El
dinero conseguido con el invento del "sellador" le alentó en
la contrucción del submarino.
Para la construcción de su primer prototipo acudió a la Maquinista
Terrestre y Marítima de Barcelona y se hizo de hierro. Tenía,
visto de lado, forma de tonel apuntado truncado hacia la proa y la popa y medía
tres metros de eslora (largo), 1,5 de maga (ancho) y casi 1,6 de alto. Constaba
de una compuerta de entrada y escotillas en la proa y la popa. La inmersión
se producía por la inundación de cuatro depósitos situados,
dos a cada lado de la parte central y más ancha del casco. Con bombas
se achicaba el agua para tornar nuevamente a la superficie. Constaba además
de otras cuatro aberturas en el casco en las que se instalaba la propulsión
del buque con cuatro remos articulados accionados desde el interior. Fue probado
en Barcelona sin buenos resultados.
El segundo prototipo, también construido por la Maquinista, fue probado
en Alicante, lo mismo que haría Monturiol, dos años después
con el Ictineo. Las primeras pruebas se hicieron en el verano de 1859
participando en la inmersión sus hijos, pero las expediciones bélicas
de O'Donnell, retrasaron las pruebas definitivas. De todos modos Cosme García
patentó el "aparato-buzo" el 8 de mayo de 1860 en Madrid y
el 25 de abril de 1861 en Francia. Sus dimensiones son mayores: 5,75 metros
de eslora, 2,25 de alto y 1,75 de ancho. El casco es de chapa de hierro. Consta
de una entrada en la parte superior que se cierra herméticamente desde
el interior; en los costados de dos remos para girar el barco; cerca de la proa
otros dos remos para sostener el barco y hacer que descienda o se eleve; en
la popa una hélice para hacer navegar el barco; y en los lados y en otras
partes del caso hay distintas escotillas para ver el exterior; y finalmente,
en el interior del barco formando un segundo fondo, se encuentran dos tanques
cuyo papel es el de hacer subir y descender el aparato. Las pruebas definitivas,
las exigidas por la ley de privilegios (patentes), se realizaron de nuevo en
Alicante el 4 de agosto de 1860 y fueron certificadas notarialmente.
La escasa atención de las autoridades españolas por el invento
hizo que fuera hundido, por el propio hijo del inventor, en el mismo lugar donde
se había probado.