El cuidado y respeto hacia la naturaleza se ha fomentado en los últimos años como una medida necesaria para conservar el equilibrio de la tierra y la vida futura. Acontecimientos como la desaparición de la capa de ozono, la escasez de recursos energéticos o la contaminación han hecho extender la alarma a todas las capas de la sociedad y han provocado que los gobiernos se planteen medidas concretas para la protección del medio ambiente. Y como es lógico pensar, algunas de ellas han de ser desarrolladas dentro del ámbito de la educación, ya que se pretende formar a unas personas concienciadas y críticas ante la destrucción progresiva del entorno natural que nos rodea.
El desarrollo de la LOGSE recoge de este modo, al igual que ocurría con la Educación para la Paz, un tema transversal denominado "Educación ambiental", que ciertamente, en la etapa de la Secundaria Obligatoria se encuentra más relacionado el área Ciencias de la Naturaleza -cuando se habla de educación ambiental se suele hacer hincapié en el conocimiento del medio físico-, pero que también puede ser tratado desde un punto de vista humanístico, porque depende de los hombres y mujeres, y de sus formas culturales y de organización social, la relación de respeto o agresión que se establece con el medio.
Dentro de las disciplinas humanísticas, la literatura proporciona el descubrimiento de diferentes entornos, basta recordar la minuciosidad en la descripción seudocientífica de la novela de aventuras, la pintura de ambientes de la narración realista o los trazos ágiles, pero precisos, de los libros de viaje. Pero además, las novelas juveniles en ese afán de presentar asuntos actuales que capten la atención de los lectores, re cogen como temática los problemas medioambientales y exaltan el valor de la naturaleza. El peligro reside entonces -como ya hemos analizado en el apartado de EDUCACIÓN PARA LA PAZ- en que la calidad de la obra literaria se solape ante la urgencia del mensaje.
En toda narración, no sólo suelen plantearse relaciones o
conflictos entre personajes, sino que también se presentan los problemas que
surgen de la relación del hombre con su entorno. La representación del espacio
en la literatura ha sido estudiada desde diferentes puntos de vista; merece la
pena mencionar La poética del espacio de Bachelard por su interpretación simbólica
de algunos espacios, como la casa, el nido o la concha, imágenes de la intimidad
humana que necesita protegerse ante la amenaza de lo externo. Pero el enfoque
que más nos interesa en el desarrollo de este apartado es la concepción del
espacio narrativo con valor en sí mismo, es decir, no sólamente como factor de
cohesión de la trama, sino como determinante decisivo de la intriga. La
naturaleza se convierte, pues, en protagonista de las novelas que a
continuación vamos a analizar:
Una de las primeras novelas en la que aparecen los animales
en su verdadero elemento, la naturaleza, alejados ya de las connotaciones
mágicas o simbólicas que adquirían al incorporarse al mundo de los humanos es
El libro de la selva, de R. Kipling. Esta famosa narración, disfrutada por
distintas generaciones, ha conseguido inmortalizar a criaturas salvajes como el
tigre Shere-Khan, el oso Baloo y la pantera Bagheera, cuyas imágenes están
presentes en la mente de niños/as y adultos, sobre todo, a partir de la versión
ofrecida por Walt Disney. La publicación de esta obra se corresponde con el
nuevo rumbo que se intentaba dar a la educación, de modo que se impulsara el
desarrollo de los sentidos, y no solamente la inteligencia, por medio del
contacto con el medio natural. De esta manera, este libro se convirtió en
imprescindible y aún sigue siendo utilizado en la actualidad por asociaciones
juveniles surgidas a partir del escultismo. Una de las razones por las que se
ha convertido en un clásico es la relación que presenta entre el ser humano
-cuyo representante es Mowgli- y el entorno salvaje, en el que se integra
plenamente al aceptar sus leyes, sin que exista voluntad alguna de
transformación.
A partir de esta obra las relaciones de las personas con la
naturaleza han sido explotadas por numerosos autores. Merecen ser destacados
Tarzán de los monos, de Burroughs, y algunas obras claves de Jack London. Este
último escritor presenta en La llamada de lo salvaje y Colmillo blanco la lucha
por la supervivencia en un medio hostil. Los humanos son duramente criticados
en estas obras protagonizadas por animales. En la primera, un perro después de
vivir con distintos amos y conocer la violencia de los hombres decide volver a
sus ancestros salvajes.
Y por último, habría que mencionar a Horacio Quiroga como el
autor que recoge en lengua española la herencia de Kipling y London. Su
participación en la expedición a Misiones permitió a este escritor uruguayo un
conocimiento directo del entorno que inmortalizaría en sus Cuentos de la selva.
Según Waldo González "la selva le enamora con su ruda y peligrosa
soledad", por ello toma a sus animales para plasmar actitudes
sentimentales primarias como el amor y el odio, la nobleza y la astucia, la
bondad y la maldad. La relación que se produce entre éstos y el hombre será de
amistad u oposición.
Si el deterioro del medio ambiente ha sido provocado por la
negligencia y el mal uso que hace el ser humano de su entorno natural, resulta
interesante enlazar esta actuación con la falta de respeto hacia algunas razas
como una forma más de agresión al medio que se intenta colonizar.
De la misma manera que en los años 70 comienzan a
inaugurarse proyectos de educación ambiental en Grecia, Francia, Inglaterra y
EE.UU. -en esta época se publican en España títulos significativos de temática
ecologista como Joachim el barrendero, de Kurt Baumann, o ¿De quién es este
bosque 9, de Mercé Canela Garayoa-, se llama la atención sobre las razas
desprotegidas e históricamente marginadas. Así La isla de los delfines azules,
de Scott O'dell, recibió en los años 60 década marcada por los nuevos aires de
libertad- la medalla Newbery de los EE.UU. En la continuación de esta obra,
Zía, el autor expone que la vida en las misiones no hace olvidar a los indios
e¡ amor a su tierra. Kavana, la protagonista de la novela anterior, morirá de
nostalgia ante la imposibilidad de volver a la isla en la que pasó los mejores
años de su vida.
En Viernes o la vida salvaje -obra comentada en un apartado
anterior- también se aprecia la relación armónica del ser humano con la
naturaleza, sobre todo tras vencer el punto de vista de Viernes -un indio
araucano- sobre el de Robinson, en una palabra, la vida salvaje sobre la
civilizada. Su ágil descripción de la vegetación y los animales de la isla,
como el diodán, los pécaris o los vampiros, suscitará la curiosidad de los jóvenes
lectores hacia el entorno natural.
El enfoque de la educación ambiental ha de ser planteado de
forma globalizadora; los libros de ficción pueden ayudar a la sensibilización
hacia la riqueza del paisaje de una forma lúdica, al involucrar los sentimientos
y las emociones de los lectores.
En la actualidad la descripción científica no alcanza la
profundidad de algunos clásicos juveniles -en Un capitán de quince años, de
Julio Verne se dedica un capítulo entero a las hormigas-, ya que los escritores
son conscientes de que los jóvenes reclaman la acción. Aunque también ha sido
constatado su interés creciente por los libros documentales, que resultan cada
vez más atractivos gracias a la profusión de imágenes y fotografías. La
relación entre narrativa y obras de información puede establecerse entonces de
forma natural: al igual que la contemplación de un atlas puede abrir caminos
insospechados a la imaginación, la lectura de una novela en la que la
naturaleza cobre relevancia puede impulsar a la búsqueda de datos sobre la zona
que ha despertado el interés.
En este sentido, La trilogía, de Adolf Hungry, Vida y
creencias de los indios americanos compagina la información sobre costumbres y
medios de vida con su forma de representarse la realidad a partir de mitos y leyendas.
La valoración hacia el medio nos lleva, pues, a tener en cuenta factores de
índole político, económico y social.
Si desde una perspectiva educativa se pretende que los
adolescentes tomen contacto y se sensibilicen ante el entorno natural, libros
como Leyendas de los pieles rojas, de Wiliam Camus, 15 cuentos esquimales, de
Maurice Metayer y Fábulas y leyendas americanas, de Ciro Alegría, pueden hacer
entender que la cultura y la sociedad de cada pueblo se interTelacionan
estrechamente con su integración en el dio. Este hecho también lo podemos
comprobar en Julie y los lobos, de Jean Graighead, cuya protagonista es una
niña de raza esquimal, y en cierto modo en El hombre que plantaba árboles, de
Jean Giono. En este último va a ser un hombre solo, en concreto un pastor de la
Provenza francesa, quien logre transformar un paisaje árido en un bosque lleno
de vida mediante el esfuerzo.
En la actualidad contamos con varios títulos destinados a
lectores infantiles y juveniles que tratan directamente el problema del
deterioro del medio ambiente.
La temática de estos libros gira en tomo a conflictos reales
que han acaparado en numerosas ocasiones la atención periodística, corno Las
flores radioactivas, de Agustín Fernández Paz, que trata el asunto de los
vertidos radioactivos en la fosa atlántica; o La nube, de Gudrun Pausewang,
sobre un accidente nuclear de mayor magnitud que el de Chernobyl.
En otros, los animales vuelven a adquirir protagonismo, al
ser denunciado el peligro de extinción de su especie; es el caso de El pájaro
burlón, de Gerald Durrell, El lago de la ballena, de Midas Dekkers, libro en el
que un adolescente se ve envuelto en la defensa de una ballena-, o El río de los
castores, en el cual el autor, Fernando Maní Gil, alude a un hecho que puede
resultar más cercano a los lectores: la contaminación del río Tajo.
Asimismo, un asunto remitido a un entorno más próximo, que
aborda la necesidad de intercalación entre las zonas rurales y urbanas, lo
presenta El amigo oculto y Los espíritus de la tarde, de Concha López Narváez.
En esta obra se plantea la problemática de los pueblos abandonados.
Creemos que los comentarios expuestos pueden ayudar a
conocer mejor la panorámica actual sobre los libros que tratan el medio natural, no obstante somos conscientes y
señalamos que esta selección es una más entre las muchas que se podrán hacer.