El 17 de julio del año pasado se conmemoró el sexagésimo aniversario del comienzo de la batalla de Stalingrado, una contienda de las mayores de la segunda guerra mundial. Ella ejerció una influencia decisiva en la marcha de toda la segunda conflagración. Aquella batalla superó todas las contiendas del pasado por su envergadura y encarnizamiento.
La batalla de Stalingrado marco un antes y un después. Se prolongó 200 días con sus noches y
miles de jóvenes soviéticos entregaron sus vidas en las encarnizadas luchas
que se vivieron edificio a edificio, piso a piso, cuarto a cuarto. Cerca de
500.000 soviéticos reposan desde entonces en Stalingrado. Gracias a ellos, el
ejército alemán inició una lenta y agónica retirada que culminó en Berlín en
1945 cuando los sargentos Yegorov y Kantariya izaron la bandera roja de la victoria
en la cúpula del Reichstag en ruinas.