad de Salamanca el Día de la Raza, aniversario del descubrimiento de América. El general Millán Astray había llegado escoltado por sus legionarios. Esta presente el obispo de Salamanca, la mujer de Franco y también el general Millán Astray. En la presidencia estaba Unamuno, rector de la Universidad. Después de las formalidades iniciales, Millán Astray define a Cataluña y a las provincias vascas, como: Cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí. La carne sana es la tierra, la enferma su gente. El fascismo y el ejército arrancarán a la gente para restaurar en la tierra el sagrado reino nacional. Cada socialista, cada republicano y cada uno de ellos sin excepción y, huelga añadirlo, cada comunista es un rebelde contra el gobierno nacional, que será pronto reconocido por los estados totalitarios que nos auxilian, a pesar de Francia y la pérfida Inglaterra. Y entonces, o incluso antes, cuando Franco lo quiera y con la ayuda de mis valiente moros, que si bien ayer me destrozaron el cuerpo, hoy merecen la gratitud de mi alma por combatir a los malos españoles... porque dan la vida por la sagrada religión de España, escoltan al caudillo, prenden medallas y Sagrados Corazones en sus albornoces. Desde el fondo del paraninfo, una voz gritó el lema de Millán Astray: Viva la muerte. Millán Astray lanza el grito de : España, Automáticamente, cierto número de personas contestaron: Una. España, volvió a gritar Millán Astray. Grande, replicó el auditorio. Y al grito final de España de Millán Astray, contestan Libre. Todos los ojos estaban fijos en Unamuno, que se levantó lentamente y dijo: Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. No aprendí hacerlo en los setenta y tres años de mi vida. Y ahora no quiero aprenderlo. A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del general Millán Astray que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo, lo quiera o no, es catalán, nacido en Barcelona. Se detuvo. En la sala se había extendido un temeroso silencio. Jamás se había pronunciado discurso similar en la España nacionalista. Pero ahora -continuó Unamuno- acabo de oír el necrófilo e insensato grito Viva la muerte y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor. Millán Astray le interrumpe con el gritó de: Muerte a la inteligencia Viva la muerte. Pemán, presente allí también, contesta: Mueran los intelectuales los falsos intelectuales, traidores. Unamuno continuó: Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho. La esposa de Franco, cogió del brazo a Unamuno, evitando así que el incidente acabara en tragedia.
Al día siguiente, es puesto bajo arresto domiciliario. En la calle Bordadores se extingue lentamente, entre declaraciones contrarias a los rebeldes, que le vigilan estrechamente en su domicilio para que no huya. En esa casa de paredes anchas, en su sillón mecedora, el día 31 de diciembre de 1936 Unamuno ha invitado a una copita al profesor Aragón, que está con él, y él ha tomado otra. Confiesa a Aragón que está mejor que nunca y se solaza al calor del brasero. Son las seis de la tarde. De pronto don Miguel se ha quedado silencioso. El profesor Aragón cree que le ha podido hacer mal el humo del brasero y lo aparta de sus pies, pero ve que una zapatilla se estaba quemando sin que él se diera cuenta. Con asombro vió que Unamuno había muerto.