Antes de saber leer, el niño ha tenido una serie de experiencias que determinan en gran medida su actitud hacia los libros y el mundo en general. El afecto que le transmite la madre con las caricias, atenciones, cuidados, juegos y canciones es percibido a través de los cinco sentidos.
A medida que crece, la palabra va
a ser un medio de conocimiento, de comunicación, de transmisión de afectos y de
desarrollo de su imaginación y fantasía. Por este motivo, niños y mayores, de
todas las épocas, han tenido la necesidad de oír narrar historias, leyendas y
mitos.
En esta primera etapa del
conocimiento del mundo de los libros las actividades se trabajan en torno a
tres ejes.
· La
narración oral: últimamente se reivindica la importancia de los
cuentos, y somos conscientes de la trascendencia que tiene el contar historias
al niño, no por lo que se cuenta, sino por la manera de hacerlo o por el hecho
mismo de hacerlo.
· El
ritmo y la rima del idioma: aquí es importante la recuperación del
folklore por las canciones de juego, adivinanzas, trabalenguas...
· La lectura de imágenes: el interés del niño por la ilustración puede ayudar al aprendizaje de la lectura. Es provechoso leer cuentos a los niños más pequeños enseñándoles las ilustraciones; con ello, conseguimos desarrollar su atención y su imaginación. En este sentido los libros infantiles que están ilustrados supondrán en sí mismos una estrategia de animación a la lectura. Se debe buscar la adecuación de la imagen al texto y el progresivo desarrollo de éste.