Bryce
Echenique: «Martín Romaña, como yo, escribe para comprender»
PILAR ORTEGA BARGUEÑO
EL MUNDO | 10/09/2001
Desde que se marchó definitivamente a su Perú natal, nunca se
sabe muy bien dónde está Alfredo Bryce Echenique. Hasta sus amigos
de siempre lo desconocen, pero le imaginan en algún lugar de Europa.
Es en un viaje relámpago con destino a El Escorial donde el autor de
'Un mundo para Julius' revela que está escondido en Las Palmas, que es
allí donde da las últimas pinceladas a su próxima novela,
porque esa isla le da la paz necesaria para escribir. Aparece como una exhalación,
pero se las ingenia para volver la vista atrás, nada menos que 20 años,
y recordar, sin aviso previo, el proceso de gestación de La vida exagerada
de Martín Romaña, una novela que escribió, entre 1978 y
1981, en escenarios tan diversos como Málaga, París, Théule-sur-Mer,
Sant Antoni de Calonge, Saint-Raphaël y Montpellier.
Demasiado trasiego para trenzar una historia tan compleja.
Cuando la empecé a escribir andaba muy enredado, pero fue en Montpellier
donde más la trabajé. Antes de acabarla, me llamó Carlos
Barral desde Barcelona y me dijo: «Alfredo, ¿tienes novela? La
publico». El no sabía que era tan larga.
¿Cuánto hay de Bryce Echenique en Martín Romaña?
Está mi mirada de entonces, una mirada irónica, abierta,
comprensiva y tierna en la que no cabía el desprecio, ni el escarnio,
ni la burla. Martín Romaña, como yo, es un hombre que escribe
porque quiere comprender, pero también revela la sensibilidad de aquellos
años, del mayo del 68, de la politización de todas las actividades,
de los latinoamericanos que jugaban al exilio, de la moda del Che Guevara, del
boom de los charangos y las quenas...
¿Puede decirse que es la historia de su generación?
Es un balance de lo que había sido mi vida y la de mi generación,
bajo el foco del idealismo, de París, de la moda latinoamericana... Todo
está en la novela bastante idealizado. Yo quise resaltar cómo
el fanatismo político, en el caso de Inés de Romaña, triunfa
sobre el cariño. Ella lo adora pero, por unas ideas y un partido político,
lo abandona y lo traiciona y él se queda literalmente deshecho, triste.
¿Es entonces cuando se refugia en su cuaderno azul?
Sí. Años después, Martín Romaña empieza
a escribir en un cuaderno azul. Es un diario de navegación por las aguas
tormentosas de París. Sin rencor, con humor y una mirada tierna al pasado,
recupera su dignidad y vuelve a ponerse en pie. Hasta ese momento es un hombre
caído. Pero al hablar y al contar lo que ha vivido logra hacer las paces
con el mundo.
¿Cómo fue la redacción?
Trabajé intensamente, siempre andaba escondiéndome para
trabajar. Escribía hasta las dos de la madrugada y me olvidaba hasta
de comer. No recordaba nada de tanto como me envolvía. Y cuando la terminé,
sentí un enorme vacío, como si hubiera vivido con todos los personajes
en mi casa.
¿Qué representa el sillón Voltaire que aparece en
el primer párrafo del texto?
Se convirtió casi en un personaje principal. Esta novela recibió
en 1983 el premio a la mejor novela publicada en Francia. Vinieron a verme a
mi piso y vieron que no tenía ningún sillón Voltaire. Nunca
lo tuve hasta entonces, pero representa el viaje alrededor de mi cuarto, de
mi país, de mi mundo... Y todo desde un sillón.
¿Había mucha añoranza de Perú en París?
Yo nunca fui nostálgico, pero los latinoamericanos sí lo
eran mucho. Yo me integraba. Era profesor, muy amigo de mis alumnos, salía
con ellos, participaba de su vida y de sus fiestas, de su monotonía...
Vivía intensamente y no me juntaba con latinoamericanos. Para eso, me
hubiera vuelto a Perú.
¿Cómo era París entonces?
Era un París alegre y movido. El Barrio Latino bullía y
no tenía nada que ver con el barrio residencial de ahora. Entonces se
vivía en cuartos de alquiler y los cafés estaban llenos de jóvenes.
Era una ebullición nuestro París, nuestro barrio..., pero ya ha
desaparecido. Ya no queda nada. Mi Guía triste de París es un
homenaje a ese París que ya se ha ido.
¿Cómo consigue que brote el humor cuando no hay motivos?
Uno no lo puede calcular. Es inevitable. Es el humor de mirada triste,
un humor que mezcla la ternura con la tristeza. Hay que mirar la vida con humor,
aunque ésta ofrezca una cara patética.
¿Es tan exagerada la vida de Bryce Echenique como la de Martín
Romaña?
La mía es más aburrida y disciplinada. La gente se defrauda
al ver mi casa perfectamente arreglada y descubrir que soy un maniático
del orden y la puntualidad.
Prólogo
| MarcosRicardo Barnatán
Guía alegre de París | Juan Bonilla
La colección
Bryce
Echenique: «El éxito de este libro me condujo al psiquiatra»
PILAR ORTEGA BARGUEÑO
EL MUNDO | 12/10/2001
Le pilló tan de sorpresa el éxito de 'Un mundo para Julius', su
primera novela, que no fue capaz de digerirlo en poco tiempo. Alfredo Bryce
Echenique, que se autodefine como «un tímido que habla por los
codos, muy amiguero pero no sociable», hubo de enfrentarse a una depresión
aguda que le condujo directamente a la consulta del psiquiatra. Aquella novela,
un tierno retrato de un niño de buena familia, ingenuo y rebelde, que
había nacido en un palacio de la avenida Salaverry de Lima, fue devorada
entonces por unos lectores sorprendidos, a principios de los 70, por la juventud
de un escritor que fue capaz de seducirles con su pluma irónica, divertida
y entrañable. Bryce Echenique, que recibió el Premio Nacional
de Literatura de Perú en 1972, había pintado un espléndido
cuadro, con toda clase de lujos, miserias y crueldades, de la vida de la clase
aristocrática en el Perú de mediados de siglo.
Han pasado más de 30 años y ahora llama la atención lo
mal que llevó entonces tanto reconocimiento público. ¿Le
sorprende también a usted?
El éxito lo encajé bastante mal. Todo eran elogios, tuve que hacer
varios viajes a España, de repente tenía amigos y quienes no me
habían saludado hasta ese momento querían hablar conmigo. Aquello
me produjo una depresión profunda que tuvo que tener tratamiento médico.
A mí se me cae la taza de café, y hasta la sopa... Soy un tímido
que habla por los codos, muy amiguero pero no sociable. Yo admiro a los tímidos
que miran profundamente y callan. Lo pasé muy mal, hasta el punto de
dejar de escribir por varios años. Luego empecé a escribir secretamente
La felicidad ja ja.
Una reacción muy poco frecuente entre los escritores jóvenes,
al menos en los tiempos que corren.
Para mí fue un sufrimiento, una neurosis. Tenía una absoluta carencia
de vanidad y eso hacía que a mí me hiriera lo que a otros les
hubiera hecho felices. Pero desgraciadamente uno va aprendiendo y se llena de
máscaras para ir tirando y evitar al intruso, para esconderse. Pero en
el fondo todavía siento ese vértigo, y esa ansiedad, y ese temblor.
Hábleme de la génesis de «Un mundo para Julius».
Fue un proceso bastante sorprendente, sobre todo si pienso que lo que empecé
a escribir era un cuento. Era el tercero que escribía después
de haber leído los relatos de Julio Cortázar, cuya lectura me
dio una gran libertad para expresarme. El título era Las inquietudes
de Julius y lo había tomado de Pío Baroja, cuyas novelas me deleitaban.
La vida de Julius empezó a crecer y crecer, y aparecieron sus hermanos,
su colegio... Y al final escribí la historia del crecimiento de un niño.
El carácter y la sensibilidad de Julius, ¿tenían algo que
ver con los del niño Alfredo Bryce?
Lo más autobiográfico que hay en esa novela es el goce infinito
que me produjo su escritura y las lecturas de entonces, de autores que ahora
estoy releyendo: Stendhal, Flaubert, Céline... También está
en ese libro mi sensibilidad infantil. Por lo demás, es la crónica
de un mundo, una época y un tiempo, de una ciudad que podrían
ser muchas ciudades de esos años. Pero mi padre no murió cuando
yo era un niño, como en la novela, ni mi hermana tampoco... La atmósfera
sí es fruto de mi sensibilidad, de esa capacidad que tiene Julius de
observar, de ponerse del lado del pobre, de establecer una guerra larvada entre
él, un niño sin palabras, y el padrastro perfecto.
¿Qué queda de aquel mundo en usted?
La mirada. Me sigue sorprendiendo la terrible desigualdad que existe en la sociedad
peruana.
¿Dónde escribió «Un mundo para Julius»?
En París casi íntegramente, salvo unos trocitos en Alemania, donde
pasé un tiempo estudiando alemán.
¿Queda algún escenario en pie?
Ha cambiado prácticamente todo, menos el imaginario. Sin embargo, esta
novela la siguen leyendo los escolares y me sorprende, porque la sociedad de
aquel momento no existe ya. Les interesa mucho más el niño, porque
ése es el lado universal, el que pervive. El referente de Julius era
Europa, París, Londres, Praga, Roma, Madrid... y el referente de las
oligarquías iberoamericanas en la actualidad es Miami y los cursis de
Miami, porque ser cursi en Miami es ser cursi al cubo. Y eso es lo que observo
en Lima cuando voy, que el mal gusto impera. Aún sobreviven el club de
golf y la plaza de toros que se describen en el libro, pero en medio está
hoy, por desgracia, Calcuta.
¿Se quiere más a Perú en la distancia?
Sí. Perú duele de forma espantosa cuando estás allí.
Es un país que a mí me hace daño y por eso me vengo a Europa,
y cuando estoy en Europa estoy loco por volver. Perú es una ficción
para los peruanos. Pero, finalmente, el país con los años se reduce
a unos amigos y unos paisajes.
Vd. ha dicho que su literatura nace de un empacho de asombro. ¿Le sigue
alucinando tanto la realidad?
Sí. A veces veo a un vendedor vender y me quedo absolutamente asombrado.
Hay cosas que me producen miedo, otras aburrimiento, otras desazón y
otras, puro asombro. Y de ésas escribo. Los escritores partimos de un
cierto rechazo de la realidad y por eso creamos una construcción verbal
para aliviarla y buscar una salida. En la vida real el destino se cumple cuando
estamos muertos, pero en las novelas lo modificamos.
Prólogo
| Benjamín Prado
La colección
1. Bryce, mójese
y cite algunos escritores actuales que merezcan ser tenidos en cuenta. Gracias.
Como yo ahora vivo entre España y Perú, puedo decir con todo gusto
que hay escritores en ambos países que para mi son realmente admirables.
En España pienso en gente como Luis Landero, Almudena Grandes, Enrique
Vila Matas, Pedro Zarraluqui y Antonio Martinez de Tizón. A todos ellos
les he seguido desde sus inicios y la verdad es que son diferentes, originales,
practicamente únicos en lo suyo. Y esto mismo en Perú, es el caso
de escritores como Alonso Cueto, cuyo último libro estoy disfrutando
en este instante, y Abelardo Sánchez León, Fernando Ampuero, Giovanna
Pollarolo e Iván Thaiz, el más joven de todos, y cuya busqueda
personal me parece particularmente original y lograda. Creo que dentro de muy
poco, por lo que ya he empezado a leer de ella, podré decirles lo mismo
de María de la Pau Janer.
2. ¿qué
hacemos si vivimos con una Inés, y conocemos al mismo tiempo a una Octavia
de Cádiz?
Huir despavoridos.
3. Usted ha estado
varias veces en las quinielas para adjudicarse el premio Plantea; ¿que
le diría a aquellas que opinan que "El huerto de mi amada"
fué creado con el único fin de adjudicarse el Planeta?
Que se equivocan de cabo a rabo.
4. ¿que
es el cine para Bryce Echenique? ¿ Cree en Dreyer, se emociona con Ford
y se rie con Woody?
Es esa maravilla que empezó con mi infancia y me acompañará
siempre. Es ir al cine, llegar al cine y esperar que se apaguen las luces, que
se levante el telón y que aparezca la magia que jamás he podido
encontrar en una pantalla de tv. Estoy totalmente de acuerdo. Creo en Dreyer,
Ford es parte de mi educación sentimental y Woody Allen, el humor de
mi vida.
5. ¿Se puede
realmente volver a viivir a una ciudad, aunque sea la tuya, 25 años después,
como hizo usted al regresar a Lima, y no sentirte completamente fuera de todo?.
Saludos. os despues
Fueron en realidad casi 35 años y es duro, para que lo voy a negar, pero
como todo en esta vida no se puede celebrar los pasteles sin envenenarse a veces
con las ciruelas.
6. ¿Son
los españoles hoy cada vez más eurociudadanos y menos iberoamericanos?
No da la impresión por lo que voy viendo.
7. ¿Y, después
del Planeta, qué?
Escribir y escribir y escribir.
8. Le descubrí
hace poco a través de una entrevista de Sabina y desde entonces ya ha
leído tres libros suyos. ¿Qué tal se lleva con él?
Intimamente bien, es como un hermano, es como un peruano. Su casa es mi casa,
la mia la suya y lo único que voy a extrañar esta noche al presentar
"El huerto de mi amada" en Madrid es a Joaquín, que igual me
debe estar extrañando en la presentación de su disco.
9. ¿cree
que el premio planeta le ha llegado en un buen momento de su carrera?
Si, yo creo que si. Yo desde luego me presenté porque tenía un
libro terminado, había gozado enórmemente con su escritura y quería,
que gracias al Planeta, esa novela, "El huerto de mi amada", llegara
a muchos más lectores que mis libros anteriores. Y mira, acaba de salir
el libro y ya todos hemos comprobado que es lo que está sucediendo.
10. hola Mr Echenique.
Con una pregunta no me basta, pero podría decirme de dónde saca
tanta imaginación cuando escribe. si es sólo disciplina, o si
uste d tiene momentos de inspiración y lo aprovecha. Si se emborracha
para escribir o si le salen las frases así de corridito y tan fáciles
como uno las lee más tarde. En cualquier caso me encantan sus historias
y siempre las recomiendo.
Mil gracias ante todo. Y no se si te defraudaré al contarte que jamás
he logrado escribir una sola línea bajo los efectos del alcohol, que
la inspiración no existe y que si existe tiene otro nombre, y este es
transpiración. Y que corrijo y corrijo hasta que parezca que no he corregido.
Crear la ilusión de la oralidad en la escritura es, créeme, endemoniadamente
difícil y requiere disciplina y entrega total. Y bueno pues para que
negarte que cuando esto se logra, entonces si lo celebro.
11. Creo haber
leido en algún sitio que usted dijo que se había hecho escritor
para que le quisieran más. ¿Es cierto?. Le confieso que me gustaría
que si fuese cierto. Es el mejor motivo que jamás le escuchado a un escritor
apuntar como móvil de su vocación.
Es cierto, 100% cierto.
12. Dígame
un aroma que nuca falte en su vida
El perfume de violetas que usó mi madre.
13. ¿Que
le pasa a esta sociedad que cada vez va a peor?
Tal vez es porque no leemos lo suficiente. Y por consiguiente no hacemos camino
ni al andar ni al sentarnos.
14. Bryce, sus
novelas han fluctuado entre la critica de la sociedad limeña (tipo Un
mundo para Julius) y la desaventuras de artistas sudamericanos en Europa, piensa
en un futuro escribir sobre un tercer argumento, quizás usando como escenario
algún lugar distinto a Europa o Lima?
No, los escenarios nunca han sido importantes en mis novelas. Tanto es así
que los arquitectos, por ejemplo, se desesperan al leer mis libros porque en
ellos jamás se ha descrito el lugar en el que viven los personajes. Y
sin embargo, si describo con minuciosidad el hecho de que Felipe Carrillo en
"La última mudanza de Felipe Carrillo" tiene dos tocadiscos
que oye al mismo tiempo y en uno pone canciones pesimistas y en el otro optimistas.
En realidad, les explico yo a los arquitectos y a los amigos que se fijan en
este hecho que el escenario y el paisaje emana del alma del propio personaje
o incluso de hasta de su estado de ánimo.
15. Empezó
a escribir en un "Huerto", ahora este otro. ¿Qué ha
transcurrido entre ambos?
Unos veinte títulos, más o menos.
16. ¿Sigue
persiguiéndole el insomnio? ¿Novela cuando no consigue dormir?
El insomnio es un mal de nuestro tiempo y como yo soy tan bueno pues parece
que a mi me aqueja con mayor gravedad que a otros. Gracias a Dios que a veces
la realidad llega a ser tan aburrida que me lleva a atravesar periodos que podriamos
considerar como muy extensas curas de sueño, duermo como un lirón,
de noche, por la mañana, e incluso me doy el lujo de dormir una demagógica
siesta.
17. Ya se que es
un poco topico pero, ¿ en que va a emplear el dinero? me da la impresion
lo poco que le conozco que el dinero no significa demasiado para usted (espero
no equivocarme)
La verdad, la verdad, es que me han desequilibrado totalmente el presupuesto
y estoy angustiadísimo.
18. Me cae usted
muy simpático. El otro día escuché que los aviones que
llegaban de Lima aterrizaban directamente en su terraza y eso no hay hígado
que lo soporte. A pesar de ello, ¿cree que la gente que no bebe no es
de fiar?
En realidad, mi opinión más sincera es que de quien hay que desconfiar
más bien es de los borrachos. Ahora bien, tu sabes que solo los imbéciles
no se contradicen. dv
19. me gustaría
saber cual es el proceso que sigue para buscar un título a los libros,
y si considera este aspecto importante en una obra.
Fundamental. Y nunca sabré de donde salen los títulos de mis libros
aunque si es verdad que mientras no hay título, no hay libro. Puedo recordar,
por ejemplo, que un día bajando del metro de París -de uno de
esos viejos vagones de entonces- el cerrojo metálico produjo un golpe
seco y rotundo al cerrarse y yo pronuncié el nombre Baby Schiafino, jamás
había oido ese nombre antes pero pocas horas después se estaba
ya convirtiendo en el título de un cuento muy largo de mi libro "La
felicidad ja,ja".
20. Pregunté
una vez a Joaquín Sabina que por qué, con esa imaginación
que tiene y ese pulso narrativo, no escribía novelas o cuentos. Y él
me dijo que Bryce ya lo había escrito todo y que él no lo haría
mejor. ¿Es esa una razón para no escribir? Reprenda usted al maldito
Sabina del «maldito Bryce», jajaja
Acaba de publicar un maravilloso libro de sonetos con el título "Cien
de catorce volando", le aconsejo leerlo. Está editado por la editorial
Visor de Madrid.
21. ¿qué
aporta la literatura a este mundo loco?
Muchísima más locura.
22. ¿existe
Octavia de Cádiz?
Octavia de Cádiz nació así: yo estaba escribiendo "La
vida exagerada de Martín Romaña" y leyendo las memorias de
Pablo Neruda, y por ahí me tope con esta sensacional descripción
de Federico García Lorca, hecha por Neruda: "Su persona era delgada,
morena y traía la felicidad". Yo decidí que Martín
Romaña ya del todo abandonado por Ines reviviera gracias a una persona
delgada, morena, que trajera la felicidad y que se llamara Octavia de Cádiz.
23. ¿Puede
ser la almorrrana fuente de inspiración poética? Particularmente,
desde que leí el espisodio memorable de la almorrana en su Martín
Romaña le evoco acuclillado en la taza del váter rogándole
a esa musa atroz y persistente.
Si y Rabelais hizo de todo esto, literatura genial. Y no olvides que el Pantaleón
de la novela de Mario Vargas Llosa "Pantaleón y las visitadoras"
sufre terriblemente de almorranas. Y además, dicen los médicos
especialistas en el tema que las principales víctimas de esta enfermedad
son los camioneros, las mujeres en cinta y los escritores. O sea todas aquellas
personas que se sientan largas horas en estado de gran tensión.
24. Me llamó
la atención en su libro "La amigdalitis de Tarzán" la
frase "éramos mejores por carta", ¿tan difícil
es mantener una relación con alguien en este mundo?
En el caso de ellos dos fue casi imposible. Gracias a las cartas lo que pudo
haber sido un amor imposible se convirtió en un triunfo de la lealtad,
de la amistad y de la complicidad, incluso.
25. la camara en
vivo no funciona y desestiman mis preguntas. ¿Soy un desgraciado como
alguno de sus "otros yo"?
Yo soy un pesimista que desea que todo salga bien y espero que esta respuesta
te contagie un poquito
26. Este fin de
semana afirmaba ser un dandy. Y, ciertamente, la pariencia la tiene. ¿Qué
más significa eso?
No olvides que el mundo, finalmente, se salva por las formas. Y que en esta
etapa sin Dios y sin dioses, y de tanto nihilismo y materialismo hayq ue volver
los ojos a Kant, para quien Dios también había muerto pero que
aconsejaba vivir como si existiera.
27. ¿Qué
credibilidad debemos dar a un Jurado que otorga Premios?Me parece muy imparcial
e injusto,creo que los premios los deben otorgar los lectores
Los lectores nunca son imparciales, y también los jurados son lectores.
O sea que siempre nos morderemos la cola.
28. ¿ Como
considera ó explica la relación actual de la literatura Latinoamericana
y la Literatura Universal?
En ambas el escritor sea chino o peruano, se enfrenta con el espeso bosque de
la realidad.
DESPEDIDA
Ha
sido un gusto, una alegría y una emoción permanente. Mi intento
por responder bien a cada pregunta, si lo he logrado seré además
muy feliz. Mil gracias por haberme llamado y hasta la próxima. Besos
y abrazos de Alfredo.
LA PERSONA LITERARIA Y SENTIMENTAL
"Mi literatura
nace de un empacho de asombro. El escritor es un ser sorprendido"
"La dificultad de expresar sentimientos conduce a la ruptura del párrafo,
que está muy ligada también a la narrativa oral"
"Mi escritura es un proceso de recaptura mediante la memoria y de reelaboración
mediante el oficio"
Con la publicación de Huerto cerrado, en 1968, se abría una nueva
y sorprendente página en la literatura, sobre todo en la literatura que
se escribe en español. En esa página, Alfredo Bryce Echenique
ha ido trazando un personalísimo camino creativo que, partiendo de Perú,
ha recorrido también otros continentes, a veces por las amplias avenidas
de la memoria, a veces por los estrechos callejones del sentimiento, ahora yendo,
luego regresando, teniendo siempre como única guía la propia sensibilidad
y, como vehículo, ese estilo característico que hace creer a quien
se deja llevar por él que es oyente de lo que lee.
Tras aquel primer libro de cuentos llegaron otros, pero llegaron también
novelas, como Un mundo para Julius o ese memorable díptico en el que
Martín Romaña navega por los mares de la imaginación y
del sentimiento a bordo de un sillón Voltaire.
Bryce Echenique sigue escribiendo y se encuentra quizá en un momento
de plena madurez literaria. El pasado 1995 ha sido para él un año
muy fértil, sobre todo en el terreno editorial: el hito principal lo
marca la publicación de su por ahora última novela No me esperen
en abril (Anagrama); por otra parte, Espasa Calpe ha editado una antología
de su narrativa bajo un título indudablemente cargado de sugerencias,
Para que duela menos, interesante panorámica apoyada en un sólido
estudio que, a modo de introducción, ha realizado el crítico Juan
Ángel Juristo sobre la obra del escritor peruano; al acabar el año,
aparecía además en el mercado el volumen Cuentos completos (Alfaguara),
una recopilación de sus relatos y de otros textos muy característicos.
Resulta obvio decir, por tanto, que últimamente se ha hablado y se ha
escrito mucho sobre la obra de Alfredo Bryce Echenique. Así que nuestra
conversación en su casa de Madrid se planteó desde el principio
como un abordaje a la figura del escritor y su proceso creativo, más
que como repaso de sus ya numerosos libros publicados, desde la certeza, claro
está, de que autor y obra no son fácilmente separables, y menos
en este caso.
Acababa de volver a España después de pasar una temporada en los
Estados Unidos como profesor invitado por la universidad de Yale. La charla
se desarrolló sin prisa. Su actitud era a veces concentrada, hurtando
la mirada apenas entrevista; otras veces divertida, con una risa más
guasona que alegre. Su voz, pausada, fluyendo bajo la visera de un bigote muy
poblado, parecía provenir de muy adentro.
- Hay quien escribe por necesidades de expresión y quien lo hace con
el objetivo de vivir de la literatura; otros incluso ansían la fama y
la inmortalidad. ¿Cuál es su caso?
- Uno escribe por necesidad. Lo hago porque me gusta, porque me encuentro cómodo
en ello. Desde niño fui siendo conducido a la conciencia de que lo que
deseaba era escribir, antes de desear ser escritor, y después fui asumiendo
el oficio con todas sus consecuencias. Siento la necesidad de hacerlo, constantemente
pienso en ello; en fin, es algo que está ligado totalmente a mí
y ya una parte importantísima de mi vida es escribir. Le he dedicado
muchos años e incluso mucho trabajo extraliterario. El hecho mismo de
haberme venido a Europa y haber dado clase en colegios y universidades por aquí
y por allá era probablemente porque no pensé nunca que la literatura
era un oficio que me iba a dar de comer. Si eso lo he conseguido al cabo de
los años, es un resultado pero no es una búsqueda. En cuanto a
la gloria y la fama, no van mucho con mi carácter.
- ¿De qué se nutre? De la memoria, la imaginación, las
musas, la literatura ajena, el buen oído...
- Yo creo que la memoria influye mucho en lo que escribo, es un proceso de recaptura
mediante la memoria y de reelaboración mediante el oficio, el trabajo,
la imaginación. No creo que deje nada a las musas, las musas son el trabajo
y nada más. Y sí, en mi vida hay dos tipos de experiencia que
se marcan en la literatura: la vital, la que me ha dado el ser quien soy y como
soy, mis viajes, mi estancia en distintos países, mis recuerdos de Perú,
mis recuerdos de Europa, los muchos años que llevo ya por aquí;
y la otra experiencia, que yo creo que es muy importante, es la cultural, el
hecho de haber sido durante mucho tiempo profesor universitario y haberme dedicado
a la cultura latinoamericana, no solamente a la literaria, sino a la sociológica,
a la política, etcétera. Y haber leído tanto. Es importantísima
para mí la literatura; en los momentos en que escribo leo mucha novelística
y literatura en general. La literatura de los demás me ha servido mucho,
me ha estimulado. Una buena novela es un gran acicate para una persona que está
escribiendo; tal vez lo sea para mí en particular, porque siempre he
sido un escritor más intuitivo y emotivo que racional: necesito estímulos
-que suelen venir de los libros, de la grandeza de la obra de otro- que me hagan
sentir que también yo quiero escribir, que me justifiquen un poco. Nunca
he sido demasiado profesional, en el sentido frío del término,
necesito estímulos afectivos para escribir y llego a establecer relaciones
muy afectivas con determinados libros. Hay escritores importantes a los que
uno vuelve siempre: esta mañana estaba leyendo unas cosas de Stendhal,
por ejemplo; este otoño que he pasado en Estados Unidos he leído
mucho a Rabelais y a otros clásicos franceses y todo eso me espolea.
Hay algunos estimulantes seguros, como Cervantes, pero también los hay
imprevistos, porque de repente puede caer en tus manos una buena novela de algún
joven, de algún amigo, y eso también es un estímulo.
- ¿Esta comunicación entre vida y literatura es abierta y total
o hay algún filtro?
- Es una comunicación abierta: los libros que uno lee y le emocionan,
uno los vive, es vivir la emotividad. Descubrir a un escritor como Céline
o leer algunos cuentos de Hemingway son vivencias que trazan una especie de
río profundo entre vida y obra. Definitivamente lo creo. No tengo una
actitud racional y crítica ante la obra de otros, simplemente admirativa.
- ¿Se siente usted un personaje literario? Porque lo es, ¿no?
Al menos anda alguno por ahí circulando con su nombre.
- Persona literaria, mejor que personaje literario. Sí, soy una persona
que vive mucho la literatura, que vive con ella y para ella y de esa forma todo
me alimenta, incluso las cosas más alejadas de los libros acaban siendo
literarias para mí.
- ¿Qué importancia tienen para usted los lugares?
- ¿Los lugares? Depende: si hay amigos en ellos, tienen mucha importancia;
si no hay amigos, normalmente los tacho del mapa para no volver más.
A mí me interesa el paisaje humano. Cada día me doy más
cuenta de hasta qué punto me molesta viajar a donde no se me ha perdido
nada, a donde no hay nadie que me espere.
- ¿Hay algún lugar al que desee volver?
- Me gustaría mucho volver al Perú, a Lima, a mi ciudad, a la
costa, porque el país de uno es también amigos y paisaje.
- ¿Entonces se sigue sintiendo peruano?
- Sí, claro que me siento peruano, es difícil dejar de sentirse
peruano. Nunca se llega a ser otra cosa, ni se debe intentar.
- ¿Tiene usted voluntad de estilo? Ese estilo oral, como tantas veces
se ha llamado, ¿es natural o está muy pulido para llegar a conseguir
las metas que se propone?
- No sé si puedo hablar de voluntad de estilo. Llegué a este estilo
escribiendo y leyendo. Muchas veces he explicado la deuda que tengo con Julio
Cortázar y con algunos escritores más, pero sobre todo con Julio
por el momento emotivo en que lo leí: acababa de terminar mi primer libro
de cuentos, me sentía lleno de ciertas ataduras, con ciertos temores
de infringir la regla, el academicismo, la sintaxis, la gramática, y
Cortázar fue para mí una especie de ventarrón de libertad
con su manera deshilachada, rota, de crear un párrafo, sobre todo en
sus relatos, que es lo que yo leí en ese momento. Eso me llevó
a redactar un cuento, "Con Jimmy, en Paracas", que no estaba en ese
primer libro, Huerto cerrado, y con él reemplacé el segundo de
los relatos que no me gustaba nada, ¡y en ese relato me encontré,
encontré mi estilo! Luego ha ido proliferando de un libro a otro, extendiéndose
o haciéndose más conciso dependiendo del tema, de la envergadura
de la obra y de lo que uno pretenda en cada caso. Ese estilo con el tiempo sufre
cambios, quizá porque se enaltece y se va casi hasta escapárseme
de las manos -que es una de las cosas que más trabajo me cuestan, evitar
que se me escape de las manos-, pero no es algo preconcebido. Yo no podría
escribir de otra manera, aunque mis libros vayan teniendo variantes o sigan
distintos derroteros de sentimientos, porque es un lenguaje muy afectivo el
que creo al escribir. A veces reflexiono sobre este aspecto, o alguien me lo
comenta, o leo algún artículo crítico sobre mí y
tomo conciencia de ello, pero sobre esa toma de conciencia aún incide
más trabajo, más escritura. Si mi estilo es oral, que lo es, la
oralidad me cuesta mucho, porque no es grabación, es sensación
de oralidad, de libertad de expresión, pero en el fondo es fruto de mucho
trabajo, de mucha corrección. Y cada vez más.
- Llevando al extremo esa oralidad, ¿no le gustaría ser un cuentacuentos,
o un juglar?
- Admiro la bondad de los cuentacuentos porque en realidad no dejan huella,
sólo está el momento de alegría y de emoción que
provocan en un auditorio. Yo he querido llevar ese homenaje y esa admiración
a mi obra. Además, también me gusta contar un buen cuento oralmente
en momentos determinados; antes lo hacía con mayor frecuencia, tal vez
ahora no lo hago tanto porque con los años uno prefiere guardar sus energías
para la escritura. Pero gozo con el espectáculo de la narrativa oral,
hablada quiero decir, porque he tenido la suerte de conocer a narradores orales
magistrales. La pena es que esa gente no deje nada escrito, porque es demasiado
reducido el ámbito de los auditorios.
- La digresión, tan característica en su obra, ¿es un recurso
narrativo o es un reflejo de una digresión vital y existencial?
- Las dos cosas. Es un recurso narrativo porque, en una literatura emotiva y
sentimental como es la mía, la digresión es fundamental: la dificultad
de expresar sentimientos conduce a la ruptura del párrafo, a que la frase
entre por un lado del túnel y pretenda salir por otro lado que no existe,
aunque luego vuelva al camino. El desorden de la sensibilidad y la emotividad
está ligado a ese no terminar una cosa y empezar con otra, de ahí
que haya escritores -yo no tanto, aunque lo podría hacer si reflexionara
sobre ello- que acuden con frecuencia a signos como los puntos suspensivos.
Dejar unas cosas sugeridas para entrar en otras y quizá después
retomar aquéllas está muy ligado también a la narrativa
oral, a esos cuentos que muchas veces no tienen ni principio ni final, y todo
eso ha ido brotando en mis libros por la necesidad interna de contar tal y como
yo soy. Uno de los aspectos más autobiográficos de mis libros
es la sensibilidad y el placer que encuentro en la escritura.
-¿El género supone una atadura?
- No, nunca he sentido el género como atadura. Gómez de la Serna
se topó con todos los géneros y ninguno, ejerció todos
en uno, y a mí estas cosas me seducen. Hay géneros que no he trabajado
porque no tiendo a la forma aquélla específica, pero en mi prosa
hay aspectos teatrales y aparecen versos sin rima y sin medida, así que
puedo decir que he tocado esos otros géneros. A mí particularmente
más bien se me presenta el problema de la extensión en la narrativa.
Siempre digo que estoy nostálgico del cuento porque me gusta escribirlos,
por eso suelo alternar la novela y el libro de relatos, pero la necesidad de
escribir historias largas me ha hecho romper esa alternancia y ahora estoy pensando
en nuevas novelas.
- Pero éste era el turno del cuento, ¿no?
- Es probable que pronto vuelva a escribir cuentos porque requieren menos tiempo.
Mi dedicación a la literatura es tan intensa que en cuanto tengo que
atender un par de torpezas burocráticas ya no tengo ganas de escribir,
me siento impuro para la literatura, contaminado por la sociedad y por las incomodidades
de la realidad. Ahora quiero escribir un par de novelas -que no serán
muy extensas, lo intuyo por los temas- y espero dejar una terminada y la otra
tenerla al menos muy avanzada antes de un viaje de retorno a Perú que
tengo pensado para pasar allí un tiempo largo. Espero no volverme loco
el primer año de readaptación, que será atroz, que será
kafkiano burocráticamente. Además, esta vez tengo que plantearme
la mudanza; al venir a Europa me fue suficiente con una maleta, pero ahora tengo
que levantar una casa y eso es algo que me quita el sueño. Pasará
un año entre una cosa y otra y ahí aprovecharé para escribir
cuentos, aunque sea con la mínima estabilidad. Tengo una carpeta llena
de temas para narraciones cortas, incluso alguna iniciada, muchas notas, pero
no estoy todavía en el momento de escribirlas. Es triste: pienso que
algún día puedo ir a la carpeta y ver que todo eso se me ha enfriado.
- ¿Qué es la lengua para usted? ¿Un simple material de
trabajo?, ¿una amiga?, ¿una enemiga?
- Para un escritor es una amiga y una enemiga. El escritor tiene que pelearse
con ella mientras va creando la suya propia dentro de esa otra que es común
a todo un mundo, llámese en este caso español o hispanoamericano,
porque es la misma lengua, y en ello estamos. Yo escribo literatura en lengua
castellana y no voy a hacer nunca literatura en ningún otro idioma. Es
también el útil de trabajo, es la herramienta, y unas veces se
utiliza mejor y otras peor. Hay que jugar con ella, luchar con ella, estirarla,
pero son una maravilla sus posibilidades.
- ¿No hay mucho inglés en sus obras?
- Es algo autobiográfico, vivencial. Yo he tenido una formación
anglosajona que se suma a las canciones que he escuchado, el cine que he visto
-sin subtítulos, por supuesto- y la literatura que he leído y
a la que vuelvo cada cierto tiempo. Esto se tiene que reflejar en una literatura
emotiva, es inevitable: si quiero hacer una literatura que esté mezclada
de vida, tengo que poner en ella lo que es la vida para mí.
- ¿Verbo, sustantivo, adjetivo?
- ¿Con cuál me llevo mejor? Nunca me lo había planteado
así, pero me enteré por un estudio lingüístico que
alguien hizo sobre mí que no hay nadie que adverbialice más los
adjetivos, los sustantivos y lo que encuentre por delante.
- ¿Qué diferencias ha podido percibir entre literatura y periodismo?
La diferencia está en el encargo: que me pidan un artículo sobre
tal tema no es lo mismo que escribir lo que me apetece y luego ver dónde
lo publico. Sé que hay una diferencia pero yo no he sabido estar a la
altura de esa diferencia: mi periodismo ha sido muy literario y, en la medida
en que lo ha sido, me he encontrado a gusto al escribirlo. Hay artículos
escritos por mí de la nada, podríamos decir, que me encantan,
y otros sesudos y concienzudos de los cuales me he aburrido; he querido cumplir
con mi deber, estar a la altura del compromiso, pero no ha sido igual el resultado.
Porque yo, si estoy a gusto, tiendo a extenderme y, claro, si me dicen tantos
folios, cuatro o seis, ya le están poniendo una traba a mi manera de
escribir.
- Los críticos hablan de extrañamiento al referirse a la actitud
ante la vida que muestra en su literatura. ¿Qué le extraña
de la vida?
- ¡Uf! Me extraña todo casi. Mi literatura nace de un empacho de
asombro, es la única forma que tengo de darle respuesta a la angustia,
al miedo, al aburrimiento que me produce la realidad. A veces veo las cosas
con un temor que no se justifica. El escritor es un hombre sorprendido.
- ¿Y el humor es una defensa?
- Puede serlo. En la medida en que me hace soportar las cosas con menos amargura,
con menos cólera o con menos temor, sí, es un paraguas o un pararrayos
vital. De todas formas, está ligado a mi persona, no puedo escribir sin
reírme un poco.
- ¿Y el amor?
- El amor es un motivo de sorpresa. He querido mucho en la vida. Mis amigos
lo saben.
- Habla usted de amor, de afecto; ¿no se cree, sin embargo, el ombligo
del mundo?
- ¡El ombligo del mundo es el Cuzco! No, mi actitud sentimental no me
lleva a querer ser el centro de las cosas, sino a estar en el centro de ellas.
- ¿Qué es lo que más valora de su herencia familiar?
- El humor. Vengo de una familia que se ha reído mucho siempre y eso
me ha marcado. Nunca hemos tenido una buena relación con la realidad,
somos gente un poco sobrepasada por los acontecimientos y reaccionamos mediante
el humor. Las reuniones de la familia de mi madre son increíblemente
graciosas.
- ¿Se ve Perú mejor desde fuera?
- Habría que comparar la respuesta de un peruano que esté dentro
con la de otro que esté fuera. Uno que vive allí diría
ahora que está en el quinto cielo; y yo, que estoy fuera, me pregunto
si tanta ilusión corresponde a la realidad. Después del horror
la gente ha necesitado sentirse viva, no tener miedo a salir a la calle y eso
se ha plasmado en un régimen autoritario, eficaz en muchas cosas. Los
peruanos están viviendo una sensación maravillosa de posguerra,
no les gustan los ruidos estridentes, les traen malos recuerdos. Hace unos meses
estuve allí y asistí a una escena curiosa: unos niños hicieron
estallar unos petardos y eso provocó una enorme ansiedad entre las personas
que estaban cerca; a mí sólo me molestaron por el ruido, pero
a ellos les traían evocaciones dolorosas. Entiendo que esto ocurra después
de haber sufrido pavor. Hoy muchos peruanos pueden decir que están viviendo
en el país de la bonanza y del neoliberalismo, pero la miseria que uno
ve desde fuera -y cuando vas allí lo sigues viendo desde fuera porque
no conectas con la sensibilidad de la gente- a mí me da miedo. Desde
luego yo no lo veo tan bien como lo ven ellos, pero llega un momento en que
digo que, si están tan contentos de todo y las cosas les parecen tan
positivas, a lo mejor es que es cierto. Pero no. Anoche terminé de leer
un libro sobre el Perú que me dejó muy preocupado: allí
todos están con la ilusión de plantearse como modelo los llamados
"tigres asiáticos" y este libro estudiaba la economía
de esos países; las diferencias son tan notables que creo que ese sueño
de llegar a ser un tigre puede acabar en la realidad de ser un tigre de papel.
Es algo muy peligroso.
- Volvamos aquí. ¿Se puede escribir en Madrid y sobre Madrid?
- He escrito bastante en Madrid y sobre Madrid. Es una ciudad que me está
dejando marcas literarias, marcas susceptibles de ser llevadas a la literatura;
eso es indudable. Luego es una ciudad donde ha habido siempre mucha tertulia,
aunque yo a esto no soy muy afín porque nunca he sido de un grupo sino
que me he querido mantener abierto a muchos grupos y explotar con inteligencia
y con cariño mi imagen de extranjero. Esto es algo que aprendí
en Francia, era una forma de no mezclarme en aquellas cosas que me iban a hacer
daño o que me iban a aburrir. Aquí me muevo entre amigos que a
veces tienen que ver con la literatura y mucho, porque la leen, la hacen, la
comentan, la critican, o que son totalmente ajenos a este mundo, pero para mí
tienen la misma importancia desde el punto de vista de la experiencia literaria:
una cosa es la experiencia cultural y otra la vivencial, aunque luego se mezclan,
por supuesto.
- ¿Disfruta usted su trabajo de profesor?
- Ahora ya en pequeñas dosis. Disfruté mucho durante muchos años,
pero mis últimos cursos de profesor en Francia no fueron muy afortunados,
a pesar de tener el mejor grupo de colegas que uno pueda soñar. Después
he vuelto en pequeñas dosis, como digo. He estado en la universidad de
Austin, en Texas, y ahí sí, la amistad, la enseñanza, todo
se mezcló de forma preciosa; luego en Puerto Rico ocurrió así
nuevamente y ahora otra vez en Yale. Pero claro, si acepté ir a esos
lugares era porque me acercaban a una tonelada de amigos o porque me permitían
aislarme para escribir, y así fue: La última mudanza de Felipe
Carrillo la escribí la mitad en Cuba y la mitad en Austin; ahora en Yale
he empezado un libro nuevo, he leído mucho, he tenido alumnos muy buenos
que me han querido mucho y yo he tenido otra vez esa relación que hace
que mi trabajo como profesor sea positivo, no sólo para ellos sino para
mí, es decir, una relación en la que veo que hay placer, en la
que se intercambia algo más que el frío dictado de una clase.
Mi fama en Francia era la de un antiprofesor, mis clases empezaban antes y terminaban
después, es decir, la hora de clase no era necesariamente lo más
importante, y eso es probable que me hubiera afectado en el último periodo
en Montpellier.
- ¿Significa algo para usted ser un escritor de final de milenio?
- Imagino lo que puede ser decirle a una niña en el año 2001 ó
2002, oye, si vas a Nueva York tráeme música de mediados del siglo
pasado: algo muy chocante. Pero soy un escritor de la segunda mitad del siglo
XX, para bien o para mal. La idea del fin de milenio, sin embargo, es como Navidad
o Año Nuevo, sólo algo desasosegante, interminable y aburrido.
Decididamente, para mí no significa nada. Yo soy bastante más
prosaico.
-¿Cuándo
pensaste en ser escritor?
-Mi historia se remonta a mi infancia, cuando estudiaba en Chosica. Uno de mis
profesores se percató de mi habilidad para tejer historias. El me hizo
leer Don Quijote, y vaticinó que seria un escritor. Tuvo buen olfato.
-¿Sigues siendo fiel a los escritores que influyeron en ti?
-El principal escritor que influyó en mí fue Cortázar.
El me enseñó a ser fiel conmigo mismo. Los maestros del boom literario
son mi referencia, me enseñaron mucha disciplina. Su mejor consejo fue:
"Descúbrete a ti mismo como escritor. No intentes seguir caminos
que no son los tuyos. El tuyo es un camino que descubrirás solo trabajando
mucho, y muy disciplinadamente". Es un consejo que me ha servido y que
me permite volver a mi país con los deberes hechos.
-Todas tus obras tienen un significado especial, reflejan aspectos o personajes
vinculados a ti. -¿Cómo surge La amigdalitis de Tarzán?
En primer lugar, todo empieza cuando en Estados Unidos hubo una critica de una
profesora universitaria en torno a la narrativa sentimental de Alfredo Bryce,
hablaba de mi escritura femenina, decía que yo era un escritor-mujer.
Entonces me dije que tenía que escribir un libro donde una mujer sea
la protagonista, la que predomine en la novela. Es en realidad un homenaje a
una mujer salvadoreña, Ana María Dueñas, una heroína,
cuyo tesón y valentía para encarar el drama de la vida y del exilio
es digno de resaltar. En la novela la caso y cual vaticinio, refleja se casó
realmente al poco tiempo, es increíble.
-Hay giros centroamericanos, salvadoreñismos...
-Para mi suerte, en Montpellier, el sitio donde la escribí, conocí
a una profesora salvadoreña. Ella me enseñó muchas cosas
del lenguaje de ese país, así como datos históricos, nombres,
todo lo que necesitaba para darle un contexto adecuado a la novela.
-Tiene mucho de epistolar.
-Si, es una historia apatir de las cartas entre Fernanda María y Juan
Manuel, un amor destinado a ser mejor por carta y que deviene en una gran amistad.
Incluso hay frases de cartas escritas por mi mamá. Es también
un homenaje a mí mismo porque siempre me ha gustado mantener correspondencia.
-¿Y por que Tarzán?
-Allí pues, ello se debe a la capacidad de la protagonista por sacar
fuerzas de flaqueza y sobreponerse ante la jungla de asfalto y las ingratitudes
de la vida.
-¿La novela habla de amigos, ¿eres amiguero?
-La amigdalitis es un canto a la amistad. Yo necesito el afecto de mis amigos,
me lo merezco, lo cultivo. Soy amiguero, y es que mucho tiempo prescindo de
eso para escribir.
-¿Y cómo ves a la literatura latinoamericana?
-La veo muy bien, vigorosa, cambiante, renovada. Cada vez mas escritores latinoamericanos
producen obras que trascienden sus fronteras, e incluso las del continente.
Y si bien no es fácil llegar y triunfar en Europa, muchos lo están
haciendo. Seguramente aún falta mucho para que entren al mercado mundial,
pero están empezando a surgir en públicos distintos a los suyos.
En México, Chile, Venezuela hay muchísimos escritores estupendos.
Los mayores ganan premios y sirven como base o influencia a muchos escritores
españoles.
-Acabas de ganar el Premio Nacional de Narrativa 1997 en España por tu
novela Reo de nocturnidad, ¿Qué significa eso para un escritor
peruano?
-Bueno, es suerte. La oportunidad del premio fue muy bonita y la forma en que
se dio. Ese es un premio que jamás se ha dado a un escritor que no sea
nacido en España, pudo haber generado envidia entre los españoles,
pero no ha habido nadie que no haya estado contento, han señalado que
es un premio merecido, y que era un broche de oro en mi relación con
España.
-En el mundo las grandes editoriales han empezado a considerar al libro como
una mercadería lucrativa. Lógicamente ello va en desmedro de la
creatividad porque predispone al escritor a escribir algo comercial, ¿Crees
que esa sea la tendencia?
-Eso es un peligro. Indudablemente que existe, pero yo creo que eso no es importante
cuando el escritor es un escritor de verdad y consideras que el trabajo voluntarioso,
solitario y firme de los escritores serios siempre triunfará sobre la
idea del fácil lucro y comercio con el libro. El acto de escribir en
España está amenazado por una serie de peligros; ahora cuando
un joven escritor de 25 años tiene éxito en ese país con
un libro, al ida siguiente ya tiene un trabajo en televisión, artículos
en cualquier medio de comunicación, lo invitan a dar conferencias en
todas partes. Es muy fácil aturdirlo y "matarlo" como creador.
-¿Es fácil encontrar el equilibrio?.
-En uno de sus libros Ernest Heminway cuenta que un amigo alemán le preguntó
cuales eran los enemigos de un escritor. El respondió: "el éxito,
la fama, el dinero, el alcohol, las mujeres y la falta de mujeres, de alcohol,
de dinero, de fama". Realmente si uno no encuentra su propio equilibrio
se complica el panorama.
-¿Dices que en Lima no podrías sentarte a escribir, lo has intentado
en provincias?
-No, eso no va conmigo. No lo he pensado mucho, pero creo que no podrán
hacerlo.
-Entonces, ¿qué harás a tu retorno?
-He escrito bastante. Descansaré, me dedicaré a estar con la familiar
con los amigos. Leeré lo que se escribe aquí, que es mucho. Quiero
renunciar a la comodidad que tengo en Europa para escribir. Por otro lado, no
está en mis planes enseñar en universidades. Seguramente viajaré
loos sitios que añoro.
Lo demás caerá por su propio peso. Pero antes de regresar a Lima
voy a viajar mucho y ya que tal vez me instale aquí a fines de 1999,
lo iré haciendo de a pocos. Va a ser una experiencia sumamente enriquecedora.
El día que quiera escribir aquí en Lima y no pueda, desaparezco;
tenlo por seguro.
El
juego de las mentiras
Alfredo Bryce Echenique
Enero 09, 2001
DICE ENCONTRARSE
EN EL MOMENTO más fatal de su vida, Alfredo Bryce Echenique, Lima, 1939,
ficcionador. Porque iba a embarcarse en un sueño, el resgreso a Perú,
que se ha tornado en pesadilla de kafkianas burocracias; papeleos, funcionarios,
bajas y altas. Y él, preferiría no: no vivirlo. Pero ha iniciado
el destierro nuevo. Tránsfuga. Transitador. La pasada semana el agente
inmobiliario le sorprendió "flojeando no más en la cama".
Al cliente tuvieron que explicarle, que "el señor no está
incluido en la venta de la casa". Atormentado, ayer abandonó su
hogar en Madrid, la terraza que durante 14 años ha sido aeropuerto central
de vuelos transatlánticos procedentes de la América Latina. Lo
ha dejado todo en manos de la mudanza, que le dejen sólo el fax, porque
anda siempre Bryce liado con el fax, aunque las cartas que llegan con la electrónica
traigan tinta indeleble que no se emborrona del sentir.
Alfredo Bryce inicia un nuevo periplo en su viaje sin final. Termina el tramo
Europa, de 34 años, escritor y profesor, Francia y luego España.
Le han dado el Premio Nacional de Narrativa 98, que es un buen "broche
de oro". Lo cuenta y le divierte su finura: broche de oro, "para que
este señor se vaya feliz". "Reivindico la ternura, me interesa
la posición del otro, soy curioso de las vidas privadas", dice.
"Me encantaba jugar al fútbol, y siempre me dejaban echar un tiempo
en un lado y otro, en el contrario. Pero cuando llegué al Universitario
Deportes, que es un real club de fútbol, y quise pasarme al equipo argentino
en el segundo tiempo, me botaron: del Perú, del Argentina, del estadio
y de todas partes. Yo no había sido traidor a nada, era sólo una
enorme curiosidad por romper fronteras. Así que me di cuenta de que esto
sólo era posible en la literatura".
P.-Andaba evocando boleros, música andrógina, y alguien le dijo
que era usted el primer escritor mujer.
R.-No es exacto, pero hay un trabajo de una profesora norteamericana que dice
que mi escritura tiene rasgos femeninos. Yo no estoy de acuerdo, será
quizá que revela zonas de la realidad del hombre y la mujer que otros
escritores no han tocado. Ocurre que esta profesora toma la figura del bolero,
que yo ultilizo, y que es una música andrógina, para decir que
entre la literatura que yo hago y la que hacen escritoras latinoamericanas no
hay grandes diferencias tonales.
P.-Cualquiera diría que ha salido usted dándole la razón,
con este nuevo personaje de su nueva novela, esta mujer-Tarzán, generosa
y fortísima que va por ahí recogiendo hombres desastre.
R.-Sí, probablemente es una realidad de la novela. En todo caso, el tercer
hombre que recoge no es tan desastre: le da paz y estabilidad.
P.-Y esa realidad de la novela, ¿procede de la observación o es
pura inventiva?
R.-Es algo que he contemplado muchas veces. En la relación de la pareja
siempre hay uno más entero que el otro, y esto suele atribuírsele
a los hombres, que son más fuertes psíquica y físicamente.
Yo he observado que muchas veces la mujer es la persona fuerte en la pareja.
P.-¿Por qué será, Bryce, que las mujeres gustan de la femineidad
del hombre?
R.-Porque es un elemento inesperado, encontrar a un hombre que tiene vasos comunicantes
con su carácter. La mujer se siente más a gusto con un hombre
que tiene rasgos que suelen atribuírsele a la mujeres.
P.-O sea, que les atrae.
R.-Creo que sí, y eso hace que tantas mujeres se fijen más en
hombres débiles: los encuentren más accesibles, más abordables
y capaces de intimidad, de complicidad, de convivir con ellas las mismas experiencias,
no sólo convivir.
P.-Bryce, ¿quién le espera en Lima y cuántos abriles lleva
esperándole?
R.-Amigos, familares, playas: los mismos que me han esperado siempre. Gente
con la que a lo largo de estos 34 años no he perdido en absoluto el diálogo,
ha sido tan fluido... Incluso me dicen que entre ellos sólo se ven cuando
yo llego: amigos de colegio, de universidad, escritores, hermanos.
P.-¿Cuánto tiempo le han esperado?
R.-Probablemente mucho, hasta pensaron que nunca volvería, que iría
siempre de visita. Les ha sorprendido mucho mi decisión de volver a vivir
en el Perú: creían que yo ya era una persona afincada en Europa
definitivamente, muy viajera, eso sí. La verdad es que nunca me preguntaron
por qué o cuándo regresaba: yo era el que venía de tiempo
en tiempo, los reunía y luego se iba y se desconvocaba la fiesta.
P.- ¿Por qué decide volver?
R.-Siento que mi experiencia europea ha terminado. Lo digo con toda la gratitud,
pero Europa y yo ya nos hemos sacado el jugo mutuamente. Así como antes
abandonaba un país y un trabajo muy bueno para marchar a otro, y entre
la bolsa y la vida siempre he escogido la vida, ahora que estoy bastante establecido,
nuevamente escojo la vida: es una experiencia rejuvenecedora, peligrosa, difícil,
un desafío volver a un país que ha cambiado tanto respeto a lo
que yo conocí. Aquello ya no es la Lima que yo viví, pero están
las mismas personas, y ésas no cambian.
P.-Dice que volver es un desafío. Hasta hace bien poco su opinión
sobre Perú era muy pesimista.
R.-Los franceses, tan cartesianos, me dicen que si vuelvo a Perú será
que el país ha mejorado mucho. Si voy a esperar a que mejore... ¿Qué
es que un país mejore? Para un ciudadano que regresa a su casa no es
el elemento más importante. La situación no es ideal, pero si
espero a que lo sea nunca volvería.
P.-Anuncia que se va y le dan el Nacional de Narrativa, ¿querrán
que no se vaya, o que vuelva?
R.-Yo lo he tomado como una especie de broche de oro para una relación
que ha sido muy fluida y cariñosa. España siempre me acogió
muy bien con mis libros. Sí, la coincidencia hace pensar que hubieran
dicho: bueno, este señor se va, hay que premiarlo para que se vaya feliz.
P.-Una vez me dijo que si había llegado tarde a todo y se había
quedado solo, era por falta de maldad. ¿Así son sus protagonistas?
R.-Lo dice Fernanda en la novela: "Nunca fuimos el peso para el otro que
hizo que pudiéramos causar daño a un tercero y estar juntos. Tal
vez un poquito de trampa lo hubiera arreglado todo". Pero lo que ella admira
en él es que tampoco es capaz de esa trampa.
P.-¿Eso es generosidad?
R.-Es ponerse en el pellejo del otro y no poder actuar.
P.-¿Por eso son bellos los perdedores?
R.-A mí me interesan más que los ganadores, tienen más
que revelarnos y contarnos.
P.-Bryce, ¿a usted, el tiempo de llegada, el renombrado E.T.A. de su
novela, se le quedó colgado ya en el primer amor?
R.-No tengo esa sensación, son cosas que se descubren después.
Mi primer amor fue como el de todos. Lo que ocurre es que normalmente la gente
lo pierde y lo olvida, y yo ni lo he perdido ni lo he olvidado: sigo tan unido
a esa persona como lo estaba en el mejor momento, y tal vez ahora la relación
sea mejor.
P.-Dice que todos sus amores profundos quedarán en una simple amistad.
Difícil tarea, ¿no es preferible el olvido?
R.-He tenido esa suerte. Probablemente sea más fácil el olvido,
pero la continuidad es más enriquecedora: es fuente de mucho placer.
P.-Estos ex amores amigos, que terminan siendo como hermanos incestuosos, ¿supondrían
el estado superlativo del amor?
R.-En todo caso es el estado al que se llega cuando no se puede ir a más.
Se llega a una alianza que la da el tiempo y la complicidad, la inteligencia,
el humor, la ternura: no se puede crear de la nada. Cuanto más se alejan
Fernanda y Juan Manuel más próximos se sienten, su diálogo
continúa aún en el silencio.
P.-Entre el amor incómodo, "que puede llevarte a la más húmeda
y fría y feliz sordidez", y el no amor, ¿con qué se
queda?
R.- Si hay sordidez elijo el no amor: el silencio (se sonríe, cabeza
abajo, barbilla sobre el pecho).
P.- Bryce, su humor es como un acto de penitencia. ¿Sus personajes ríen
para pedir perdón por amar o sufrir tanto?
R.- Sí, yo creo que detestan molestar. Entonces actúan casi en
la sombra, llegan con cara de que ya no tardan en irse: no quieren pesar, ser
invasores de la realidad del otro sino ser llamados: en ese momento están
siempre disponibles.
P.- Cuando publicó sus antimemorias hubo quien le reprochó un
exceso de ironía sobre sí mismo, ¿le sirve para no afrontar
la tristeza o para qué?
R.-No, creo al contrario que la ironía vela la realidad para mejor sugerirla.
Es la sonrisa de la razón, que penetra las cosas, pero no como un dardo
destinado a herir. El ser irónico se ríe del otro y de sí
mismo, sufre lo mismo que sufre el destinatario.
P.- En La amigdalitis de Tarzán, con el pretexto de hacer reír,
cuenta una historia tristísima.
R.-Yo creo que a veces la gente se ha equivocado al leer mis libros porque sólo
perciben humor. Son propuestas bastante dramáticas, contadas con humor
porque así es mi temperamento, porque yo trato de ver el lado divertido.
El libro es triste y duro, pero no amargo: en sus personajes nunca aflora la
amargura.
P.-Personajes que "experimentan la angustia y la tristeza, pero jamás
estuvieron tristes una mañana", dice citando a Hemingway. ¿Usted
es un impúdico o un sibarita de la tristeza?
R.-Me considero más un sibarita de la tristeza, o una persona silenciosa.
Yo si estoy triste no aparezco, no molesto.
P.-¿La tristeza es bella?
R.-Para mí sí, es fuente de mucha observación: desde la
tristeza se observa mucho más que desde la alegría.
P.-Una vez me dijo que si le han querido es porque se quedó en la adolescencia,
territorio cruel, ¿usted cree que da lástima?
R.-No. Es una forma de estar en el mundo. Yo no sé qué es una
persona madura: sé lo que es una persona podrida, pero madura, no. Me
atraen, me conmueven, me muevo más a gusto entre personajes que viven
como si fueran eternamente adolescentes: sorprendidos, desbordados y heridos
por la realidad. Probablemente esto esté ligado a mi carácter:
dicen que actúo como un inmaduro. La madurez, si existe, en todo caso
me aburre. Lo dice ya Martín Romaña ("La vida exagerada de..."):
"Quisiera prolongar la adolescencia hasta que me sorprenda la muerte".
Son personajes que quieren disfrutar de la inmensa diversidad de la vida.
P.-¿Habla Martín Romaña o Bryce Echenique?
R.-En cierto modo, soy yo.
P.-Ficción y realidad, ¿cuál de las dos le invade el terreno
ajeno? ¿Escribe lo que sucede o interpreta lo que sucede según
la ficción en que esté metido?
R.-Yo creo que lo segundo. Lo que sucede lo reelaboro según lo que esté
escribiendo, de tal manera que a veces le digo una frase a alguien y se sorprende:
¡Pero a éste qué le pasa, qué está contando!
P.-¿Todavía miente, o exagera, como cuando era niño?
R.-Miento por diversión, entretengo con mis mentiras, con mi visión
exagerada de la realidad: es imaginación, fantasía. Engañar
es otra cosa. Ni mis personajes ni yo engañamos, más bien somos
engañados. Mis mentiras son producto de esa rapidísima reelaboración:
veo distinto que los demás. Mis amigos se reían de eso, y hoy
que ya son mayores me buscan por lo mismo: a ver este hombre qué nos
cuenta, qué aventuras ha vivido. Tengo esa capacidad de crear momentos
largos de felicidad, de amistad, de camaradería. Por ejemplo, cuando
visité Perú después de escribir No me esperen en abril
todos mis compañeros del colegio, que eran los protagonistas, se buscaron
después de años sin saber nada unos de otros y se reunieron. Habían
pasado 40 años y conversábamos como si aún estuviéramos
en el colegio: aquello no parecía una comida de amigos, sino el sueño
de una comida de amigos.
P.- Bryce, ¿qué propicia todo esto?
R.-No sé, ellos me dicen que cada vez que los visito se preparan como
para un estriptis.
P.-¿Qué cosas raras le están sucediendo ahora?
R.-Sobre todo me están pasando cosas aburridísimas, torturantes:
no veo la hora de terminar con esto, no tiene nada que ver con el regreso a
un país, te ponen tantas trabas para realizar tu sueño. Probablemente
estoy viviendo el momento más difícil de mi vida.
P.-¿Quién es en realidad María Fernanda de la Trinidad,
etc, etc?
R.-Es un personaje realmente inventado. Mis amigos me preguntan, pero de dónde
te has sacado a ésta que no la conocíamos.
P.-¿Cree que el lector cómplice va a encontrar su propia biografía
en La amigdalitis de Tarzán?
R.-Sí, creo que la gente va a tomar conciencia de cuántas veces
ha perdido la hora de llegada en la vida y no se ha dado cuenta.
P.-¿Hay quienes sí llegan a tiempo?
R.-Pues sí, los seres maduros llegan a tiempo.
P.-"Los escritores somos tres o cuatro obsesiones, luego hay algunos que
tienen una sola y por eso son mejores". ¿Cuáles son sus obsesiones,
Bryce, numeradas?
R.-Creo que soy una persona de una sola obsesión, que apuesta por la
amistad, por la lealtad, por la fidelidad: tengo todas las cartas a un solo
número.
Alfredo Bryce Echenique: ''He escrito 'El huerto de mi amada' con gozo''
Dicen los críticos
que El huerto de mi amada es probablemente la mejor novela de Alfredo
Bryce Echenique, y que el Premio Planeta ha salido ganando en calidad y credibilidad
al haberle sido concedido a este escritor peruano que alcanza con esta novela
su mejor etapa, sin perder las que ya son señas de identidad de su obra
literaria: la sensualidad, la ternura y la ironía.
El huerto de mi amada Una apasionada historia de amor entre un adolescente y
una hermosa mujer de treinta y tres años.
T.- ¿Cómo surge una historia tan peculiar como la de 'El huerto
de mi amada'? A veces casi disparatada, por momentos tierna...
A. Bryce Echenique.-Las novelas surgen cada una de hechos que a uno mismo después
le sorprenden. Ésta, en concreto, nace de dos hechos; uno, el que al
volver al Perú después de 34 años yo dijera un día
"se lo llevaron al huerto" y nadie me entendiera. Entonces yo, que
pensaba llamar a la novela 'A Carlitos Alegre se lo llevaron al huerto' me quedé
como destitulado y desmotivado, y eso me tuvo varios meses un poco triste, porque
para mí lo más importante de una novela es un título y
yo ya me había aferrado a ese, el personaje ya tenía su nombre
y yo siempre arranco de títulos y personajes. Y andaba yo como desmovilizado
por la falta de título y un día oí el vals 'El huerto de
mi amada', de Felipe Pinglon, un compositor muy querido en Lima, y renació
la idea y otra vez tuve título.
Y el otro elemento es que un día un primo mío argentino muy beato
que estaba estudiando en Alemania vino a visitarme a París y me contó
cómo una profesora del instituto donde estudiaba, mayor que él
y a la cual él miraba como a la maestra, se lo había llevado no
al huerto, sino a la Selva Negra, y se lo había pachamanqueado, se lo
había comido con salsita y todo. Y cuando me contó la historia,
que luego se prolongó años y terminó siendo una parte importante
en su vida, lo que vi es la locura de la pasión, el beato interrumpido
y violado, y al mismo tiempo contento de que todo esto hubiera ocurrido. Y esos
son los dos ingredientes mágicos que ponen en marcha la novela.
T.- Es muy curiosa la relación de Carlos Alegre y Natalia Larrea, ¿cómo
es posible que una mujer como ella, hermosa, rica, deseada por todos, se enamore
tan perdidamente de Carlos Alegre, apenas un adolescente, despistado, demasiado
religioso... y casi sin conocerle?
A.B.E.- Hay cosas que se van sabiendo poco a poco después. Ella odiaba
esa sociedad. A cada uno de los hombres que había en esa fiesta en la
que conoció a Carlos Alegre, que la desnudaban con la mirada y al mismo
tiempo querían pegarla y matarla, y el chico le produce una imagen de
pureza y le hace reír. Aparte, el chico es muy atractivo y ella se da
cuenta de otra cosa, estas cosas que no se dicen pero que están en la
mente de los personajes; que él, por ser tan distraído y vivir
tan fuera de la realidad, no tiene ni uno solo de los prejuicios de esa clase.
Por lo tanto, es un marginal como ella, que ha sido marginada, porque le han
pegado moral y físicamente, la han casado de niña, es una víctima.
Y ella reivindica esa rebelión y encuentra sin querer al aliado ideal.
T.- La novela está ambientada en la sociedad limeña de los años
50. ¿Ahora que ha regresado a Lima ha vuelto a encontrarse los mismos
vicios en las relaciones sociales?
A.B.E.- Es indudable que me estoy refiriendo a la sociedad limeña, es
mi sociedad y es donde más cómodo me siento escribiendo, además
en aquellos años en que yo fui joven ahí y aspiré toda
la putrefacción -y toda la pureza, que de las dos cosas había-
de ese mundo. Pero al salir de allí, cuando viajo, encontré que
eso no era puramente limeño, que existía por todos lados. Ahora
las sociedades se parecen más, pero Perú lo que tiene es un grave
problema étnico y cultural. Hay mucho racismo, eso es innegable.
T.- Aunque el retrato que hace de la sociedad limeña es bastante duro,
nunca abandona el sentido del humor y la ironía, algo característico
además de toda su obra literaria. ¿Qué es para usted el
humor y por qué lo considera tan necesario
A.B.E.- No es que lo considere necesario, el humor es gratuito, fluye y no puedes
dosificarlo ni pensarlo. A los latinoamericanos nos gusta mucho reír,
y cuando leía a los grandes maestros del 'Boom' los encontraba muy serios.
Julio Cortázar decía: "Yo no sé que le pasa a los
escritores latinoamericanos, que en cuanto se ponen a escribir se ponen serios.
¿Hasta cuándo va a ser el humor patrimonio de Bioy Casares, de
Borges y de los anglosajones?" Por eso en el 'boom' fue siempre un hombre
aparte, porque introdujo la ironía. Y como dice Eduardo Galeano, dar
de reír es una de las cosas más serias que se han hecho desde
que el hombre es hombre. Siempre digo que el humor no es lo contrario de lo
serio, sino de lo aburrido.
Dicen algunos críticos que 'El huerto de mi amada' es su mejor novela,
y que el Premio Planeta -siempre polémico- ha ganado en credibilidad
con usted. ¿Cuál es su opinión al respecto?
A.B.E.- Sí, por ahí he leído en titulares que yo he premiado
a la editorial Planeta. Pero yo no creo eso así nomás, es una
generalización muy fácil de hacer. No olvidemos que el Planeta
lo han ganado grandes escritores, lo ganó Rosa Regàs el año
pasado, y remontándonos más atrás, lo ha ganado Mario Vargas
Llosa... ha habido excelentes novelistas que lo han ganado. Creo que como es
un premio materialmente tan cuantioso, la gente lo ve como una cosa un poco
metalizada. Yo mismo podía haber tenido ese temor y ese prejuicio. Si
dicen que mi novela es buena, yo me alegro mucho, pero me presenté porque
el Planeta era un gran premio también, así que digamos que hay
una coincidencia feliz.
T.- ¿Y cree de verdad que es su mejor obra?
A.B.E.- Mi mejor obra es la que voy a escribir después... uno siempre
está tratando de escribir su mejor obra. Pero esta novela, sí
es verdad, que me ha dado tal goce su escritura, he sido tan feliz escribiéndola,
que algo pasaba ahí, y probablemente era que yo mismo notaba que me estaban
saliendo bien las cosas. La he cuidado, y la he parado de escribir para que
no se me fuera a escapar de las manos, para que no me sobrara ni una palabra,
he corregido, y no me he impacientado, y si alguien me impedía escribir
agarraba un avión y me largaba de allí, me encerraba en una isla
y ahí terminaba. En Lima mismo, un amigo me dejó una casa abandonada
en la playa y me fui ya fuera de temporada, casi sin luz, y ahí acabé
la novela. También es una novela distinta a las otras, creo que cumple
su ambición. Otras tal vez fueron más ambiciosas, pero no cumplieron
tanto su ambición... no sé, no soy el juez.
No
se puede jugar con París
Manuel Delgado
Es el retorno, después de tanto años. Un retorno desde una Europa que le permitió escribir la mayor parte de sus obras a una ciudad de la que se pueden decir muchas cosas. ¿Por qué