Puede que recuerdes
aquellas mañanas
oscuras
de lluvia fina y
obstinada
que empapaban casi el
alma,
aquellos juegos
infantiles
de charcos y botas de
agua,
de canguros y
mojaduras,
de tos bronquial y
gripe dura
Quizá aún suspires
viéndote mirar
extasiado
tumbado en el
espigón,
el feroz batir de las
olas
y el fuerte viento
del Norte
que hacía escocer la
cara.
"¡Tres marinos
en la mar!
¡Y los tres en busca
van ... !"
Esconderte entre el
maíz
viendo, cómplice, a
la luna.
Y saltar, reír,
llorar,
extenuar el cuerpo
sin compasión
y dormir después
plácidamente,
sin pensar que tras
de ti
caía de nuevo el sol.
Ya casi te has
acostumbrado
a prescindir de todo
ello,
a vivir con la
nostalgia
amarrada a tu
costado.
Beber el tiempo sin
apurarlo.
Dejar, siempre,
húmedos los labios
aún siendo consciente
de tener el corazón
seco...
Seco por la
distancia,
estremecido por el
dolor,
roto por la soledad
encallecido y varado
en cualquier
astillero de injusticia,
con la tristeza y la
locura
flirteando en tu
mente.
¿Es esto lo que eres
hoy?
¿Es esto todo lo que
ahora sientes?
¿Por qué tienes el
futuro a tu espalda
y el presente repleto
de melancolía?
Si yo pudiera
ayudarte
a retomar lo que
olvidaste
y asir fuerte los
remos
poniéndole popa al
viento
rumbo hacia tus
recuerdos...
Si yo pudiera
terminar por
convencerte
de que, a pesar de
los pesares
la esperanza, amigo
mío,
es lo último que se
pierde.
Recuperarías la ilusión
de montañas y pastos verdes,
de grillos, ranas y caracoles
de abrazos, risas y goles,
de mariposas en el estómago
por miradas turbadoras,
de besos robados y sesiones
dobles de todo aquello, en fin, que
en algún tiempo y lugar fue
y aún hoy podría
volver a ser.
¡Qué ironía la vida!
- dirás,
que te pone en
bandeja de plata
recuerdos que son
como el humo,
vivencias que son
como el aire.
¡Qué suerte vivirla!
- diré,
y apurarla en cada
instante
y sentarse a esperar,
entre tinieblas,
la consciencia de un
nuevo día...
Tú elegirás, más
pronto que tarde
y ahí estaré yo
para ayudarte...